Heartless Beloved (North Shore 2) 35 #2
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Trago saliva con dificultad, conmocionada.

A Xi le pidieron que secuestrara a la hija de un senador por orden del propio hombre. Esa chica era yo.

Mi madre le pidió a un mafioso información sobre mi padre, Vito se la pidió a Xi, y Xi me utilizó a mí.

Hemos cerrado el círculo de la locura que son nuestras vidas, los lazos tan enredados que existen entre los multimillonarios de Stoneview y las familias criminales que nos rodean.

¿Xi y yo? No somos más que peones en juegos que se escapan de nuestro alcance.

—¿Por qué? —pregunto con una fortaleza que empiezo a entender que es una nueva parte de mí.

—Quería divorciarme, pero él no. Tu padre era un maestro de la manipulación, por lo que solo había una forma de salir. Esperé hasta que te fueras a la universidad creyendo que así podría mantenerte al margen, pero me equivoqué. Lo siento.

Le dedico una sonrisa reservada.

—Te perdono, mamá. Yo también habría hecho cualquier cosa para librarme de él. De hecho, la hice.

—Tenemos toda la vida por delante para que me perdones de verdad. Por todo.

Me pasa un brazo por los hombros y me guía hacia la salida.

Como en las películas, veo una sombra alta y oscura apoyada contra un árbol al fondo. Demasiado lejos como para haber oído algo del funeral, pero lo bastante cerca como para vigilarme.

Xi está guapísimo en traje. No le pega, pero aun así le queda de muerte. Tiene los brazos cruzados sobre el pecho, con los enormes músculos a punto de reventar la costura de la chaqueta. Debe de estar congelándose sin un abrigo.

—Te veo en el coche —le digo a mi madre.

Ella sigue mi mirada y asiente.

Me tomo mi tiempo para llegar hasta Xi, retrasando lo inevitable.

—Hola —saludo finalmente al gigante que tengo delante.

—Hola.

Su voz es la misma de siempre, carente de emociones; estas parecen estar atrapadas en su mirada, dando vueltas entre los diferentes tonos de marrón, como un ojo de tigre.

Lo primero que se me ocurre es enmendar mis errores, aunque eso es imposible.

—Siento lo de Zara. —Sus ojos tristes se encuentran con los míos.

Es lo último que esperaba oír—. Billie me lo contó.

Y quiero que sepas que, de haberlo sabido…

Si hubiera sido capaz de comprender lo peligroso que era ocultarte información, jamás lo habría hecho.

Tenías razón: no es mi mundo y no sabía nada.

Lamento que sintieras que le fallaste. Yo no creo que lo hicieras.

—Cuando la confusión empieza a reflejársele en el rostro, añado—: Creo que vives en un lugar desgarrado por una guerra que no puedes controlar, y no puedes salvar a todos los que te rodean.

Xi toma una profunda bocanada de aire y se le humedecen los ojos. Cuando traga saliva, las lágrimas desaparecen sin llegar a caer.

—¿Cómo has estado? —pregunto.

—Debería ser yo quien te hiciera esa pregunta —responde con una risa seca.

—Hazlo, entonces —le espeto, quizá con más bordería de la que pretendía.

Veo que le gusta la determinación de mi voz.

—¿Cómo has estado?

—Mejor de lo que pensaba —admito. Hago una pausa para observarlo y respirar el familiar aroma de su colonia mezclado con notas de aguarrás—. Pero te echo de menos.

Se le oscurecen los ojos con tristeza.

—Yo también te echo de menos. —Otra pausa. Entonces se separa del árbol y me coge las manos—. Alex —dice con voz ronca—, quiero que sepas que he dejado la NSC.

Abro los ojos de par en par.

—Estabas equivocada —añade.

—¿Equivocada?

—Tengo corazón. Y lo sé porque… —Se humedece los labios—. Porque ¿cómo podría amarte si no es con todo mi corazón?

Se me llenan los ojos de lágrimas porque así no es como debería ser.

Niego con la cabeza.

—Xi… Creo que no deberíamos seguir viéndonos. Al menos por ahora.

Su agarre se vuelve más fuerte.

—Sé que lo que hice estuvo mal, Alex. Sé… Sé que te mentí, pero tú lo sabías y aun así decidiste quedarte.

—No hablo del secuestro. Estoy enamorada de ti a pesar de eso.

—Mi vida no es lo mismo sin ti. No puedo volver a ser algo que ya no soy. Mi corazón no le pertenece a la NSC, te pertenece a ti.

Se pasa una mano por el pelo, mira a otro lado y luego de nuevo a mí antes de tomar mis manos entre sus enormes palmas. Coloca una contra su pecho y respira hondo.

—¿Lo notas? Siento que he tenido que fingir estar vivo durante tanto tiempo que había olvidado que apenas estaba sobreviviendo. Contigo, por fin estoy aprendido a respirar. Eres mi oxígeno, Alex. Eres mi todo.

—Tú también eres mi todo —respondo con voz rota.

—Entonces no debería haber ningún problema. He aceptado trabajar con Dickie. Estoy pintando. Quiero cambiar mi vida. Por ti, por nosotros.

—Me alegra que hayas descubierto quién eres —respondo con sinceridad—. Pero yo también necesito hacerlo.

No me deja ni tomar aire para continuar.

—Dime qué quieres que haga y lo haré. Dime cuánto tiempo necesitas.

—No puedo darte una fecha…

—¿Cuánto tiempo? —gruñe entre dientes—. Necesito saber cuándo volverás conmigo.

—No lo sé. Quiero aprender a ser yo misma, no la marioneta de mi padre. Quiero descubrirme. Quiero saber que no hice todo esto solo porque te habías apoderado de todo mi ser, sino que también lo hice por mí.

Inhala por las fosas nasales dilatadas, intentando controlarse.

—Te necesito —exhala—. Conviérteme en un hombre mejor, nena. Por favor. —La desesperación de su mirada casi me rompe.

—Conviértete tú mismo en un hombre mejor, Xi. Mientras tanto, yo me convertiré en una mujer con su propia personalidad.

—¿Y si…? ¿Y si no vuelves? —Tiene la garganta cerrada, se lo noto en la voz frágil.

—Entonces es que no estaba destinado a ser, supongo.

Me trago la misma presión que noto en la garganta. Siento nuestros corazones latir al unísono, siento el hilo que une el mío con el suyo.

Mi mano sigue sobre su pecho cuando su agarre alrededor de mi muñeca se tensa.

—Si pudiera volverá a aquella noche, la noche en la que te saqué de tu casa… Si… —Se le rompe la voz—. Si hubiera sabido que podía perderte, te habría guardado solo para mí. Nunca te habría dejado ir.

Se me dibuja una sonrisa sincera en el rostro.

—Eso no es cierto. —Presiono la palma contra su pecho con más fuerza—. Ese enorme corazón late demasiado fuerte por mí.

Me pongo de puntillas y mis labios acarician los suyos antes de depositar un beso igual de ligero que una pluma. Doy un paso atrás, pero él todavía me sostiene.

—Dame una canción de Taylor Swift —dice con un atisbo de humor—. Solo para que todo sea un poco mejor.

Necesito irme antes de que haga añicos mi decisión.

— Afterglow .

Me suelta y susurro las dos palabras mágicas más famosas antes de volver al coche.

Una vez dentro, me rompo.

Se me caen las lágrimas a borbotones mientras el corazón se me encoge y bombea un arrepentimiento venenoso por mis venas.

He renunciado al amor de mi vida para poder encontrarme a mí misma. Si me sale el tiro por la culata, no me quedará nada.

—Cariño —me consuela mi madre cuando rompo a llorar.

Me abraza mientras el coche se aleja. Me vuelvo para ver a Xi salir corriendo del cementerio tras nuestro coche hasta que comprende que no hay nada que pueda hacer.

La angustia que veo en su rostro me destroza, y un sollozo me explota en la garganta.

Observo cómo se vuelve un pequeño punto en la carretera hasta que giramos en otra calle.

Para cuando llegamos a casa ya me he calmado, aunque mi madre continúa abrazándome.

—¿Hay algo que pueda hacer?

Estoy a punto de decirle que no justo cuando se me ocurre una idea.

—En realidad, sí. —Me mira, expectante, mientras un zumbido me vibra en el pecho—. Me gustaría que le echaras una mano a un amigo. Se está planteando hacerse un hueco en el mundo del arte. Es pintor.

—Pues claro, cariño. Lo que sea.

Mi madre tiene suficientes contactos en ese mundillo como para darle un empujón a cualquiera.

—A ese amigo tuyo —dice con suavidad—, ¿planeas volver a verlo pronto?

Por supuesto, sabe exactamente a quién me refiero.

Niego con la cabeza.

—No hasta que haya aprendido a quererme a mí misma.