Hecha de cicatrices Capítulo Doce
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Capítulo Doce

—NO PUEDE SER —repitió Giannina una y otra vez.

Sopesó la idea de que todo fuera una de las bromas más elaboradas que jamás hubiera conocido. Sin embargo, en el fondo, sabía que las agencias aeroespaciales no entretenían al público de forma tan caprichosa.

La confirmación del embarazo por parte del médico la abofeteó con brutalidad y le arrebató todas sus esperanzas de probar que no estaba encinta.

Era una condena sin juicio. La imagen del globo terráqueo desde la cúpula ya no le proporcionaba la misma tranquilidad que antes.

Después de lo ocurrido, se había convertido en una fuente de incertidumbre acerca de lo que le depararía el regreso a la superficie.

Añoraba el tiempo en el que sus dudas se centraban en si llenaría el vacío que había quedado una vez cumplido el objetivo vital.

Tras recibir la noticia, Giannina decidió limpiar los filtros de ventilación: una tarea mecánica que no requería concentración, ideal para alguien que necesita ocupar las manos mientras procesa emociones complejas.

—¿Qué tal te encuentras, cielo? —preguntó Yelena conforme se acercaba a la cúpula.

—No sé qué decirte, estoy hecha un lío. Alguien ha retirado el tapón que mantenía mis emociones en orden, y ahora se mezclan en una licuadora.

—Ya somos dos, cielo. Ya somos dos.

—Toda la vida he sabido lo que tenía que hacer.

Tenía un plan. Mi meta era viajar al espacio.

Ahora, aquí, todo se desmorona. No reconozco el camino que tengo delante.

No sé qué es peor: que esté embarazada sin quererlo o que desconozca cómo he acabado en esta situación.

¿Cómo voy a resolver esto? ¿Encontraré una explicación a lo que estoy viviendo?

¿Llegará un momento en el que entienda la manera en la que alguien puede concebir sin ningún tipo de interacción sexual ni inseminación artificial?

Es que no lo entiendo, te juro que no lo entiendo.

Yelena rompió la distancia que las separaba, flotando hacia ella para abrazarla.

—La única explicación que se me ocurre es una inseminación artificial encubierta. Solo la nasa tiene los recursos para implantarme un embrión sin mi consentimiento. Pero ¿cómo lo hicieron? ¿Y por qué motivo?

—No creo que hayan llegado tan lejos. De Roscosmos sí me lo esperaría. En cambio, la nasa presta más atención a la imagen pública.

—Tampoco paro de preguntarme por qué me ha tocado a mí y no a ninguna de vosotras. ¿O tienes algo que contarme…?

—También nos han hecho los análisis a nosotras, y no, no estamos embarazadas. Al menos, de momento.

—Vaya, ¿así que nuestros hijos no crecerán jugando juntos en esta estación?

—Sé que tienes mucho que asimilar y, aun así, creo que es importante que conozcas lo que está sucediendo. Al menos a mí me gustaría que me diesen la información si estuviera en tu lugar.

—¿Qué haría la situación peor de lo que ya es?

—Me temo que tu condición ha sido expuesta en público.

—¡Maldita sea! ¿En serio? ¿Esto ya ha llegado a la prensa?

¿En qué demonios estaban pensando? —exclamó Giannina mientras recogía las herramientas que había usado en sus labores de limpieza, que por la microgravedad se habían desplazado, como si intentara poner orden en el caos, tanto el externo como el interno—.

Ni siquiera he tenido tiempo de asimilar lo que está pasando, ¡y ya lo saben todos!

¿Cómo esperan que maneje esto, si apenas tengo claro cuáles son mis opciones?

—Añadió esas palabras mientras cerraba la carcasa del filtro con un clic seco, como si ese gesto mecánico pudiera contener, al menos por un instante, el desbordamiento de su mundo interior—.

¿Qué voy a hacer cuando regrese a la Tierra?

¿Qué les voy a decir a mis padres? ¿Y a al resto de mi familia? ¿Y a mis amigos?

—Parece que fue una filtración a través de las redes sociales.

La agencia está investigando el origen, pero aún no ha identificado de dónde proviene.

En cualquier caso, debes saber que el público ya está al tanto de que esperas un bebé, ¿entiendes?

Hay todo tipo de teorías conspirativas tratando de explicar por qué una astronauta se ha quedado encinta en la Estación Espacial Internacional.

—¿En serio? ¿Eso significa que hay gente en todo el mundo discutiendo sobre lo que me ha sucedido?

—preguntó Giannina mientras se impulsaba con delicadeza entre las paredes del módulo, como si cada movimiento fuera un intento de poner orden en el torbellino que llevaba dentro—.

Pensaba que era imposible que el escenario pudiese empeorar, pero me equivocaba.

Seguro que incluso hay votaciones del tipo «¿Cuál es el origen del primer bebé espacial?

». —Suspiró, llevándose las manos a la cara para ocultar la realidad—.

¿Qué es lo que comentan? —dijo sin levantar la mirada de sus palmas.

—¿De verdad estás lista para escuchar las especulaciones de desconocidos?

—Si todos hablan de mí, quiero saber qué dicen.

—Está bien, pues, al parecer, hay muchas teorías descabelladas. La que más fuerza tiene es la de inseminación por extraterrestres.

—¡Menuda estupidez! Busco respuestas sobre lo que me ha pasado, y cuando mencionaste que la gente hablaba de mi embarazo, tenía la esperanza de que alguien diera pistas reales, no fantasías. De todas formas, sigue, ¿qué otras cosas dicen?

—Otra de las teorías que se mencionan es la de la concepción divina sin pecado.

—¡Anda! ¿Así que ahora soy la reencarnación de la Virgen María? ¿Hay una sola teoría que tenga una ínfima probabilidad de que sea cierta?

—Otra hipótesis que gana mucho peso es que la nasa experimenta con la fabricación de bebés en el espacio.

—Eso es algo que aclararé con el director de vuelo, porque no recuerdo haber ofrecido mi vientre en alquiler espacial.

—Giannina usó pequeños impulsos de sus manos y pies para girar en el aire—.

¿Eso es lo mejor que los periodistas y blogueros de todo el planeta han sido capaces de especular?

A veces me sorprende la cantidad de tiempo y de recursos que pierde la gente hablando de tonterías.

¿Por qué no focalizan todos los esfuerzos en soluciones a los problemas más acuciantes a los que se enfrenta la humanidad?

Somos insectos que debaten sobre la tonalidad del color de la zapatilla que nos va a aplastar.

—Bueno, en realidad hay otra teoría.

—¿Cuál?

—Hay quienes afirman que una de las astronautas que te acompañan en la estación espacial es en realidad transexual, y todo ha sido fruto del amor en gravedad cero.

—¡Sandeces! —sentenció Giannina, y volvió a dirigir la vista al globo azul. Buscó en él la respuesta que Yelena no había podido darle.