11. Después del caos #3
—Ya veo. —Phil sonrió; una sonrisa dulce, bienvenida.
Mary había pensado en lo apuesto que era la primera vez que lo vio, durante sus lecciones de piano a Elise; la noche anterior le pareció aún más apuesto, con su traje oscuro hecho a la medida.
En aquel momento, mirándolo más llanamente, notó un atisbo familiar en sus hermosos ojos castaños.
Le quitó el aliento por un instante. Después se ruborizó.
Phil no debió notarlo, pues añadió—: Mi familia tiene una primera edición de las Crónicas de la Luz y la Oscuridad desde hace un par de siglos.
—Fantástico. —Entonces recordó haber leído sobre los antepasados de Phil en la Enciclopedia—. Tu familia, los Holbrooke, son parientes de Rokar de la Isla de Man, ¿cierto?
Phil sonrió.
—Eso dicen —contestó él con una modesta sonrisa—.
En el mundo hay muchas familias llamadas Holbrooke.
En el Mundo Mágico, en cambio, solo hay un linaje que, según registros, desciende directamente del heroico Rokar.
—Suspiró; ahora tenía las manos tomadas ante él—.
Así que, la respuesta es sí. Soy descendiente de Rokar de la Isla de Man y de otra docena de célebres Holbrookes que han defendido el balance entre la luz y la oscuridad durante casi mil años.
Mary se limitó a asentir. A decir verdad, estaba impresionada.
—Muchos de los mitos que se dicen sobre el origen de mi familia no son más que eso: mitos —continuó Phil después que ella le permitiera sentarse en la cama—.
Dicen que Rokar, el primer Holbrooke, nació en la Isla de Man, pero no es cierto; dicen que Rokar encerró a la Reina Aguaoscura después de sus terribles actos cometidos contra los Seres del Mar Oculto, pero es falso.
Las historias se tergiversan, a veces adrede, con el pasar de los siglos; la ficción prevalece y hace mella en las futuras generaciones.
Verás. ¿Por qué alguien iba recordar que Rokar nació en Gales, en el seno de una familia de agricultores?
¿O que su hermano bizco le dio la estocada final a Aguaoscura después de que Rokar la venciera en combate solo para robarle el triunfo a su hermano?
¿Acaso no suena más fascinante que Rokar, hijo de un diestro pescador (seguidor de la luz) en la Isla de Man, asesinó a la malvada soberana del Mar del Norte después de una batalla que duró cien noches y cien días cerca de las costas al norte de Escocia?
Mary asintió, sin darse cuenta, sonriendo.
—Los maravillosos detalles del encuentro entre Aguaoscura y Rokar, que seguramente leíste en la Enciclopedia —abundó Philip—, nunca fueron confirmados.
Mi madre solía decir que el historiador lo aderezó como cabía esperarse.
E incluso sacó al tramposo, y nada interesante, hermano de Rokar de la historia.
—Cuéntame más —le pidió Mary—. Cuéntame más sobre Rokar y el resto de los Holbrooke.
—Está bien —asintió Phil con una sonrisa—.
Te contaré sobre Ben Holbrooke. Él salvó a la Comunidad Mágica de las fuerzas de Cletus II Mormont en la llamada Guerra del Eclipse Rojo.
Quizás lo leíste en la Enciclopedia. —Mary asintió; él continuó—: Bueno, en la edición que yo tengo no se menciona a Ben Holbrooke, ya que es antiquísima, y mi tatarabuelo apenas murió hace cuarenta y siete años.
De modo que tuve que hacer mis propias inquisiciones, y lo que descubrí. ..
Así pues, las siguientes horas, al parecer de Mary, pasaron increíblemente rápido .
—Mi padre se enfrentó al Amo Blackstarr y murió protegiendo al pueblo de sus oscuras intenciones —decía Philip—. Blackstarr y su hijo huyeron hacia el oeste, según rumores. Yo tenía seis años cuando ocurrió; Jason y Lucas eran más jóvenes aún. —Suspiró, esbozó una tenue sonrisa y la miró.
Mary no supo qué decir, salvo...
—Lo lamento.
—Descuida —dijo Phil—. Fue hace más de diez años.
—Pero debe ser terrible crecer sin un padre. —Mary había perdido el suyo hacía ya dos meses y se sentía terriblemente sola. No podía imaginarse cómo se debió sentirse aquel niño de seis años.
—Lo es. —Philip se irguió luego de encorvarse a mitad de la historia de Ben Holbrooke—. Nuestra madre murió dos años después de eso; fue una muerte inusual, según algunos; aunque es muy común que las hadas mueran de esa forma.
—¿Cómo? —preguntó Mary. No recordaba haber leído al respecto en la Enciclopedia.
—Morir en un sueño —dijo Philip—. Creo que eso lo resume todo; mayormente le ocurre a los seres hádunos muy viejos. Mi madre apenas tenía ciento tres años. Era muy joven para morir en un sueño, pero, por lo visto, también suele pasarles a unos pocos jóvenes.
—Ya —dijo Mary.
Recordó al hermano del muchacho, con aquellos grandes ojos jade, y haberse preguntado si era parte hada. Allí estaba la respuesta. Le hubiese encantado preguntarle su edad a su madre y también a la señorita Green.
—Si eres mitad hada, ¿quiere decir que también vas a vivir más tiempo de lo normal? —preguntó a Phil.
Éste parpadeó confundido .
—No —respondió—. La sangre de hada es puramente mágica. Si la sangre humana, sangre de la luz o cualquier otro tipo se mezcla con ella, ésta pierde propiedades. Solo los que son puramente hádunos pueden vivir una larga vida. —Luego fijó la mirada en Mary—. ¿Por qué lo preguntas? ¿Por mí?
—No. Por mí.
—¿Tú?
—Sí. Mi madre era hada y mi padre un humano. —Mary bajó la mirada—. No lo supe hasta que el señor Katterblack me lo reveló.
—Ya veo. —Philip asintió—. Por lo visto, tenemos más en común de lo que creía... Digo, somos huérfanos, tenemos hermanos, y ahora esto. ¿Hay algo más que debería saber sobre usted, señorita Cartwright?
—Nada más, me temo —dijo ella, sonriendo un poco por el tono burlón que empleó Phil para hacer la pregunta—. Llevaba una vida simple, soy una chica ordinaria en un mundo extraordinario.
—No hay nada ordinario en ti —susurró el muchacho.
Mary alzó los ojos súbitamente. Philip la contemplaba con una fijeza, más que incómoda, bienvenida. Tenía los labios curvados hacia arriba. Su rostro era tan perfecto como el de Andrew... ¡Andrew!
—¿Quién te enseñó a tocar el piano? —soltó ella de repente.
—Mi madre. —Philip pareció levemente confundido, pero lo disimuló—. Ella me enseñó la mayor parte de lo que sé antes de su muerte. Luego continué yo por mis propios medios.
—Y la melodía que interpretaste anoche —siguió ella—, ¿te la enseñó tu madre?
Mary había reconocido aquella melodía; nunca se olvidaría de ella.
Su madre se la cantaba todas las noches cuando era pequeña y tenía pesadillas.
Cuando creció y dejó de creer en el Reino de las Hadas, su madre dejó de cantársela a ella y comenzó a hacerlo con Sam.
Sin embargo ella la escuchaba cada noche, como si el susurro de su voz flotara en el aire y llevara hasta su habitación aquella música inexorable.
—Sí —respondió Philip—. Cuando era un niño, oía a mi madre tocándola todas las noches.
Nunca supe cómo se llamaba o cómo terminaba, pues mi madre nunca acababa de tocarla porque fenecía llorando.
Nunca le pregunté al respecto, pero memoricé todo hasta el día de su muerte.
Cuando esto ocurrió, comencé a practicarla, y tardé años componiendo la parte faltante.
Se suponía que anoche la oirían todos por primera vez, pero fui interrumpido.
—Rio como si aquello hubiera sido un pésimo chiste, y Mary se contagió de su risa.
—¿De verdad no sabes cómo se llama? —preguntó ella tras la risa.
—No. —Philip se encogió de hombros—. Supongo que debo pensar en un nombre.
Mary pensó en decirle cómo había llamado su madre aquella melodía que le cantaba cada noche después de tener pesadillas, pero eso supondría rescatar uno de los recuerdos más vividos que aún conservaba de su madre viva. No quería perderlo, de modo que no dijo nada.
—Siempre he creído que mi madre guardó el pentagrama con las notas musicales en el ático —siguió diciendo Philip—, pero no he podido dar con ellas desde que el tío Horace se mudó a ese lugar. Ni siquiera accedió a buscarlo cuando se lo pedí.
—Horace no parece muy... saludable. —Fue la única palabra que se ocurrió decir sobre el tío de Philip; éste sonrió al oírla—. ¿De verdad nunca sale de ese lugar ?
—No —dijo Phil—. Hasta ahora.
—¿Qué quieres decir? ¿Salió?
—Sí. Ha salido del ático los últimos días. —Suspiró profundo—. Aunque después de nuestra discusión en el desayuno de esta mañana, dudo que vuelva a salir de nuevo. Y sí, Horace no es un hombre muy saludable... mentalmente. —Sonrió de nuevo.
Mary tampoco pudo evitar reír en esa ocasión.
Ciertamente, no creyó reír de esa forma y tan seguido desde la muerte de sus padres.
Pero Phil lo había cambiado, sin que ella supiera cómo.
Tal vez era eso, el hecho de que ambos tuvieran muchas cosas en común; que entendían el dolor del otro; qué era la pérdida y cómo sobrellevarla, para evitarles el sufrimiento a las personas que amaban.
En ese momento volvió a pensar en Samuel.
.. Sam, su pequeño hermano. ¿Algún día lo volvería a ver?
Si era posible reír de nuevo, entonces quizá sí.