15. Pociones lunares #2
—Ah, sí. —Elise se ruborizó aún más.
—También me alegra que tu recuperación, Mary —siguió Atwood. Su sonrisa era categórica.
—Sí —respondió tardíamente Mary. No supo qué más decir—. Gracias.
—Qué dulzura. No tienes nada de qué agradecer. —Val arqueó las cejas y luego volcó su atención en Céline—. Céline, querida, ¿recuerdas dónde dejamos nuestra última lección de conjugación?
Céline caviló un instante.
—Creo que...
—Hechizos nocturnos —comunicó Mary, en cambio—. El hechizo localizador, en específico .
Cómo olvidarlo, pensó Mary. Aquella tarde, decidieron terminar abruptamente la lección, pues tanto ella como Céline y Val quedaron afectadas emocionalmente sobre la ineficacia del hechizo localizador para hallar a Sam que no pudieron continuar.
Val, antes de marcharse, añadió que, por lo visto, la lección de ese día no había tratado sobre «conjugación», sino de «conocimiento». Y Mary no estuvo más que de acuerdo.
—Oh, sí —repuso Val, y soltó una risita un tanto opaca—.
Hechizos nocturnos... Pero ya hemos hablado sobre el hechizo localizador.
Elise, luego te daré una breve síntesis sobre el tema.
—La aludida asintió—. Pues bien. Estos días existe un número cada vez mayor de hechizos y encantos, de luz y de oscuridad, que requieren sí o sí el respaldo de la noche.
«La noche tiene poder», señala el dicho.
Y, en efecto, tantos los seguidores de luz como los servidores de la oscuridad son más fuertes cuando la noche está en pleno apogeo.
Sin embargo, hay hechizos que demandan la luna llena, o nueva; otros, en cambio, el brillo de ciertas estrellas.
—¿Qué hay de las pociones lunares? —oyeron preguntar a Elise con el ceño fruncido. Parecía realmente interesada—. ¿También requieren de la luna llena?
Val se metió un mechón de pelo tras la oreja.
—No, Elise, querida —contestó—. Las pociones lunares son más complicadas.
Primero debes invocar el Hog’tve , también conocido como «energía ancestral».
Según cuentan las leyendas del pueblo haduno, todos nuestros antepasados, al morir, son atraídos por la luna y luego encerrados en su corazón: la Bóveda Lunar.
A diferente del dogma de los Seguidores de la luz, que creen que al morir sus almas ascienden al cielo como estrellas danzantes .
—Eso quiere decir que se necesita la asistencia de un hada para invocar el Hog’tve —explicó Céline, satisfecha de sí misma por haber entendido la explicación de Val.
—En efecto —apremió ésta—. Sin embargo, la creencia del pueblo haduno no termina allí.
Se dice que la luna también abre las puertas del infierno de los servidores de la oscuridad, que es el Gran Lecho del Mundo de las Sombras.
Por eso hay que tener mucho cuidado al realizar una poción lunar; si dejas una puerta abierta, quién sabe qué sombras terribles podrían escapar de ella.
—Entonces miró a Elise como si estuviera preguntándole de forma tácita por qué estaba tan interesada en las pociones lunares y cómo hacerlas.
Mary, por otro lado, no sabía qué eran las pociones lunares ni para qué servían. No preguntó. Si la Enciclopedia refería algo al respecto, no había llegado a esa parte.
Las lecciones particulares de idioma de Céline y Elise siguieron a las de conjugación.
Mientras tanto, Mary aprovechó ese tiempo para ir a la cocina y coger algunas galletas de mantequilla de las que había probado más temprano en el desayuno.
Val, como le había explicado la última vez, le daría lecciones de idiomas aparte de las hermanas Katterblack.
Céline y Elise iban adelantadas con la lengua de los seres del mar oculto; Mary apenas comenzaría con la lengua perdida de las hadas.
—¿Por qué está perdida ? —le preguntó a Val una vez esta finalizó con las hermanas Katterblack.
—Céline me dijo que tienes una Enciclopedia, y que has estado leyéndola, ¿es cierto? —Mary asintió, y Atwood prosiguió—. Bien. ¿Ya leíste la historia de Isidora, la Madre de las Bestias?
—Sí .
Val sonrió.
—Perfecto —dijo—. Entonces no tendré que contarte todo desde el principio.
—Se enderezó antes de continuar—: Isidora, durante su reinado como la tercera soberana de Azur, el más importante de los nueve Reinos de Escarcha, introdujo algunas.
.. modificaciones... a la lengua de su pueblo.
Oscuras modificaciones, siendo específica.
En fin —Suspiró—. Tiempo después, se supo en los reinos de las hadas que su lenguaje estaba siendo utilizado para fines oscuros por los Servidores de la oscuridad.
Es bien sabido que el idioma establecido por los Primeros Seguidores no puede ser pronunciado por los labios de los nigromantes; si no fuera por la modificación de Isidora, los servidores no podrían conjurar sus propios hechizos.
»El idioma del pueblo haduno fue espurriado por la oscuridad.
Madon IV, segundo rey de Azur tras la caída de Isidora, y el resto de sus descendientes, acordaron abandonar junto a todo su pueblo el idioma haduno como la lengua materna y, en cambio, adoptar las distintas lenguas creadas por la humanidad.
—Y añadió con una sonrisa—: Por supuesto, la lengua hadúna no fue olvidada, pero todo lo que queda de ella está y estará viciada hasta el fin de los tiempos gracias a Isidora.
Val se inclinó hacia delante y le pasó un panfleto a Mary con una serie de vocablos ininteligibles. Supuso que eso era la lengua hadúna.
—Ahora escucha muy bien —continuó Atwood—.
Comenzaré por la parte complicada: la conjugación de palabras y oraciones; luego, pasaremos por la pronunciación; después, te explicaré algunas terminologías, y finalizaremos con un repaso de lo visto en las últimas disciplinas del idioma haduno. ¿Está bien ?
Mary asintió.
Y, así pues, pasaron tres cuartos de hora de explicaciones. Un tiempo fructífero.
Después de la lección, y la partida de la señorita Val, Céline apareció radiante con una sonrisa de oreja a oreja, notablemente emocionada. Elise venía en pos de su hermana, si bien no tan entusiasmada, y un poco distraída.
—¿Qué ocurre? —inquirió Mary.
Céline la miraba fijamente, sus ojos tenían una peculiar combinación entre azul y castaño claro.
—He pensado que es el momento de conozcas el pueblo —indicó.
—¿Qué? —Mary no la auscultó bien; la voz de Céline había sonado más aguda de lo normal.
Elise se adelantó y sonrió levemente.
—Lo que quiere decir Céline —explicó más calmada— es que desde que llegaste no has visitado el pueblo. Todavía no conoces River Town, Mary. Y creemos (más bien, Céline cree) que ha llegado el momento de que lo hagas.
Abigail proyectó un puñetazo. Andrew lo evadió apenas unos centímetros; los nudillos de su hermana le rozaron la mejilla.
—¡Andrew, inclina más las rodillas! —sugirió Lance.
El muchacho obedeció, pero trastabilló hacia adelante.
Ulises estalló en carcajadas. El orador Greystar lo miró fulminante, y el chico calló.
Mientras se ponía otra vez en pie, Andrew advirtió la mirada distante que tenía Lloyd.
Y no era por nada. El señor Blackfell, su padre, seguía desaparecido.
La noche anterior, según les había comentado Ulises a Andrew y a Abby antes de la llegada de Lloyd a la propiedad Greystar, el señor Katterblack, el doctor Startclyde y Lance, habían visitado la casa Blackfell para intentar encontrar a Elio con un hechizo localizador a través de su primogénito.
Pero no funcionó. Lloyd rompió en llanto y admitió que era su culpa, que ya no era puro y que había mancillado a alguna joven de River Town (no dijo a quién).
Así se vinieron abajo las esperanzas de encontrar a Blackfell y a Westwick antes de que fuera tarde.
Andrew se puso en posición de combate, inclinando las rodillas solo un poco.
Abby atacó primero, como se esperaba. El mellizo saltó un paso hacia tras y la cogió por la muñeca.
Abigail intentó sestar otro golpe con el codo, pero Andrew ya había pensado en eso: la neutralizó retorciéndole la muñeca que ya le tenía tomada.
Su hermana emitió un gemido con los labios apretados, mas no gritó propiamente dicho.
Acto seguido, y último, Andrew interpuso su pie delante del de ella y la hizo caer en una rodilla, vencida.
—Así que te echó, ¿eh? —dijo Andrew mientras soltaba su agarre y Abigail se incorporaba otra vez.
—Sí. —Abby se encogió de hombros con fingida apatía—. Startclyde no acepta mi amistad con Grace. Lo cree algo antinatural. Y quiere que su hija continúe el apellido Startclyde. ¡Quién lo diría! Frederick Startclyde es un hombre orgulloso.
—No me sorprende —repuso Andrew. Éste y su hermana dejaron el espacio libre para el combate de práctica entre Lloyd y Ulises, que lo ocuparon a continuación—.
De hecho, este tipo de cosas ya no lo hacen desde que descubrí que Katterblack era un racista.
Diablos, pensaba que los seguidores de la luz no teníamos ese pensamiento mundano .
—Lo mismo pensaba. —Abby hizo una mueca divertida—. Pero la gente común del pueblo también alberga esos mismos pensamientos.
—Sí —dijo Andrew, ceñudo.
—Lo bueno es que Grace se encuentra mucho mejor —intervino, de improviso, Lance. Se situó junto a los mellizos, y después ladeó la vista hacia Lloyd y Ulises, que combatían en el centro del jardín trasero de la mansión Greystar—. Lloyd, ¡Lloyd! —vociferó—. Inclínate hacia la derecha; no al revés.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Andrew.
El imponente orador se volvió hacia él y Abby.
—Esta mañana nos llegó un mensaje de los Startclyde, como al resto de familias del Gremio, en el que Frederick informaba sobre el buen estado de salud que presentaba su hija.
—¿Ya despertó? —inquirió Abby casi con tono de urgencia.
—Sí. —Lance exhibía un semblante estoico—. Grace ha despertado.
—Debería ir a verla.
Lance replicó:
—¿Deberías?
Abby alzó una ceja.
—Abigail —siguió el orador—. No pude evitar oír la conversación entre Andrew y tú, y debo advertirte que si Frederick Startclyde no te quiere junto a su hija, no deberías tentar tu suerte.
—¿Qué quieres decir?
—Que te alejes.
—Eso no es realmente lo que quiere decirme. —Abby miraba al orador con el ceño fruncido y una estrecha línea en los labios; Andrew supo que su hermana había leído la mente de Lance—. Sé lo que está pensando y sé que lo que realmente quiere decirme es que haga todo lo contrario: que luche .
Sobrevino un instante de silencio y tensión.
Abigail y el orador se miraban fijamente.
Quizás Lance le estuviera diciendo algo a través del pensamiento; quizás no.
Se escuchó un estruendo ahogado, como si una masa embistiera el suelo.
La tensión y el silencio se interrumpieron.
Abigail, Lance y Andrew volvieron la mirada.
Ulises, bajo y robusto, había derribado a Lloyd de boca contra el suelo, dejándolo inconsciente.
—¿Qué has hecho? —oyeron gritar a Lance, en tanto corría hacia ellos. Abby y Andrew lo siguieron.
—No ha sido mi culpa. —Ulises se echó hacia atrás con un gesto de profundo miedo. Como si temiera haberlo matado—. Ha sido él —indicó, señalando a Lloyd—. Por favor, dime que no lo he matado.
—Vive —afirmó Greystar, con el muchacho entre brazos—. Pero, ¿qué ha sucedido?
—Él dejó que lo embistiera contra el piso —chilló Ulises—, ha sido él, él...
—Basta —cortó Lance.
Lloyd comenzó a abrir los ojos. Mechones de cabello bermejo oscuro le cubrían la visión; Lance se los apartó y el muchacho parpadeó varias veces antes de erguirse mecánicamente.
Parecía desorientado. Andrew comprendía su sufrimiento.
Un día su padre había estado junto él y su hermana, jugando, riendo, practicando.
Al otro, había desaparecido, sin avisar a dónde iba ni cuándo volvería.
—¿Dónde estoy? —murmuró Lloyd, y alzó la cabeza. Tenía los ojos llorosos. Clavó su mirada en Lance—. ¿Dónde está mi padre?
Lance abrió y cerró la boca. Al final no supo qué responder. Lo mismo que Katterblack, años atrás, cuando Andrew le hizo la misma pregunta.