07 · El hospital
El hospital
Los ángeles existen, están entre nosotros sin revelar su identidad
«BARBIE» ENTRA POR urgencias directo al quirófano del Hospital de La Misericordia, para que le operen la muñeca derecha. Sigue sedado, y eso le permitió a Kelly suturarle la frente durante el trayecto. Veintitrés puntos impecables.
Alex cabecea en una silla solitaria, a un costado de la sala de urgencias.
—Detective —lo despierta Kelly—. Le traje un café.
—Gracias, lo necesito.
A Kelly le sobra talento para su edad. Está a punto de cumplir veintidós años y ya lleva tres de experiencia.
Descubrió su vocación a los nueve, la noche en que su abuela paterna se desplomó en la cocina con un paro cardiorrespiratorio.
Con las manos heladas por el pánico, siguió al pie de la letra las indicaciones de un operador de la línea de emergencias #333, hasta oírla respirar de nuevo.
Se graduó con honores de un colegio de provincia a los diecisiete y se preparó sola para el examen de técnico en emergencias médicas, muchas noches con el manual de protocolos abierto sobre las piernas y los ojos cerrándosele de cansancio.
La certificación la trajo a Ciudad Capital.
Hoy es la paramédica más joven en ejercicio, y la única que lo ha logrado sin pasar por una academia.
En tres años ha salvado cientos de vidas y ha recibido más bebés de los que puede contar.
—Usted lo que necesita es dormir. ¿Por qué no se va para la casa? Yo lo llamo cuando el señor «Barbie» salga de cirugía.
—Tengo que interrogar al testigo.
—Ya averigüé por él. Le hicieron un lavado gástrico, le están pasando líquidos por la vena y le acaban de poner un diazepam de diez miligramos, porque seguía muy alterado. Así que usted tiene entre seis y ocho horas para descansar.
—¿Y la cirugía cuánto puede demorar?
—Mínimo dos horas. Por lo que vi de la lesión, es un procedimiento delicado.
—¿El patrullero Ruiz sigue con el testigo?
—Sí, señor. Y para cuidar a Cruz llegó el agente Hernández. Está esperándolo afuera del quirófano.
—¿En qué habitación está el testigo?
—En la 303.
—¿Usted cree que «Barbie» tiene algo que ver con lo de la periodista? —pregunta Kelly, sin poder aguantarse la curiosidad.
—Eso es lo que estamos tratando de averiguar —responde Alex, evasivo. Saca del abrigo una tarjeta con su número personal—. Ha hecho un trabajo excelente, Kelly. Por favor, llámeme apenas salga Cruz de cirugía. Voy a coordinar la seguridad de los dos y de paso me doy una vuelta por Medicina Legal.
—Bueno, señor. Yo termino turno a las siete, pero con gusto me quedo hasta tenerle noticias.
—Muchas gracias, Kelly. De verdad —se detiene y la mira bien—. Yo no la había visto antes por acá. ¿Usted es nueva?
—Sí, señor. Bueno, no exactamente. Me acaban de trasladar del distrito occidental para apoyar en esta zona.
—Pues bienvenida. Me alegra tenerla en el equipo.
—Gracias, señor. Para mí es un honor formar parte de su equipo. Esa fue una de las razones por las que pedí el traslado. Para ser la mejor, tengo que trabajar con los mejores. Cualquier novedad, yo lo llamo.
Alex se despide con la mano y camina hacia el ascensor.
Kelly guarda la tarjeta en el bolsillo del pecho del uniforme.
Se sienta en la silla que ocupaba el detective y se toma el café sin dejar de sonreír.
Conoció y cruzó palabras con una leyenda como Alex McAllister, le suturó la frente al supuesto jefe de Los Muñecos y trasladó al principal testigo del asesinato más importante del año.
Nada mal para ser su primera semana en el nuevo puesto.