Capítulo Dieciocho
AbrIÓ LOS OJOS con dificultad. Sintió un dolor que le penetraba por la cabeza y le atravesaba todo el cuerpo.
Tenía el cerebro nublado, igual que había ocurrido con las explosiones sufridas en el barco tras el retorno de la estación espacial.
La diferencia estaba en que en ese momento eran las imágenes de los feligreses vestidos de nazarenos las que veía en bucle infinito, amenazándola con utilizarla a ella y al bebé para revivir las escrituras bíblicas.
A pesar del intenso dolor de cabeza, se reorientó y analizó la enrevesada situación en la que se encontraba.
El instinto se activó en un destello repentino y le recordó que necesitaba escapar de la prisión en la que estaba atrapada.
Esta vez estaría dispuesta a todo para lograrlo.
El problema residía en que su cuerpo no respondía.
Estaba agotada y requería que hiciese varios intentos antes de que algún músculo se moviese, similar a un recién nacido que aún no controlaba sus extremidades.
Al percibir la figura que la acompañaba, experimentó una sensación de déjà vu al encontrarse en la misma habitación en la que había despertado después del amerizaje.
En esta ocasión, Elia tardó menos en hablarle.
—¡Dios le salve! ¿Se encuentra bien, querida niña?
—¿Por qué me hacéis esto?
—Tranquilícese, todo está bien. Relájese y descanse.
—Me habéis maniatado —comentó observando las cintas que sujetaban sus extremidades a la lujosa cama.
—Con ello evitamos que se haga daño a sí misma o al bebé. No se preocupe. Los dos están a salvo. Solo necesita descanso y pronto entrará en razón.
Volvió a forcejear sin conseguir deshacer las ataduras.
—¿Por qué no me dejáis ir?
—¿No entiende lo importante que es usted? No solo para nosotros, sino para el mundo entero.
—Necesito huir de aquí —murmuró más alto de lo que habría deseado.
—No puede huir del destino. Nadie puede. El Reinicio solo busca ayudarlos a usted y al Mesías que lleva en el vientre, ¿por qué nos rechaza? —preguntó Elia, visiblemente turbada.
—¡Porque no llevo ningún mesías dentro de mí!
—Sssh, no se altere. Tiene que descansar.
—Todavía no sé ni dónde estamos.
—Se encuentra en nuestro santuario español, en una isla del archipiélago canario que pertenece al Reinicio. Aquí están seguros, de verdad.
—¿Por qué me hacéis esto? ¿Por qué no os basta con el rezo, igual que a la mayoría de los creyentes?
—Los creyentes católicos sabemos que rezar es esencial, pero no suficiente.
Dios nos llama a actuar, y por Él nos esforzamos con dedicación y fe, sabiendo que nuestra labor tiene un propósito divino.
Trabajamos incansablemente y con devoción, confiando en que nuestras acciones son guiadas por su voluntad y contribuyen al bien común, incluso cuando los frutos no son inmediatos.
Él guía nuestros esfuerzos. Ya le explicó la señora Etxegarai que somos una prelatura de la Iglesia, que contribuye a la misión evangelizadora del catolicismo.
Asistimos a nuestros feligreses, y a todos aquellos que requieren ayuda para descubrir a Cristo en la cotidianidad, en la vida familiar, en el ámbito laboral e incluso en las esferas políticas.
Promovemos entre fieles católicos de toda condición una vida coherente con la fe, sobre todo en las circunstancias ordinarias, y protegemos así a la humanidad de todos los pecados que la asolan.
El resplandor de la lámpara que había en la mesilla de noche destacó unas líneas marcadas en el rostro de la carcelera, un testimonio de años dedicados a una causa que ella consideraba sagrada. Si las cintas no lo hubiesen impedido, habría probado suerte usando la lámpara como arma.
—¿Cuál es vuestro rol dentro de la Iglesia? —preguntó, ya que usar la violencia no era una opción.
—Las tensiones con otras congregaciones religiosas son intensas.
Por desgracia, hay quienes buscan sus propios intereses, se aferran a sus privilegios, y olvidan el verdadero propósito de la creencia católica.
Eso está destinado a cambiar. Con usted junto a nosotros, lograremos unificarlos a todos bajo la única verdad de la fe. Ya lo verá.
—¿A qué te refieres?
—Cada orden posee una interpretación diferente de la Biblia y de los mensajes que Dios nos ha legado, lo que genera un conflicto interno constante.
En lugar de unirnos frente a las fuerzas de las tinieblas y sus tentaciones, las disputas internas nos desvían de nuestro auténtico propósito.
Ya lo dijo el señor Etxegarai: con usted a nuestro lado, colaboraremos en armonía para cumplir los designios divinos.
Todos deberán unirse en apoyo al Mesías y a la Santa Madre.
—Entonces, ¿vuestro poder se limita a la Iglesia católica?
—Existen numerosos políticos y empresarios a nivel mundial que forman parte del Reinicio. Dado que el trabajo duro es nuestro camino hacia Dios, ayudamos a nuestros feligreses a que tengan carreras profesionales exitosas. A su vez, ellos financian nuestras misiones evangelizadoras.
Le resultó aterrador que este tipo de sectas fuesen legales y que influyesen en tantos aspectos de la sociedad civil.
Que los gobiernos permitiesen que sus atrocidades quedasen impunes.
Un escalofrío le recorrió la espalda al pensar que eran ellos, el Reinicio, los que debían de haber orquestado el asalto a la comitiva de la nasa y las explosiones que habían acabado con la vida de todo el personal de rescate.
La sola idea de que pudieran ser tan crueles y poderosos le oprimía el pecho.
Con toda probabilidad, también habrían matado a Yelena.
Cuánto añoraba la presencia de su amiga, su voz sensata, su compañía en ese infierno.
En ese momento, sola frente a la locura, el peso de su ausencia era casi tan abrumador como el de su propia situación.
Si sus captores eran tan poderosos, ¿qué esperanza tenía de escapar?