Hechizo Nocturno (Hechizo nocturno 1) 21. Los Hijos del Bosque
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21. Los Hijos del Bosque

LOS HIJOS DEL BOSQUE

El bosque.

Mary no había estado en uno antes. El panorama era encantador.

Casi mágico. La brisa, comprobó ella, susurraba en sus oídos la preciosa melodía de la que solo había leído en la Enciclopedia.

«La Canción del Bosque», le llamaban; y, se creía, era entonada por la madre creadora de la vida silvestre.

Luz dorada hendía las copas de los árboles, vertiendo velos de oro alrededor.

Mary echó un vistazo a su acompañante: Philip, con los brazos extendidos a los lados y la cabeza inclinada hacia atrás, aspiraba profundamente.

—¿Qué hueles? —preguntó Mary.

—La tierra —contestó el muchacho, suspirando. Luego abrió los ojos, bajó los brazos y se giró hacia ella. Sonrió de oreja a oreja—. La primera vez que vine aquí, recuerdo, estaba con mi madre. Ella llevaba a Jason en su vientre. Entonces tenía dos años.

—¿Y puedes recordarlo? Digo, eras muy joven.

—Eso creo. —Phil bajó la mirada, pensativo—.

Quizás solo se trate de un sueño. No importa.

Un recuerdo o no, tengo esta imagen en mi cabeza de la luz, los árboles, y el tenue sonido de la brisa mezclado con la risa de mi madre.

Ciertamente, tengo más recuerdos de ella que mis hermanos: Jason tenía ocho años cuando murió nuestra madre; Lucas, apenas seis.

Inevitablemente, Mary recordó la carta de su padre donde éste hacía mención de Regina Holbrooke. Phil debería saberlo.

—¿Escuchas eso? —preguntó él, alzando las cejas.

—¿Qué es? —Entonces lo escuchó. Fuera lo que fuese, parecía acercarse. Un galope—. Son... son...

No acabó la frase. Ellos surgieron en ese preciso momento: centauros.

Estos pasaron galopando cerca de Mary y Philip, sacudiendo el viento, alzando nubes de polvo y hojas, sus fuertes pisadas golpeando la tierra.

Mary se fijó, alarmada, que las centauras tenían los pechos descubiertos, y no parecía incomodarles.

A Philip tampoco. Éste se adelantó hacia la de mayor estatura.

—Mary —presentó él—, ella es Henna, la Líder de los Centauros.

Henna dobló sus patas delanteras e hizo una breve reverencia.

A su espalda, los otros dos centauros se mantenían impasibles.

Acto seguido, Philip los presentó también.

La joven centaura llamada Cleo, a pesar de tener el doble de su tamaño, parecía de la misma edad que Mary.

«Gran parte de los Hijos del Bosque poseen una longevidad tardía, es decir, su ciclo de vida es más largo que el de la gente común y algunos seres mágicos —recordó haber leído en la Enciclopedia—.

Entre los Hijos de larga longevidad se encuentran: las hadas, los trolls, los ogros, los centauros, los sátiros, los analims y los faunos; las ninfas, dicho sea de paso, están entre las que son la excepción».

Se preguntó cuánto años tendría Cleo. Y cuántos Henna.

—Él es Rumos —prosiguió Philip, un poco más tenso.

El centauro de aspecto adusto se adelantó e hizo una corta reverencia, miraba a Mary fijamente con ojos tanto gélidos como negros.

Ella apenas pudo evitar estremecerse. Había visto una mirada como esa —no hace mucho tiempo—, en el nigromante que raptó a su hermano.

Suspiró. Debía tranquilizarse. Por suerte, Philip acudió a su lado y la tomó de la mano.

—Loreen nos ha enviado —comunicó Henna, solemne—. Dice que tiene especial interés en la muchacha.

—¿En mí? —expresó la muchacha en cuestión.

Pensó en las palabras de Katterblack el día anterior: «Lo sabe.

La Líder sabe muchas cosas, y no dudo que tu existencia y la de tu hermano estén entre ellas».

No había dejado de evocar aquel encuentro en su cabeza desde que lo supo.

Loreen era el primer y único familiar que conocía del lado de su madre.

«Sin embargo, nunca acudí a ella después de tu llegada —había dicho Richard—.

Me pareció desconsiderado que no enviara a los Hijos a interferir en el asalto de Mahlon West aquella noche.

Tuvo que haber sabido lo que pasaría, y aun así, no hizo nada para salvarte a ti y a Sam, sus sobrinos».

—¿Qué quiere de Mary? —preguntó Philip en tono preventivo. Sus dedos hicieron presión en los suyos.

—Nada. —Henna los miraba impasible—. Nuestra Líder y todos en el bosque están al tanto que el hombre que ha causado tantas desgracias en el pueblo en los últimos días la quiere a ella.

Hemos escuchado que el Gremio quiere intercambiarla por las vidas de Elio Blackfell y el niño que la acompañaba el día del rapto, por tanto a Loreen le interesa hablar con ella.

—Están equivocados en parte —replicó Phil—. El Gremio no quiere intercambiarla. Y no tenían por qué venir tú y los demás, Henna, yo bien puedo llevar a Mary ante Loreen.

El centauro, de nombre Rumos, profirió una áspera carcajada.

—Eres como tu padre —resopló después—. Sigue así, chico, y terminarás de la misma forma .

—Sería un honor morir defendiendo a quienes amo —dijo Philip con entera seguridad—. Eso hacemos los Seguidores de la luz: proteger personas. Y los centauros hacen lo mismo, o parecido, con sus pares del bosque, ¿no?

—Tiene razón, Rumos —repuso Henna—. El chico es inteligente. Sabe de lo que habla.

—Madre —intervino Cleo—, creo que deberían saber acerca de los Fenrirs.

—¿Fenrirs? —repitió Mary, asustada, y aferró fuerte la mano de Phil. Había leído sobre aquellas bestias en la Enciclopedia. Nada bueno, claro está. Philip le pidió a la líder de los centauros que se explicara.

—Loreen cree que el Gremio tiene suficientes problemas como para sumarles la constante aparición de lobos Fenrirs en las inmediaciones del pueblo —abundó Henna—.

Por esa razón aún no lo ha informado. Centauros y trolls hemos estado evitando esta última semana que los Fenrirs ataquen a las personas inocentes de River Town. Sin embargo, ellos son cada vez más.

—¿Cuándo empezó? —inquirió Phil.

—Desde siempre ha habido Hijos de Isidora acechando en el bosque —contestó Rumos, en cambio—. Pero el número aumentado a partir del solsticio de verano. —Miró a Mary, ceñudo—. O, más bien, tras su llegada.

—¿Y eso qué significa? Yo no tengo nada que ver... —Mary descorrió un paso, entre indignada y asustadiza.

—Lo sabemos, Mary —repuso Henna—. No obstante, sospechamos que el hombre que ha estado intentando llegar a ti es quién está detrás de las hordas de Fenrirs que acechan River Town y el bosque. El hijo mayor del cabecilla de los trolls fue asesinado esta mañana por uno de ellos .

—Oh, no —murmuró Phil—. ¿Qué hay de Ulloa?

—Ulloa presenció cómo su hijo era destrozado por el Fenrir —dijo, en cambio, Cleo—. Cuando la bestia acabó con Saelon, Ulloa se arrojó sobre ella y la asesinó con sus propias manos, enceguecido por el dolor. Pobre.

—También asesinó a una sátira —añadió Rumos con tono anodino.

—¿Quién? —quiso saber Philip. Parecía afligido.

—Jade, la hermana de Misa —contestó Henna.

—Por eso Loreen nos ha enviado a escoltarlos hasta ella —aclaró Rumos. Sus ojos eran rendijas; sus labios, un terrible intento de sonrisa—. Para que lleguen sanos y salvos, y de la misma forma se puedan marchar.

—Entonces debemos agradecerle —dijo Mary.

Quizás Katterblack se había equivocado sobre Loreen, meditó.

Puede que hubiera una buena explicación para su inacción durante los hechos ocurridos a su llegada.

Y recordó: «Entre los miembros del Gremio, incluyéndome, hay quienes ponen en duda la verdadera probidad de la Líder del Bosque de River Town».

Momentos después, el grupo emprendió la marcha hacia el corazón del bosque.

Mary no pudo quitar la mirada de encima a los centauros durante el trayecto.

Evocaba las historias sobre centauros heroicos que le había contado su madre en el pasado.

Sobre Jaxellius, que raptó a la esposa del rey Madon IV de Azur y la llevó a una cueva en el bosque de Olhe, donde vivieron felices para siempre; y Ghyndersllo, el Centauro del Amanecer, que tuvo un final más trágico que Jaxellius al intentar liberar a su pueblo de la opresión de Maddux III.

Asimismo, aquellas historias Mary las había vuelto a leer en la Enciclopedia.

.., y aun así, con una sonrisa, no daba crédito que ahora estuviera en presencia de tan majestuosas criaturas .

—¿Te sientes bien? —le preguntó Phil en voz baja.

—Sí.

—Has estado muy callada.

—Estaba observándolos... —Echó un vistazo a los centauros que los precedían—. Es... la primera vez que... ya sabes... veo centauros.

Philip sonrió por lo bajo.

—Lo sé. Estamos aquí por eso. Para que los conozcas.

Mary asintió y sonrió nerviosa. Después, preguntó:

—¿Ya conoces a Loreen?

Si Philip se sorprendió, no dio muestra de ello.

—Sí —respondió con naturalidad—. A la mayoría de las personas no les agrada, pero siempre ha sido gentil conmigo y mis hermanos. Sobre todo con el pequeño Lucas.

—¿Ella es... buena?

—Sí, supongo que sí. Es la Líder de los Hijos del Bosque, se supone que debe serlo.

—Ya.

Philip la miró con atención.

—¿Qué sucede, Mary?

—Nada. Siento un poco de... nervios. —A lo mejor debía decirle a Philip que estaba a punto de conocer a su tía, la hermana de su madre, de ese modo el joven le podría dar algún tipo de consuelo—. Todo esto es nuevo para mí. Solo eso.

—Sí, lo sé. —Phil esbozó una amplia sonrisa—. Hasta ahora solo has conocido lo peor de nuestro mundo; el lado oscuro, como quien dice; nigromantes, subordinados, argones. Y pensé que debía mostrarte las partes buenas. El lado brillante. —Alzó la vista y señaló con el dedo—. Mira.