Capítulo 12
—¿ P or qué sospecharon que Barnaby había matado a sus padres? —preguntó Gerry.
—Porque en cuanto se personó la policía, los vecinos informaron de que poco antes se había producido una bronca monumental entre los padres y Barnaby.
—No es algo inusual entre un hijo y sus padres…
—No, pero al parecer la discusión fue por Lilly.
Ella profesaba una fe distinta, ya ves; no pertenecía a su grupo.
Algo tajantemente prohibido. Se esperaba que Barnaby cortara la relación por lo sano.
Aun así, reconozco que es un salto muy grande hasta el asesinato, pero la idea quedó sembrada, y cuando los bomberos informaron de que la alarma de humos no tenía pilas, bueno…
la idea brotó y creció. Y es asombroso lo rápido que florecen las cosas en las comunidades pequeñas.
Hizo una pausa mientras Gerry tomaba notas.
Notó que sentía el pecho mejor. ¡Ves, ya te dije que era una indigestión!
Cuando Gerry volvió a levantar la vista, él continuó: —A Barnaby nunca lo detuvieron, pero eso no impidió que los investigadores le hicieran pasar un calvario; desde luego, no le dieron tiempo para guardar el luto.
¡Le interrogaron siete veces en una sola semana!
No paraban de volver a las malditas pilas.
Él sabía que estaban gastadas, pero al parecer su padre tenía intención de cambiarlas.
No fue suficiente. Seguían acusándole de haber quitado las pilas y haber provocado el incendio…
La gente de la comunidad empezó a cruzar de acera para evitarlo, y los más bocazas airearon sus sospechas.
Demasiado para un chaval de veinte años. A todo esto, Hector fue y lo despidió.
Gerry se irguió en el asiento y negó con la cabeza.
—Bueno, el muy bastardo lo camufló. Dijo que era mejor que Barnaby descansara, que podría volver a trabajar para él cuando todo pasara, si es que pasaba.
Así que: un despido. Lo sé. Tiene guasa.
Y Barnaby se quedó sin hogar. No podía quedarse con Lilly; para entonces sus padres no sabían nada de la relación, ¡y eran tan temerosos de Dios como lo habían sido los Scaife!
Así que empezó a dormir en sofás de amigos.
Incluso le vieron durmiendo al raso algunas noches…
algo que acabaría convirtiéndose en una forma de vida para él.
Un muchacho joven. Arruinado. ¿Por unas pilas que faltaban y una discusión sobre la persona a la que amaba, eh?
Y a pesar de todo, durante todo aquel invierno, todavía la tenía a ella.
A Lilly. Se veían en secreto, y ella era casi lo único que le mantenía unido al mundo.
Y antes de que lo digas, muchacha, sí, lo sé.
El amor no puede con tanto peso por sí solo.
—Frank bajó la mirada hacia la mesa—. En fin.
Los resultados de la investigación sobre el incendio salieron aquella primavera, la primavera del noventa y tres; fueron lo bastante concluyentes para figurar en el informe del forense.
Un alargador sobrecargado detrás de la tele soltó una chispa sobre un montón de periódicos viejos.
—Frank suspiró—. Pero para entonces ya era demasiado tarde.
Barnaby ya se había llenado los bolsillos de piedras y se había adentrado en el mar en Runswick.