Capítulo Ventiuno
SI NO HUBIESE sido por el pequeño detalle del secuestro y la compañía que le habían impuesto, otras personas pagarían un precio elevado por aquel alojamiento.
Disfrutarían de unas vacaciones en el lujoso complejo de la isla paradisíaca.
La piscina desbordante de la villa ofrecía vistas impresionantes de los acantilados adornados con aves pescadoras.
Cualquiera se deleitaría escuchando durante horas el sonido de las olas, sumergido en la piscina, sin anhelar la libertad que poseían las criaturas que surcaban los cielos y la de aquellas escondidas bajo las aguas cristalinas.
Decidió que descendería de noche por el acantilado que rodeaba el santuario y alcanzaría uno de los veleros que había amarrados en el muelle privado de la mansión.
Por eso estudió en detalle los archivos que probablemente les habían pasado desapercibido a sus captores.
Contenían manuales de escalada, de navegación, del uso de la radio de los navíos y de supervivencia en alta mar.
Además, analizó mapas detallados del archipiélago español en el que la recluían.
Un golpe de suerte, o quizá de la providencia, que aprovechó al máximo.
También devoró textos sobre travesías marinas a nado por si en alguna ocasión se veía privada de la embarcación y necesitaba una alternativa.
Visualizó cada paso de su plan de escape por mar, que incluía pasar por la isla vecina situada al oeste y solicitar ayuda a las autoridades.
Mantenía la cordura gracias a su nueva ambición: huiría para recuperar su libertad y proteger a ese pequeño ser que crecía en su interior.
No permitiría que los fanáticos definiesen ni su destino ni el de su hijo.
Tras semanas demostrando una sumisión ejemplar y argumentando los beneficios del deporte para el bienestar propio y el del bebé, logró incorporar a su rutina sesiones de natación en la exuberante piscina tallada en la roca del acantilado, justo en el límite del suntuoso condominio.
Con ello puso en práctica técnicas detalladas en los libros, con las que mejoró la resistencia en mar abierto.
Aunque el tiempo representaba un problema: a medida que avanzaba el embarazo, disponía de menos energía y, por ende, las posibilidades de éxito disminuían.
Entre la misión en el espacio, la reclusión en el santuario y el embarazo se encontró distante de su mejor forma física.
Ya no quería romper récords de velocidad; lo importante era escapar.
Los casi cuatrocientos mil litros de espacio habitable en la Estación Espacial Internacional fueron una bendición en contraste con la sensación de claustrofobia que experimentaba Giannina en la villa, a pesar de las vistas del inmenso océano que se extendían hasta el horizonte.
Los muros de la propiedad no eran los que más la agobiaban, sino el abismo al que las infames intenciones de la secta la querían arrastrar.
Luchó constantemente contra la desesperanza.
En algunas situaciones, la idea de alcanzar la libertad algún día parecía desvanecerse por completo.
La urgencia por huir aumentó hasta niveles estratosféricos.
Fue entonces cuando Nuria la impulsó a caminar y también la alentó a trabajar con una entrenadora.
Las náuseas se habían disipado poco después del retorno a la Tierra, y el segundo trimestre transcurrió sin grandes molestias.
Aunque su cuerpo le suplicaba descansar durante horas, redujo al mínimo el tiempo que pasaba en la cama.
Si dormía, no ideaba ni ejecutaba el proyecto de fuga.
En ocasiones, Nuria y Jacobo la invitaban a misas celebradas frente a la multitud de peregrinos que acudían a la mansión para conocer a la portadora de Cristo Redentor.
Incluso la convocaron a cónclaves con los círculos exclusivos del Reinicio, donde se discutían las confabulaciones de la secta.
Sabía que la consideraban un símbolo, una fuente inacabable de moral y fe con la que los líderes manipulaban por igual a sus acólitos y a sus oponentes.
Había escuchado en varias ocasiones la premisa «Quien controle a la nueva Virgen y al fruto de su vientre dominará el resurgente catolicismo.
—¡Dios nos salve! Actuemos ya, sin demora. Tenemos que tomar medidas… —sugirió uno de los miembros que siempre participaba en las sesiones.
—Por supuesto que tomamos medidas, querido Pablo. Estamos culminando los preparativos —respondió Jacobo.
—Me refiero a algo drástico. Nos acompaña la mismísima reencarnación de la Inmaculada, y sigue confinada en esta isla —replicó Pablo.
—Es por seguridad.
—Es la Virgen Bendita. Debería tener acceso a todos los recursos de la Iglesia católica hoy mismo.
Los fieles de todo el mundo han contribuido a su financiación durante generaciones, y justo ahora, en el evento de mayor trascendencia que el catolicismo ha experimentado en milenios, el clero no asume el rol que le corresponde.
¡No asegura la redención de la humanidad con este maravilloso don que Dios nos ha concedido de nuevo!
—exclamó Pablo, y señaló con dramatismo la incipiente barriga de Giannina a sus catorce semanas de embarazo.
—Comprendo tus sentimientos, amigo mío —intentó calmarlo Jacobo—. Recuerda que tenemos una agenda. Cada elemento de nuestra estrategia es imprescindible para que logremos nuestros objetivos. No podemos dejar ningún detalle al azar.
—Podríamos estar en el Vaticano mañana mismo, reclamando lo que nos corresponde, como nuevos apóstoles que acompañan a María, Madre del Señor, y al hijo de ambos, Jesucristo, en la gran misión —prometió Pablo.
—Sabes que los cardenales no lo ven de esa manera —rebatió Jacobo—.
No nos van a recibir con las puertas abiertas para darnos el control de la Santa Sede.
No contamos con suficientes cardenales de nuestro lado.
La mayoría son un grupo de vejestorios que se sienten abrumados por la situación actual.
No están a la altura de las circunstancias que nos han tocado vivir.
Se obsesionan con mantener el statu quo y no con seguir el camino que el Señor demanda.
—Precisamente por eso debemos actuar sin dilación. ¿De qué sirve un papa sobre la tumba de San Pedro si no trabaja para cumplir los designios del Altísimo?
—Eso cambiará —intervino Nuria al ver que Jacobo no apaciguaba al insurgente—. Nuestra campaña de marketing digital ya está dando resultados. El número de visitas a nuestra web, de nuevos miembros y de donaciones ha aumentado exponencialmente.
—Con solo algunas imágenes de nuestra bienaventurada, acompañadas de las palabras adecuadas, hemos logrado persuadir a multitudes de nuestra visión.
Ahora bien, sin respaldos suficientes, estaremos condenados al fracaso.
Es fundamental que haya bastante gente que nos apoye.
Son los únicos que pondrán a nuestra Santísima María y al bendito Hijo en el epicentro de la cristiandad.
Giannina no se acostumbraba a la forma en que se referían a ella. Hablaban de una persona extraña que jamás había conocido. Por mucho que participara en encuentros donde discutían premisas que ella consideraba fruto de una enajenación mental, había aprendido a no estallar ni rebatir sus locuras.
—No desesperes, querido amigo. Recuerda que la Biblia elogia la paciencia; es parte del fruto del Espíritu Santo que se desarrolla en nosotros cuando seguimos a Cristo —dijo Jacobo.
—Gracias por el sermón —replicó Pablo.
—Hemos debatido esto en repetidas ocasiones.
Solo el poder de las masas derrocará al alto clérigo.
Nuestra bendita madonna es la llave para controlarlo.
La semilla de Dios germinará hasta que encienda el alma de los creyentes.
Con ellos aseguraremos que la comunidad católica y sus activos sean destinados a la única causa que nos une a los aquí presentes —expuso Nuria.
—Si vamos mañana al Vaticano y exigimos las llaves, acabaremos entre rejas. Mientras que, si continuamos con nuestra hoja de ruta y movilizamos a las multitudes, ni la Guardia Suiza ni los Carabinieri, ni las fuerzas armadas italianas podrán impedir que cumplamos nuestra misión —dijo Jacobo.
—Es imperativo que ganemos el favor de la opinión pública.
Ya sabemos que la ingeniería social demanda tiempo.
Estoy contigo en que tenemos ante nosotros una ardua tarea.
Aun así, lograremos que la institución eclesiástica adopte filosofías democráticas.
Que los dogmas recojan las inquietudes, los deseos y las verdaderas necesidades de los fieles, en lugar de imponer lo que unos cuantos falsos profetas con alma de déspotas dictan como verdad —explicó Nuria.
—Por eso es crucial que sigamos el plan.
Una vez hayamos canalizado la fe de un número suficiente de personas, utilizaremos la plataforma de voto electrónico iVot.
Con ese software llevaremos a cabo elecciones por todo el planeta.
Someteremos a votación democrática cuál debe ser la posición de la Santa Sede: respaldar a la Virgen en esta Segunda Visitación que la gracia del Altísimo nos ha otorgado para liberarnos de los pecados que nos asolan, o mantenerse ciegos e impasibles ante la realidad —señaló Jacobo.
—Con la ayuda de nuestra Reina de los Cielos, ganaremos ese referendo con contundencia —aseguró Nuria, saboreando la victoria que tanto anhelaba—, y nadie negará que el deseo de los devotos es que el Vaticano cumpla la función que le toca: que proteja y allane el camino de nuestro Salvador.
—En el instante en que convenzamos a esa masa crítica sobre la legitimidad de nuestro enfoque, todos los medios de la Iglesia se dedicarán a un único fin: proteger a la Madre Inmaculada y a nuestro Redentor —explicó Jacobo con tal éxtasis que la saliva era disparada contra el público a cañonazos—.
De esa forma nos aseguraremos de que Satanás no pueda interferir en la tan necesaria salvación del mundo.
En ese momento cumpliremos con nuestro deber y ejerceremos legítimamente la fuerza.
Entonces sí arrebataremos a esos clérigos carentes de visión el control del Estado Vaticano y todo lo que este representa.
—Solo así lograremos que el Reinicio encabece al cristianismo para guiarlo durante el próximo Advenimiento del Mesías —dijo Nuria—.
Solo así vivirá la vida que ninguno de nosotros tendrá, experimentará la muerte que ningún ser humano padecerá, y resucitará de entre los muertos como nadie lo hará.
Solo así vencerá el pecado y nos salvará a todos.