30
XI
Sober Josh A, NEFFEX
—Joder, Tamar, me vas a ahogar.
Oigo a Zara resoplar detrás de mí, sentada en la cama de Tamar. Le lanzo una mirada asesina y su resoplido se convierte en una carcajada.
—Lo hago lo mejor que puedo, joder —masculla Tamar al tirar de la corbata de nuevo—. Eres un tío, deberías saber ponerte estas cosas.
Baja la mirada de nuevo a su móvil y al vídeo que reproduce: «Cinco formas fáciles de atar una corbata».
—Esto es enano —gruño rotando los hombros. Lik me ha prestado un traje negro y no puedo ni respirar con él puesto—. Está demasiado apretada, Tamar —le espeto y le aparto la mano.
—Es como debe estar —replica ella, irritada.
—No puedo respirar.
Tiro del nudo y deshago todo su arduo trabajo.
—Eso no tiene nada que ver con la corbata. —Zara se ríe antes de meterse un chicle en la boca. La fulmino de nuevo con la mirada, pero se encoge de hombros—. Estás fuera de tu zona de confort.
—Claro que no.
—Vas a una cena de cumpleaños en Stoneview con la hija de un senador. Estás más que fuera de tu zona de confort —añade Tamar antes de volver a pelearse con la corbata—. Estás en la zona de «cualquiera podría arrestarte en cualquier momento».
Zara deja de reírse cuando le lanzo el móvil. Tamar respira hondo y clava sus ojos marrones en los míos.
—No te agobies —me dice con calma—. Recuerda por quién lo estás haciendo.
Tengo que pasarme una mano por la boca para ocultar la sonrisa que se me dibuja.
Odio el traje. Odio a la gente que voy a ver. He cometido suficientes crímenes en esta ciudad como para que cualquiera que me reconozca pueda meterme entre rejas en cuestión de segundos.
Pero por Alex merece la pena.
Joder, todo merece la pena por ella. Incluso el dolor de cabeza que me supone dejar la NSC.
—¿Eso que veo es una sonrisa? —chilla Tamar.
—No —gruño.
—Sonríe cuando piensa en ella —añade emocionada—. Estamos jodidos.
—Cállate.
—Listo, amigote gruñón.
—¿Eh?
—La corbata. —Me señala el cuello—. Ya está. ¿Puedes respirar?
Asiento. Noto el pecho caliente y me hormiguean las yemas de los dedos al saber que pronto tocaré la suave piel de Alex.
—Muy bien, pues deberías irte ya para llegar a tiempo y no según el reloj de Xi.
Echo un último vistazo al espejo. No parezco yo.
Llevo el pelo engominado, sin ningún mechón rebelde que eche a perder la imagen de chico perfecto que doy ahora mismo.
El traje me queda un poco apretado, lo que hace que resalten mis hombros prominentes y mis brazos fuertes.
También me he afeitado, parece que tengo la mandíbula más marcada.
La cara de Zara aparece detrás de mí.
—Nunca pensé que usaría esta palabra para describirte, pero estás muy guapo.
—No te enamores, estoy pillado.
—Buaaaah, el golfo está pillado.
—Xi, vete ya —interviene Tamar.
Nos dirigimos a la puerta principal y Zara sale conmigo.
—Te acompaño. Aparqué el coche cerca del tuyo.
La calle de Tamar es la viva imagen de la sobrepoblación, por lo que ambos tuvimos que aparcar en una de las calles cercanas y más tranquilas.
—Pásalo bien, Xi. —Sonríe Tamar—. Usa protección.
—Me piro. —Le cierro la puerta en la cara y echo a andar con Zara.
—Es raro de cojones que vayas a una fiesta de cumpleaños en Stoneview. La mayoría de la gente que va a estar allí son clientes.
Me encojo de hombros.
—Solo voy para que Alex pueda decirles a sus padres que estamos juntos. Después no volveré a poner un pie dentro de esa casa.
Ella respira hondo cuando giramos en otra calle.
—Entonces… ¿de verdad no vas a conseguirnos esa protección policial?
La decepción en su voz tira de mi instinto protector.
Haría cualquier cosa por mi familia… excepto eso.
Me niego a seguir poniendo en riesgo mi relación con Alex.
Estoy enamorado de ella, y no me importa si eso me convierte en un hombre menos despiadado.
Solo hizo falta que llegara a mi vida la mujer más dulce del mundo para que me diera cuenta de que hay otras formas de proteger North Shore, y quiero formar parte de ese cambio.
—Emma hablará con los Luciano y encontrarán otra solución.
Zara asiente para sí misma.
—Confío en ti. Sé que todo saldrá bien. Además, ahora seré yo la jefa de las drogas. Los camellos comerán de la palma de mi mano. Sobre todo Jack. Odiará que lo domine en la cama y en la calle. Me muero de ganas.
Intento forzar una risa, pero siento una punzada de ansiedad en el estómago.
Mucha gente dependía de mí. Confiaban en que mantuviera la NSC a salvo y el dinero en curso.
Veo mi camioneta y nos detenemos junto a ella para terminar la conversación.
—Hazme un favor. —Zara sonríe al mirarme, pero su mirada no miente—. Diviértete esta noche. Deja los problemas de North Shore en North Shore, ¿vale? —Me da un apretón en el bíceps para tranquilizarme, aunque no me engaña—. Nos vemos mañana. Venga, vete o llegarás tarde.
Está decepcionada.
La observo alejarse y me subo a la camioneta. Por una puta vez en mi vida llegaré a tiempo si me marcho ya.
Arranco el coche y le envío un mensaje a Alex diciéndole que voy de camino mientras me incorporo a la carretera.
Echo un vistazo a mi alrededor, concentrado, consciente de que es una vía adyacente al territorio de los Kings.
Se han ido apoderando de nuestras calles cada vez más, por lo que es mejor andarse con ojo.
Lanzo una última mirada al coche de Zara al pasar junto a él y el corazón me da un vuelco.
—Joder —bufo y freno en seco—. ¡Hijos de puta!
Ethan y Elliot la han acorralado junto a su coche. Ella golpea a Elliot y él no duda en devolverle el golpe justo cuando saco mi arma de la guantera y salto fuera del coche.
—Apartaos de ella, desgraciados —grito corriendo hacia ellos.
—Anda, pero si nuestro pequeño guardián de secretos ha decidido honrarnos con su presencia —se burla Elliot. Le apunto con el arma entre ceja y ceja—. Tch, tch. —Sonríe—. La poli no anda muy lejos, y solo una de las bandas cuenta con protección policial en North Shore.
Ahora su atención está puesta en mí, y Zara aprovecha la distracción para intentar golpearlo de nuevo, pero Ethan la agarra por la nuca y le tira del pelo mientras la arrastra lejos de mí.
—¿No recibiste nuestra advertencia, Xi? —me pregunta Ethan con la calma del cielo antes de la tormenta.
—¿De qué puta advertencia hablas? —gruño.
—Baja la pistola —añade Elliot—. Entonces, hablaremos.
La bajo; la amenaza de la poli es demasiado real.
—Te juro que acabaré contigo con o sin arma.
Mantengo la mirada clavada en él mientras me agacho para dejar la pistola en el suelo. Le doy una patada y él me sonríe con descaro.
—¿Tu novia no te avisó de que iríamos a por tus seres queridos?
—¿Amenazasteis a Alex? —escupo y me lanzo contra él hasta que nuestros pechos casi se rozan.
El grito ahogado de Zara me obliga a mirarla. Ethan le apunta al estómago con un cuchillo, por lo que me cuesta concentrarme en la conversación.
—Sí —confirma Elliot—. Tuvimos una charlita agradable. Ya sabes, le dijimos que debería avisarte de que ella es la siguiente en la lista si no empiezas a decirnos lo que queremos saber.
—¿La siguiente? —pregunto, confundido.
A estos dos les encanta jugar, y yo no estoy de humor.
—Sí. Hoy tachamos a la primera.
Un gimoteo me obliga a apartar la vista de él y el corazón se me detiene por completo.
—¡No! —grito al empujar a Elliot a un lado.
Consigo golpear a Ethan en la nariz justo cuando da un paso atrás.
Al segundo siguiente estoy sobre él, y el rojo me inunda la visión cuando intento concentrarme, negándome a mirar a Zara a pesar de que siento cómo su cuerpo se estrella contra el suelo—.
Que te… jodan —escupo con los dientes apretados.
Le golpeo en la cara con el puño una y otra vez. Solo me detengo para coger su cuchillo y lanzarlo al otro lado de la calle. Siento a Elliot agarrándome por detrás, pero nada puede detenerme mientras descargo golpes sobre su hermano.
—Xi…
Un lloriqueo me saca del trance y, en cuanto pierdo la concentración, Elliot me golpea en la parte trasera de la cabeza. Gimo cuando tira de mí para apartarme de Ethan. Su hermano lo ayuda a levantarse y él se vuelve hacia mí cuando empiezan a alejarse.
—La siguiente es Alex —grita—. Danos lo que queremos.
Voy directo hacia Zara y me arrodillo a su lado. Tiene las manos cubiertas de sangre presionadas contra el estómago.
—Xi —murmura; su rostro pierde el color y sus labios palidecen. Baja la mirada hacia su vientre—. Mierda…
—No. —Coloco mi mano sobre la suya mientras con la otra saco el móvil—. No pares de apretar. Voy a llamar a Emma. Todo saldrá bien.
Me siento en el suelo detrás de ella y la coloco entre mis piernas para incorporarla y apoyarla contra mi pecho.
Ella niega con la cabeza.
—No me encuentro bien.
—No te preocupes. —Emma no me lo coge, pero lo intento de nuevo—. No te preocupes —repito.
—Joder… Xi —jadea—. Creo que me estoy muriendo.
—No te estás muriendo —le espeto, negándome a escucharla—. Emma ya me cosió una vez y yo estaba peor que tú. Vas a salir de esta. Todo saldrá bien.
Cuanto más lo diga, más se lo creerá ella también. Empiezan a cerrársele los ojos justo cuando Emma contesta.
—Joder —gruño—. Abre los putos ojos.
Veo cómo se obliga a mantenerlos abiertos.
—Xi… —Se le dibuja una pequeña sonrisa en las comisuras de los labios mientras niega con la cabeza—. Escondo dinero en el apartado de correos 405, en la orilla sur. Las llaves están bajo la tarima de debajo de mi cama.
—Cállate —escupo—. Cállate. No permitiré que te mueras.
—Sujeto el teléfono entre la oreja y el hombro y presiono ambas manos sobre las suyas para asegurarme de que estamos apretando lo suficiente la herida—.
¡Emma! —ladro al teléfono—. Necesito que vengas a Maple Street, justo al lado de la casa de Tamar. Estamos pasando el cruce con Twin Oaks.
—Por favor, dale el dinero a mi madre —murmura Zara, apenas sin voz—. Lo va a necesitar.
—¿Qué pasa? —me pregunta Emma mientras la oigo moverse.