Hechizo Nocturno (Hechizo nocturno 1) 17. De vida o muerte #4
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17. De vida o muerte #4

—Mary, no tienes que jurar nada —habló Philip, que tenía una expresión como si lo hubiesen abofeteado—. No es tu culpa nada de esto.

«Sí que es mi culpa —quiso gritar ella—. Si me hubiera ido con él, entonces...». Entonces, ¿qué?

También Andrew, entre Phil y Lance Greystar, la miraba impávido. Poco después de que Mary advirtiera su mirada, él apartó la suya y la fijó en Eudoxio Belwolf, que tomó la palabra.

—Estoy de acuerdo con Philip —dijo—. La sobrina de Katterblack es inocente de todo, incluso de las ocultas intenciones que tiene aquel Darkling con ella. —Arrugó el ceño y apartó la mirada—. Sin embargo, continuamos sin saber quién o qué es ese Darkling.

—¿Alguno ha oído ese nombre antes? —preguntó el sheriff Sawyer. Tras un coro de negativas, añadió—: Entonces deberíamos dar por terminada la...

—No. —El señor Startclyde dio un paso al frente y miró a Mary, por tanto los demás lo hicieron—. Su hermano sigue desaparecido —dijo—, raptado por West, y si éste cumple las órdenes de Darkling, eso quiere decir que podemos hallarlos a través de un hechizo localizador.

—Eso no será posible, me temo —señaló Katterblack—. Mary es mitad hada, no Seguidora de la luz.

—¿Y qué? —Startclyde se encogió de hombros con rigidez.

Mary supuso que su urgencia no tenía nada que ver con encontrar al hombre que había estado acosando el pueblo los últimos días, sino, más bien, era la de hallar al asesino de su primera esposa—.

He escuchado que un hada puede realizar esa clase de magia también.

—Sí. Y el precio es la vida —añadió Richard con tono ominoso.

De pronto, Mary sintió frío. Philip cruzó el espacio entre ellos y la envolvió en sus brazos.

—¿Estás pálida? —murmuró.

—No me siento muy bien.

—Debemos sacarla de aquí —oyó decir a Richard—. Ha sido demasiado por un día.

—¿Qué hay de Darkling? —preguntó Stephen Reedstter.

Nadie respondió; todos empezaron a abandonar el salón, sus pisadas alzando el polvo del suelo de mármol y el susurro de sus voces haciendo ecos en el frío aire.

La reunión había terminado.

La tía Alice la ayudó a acostarse.

—¿Te sientes mejor?

—Sí —respondió Mary, y esbozó una sonrisa para sustentar sus palabras.

Alice se sentó junto a ella.

—¿Qué ocurrió en el salón de los Viejos Conjuros, Mary? ¿Algo que dijeron los caballeros del Gremio te alteró?

—No, no fue eso.

Ella no estaba segura de qué pudo haber sido.

Se había sentido un poco mareada mientras salía del salón, oyendo el murmullo de las voces de los seguidores que venían tras ella.

Al salir del oscuro corredor hacia la iglesia, se había sentido mucho mejor.

Y así permaneció hasta que llegó a la mansión Katterblack.

Richard había informado de su malestar a la tía Alice, y ésta se había preocupado tanto que la llevó del brazo hasta sus aposentos, y la ayudó a acostarse.

En su lecho, Mary se permitió suspirar profundamente.

—Entonces, ¿qué ocurrió? —quiso saber su tía, que la miraba con aquellos enormes ojos color jengibre.

Mary le contó todo: lo que había oído, lo que habían dicho los hombres del Gremio y lo que ella misma declaró cuando se mostró ante todos; después, habló sobre Darkling, y como le había confesado que tenía cautivo a Sam y que había ordenado la muerte de sus padres, mientras bailaban aquella aciaga noche tras el solsticio.

—Terrible —murmuró Alice cuando la muchacha terminó de hablar—. ¡Qué terrible ha de haber sido para ti, cariño! —Se inclinó hacia delante y la abrazó fuertemente .

Mary no se dio cuenta de las lágrimas hasta que éstas llegaron a sus labios, saladas.

Nadie la había abrazado así desde su madre...

—Lamento no haber estado allí para ti, cariño —dijo Alice cuando se apartó de ella—. No hemos podido hablar sobre tu padre. Sobre la magia, el mundo que hasta poco desconocías. Sobre lo que sea...

—No hay nada que lamentar. Todavía tenemos tiempo.

—Yo me decía lo mismo. —Su tía volvió la vista; tenía los ojos brillantes, húmedos, pero sin lágrimas.

—¿Cómo?

—Yo me decía lo mismo —repitió—. Me decía que todavía había tiempo: tiempo para buscar a mi hermano, a Michael. Nunca hubo ese tiempo, o nunca lo aproveché. Como sea, ya es demasiado tarde. Solo ustedes, tú y el pequeño Sam, son el único recuerdo de mi hermano.

Era la primera vez que alguien se refería a Sam sin ápice de duda de su supervivencia.

Mary creyó que era el momento oportuno para hacer la pregunta.

—Tía, ¿por qué mi padre y el tío Richard…?

Se interrumpió cuando Alice alzó la mirada y la observó de forma alarmada.

—Mary... —empezó, nerviosa, y se puso en pie.

—¿Sí?

—Hay cosas que prefiero no decir, y espero que lo comprendas. No por mí, sino por la memoria de tu padre.

—¿Por qué? Si ya sé toda la verdad.

—La sabes, ¿en serio? —Alice alzó una ceja—. Entonces no deberías preguntarme.

—Solo dime —pidió Mary .

Alice sacudió la cabeza y se marchó con premura.

Al ver salir a la señora Katterblack de su habitación, Mary cogió una almohada, hundió en ella la cara y gritó frustrada mientras se hacía una y otra vez la misma pregunta: «¿Por qué?»

Unos minutos después, Olee y Tara entraron a su habitación y le prepararon un baño de sándalo. Mary quedó como rediviva. Luego apareció el mayordomo Sutr, que traía consigo una cena tardía.

—Gracias.

—Para servirle, señorita. —El mayordomo hizo una trabajosa inclinación.

Estaba a punto de salir, cuando Mary lo llamó.

—Sutr.

—¿Sí, señorita?

Quizá, pensó Mary, alguien tan viejo y sabio como Sutr sabría acerca de sus extraños encuentros con fantasmas. Había pensado que tal vez era una capacidad que adquirían los mestizos entre hados y humanos. Decidió que era el momento correcto para salir de dudas.

Le dijo al mayordomo sobre el encuentro con su madre, y, más recientemente, con aquel hombre en el estudio de Katterblack.

—¿Cómo era ese caballero que menciona, señorita? —preguntó Sutr.

Mary se lo describió, al menos lo poco que recordaba.

—Ah. —El mayordomo abrió mucho los ojos y sonrió—. Kedr. El joven hado era el cuñado del señor Silas, el primer Katterblack en River Town. Kedr era su mensajero. Y su cuñado.

—¿Y cómo murió ?

—Fue atacado por un argón en el jardín Katterblack —respondió Sutr—.

Nadie sabe cómo entró aquella bestia a la propiedad, pero, trágicamente, Kedr cayó en sus fauces y fue masacrado.

Poco después murió el señor Silas. Éste nunca se recuperó de todo de una herida de batalla mientras salvaba a un buen amigo Startclyde.

—El viejo hado se irguió tanto como pudo—. ¿Necesita algo más, señorita?

Mary parpadeó. Más allá de la historia de Kedr, el mayordomo no había respondido a su pregunta sobre los fantasmas.

—Nada más —dijo ella, y sonrió. Quizá era mejor así—. Gracias.

—Para servirle. —Sutr le devolvió la sonrisa y luego se marchó, lento y sin mirar atrás.

Mary profirió un suspiro. Se dispuso a comer la cena, pero no tenía mucha hambre; solo dio un par de bocados al emparedado y se bebió parte de la leche tibia, que, como aseguraba Olee, contenía propiedades que la ayudarían a adquirir un sueño plácido.

Y así fue, pues no supo cuándo se quedó dormida.