Capítulo Trece
LA TRIPULACIÓN FLOTABA frente al equipo de comunicaciones en la cabina de la Estación Espacial Internacional, ya que la nasa y Roscosmos la convocaron para definir un plan de acción. Primero habló el responsable americano de la misión.
—Hemos evaluado la situación y hemos decidido que culminaremos la misión sin demora.
No sabemos qué efectos adversos tendrá la radiación para…
para… el bebé —comentó con esfuerzo al atragantarse con la palabra, que le raspó la garganta por ser ajena al vocabulario funcional que había dominado durante las misiones pasadas.
—¿Eso qué significa? —preguntó Yelena.
—Pues como vuestra aeronave Soyuz tuvo un escape de líquido refrigerante, no podemos arriesgarnos a que haya algún problema durante vuestra entrada en la atmósfera terrestre.
Por eso adelantaremos la siguiente misión de envío de material con una nave Dragon de SpaceX para que regreséis en ella —explicó el responsable americano.
—¿Cuándo? —Esa vez fue Svetlana quien formuló la pregunta.
—En dos semanas.
La noticia fue una losa para Giannina. Le resultaba imposible asimilar que estaba embarazada. Era una realidad que su mente se resistía a procesar. Pero después de la ecografía y de haber visto la minúscula forma vibrante en la pantalla, ya no podía obviar la evidencia y negar su realidad.
A ella también le chirriaba la palabra «bebé», pues la asociaba con algo natural, el resultado del amor o de un tropiezo entre las sábanas. Algo que no se aplicaba a ella.
Lo suyo era impuesto, resultado de una violación fantasma, uno de los delitos más horrorosos que alguien podía cometer contra su intimidad. Perpetrado por un agresor sin rostro ni nombre, al igual que el niño, que carecía de ambos.
—No me creo que de verdad esté creando vida dentro de mí. Ni todo lo que eso implica. Es más bien un alien implantado, algo ajeno que no es mío. Me siento invadida. Ultrajada.
—Gin, lo que experimentas es muy difícil de asimilar. Recuerda que no estás sola en esto, cielo. Yo estoy aquí contigo, ¿me entiendes?
—Lo sé, Yel. A pesar de ello, me siento perdida. Nunca imaginé que tendría que enfrentarme a algo así. No sé qué hacer. Siempre he perseguido ser astronauta y viajar al espacio. Y todas las decisiones que tomaba me acercaban a esa meta. En cambio, ahora estoy perdidísima.
Yelena la tomó con cariño del brazo.
—Es normal sentir miedo e incertidumbre en tu situación, querida. Juntas buscaremos soluciones. Todos contamos con muchas opciones; el primer paso consiste en identificarlas para que luego tomemos una decisión. Tal vez haya alternativas que aún no has considerado, ¿sabes?
—Supongo que llevas razón. No me puedo quedar eternamente aquí flotando en dudas.
Necesito opciones. ¿Y si aborto y acabo con el problema de raíz antes de que se convierta en algo más?
¿Antes de que me destruya por dentro? ¿Acabará eso con el sufrimiento?
Aunque ahora que están prohibidos los métodos abortivos en los Estados Unidos, igual tengo que ir a México o a Italia…
—¿Y si tienes al niño y lo das en adopción? O a la niña, que todavía no sabemos el sexo…
—Es verdad. De todas formas, no sé si sería capaz de dejar que otras personas cuiden de él, o de ella, después de que lo haya llevado conmigo durante el embarazo. Y sobre todo si conseguimos superar el parto. ¿Tú podrías?
—Puf, no lo sé. Es algo muy personal. Hay gente que lo hace. Sí considero que es mejor que un bebé crezca en una familia que lo quiera y se ocupe de él a que esté en un entorno que lo rechace.
—Supongo que también podría quedármelo y cuidarlo yo sola… No sé ni lo que digo; puede que el feto ni sea viable.
—No tendrías por qué hacerlo sola, querida. ¿Tus padres no te ayudarían?
—Sí, supongo que sí. Estarían encantados de convertirse en abuelos.
En ese caso tendría que mudarme con ellos, y sería una regresión a mi infancia…
Puf, menudo lío. Además, ¿cómo afectaría a un niño crecer con burlas porque lo consideren hijo de un alienígena, o del Espíritu Santo, o cualquier otra chorrada de las que dicen por ahí?
Quizá tengamos que cambiarnos de nombre…
—¿Crees que la nasa tiene algo parecido al servicio de protección de testigos? —preguntó Yelena.
—No sé. Ojalá. Esa es otra; me pregunto qué hará la agencia.
Si me ayudarán de alguna manera, me querrán convertir en un experimento viviente, o simplemente correr un tupido velo y hacer como si nada de esto jamás hubiese pasado.
¿Crees que me convencerán de que actúe contra mi voluntad, o se olvidarán del tema en cuanto aterricemos?
—Seguro que te ayudan —dijo Yelena.
—Eso espero. Aunque no creo que esté catalogada en la lista de enfermedades por accidente laboral. Sigo sin saber qué he hecho para acabar en esta situación.
—Es lógico.
—¿Crees que la criatura ha sufrido algún daño irreversible debido a la radiación, la microgravedad y las condiciones del espacio? ¿Crees que sobrevivirá, considerando que no podemos determinar el origen? Es todo tan surrealista…
—No lo sé, cielo. Sé que son muchas cosas, pero piensa que todo va a salir bien; ya lo verás.
—Ahora mismo soy incapaz de pensar eso. Una parte de mí desearía que hubiese un aborto espontáneo.
A veces deseo que desaparezca sin más. Que se disuelva como un mal sueño.
Como si nunca hubiese existido. Que se esfume por sí solo, por arte de magia, igual que ha venido, para que todo vuelva a la normalidad.
—Cielo, intenta pensar en positivo y encontrarás la solución.
—No es fácil ser positiva en un momento así, Yel. No tengo ni la medicación de ácido fólico que minimice los riesgos de malformaciones cerebrales y de la espina dorsal.
—Empieza dando gracias porque ese proyectil te rozó el brazo y no dio de lleno en el casco. En tal caso, todo habría acabado.
—Bueno, visto así…
—¿Ves? De lo malo, no te ha tocado lo peor, ¿me entiendes?
Sigues viva. Sigues respirando. Te enfrentas a un problemón, ahí te doy toda la razón.
Pero no es el final de la partida. Solo otro reto más al que te enfrentas.
—Giannina revivió la escena con la chica en el lago, solo que esta vez había intercambiado los roles—.
Recuerda todos tus logros. Has llegado hasta aquí y te has convertido en astronauta.
Créeme, muy poca gente lo ha conseguido.
Por otro lado, miles de madres superan el ciclo de gestación cada día.
Muchas se sobreponen al embarazo, ya sea a través de un aborto o por un parto.
No digo que sea fácil, te ha tocado vivir algo muy duro.
Lo que quiero es que tengas presente que eres una de las mujeres más fuertes que conozco.
Has logrado mucho y estoy convencida de que triunfarás ante este desafío.
Yo y toda la gente que te quiere te apoyaremos en esta nueva etapa.
—Gracias, Yel —dijo Giannina, y se le escaparon unas lágrimas.
—Además, todavía tienes algo de tiempo para reflexionar y prepararte para lo que viene.
—Supongo que tienes razón, Yel. Volver a la Tierra no va a ser fácil para mí. No quiero fingir que lo será.
—Nadie espera que lo finjas, cielo. Estás pasando por algo terrible. Pero volver es el primer paso. No hacia el olvido, sino hacia la reconstrucción de tu vida, como quien recompone un espejo roto y descubre belleza en sus cicatrices.
—Me asusta. No sé qué va a hacer la nasa conmigo.
¿Qué va a pensar el mundo? Y sobre todo…
¿Qué significa tener esto dentro? No me siento madre.
Me siento… invadida. Necesito aferrarme a algo.
A una certeza, por pequeña que sea. Supongo que tienes razón, y aunque el retorno en sí no arregle nada… me da un punto de partida.