Heartless Beloved (North Shore 2) 33
93%

33

XI

Mastermind Taylor Swift

Alex no se ha sorprendido cuando le he contado la verdad. No quería oírla porque prefería mantenernos dentro de una burbuja de ignorancia. Nunca quiso que le confirmara algo que ella ya sabía.

«Nadie podría amarte sabiendo lo que has hecho».

Se odia a sí misma por hacerlo. Se lo guardó y siguió amándome a pesar de ser conocedora de ello.

—¿Desde cuándo? —repito.

—Desde la noche en que descubrí que formabas parte de la NSC.

Sacudo la cabeza, incapaz de creerme lo que estoy oyendo.

Lo ha sabido todo este tiempo. Me… me dijo que me amaba, y ya lo sabía.

—¿Desde la noche del almacén? ¿Cómo? ¿Mis ojos? ¿Mi voz? ¿Por fin te acordaste?

Ella niega.

—El trauma es una mierda. Nunca reconocí tus ojos ni tu voz porque todavía tengo borrosas muchas cosas de aquella noche.

Aunque quizá es por eso por lo que siempre pensé que tus ojos eran hipnóticos o por lo que me sentía tan cómoda contigo.

Tal vez, de forma inconsciente, sabía que tú eras quien me había cambiado la vida.

Tengo que hacer el esfuerzo de tragarme la información que me está dando.

—Si no fue eso…, entonces, ¿cómo? —insisto.

—Tienes un tic, ¿sabes?

Enarco las cejas. Me suda la palma de la mano alrededor del arma y el brazo empieza a temblarme de mantenerlo extendido.

—Cada vez que mientes. —Se pasa la lengua por los dientes delanteros y lo reconozco de inmediato: es justo lo que hago—. ¿Recuerdas cuando te pregunté si había algo más sobre lo que me hubieras mentido?

Como si fuera ayer. Estaba intentando romper conmigo.

Se pasa la lengua por los dientes de nuevo antes de repetir la mentira que le dije.

—«No, nena. Ya lo sabes todo».

Cierro los ojos, odiándome a mí mismo. Cuando los vuelvo a abrir, observo cómo me agarra la camisa.

—Entonces, las vi. —Me la levanta para dejar a la vista mi abdomen—. Las tres cicatrices, lo único que recordaba del monstruo que me había secuestrado.

Bajo la mirada y me humedezco los labios.

Me aseguré de no quitarme nunca la camiseta delante de Alex, no quería hacerlo hasta estar preparado para contárselo todo.

Pero la noche en la que se enteró de lo de la NSC, lo único que me preocupaba era no perderla.

No me di cuenta de que estaba sin camiseta cuando se fue.

No me di cuenta de que me vio las cicatrices.

Los recuerdos me golpean con tanta fuerza que me tambaleo.

«Qué ganas tengo de la fiesta de cumpleaños de tu padre, Ella».

Alex fue quien sacó el tema del cumpleaños de Gerald Baker. Fingió que fue un accidente, que se le escapó. Hizo que Ella me invitara para que no pareciera que estaba desesperada por que yo fuera.

—Me querías aquí esta noche —murmuro.

Me vuelvo hacia Tamar, quien sigue sentada en el escritorio, con el teléfono. Delacroix se ha quedado en shock cuando lo ha visto dentro de la caja fuerte.

—Fuiste tú quien puso el móvil en la caja fuerte.

—Esta mañana. —Su sonrisa diabólica es una obra de arte.

Está justo ahí, de pie junto a mí, con su preciosa melena rubia revuelta, las mejillas sonrosadas y la frente empapada en sudor. Y, aun así, lo veo todo en esos ojos color avellana; no pueden esconderme nada.

Está increíblemente poderosa en este momento.

—Sabías… Sabías que tu padre había orquestado tu secuestro —digo con la voz ronca.

—Sí —responde con calma.

Abro la boca y la cierro de golpe. Me tomo un segundo antes de volver a hablar.

—¿C-cómo? ¿Por qué?

—Veo que te has quedado sin palabras, así que deja que te eche una mano —responde con condescendencia—.

En cuanto me di cuenta de que tú eras mi secuestrador, decidí utilizarte, ya que está claro que lo de tener conciencia es algo que desconoces.

—Mira a su padre y luego vuelve a clavar los ojos en mí—.

Los hombres sois tan maleables que no entiendo cómo habéis acabado en el poder.

En fin, el día que supe que querías trapos sucios sobre mi padre, los encontré yo misma.

Y vaya sorpresa me llevé cuando descubrí que mi propio progenitor fue quien te contrató para destrozarme.

—Levanta una ceja y ladea la cabeza hacia él—. ¿Entiendes ahora cuál es tu papel?

Cuando me quedo mirándola sin reaccionar, se echa a reír.

—A ver, os lo pondré fácil. Uno de los dos ha abusado de mí durante toda mi vida y el otro es un criminal violento.

Y aquí estoy yo, en el medio, tras haber sido utilizada por ambos.

Lo único que tenía que hacer era conseguir que tú —me mira fijamente— acabaras en la misma habitación que él —inclina la cabeza en dirección a su padre— para que presenciaras lo que me hace.

Lo habíamos dejado, porque eres un imbécil, así que habría resultado sospechoso que de repente te invitara, ¿no?

Interpreté el papel de chica con el corazón roto durante unas semanas para que colara, para que te obsesionaras más que nunca y te aferraras a cualquier rama que te ofreciera, aunque fuera una ramita de nada.

Saqué el tema de la fiesta de cumpleaños, y, ¡mira por dónde!

, Xi se moría de ganas de venir. —Se lleva las manos a las mejillas, fingiendo ser una actriz en plena escena dramática—. «No, por favor, no vengas».

—Te aseguraste de que me quedara trabajando hasta tarde esta noche —murmura su padre para sí mismo.

Alex clava en él su mirada afilada.

—Bueno, sí. El plan inicial era traer a Xi a tu despacho después de la fiesta y anunciar que estábamos juntos.

Después, iba a observar cómo perdías la cabeza poco a poco.

—Hace una mueca, dejando claro que no ha salido como esperaba—.

Pero entonces no apareció. Mis esperanzas murieron hasta que ha aparecido en mi habitación en mitad de la noche otra vez .

Noté que algo iba mal, algo había cambiado.

Y el pobre chico me lo ha confesado todo, así que enseguida le he recordado por qué me estaba utilizando desde un principio.

«Supongo que ahora quieres que te lleve al despacho de mi padre».

Me ha manipulado igual que yo hice con ella.

—El resultado ha sido el mismo. —Se encoge de hombros—.

Estábamos solos en tu despacho, y lo único que tenía que hacer era conseguir que me pegaras.

Y eso no es muy difícil, ¿verdad, papá? Separé un poco las piernas para que pudieras ver que todavía tenía su semen en los muslos y ahí estabas tú, mostrando tu verdadera cara.

Y ahora Xi también la ha visto, al igual que vio algunos de los moratones que me dejaste.

Sabe que fuiste tú quien lo contrató. —Hace una mueca, arrugando su carita, y niega con la cabeza—.

Estás jodido, papá. Este hombre está loco por mí.

Se vuelve hacia mí, con la vulnerabilidad brillándole en los ojos.

—Imagina enamorarte de la persona que te rompió —murmura—. Imagina… ser capaz de superarlo y odiarte por ello, pero, al mismo tiempo, ser incapaz de detener ese horrible flujo de amor verdadero que te atraviesa las venas.

Me recorre el rostro con la mirada para finalmente clavarla en mis ojos, pasándola de uno al otro, como si siguiera una pelota en un partido de tenis.

—¿No es lo más triste que has oído en tu vida? —dice con voz rota.

Niego con la cabeza.

—Es lo más hermoso que he oído jamás —susurro.

Se le curvan las comisuras de los labios en una sonrisa victoriosa.

—Entonces compénsamelo.

—¿Qué? —pregunto, desconcertado.

—Papá —dice casi con inocencia—, juguemos a uno de nuestros juegos. ¿Qué significa la palabra latina mors ?

Delacroix palidece.

—¿Papá? —canturrea Alex, sin ni siquiera mirarlo.

—M-muerte —balbucea.

Alex posa la mirada en el arma y luego en mí, y su voz se vuelve letal.

—Ese hombre ha convertido cada segundo de mi vida en un infierno. Aprieta el gatillo y véngame.

Me explota el corazón y me retumba con tanta fuerza en los oídos que apenas alcanzo a oír la voz de Tamar a mi espalda.

—Xi, no lo hagas.

Alex le lanza una mirada asesina, lista para aniquilar a cualquiera que se interponga en su camino.

—Es un senador. No mates a ese hombre.

—Hazle caso a tu amiga —suelta Delacroix de forma atropellada.

Pero mis ojos están clavados en Alex.

—¿Organizaste todo esto para que matara a tu padre? —pregunto, totalmente incrédulo.

—Sí. Porque, al parecer, soy demasiado cobarde como para hacerlo yo misma. —Aletea las pestañas en mi dirección—. Al fin y al cabo, no soy más que una mujer.

Tamar se pone de pie de golpe, y el estruendo de la silla al caer resuena por toda la habitación.

—Xi, si lo haces, irás directo a prisión. De por vida.

—No sería el primer hombre que matas por mí. Aunque, si fuera tú, tendría cuidado. Piensa bien en cómo limpiar todo esto o Tamar tendrá razón: tus años en prisión serán largos y dolorosos.

Su sonrisa satisfecha me atraviesa. Su tono controlador se enrosca a mi alrededor.

Estoy loco por el poder de esta mujer, dispuesto a caer a sus pies como un caballero que ofrece su protección a una reina.

Alex mira a su padre una última vez.

—Solo quería ser suficiente, ¿sabes? —Por un segundo, su inocencia y su vulnerabilidad vuelven a llenar la habitación—. Solo quería ser suficiente. —Y entonces me mira de nuevo—. Hazlo.

La orden es suave, aunque su mirada es afilada, como cuchillas hundiéndoseme en la piel y destruyendo mi determinación.

Haría cualquier cosa por ella.

La miro a los ojos y veo su amor más fuerte que nunca.

Y aprieto el gatillo.

¡ Pum!