28
ALEXANDRA
ARSON Chri$tian Gate$
«Creo que estoy enamorado de ti, nena».
El corazón me late más rápido de lo que Xi conduce por las calles de North Shore. ¿Cómo puede hacerme esto? ¿Cómo puede decirme las palabras que tanto llevo esperando oír mientras, al mismo tiempo, secuestra a un hombre?
Podría habérmelo dicho cuando estábamos juntos en lugar de mentirme. Podría habérmelo dicho cuando me enteré de todo en lugar de mantenerme retenida en su habitación. Podría haberme dicho que me amaba en lugar de prohibirme ir a una fiesta.
Dios, odio que tuviera razón sobre la fiesta, que tuviera razón al intentar protegerme.
—Ojalá me lo hubieras dicho antes —digo con voz ronca—. Antes… de todo esto.
—Lo hice.
—No, claro que no —replico—. Llevo mucho tiempo esperando oír esas dos palabras, Xi. Si las hubieras dicho, lo habría sabido. Me hubiera acordado.
—Lo hice, Alex. Pero no me escuchaste. —Desvía la mirada hacia mí y luego regresa a la carretera—.
Cada vez que aparecía porque no te estabas cuidando, te estaba diciendo que te quería.
Cuando te mantuve al margen de la NSC al no contarte que formaba parte de ella, te estaba diciendo que te quería.
Cuando te eché del almacén para que los Kings no descubrieran que eres mi debilidad, te dije que te quería.
Cuando te pedí que no vinieras a una fiesta que podría ser peligrosa para ti, te estaba diciendo que te quería, joder.
—Tiene los dientes apretados, pero escucho cada una de sus palabras.
Se me oprime el pecho al recordar las palabras de Billie.
« Se vuelve sobreprotector, así es como demuestra su amor. Es molesto y confuso, pero no sabe hacerlo de otra forma ».
—Simplemente no me escuchaste —repite—. Porque tienes miedo.
—Eso no es cierto —replico como una niña caprichosa.
Las carreteras a nuestro alrededor se convierten en grava, y la grava en suelo boscoso a medida que los árboles nos rodean. ¿Ya estamos en North Shore? ¿Cuándo hemos cruzado el puente? Estaba demasiado embobada con su preciosa cara y con cómo describía todas las formas en las que me quiere.
—No me escuchaste porque te da miedo que alguien te ame incondicionalmente. No querías verlo porque, por primera vez en tu puta vida, hay alguien dispuesto a hacer cualquier cosa por ti. Y nunca antes has sentido algo así.
Detiene el coche de forma abrupta. No hay nada a nuestro alrededor salvo la oscuridad del bosque y los árboles espesos que intentan ocultar la luz de la luna.
—No me escuchaste porque no puedes soportarlo. No puedes soportarme a mí .
Sale de la camioneta y cierra la puerta de un portazo. Lo sigo, corro tras él mientras abre la parte trasera del vehículo y saca a Duncan a rastras. Las lágrimas me resbalan por las mejillas. Me invade la angustia cuando me doy cuenta de que tiene razón.
Nunca nadie me ha querido como Xi.
Mi madre siempre estuvo demasiado ocupada como para criarme.
La galería, los eventos benéficos y las apariciones en los medios eran más importantes que cuidar de mí; para eso ya estaban las niñeras.
Mi padre nunca me quiso, estaba demasiado obsesionado con la imagen que doy de mi familia.
Lo único que me ha enseñado es a callar y a obedecer; que no ser perfecta es un error, y los errores siempre deberían arreglarse.
Me convertí en una mujer incapaz de amar.
Me convertí en un objeto al que usar a su antojo para su reputación.
—Puedo soportarlo —sollozo—. Fuiste tú quien no pudo elegir entre North Shore y yo. Decidiste que robarle el control a los Kings era más importante que contarme la verdad.
—Ya he tomado una decisión —gruñe al empujar a Duncan al suelo—. Te elijo a ti.
Abro los ojos como platos.
Duncan suplica y gime en el suelo del bosque, pero ninguno de los dos lo miramos. Xi le pone un pie en el pecho y lo retiene contra el suelo.
—La pregunta es: ¿ podrás soportarlo? ¿Podrás soportar ser mi única obsesión, Alex? Somos tú y yo, nena. Estaré ahí todos los días. Me aseguraré de que estés bien. Te amaré con todo lo que tengo. Mataré a cualquiera que te haga daño.
Sacudo la cabeza, se me caen las lágrimas al mirar a Duncan. Xi se lleva la mano al bolsillo trasero de sus pantalones y yo retrocedo cuando saca una pistola.
—Xi —gimoteo, y doy un paso atrás sin apartar la mirada del arma.
—Mírame —gruñe. Alzo la vista—. Esto es lo que soy.
—Abre los brazos—. Un criminal, un asesino violento.
No soy un buen hombre. Soy todas esas cosas, pero no seré de la NSC si eso es lo que quieres.
Lo dejaré por ti. Joder, Alex, no lo entiendes.
Reduciría ciudades enteras a cenizas si eso significara que solo somos tú y yo.
Por segunda vez en lo que va de noche, el corazón amenaza con salírseme del pecho. Está intentando alcanzar al de Xi.
—Así que contéstame. ¿Vas. A. Poder. Soportarlo?
Asiento. Es todo lo que le doy.
Apunta a Duncan con el arma y se lleva un dedo a los labios.
—No grites —me dice con calma.
¡Pum!
Me dijo que no gritara, así que se me escapa un jadeo fuerte que deja a la vista que mi cuerpo lo obedece de forma inconsciente.
Cierro los ojos porque todo me da vueltas.
Solo los abro cuando siento la presencia de Xi justo delante de mí.
Con la mano que no sostiene el arma me toma el rostro, me sujeta por la nuca y me obliga a mirarlo.
—Solo tú y yo —murmura—. Dilo.
Estoy hechizada. Hay algo en todo lo que ha hecho esta noche que parece haberme metido en un trance. Después de tanto años buscándolo, no me puedo creer que por fin entienda la clase de amor que necesito.
El amor irracional.
El amor tóxico que te envenena las venas y te hace sentir que tus pensamientos ya no te pertenecen.
El amor que te vuelve loco de la forma más satisfactoria posible.
—Solo tú y yo —jadeo.
—Buena chica. —Su voz grave apenas me llega a los oídos cuando sus labios se encuentran con los míos.
Me besa como si no hubiera un mañana.
Una mano en la nuca y la otra en la espalda. La cálida amenaza de su arma contra mi piel.
Me pongo de puntillas para pegarme a él mientras se me derrite el corazón.
No existe nada más en un mundo donde Xi me besa así. Para alguien que siempre quiso sentirse especial, deseada , este beso representa todo lo que alguna vez soñé. La posesión que lo envuelve me demuestra que hablaba en serio: solo él y yo.
Xi nunca me dejará.
Ambos estamos sin aliento cuando nos separamos. Me recuerda a nuestro primer beso. En aquel momento tampoco paramos de golpe; lo hicimos poco a poco, tomándonos nuestro tiempo, sin querer soltarnos nunca.
Apoya su frente en la mía y se le escapa una risita de alivio.
—Deja de reírte —bufo.
—Estoy enamorado.
—Acabas de cargarte a alguien.
—Mi asesinato más justificado.
—No. —Aprieto los labios—. No quiero oír que matas a otras personas.
Desliza la mano por mi pelo hasta mi cuello. Siento su palma cálida contra mi oreja fría.
—Mataría a otros cien por ti, Alex.
Se aparta y se dirige a su camioneta. Regresa con un bidón de gasolina y la vierte sobre el cuerpo sin vida de Duncan.
¿Por qué ya no estoy entrando en pánico? Hay un cadáver a escasos metros de distancia. El hombre del que estoy completa mente enamorada es un asesino. Ha cruzado tantísimo la línea que me obliga a mí también a tambalearme al borde de ella.
Amor.
Un sentimiento tan puro y tan simple que te empuja a las acciones más insensatas.
Xi se lleva la mano al bolsillo y saca un paquete de tabaco. Coge un cigarro, se lo coloca entre los labios y guarda el resto. Vuelve a rebuscar en sus bolsillos, tanto delanteros como traseros, antes de pasar a la sudadera y dejar caer la cabeza hacia atrás.
—Mierda —resopla con el cigarrillo entre los dientes antes de mirarme.
En la oscuridad de la noche, puedo ver cómo la luz de la luna ilumina su preciosa piel bronceada.
Su perfil es el de un dios. Mandíbula marcada, barba de un día y labios oscuros y carnosos.
Se le ensanchan las aletas de la nariz cuando frunce las cejas espesas.
Sus largas pestañas le abanican las mejillas al cerrar los ojos y respirar hondo.
Percibo cómo intenta calmarse; su pecho sube y baja al ritmo de su respiración profunda.
También se le mueve la nuez cuando traga saliva, con el cigarro entre los labios.
No tiene mechero; el que planeaba usar para prenderle fuego al cuerpo.
Echo hacia delante el bolso Gucci fucsia que llevo cruzado al pecho, lo abro y deslizo la mano dentro.
Busco el mechero rosa de plástico que le pertenece a Xi; cuando lo encuentro, presiono la yema del pulgar contra la rueda y la hago girar.
Al igual que él, me anclo al presente mientras inhalo el aire frío y me tomo mi tiempo para procesar la decisión que estoy a punto de tomar.
¿Qué mejor forma de decir «te quiero» que sacrific ando mi vida y mi libertad por ti?
Asumiría cualquier riesgo y sería tu cómplice en todos tus crímenes. Me convertiría en la Bonnie de tu Clyde solo por saborear lo que sería una eternidad a tu lado.
Saco el mechero y acorto la distancia que nos separa. Xi levanta las cejas cuando lo levanto, lo acerco a la punta de su cigarro y lo enciendo. Le da una calada antes de sujetarlo entre el pulgar y el índice. Se lo saca de la boca, deja caer el brazo y echa el humo hacia un lado.
—Bonito mechero rosa.
Siento una tensión en el estómago como nunca antes…, pero de las buenas.
—Es fucsia.
—Dilo.
La calma de su voz solo se ve traicionada por la impaciencia y la esperanza que inunda su mirada.
Sonrío. Por una vez es él quien espera.
—Yo también estoy enamorada de ti —murmuro.
Se le curvan las comisuras de los labios y, por primera vez, veo cómo se le dibuja una sonrisa en la cara.
Es preciosa. Impresionante. Todo lo que podría haberme imaginado y más. Dientes blancos, colmillos afilados y un pequeño hoyuelo en la mejilla izquierda. Aterradora y adictiva. Es él en estado puro.
Sin dejar de mirarme, lanza el cigarrillo hacia atrás y veo cómo cae sobre el cuerpo de Duncan y le prende fuego.
Inhalo con brusquedad justo cuando Xi me coge de la mano y me lleva de vuelta a la camioneta. Observamos desde dentro del vehículo cómo el cuerpo se convierte en cenizas, asegurándonos de que el fuego no se descontrole.
—¿Y ahora qué? —susurro.
—Ahora te llevo a tu habitación y te follo como la chica mala en la que te he convertido.
En el trayecto de vuelta, pone I Did Something Bad de Taylor Swift.
—¿Ahora te gusta Taylor Swift? —me río.
—La mujer de la que estoy enamorado asocia cada situación de su vida a una canción de Taylor Swift. Puedes estar segura de que me he escuchado todos y cada uno de sus insufribles discos.
—¿Por qué?
—Para entenderte mejor, nena.
Me mira y apoya la mano en mi muslo. Así de simple.
—Sus discos no son insufribles. —Hago un puchero.
—Inaguantables.
—¡Xi! —grito.
—Vale, 1989 es mi favorito —añade tras una pausa.
—¡Ay, Dios! ¿A que es buenísimo? —Chillo de emoción y me giro de golpe para mirarlo.
—Es soportable.
Sonrío para mis adentros mientras me acomodo en el asiento. Un segundo después, mi enorme y malvado villano está chapurreando la letra de Blank Space , y a mí me va a explotar el corazón.
Supongo que Xi tiene dos formas de demostrarme que me quiere: matar a un tío por mí y escuchar a mi cantante favorita.