Capítulo Ventitrés #2
Sin embargo, algo comenzaba a deshilacharse en ese tejido de quietud. Giannina, que al principio se resistía, había terminado por acostumbrarse a la calma, a ese ritmo sosegado que envolvía cada rincón.
Todo cambió tras la victoria en las urnas digitales.
La armonía que antes parecía inquebrantable empezó a mostrar fisuras, pequeñas pero persistentes.
Los rezos, antes melodiosos, adquirieron un tono más urgente, casi suplicante.
Los feligreses, que caminaban con la cadencia de quien no teme al tiempo, en ese instante aceleraban el paso, como si el suelo ardiera bajo sus pies.
Consolidado el poder en las redes sociales, los dirigentes del prelado comenzaron a esparcir una ansia palpable entre los suyos.
La sensación de sosiego se desvaneció, y los sectarios comenzaron a moverse apresurados, impulsados por la impaciencia y sumidos en un estado de alerta constante.
La serenidad que antes dominaba el santuario se transformó en bullicio, donde la emoción desbordada y la furia teñían las voces de los creyentes.
Después de días sin salir de la habitación, como castigo por su último intento de fuga, por fin Nuria le permitió que pasease de nuevo por los jardines de la finca. Así ambas pudieron despejarse de la vorágine del santuario tras el exitoso sufragio.
—¿Has experimentado esa sensación en la que anhelas algo durante mucho tiempo y, en cuanto lo obtienes, te causa desazón? ¿Cómo un plato delicioso y a la par muy picante? En nuestra cultura, tenemos un dicho que reza: «Sarna con gusto no pica».
—¿Qué es todo este alboroto?
—La situación es increíble. ¡Tenemos un sinfín de trabajo por delante! No perderemos ni un segundo. Actuaremos con celeridad y así aprovecharemos el impulso de nuestra campaña. Lograremos la transformación que la comunidad católica necesita.
—¿Con eso quieres decir que daréis un golpe de estado en el Vaticano?
—Nuestra intención es asegurarnos de que la Iglesia cumpla con su gran propósito.
Es la intermediaria del Todopoderoso en la Tierra y sus recursos deben enfocarse en la realización de la voluntad divina.
Y dado que nos encontramos en los albores de la parusía, no podemos permitir que el papa y algunos cardenales, cegados por el poder y la avaricia, arrastren a toda los discípulos de Cristo en esa negligencia.
Giannina se detuvo y contempló el mar que la separaba de la libertad.
—El alto clero no está dispuesto a escucharnos.
Ni siquiera a los fieles, quienes por medio de la votación han expresado el deseo de anteponer tu futuro y el de tu hijo a cualquier otro objetivo de la institución.
Por extensión, priorizan el papel del Reinicio en el cristianismo por encima de todo lo demás.
Si los líderes más prominentes del Vaticano no reconocen sus errores, al quedarnos de brazos cruzados nos volveríamos cómplices de la indolencia que cometen. Por eso debemos actuar ahora.
—¿Por qué estáis seguros de que sabéis qué es lo correcto, que vuestros enemigos están equivocados?
—El Reinicio ha estado preparándose para este momento durante siglos. Esa es la razón por la que hemos sido tan diligentes en cuanto nos enteramos de tu existencia.
—¿Eso os da el derecho de promover una cruzada para dominar la Iglesia?
—A lo largo de los tiempos, los fieles han fortalecido la fe con donaciones y trabajo arduo, han evangelizado al rebaño del Señor y han expandido el catolicismo fundado por el apóstol San Pedro.
Es lo que dio lugar a las primeras cruzadas, cuando el papa Urbano ii aprovechó el ruego del emperador bizantino Alejo i para pedir a clérigos y nobles que reconquistaran Jerusalén, debido a la amenaza que representaba la expansión musulmana que atenazaba Constantinopla.
El pecado y la codicia arrasan a todo humano que cede ante la tentación, seducido por un demonio que no descansa.
Las ovejas descarriadas han corrompido las instituciones que deberían preservar la fe cristiana.
Por eso las purgas son inevitables en ciertas ocasiones: no puedes persuadir a un jardín invadido por maleza para que cambie su naturaleza.
Erradicaremos las malas hierbas desde la raíz y restauraremos la armonía. Esa es nuestra misión.
—No me puedo creer que me uséis para justificar vuestro ataque al Vaticano, para usurparle al papa el trono. ¿Todo lo que queréis son riquezas y poder?
—La silla gestatoria ha caído en desuso desde hace tiempo; es solo un símbolo, un medio para un fin.
Igual que el dinero, dado que a la gente siempre le impresiona la apariencia superficial de las cosas.
No son nuestro fin ulterior. Lo que deseamos es que la Iglesia y sus fieles se acerquen más al Altísimo.
Que cumplan con el propósito que este les ha confiado.
—Sigo sin entender por qué estáis tan seguros de que conocéis los deseos de Dios.
—Dios es omnisciente, omnipotente y omnipresente.
Nos alcanza a todos, incluso si no te das cuenta.
Se comunica con nosotros de innumerables formas.
No obstante, algunos de nosotros captamos el mensaje con mayor claridad que otros.
Nuestra fe nos guía hacia lo correcto. Quien escucha con el corazón, percibe la voz de nuestro Señor con nitidez.
Quien interpreta con atino las Sagradas Escrituras, dispone de un mapa inequívoco para orientarse.
—Esa supuesta conexión directa con vuestro Dios no os da derecho de aniquilar a cualquier persona que se cruce en vuestro camino.
—Entiéndeme, no le deseamos el mal a nadie, pero no permitiremos que el demonio triunfe.
Que arrastre al inframundo a toda la humanidad por culpa de algunos herejes.
A veces, hay que tomar decisiones difíciles.
Tu hijo no siempre sabrá qué hacer ni estará dispuesto a seguir el sendero que tú consideras correcto.
Siendo madre, usarás todos los medios a tu disposición para protegerlo y cuidarlo, ¿verdad?
—¿Por qué no habéis luchado con la misma pasión para desenmascarar a los sacerdotes que han abusado de tantos niños indefensos? ¿Por qué no castigáis a aquellos que encubren a los clérigos pederastas? ¿Acaso creéis que fue Dios, y no el demonio, quien deseó el sufrimiento de esos niños?
—Los designios del Señor son insondables para los mortales.
Nosotros, como aquellos que nos precedieron, protegemos y guiamos a los fieles y a todas las almas posibles.
Haremos los sacrificios necesarios para garantizar la salvación del mundo entero.
La complejidad del plan divino es abrumadora.
No obstante, Dios lo diseñó con un propósito, de la misma manera en que creó al ser humano.
Es imposible abarcar lo que Él es y hace, dado que es infinito.
Basta con que entiendas que Él te ama y te ha otorgado el don más especial imaginable.
Llevas a su hijo y, por lo tanto, lo llevas a Él en tu vientre.
Otra cosa que me gustaría que entendieras es que nosotros te honramos por ser portadora del Eterno.
Deberías agradecer el rol que te ha concedido.
Cientos desearían estar en tu lugar. Millares de creyentes rezan por ti y te adoran a diario.
Todavía te venerarán más, tan pronto como culminemos nuestra obra.
Sé prudente. No luches más contra tu destino y acepta el camino que el Altísimo te marca.