Heartless Beloved (North Shore 2) 27
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XI

Satin Black iamjakehill

Ver a Alex inquieta toda la puta noche es lo mejor que me ha pasado este año hasta el momento.

De vez en cuando me lanza miradas desesperadas que alterna con otras amenazantes.

Tiene los ojos más bonitos que he visto nunca.

Me cuesta una barbaridad no ceder y tumbarla sobre la encimera de la cocina ahora mismo, pero no puedo, porque estoy intentando darle una lección.

No me puedo creer que viniera a esta fiesta después de que le advirtiera de no hacerlo.

He presenciado más crímenes en el último día de las iniciaciones de las fraternidades que en North Shore.

Bueno, quizá no.

Pero sé que todos los tíos tienen que cumplir una prueba superjodida que desafía a la imaginación.

He presenciado cómo muchos de ellos les echaban droga a las tías en las copas, cómo alguien se corría en un vaso antes de mezclarlo con la bebida para después tener que tomárselo de un trago para poder formar parte de Zeta Nu.

No quiero a Alex rodeada de hombres incontrolables. Ahora mismo no tengo tiempo de cargarme a nadie, joder.

Vito Luciano no deja tranquila a Emma, lo que significa que ella no me deja tranquilo a mí.

Y, claro está, el hecho de que le plantara fuego a la casa de los hermanos no es que ayude mucho con la tensión.

La NSC está ganando pasta, recuperando poder poco a poco, y los Kings están cagados de miedo.

En cuanto le lleve algo a Vito, seremos libres de acabar con ellos de una vez por todas sin consecuencias. La gente cuenta conmigo.

La cosa es que pensé que si Alex descubría el plan y me dejaba, todo se iría al traste, pero me he dado cuenta de que no tengo por qué dejarla ir. No tengo que hacer nada. Le advertí de que tuviera cuidado cuando me obsesiono, de que no era algo bueno.

Cuando alguien te pertenece por completo, no tiene forma de escapar.

Ella todavía no lo ve, pero lo hará.

Vuelvo a clavar la mirada en Alexandra. Está hablando con sus dos mejores amigas, gesticulando mucho y partiéndose de risa.

Está la hostia de preciosa cuando se ríe.

La forma en la que sus ojos color avellana se iluminan con destellos dorados y se le ven todos los dientes perfectos.

Su amiga Ella dice algo, lo que la hace reír todavía más, y entonces suelta un resoplido la mar de adorable antes de llevarse las manos a la boca mientras estallan en carcajadas.

Cojo el dinero que me entrega el chico de la fraternidad y me lo guardo en el bolsillo antes de dirigirme a mi preciosa chica. El hecho de que creyera que podía librarse de mí me hace gracia. ¿No entiende que lo que hay entre nosotros no se acabará? Nunca.

Apoyo la mano en la parte baja de su espalda y le acaricio la columna lentamente con la yema de los dedos. Siento cómo se tensa bajo mi contacto antes de rodearle la nuca.

—Hola, Xi —me saluda Ella con alegría—. ¿Qué tal todo? ¿Cómo van los negocios?

Que Ella se dirija a mí con tanta efusividad solo me deja clara una cosa: Alex no les ha contado a sus amigas la razón por la que empecé a salir con ella. Al igual que tampoco les ha contado que me dejó. O, mejor dicho, que lo intentó.

—En auge —respondo serio.

En realidad, no me interesa ni lo más mínimo hablar con las amigas de Alex. Si por mí fuera, ahora mismo la sacaría a rastras de esta fiesta y la llevaría directa a mi casa.

Pero estoy currando, así que a joderse.

—Genial.

Ella sonríe de oreja a oreja. Es esa sonrisa perfecta de Stoneview que pone para que no haya tensión en la conversación.

Peach observa la mano que descansa sobre la nuca de Alex y me lanza una mirada asesina que yo felizmente le devuelvo.

—Espero que sepas que no apoyo esta relación de mierda —me dice con total sinceridad.

—¡Peach! —la regaña Alex—. Por favor, ahora no —gimotea.

Alex intenta zafarse de mi agarre, pero yo no cedo. Ella no dice nada. Podría apartarme, decirles a sus amigas que soy un capullo y contarle a todo el mundo lo que he hecho.

Ese es el problema de Alex: odia la confrontación.

Prefiere sufrir y pasar por un momento horrible antes que levantar la voz y protegerse.

Le dan miedo las consecuencias. No sé por qué, pero lo descubriré.

Y si tiene algo que ver con esos moratones que tiene por todo el cuerpo, morirá gente. Lenta y dolorosamente.

—Entonces, ¿ cuándo? —suelta Peach, quien mira a mi chica con una ceja levantada antes de volver a centrarse en mí—. Te juro por Dios que como le hagas daño, acabo contigo, niñato de North Shore.

Se me curvan las comisuras de los labios. Si supiera la de cosas que le he hecho a su amiga… Mi obsesión por Alex lleva siendo enfermiza desde hace mucho tiempo.

Me vibra el móvil en el bolsillo y, cuando lo saco, veo que es un mensaje de Sam.

Técnicamente, Sam es el novio de mi hermano.

Antes de eso era un sicario que no elegía bando en North Shore.

Él cumple con sus trabajos y mantiene la boca cerrada.

De vez en cuando, me encargo de echarle una mano con los cuerpos, porque paga bien y, además, yo soy muy discreto.

Nuestra relación se basa en que yo hago desaparecer a sus víctimas y luego casi que nos ignoramos durante las cenas familiares.

Está claro que a estas horas no me está escribiendo para hablar de la cena familiar del viernes con mi madre.

—¡En fin! —Alex intenta cambiar de tema—. Qué ganas tengo de la fiesta de cumpleaños de tu padre, Ella.

Ella finge un puchero.

—Xi, es una pena que no puedas venir. ¡Así podrías ver la casa de Alex! Me habría encantado verte allí con alguno de tus amigos, pero bueno… —Extiende la mano para darme un apretón en el bíceps y la deja caer de nuevo contra su muslo—. Para la próxima.

Hace una mueca, me mira el brazo de nuevo y le lanza una mirada de disculpas a Alex, como si acabara de darse cuenta de que ha sido un gesto incómodo.

Dudo de que el hecho de que Alex se ponga tensa de repente tenga algo que ver con que Ella me haya tocado.

No. Sabe que la ha cagado al sacar ese tema.

Alex les mintió a sus amigas y les contó que me invitó a una fiesta de cumpleaños en su casa a la que yo supuestamente dije que no podía ir. Joder, a esta chica no se le van a acabar nunca los castigos.

La cabrona no quería que fuera a su casa.

Pues claro que no, la traicioné, y ahora sabe que quiero descubrir trapos sucios sobre su padre.

Mira tú por dónde, qué ocasión más oportuna.

Pobre Alex. De verdad se creía que podría mantenerme alejado de ella…

, y eso que le advertí de que conseguiría lo que quisiera.

Me arrepiento de utilizarla y de mentirle, pero eso no cambia las cosas.

Es entendible, aunque desafortunado, que no quiera subirse al carro.

—¿Alex no os lo ha dicho? He hecho un par de cambios y al final sí que puedo ir.

Alex se queda tiesa bajo mi agarre y me mira.

—¿P-puedes?

—Lo que sea por pasar tiempo contigo.

—Sois adorables —exclama Ella.

—Llevaré a un amigo, Ella.

—¿En serio? —me pregunta Alex.

—Claro. Allí estaré. —Miro a las otras dos chicas—. Tengo que irme. Os veo en la fiesta. Me. Muero. De. Ganas. —Acerco la boca al oído de Alex para fingir darle un beso—. Es jodido deshacerse de mí, ¿eh?

La suelto y desaparezco entre la multitud mientras la oigo gritar mi nombre.

—Xi… ¡Xi! —Consigo llegar al jardín delantero antes de que me alcance—. ¡Xi, espera!

Me detengo y me doy la vuelta tan rápido que se estampa contra mi pecho. Da un paso atrás para recuperar el aliento.

—No puedes venir —jadea.

—¿Por qué no? —le pregunto, como si la respuesta no fuera obvia de cojones.

—¡No estamos juntos! —me escupe con rabia—. Para… Deja de fingir que no hemos roto. No vas a venir a mi casa. —Baja la mirada a mi muñeca—. ¡Y devuélveme mi pulsera!

Me echo hacia delante y nuestros pechos se rozan.

—¿Que yo finjo? —le espeto—. ¿Quién es la que no le ha contado nada a sus amiguitas?

¿Quién es la que sigue poniéndose cachonda como una perra por mí?

Admítelo, Alex, no quieres romper conmigo.

Estás dolida, te sientes traicionada, lo entiendo y lo siento.

Me seguiré disculpando hasta que entiendas que me enamoré de ti por quién eres, no por lo que necesitaba de ti.

Pero lo nuestro no se ha acabado, ¿te enteras?

Me da igual a dónde vayas, lo que hagas o con quién estés…

, nunca te librar á s de mí —digo entre dientes—. Y es mi pulsera, tú me la hiciste.

—Se la hice al hombre que no era un mentiroso. Sé por qué quieres venir a la fiesta, y ni de coña permitiré que te acerques a mi padre. Lo único que quieres es destruirlo, quieres acabar con mi familia.

Me paso una mano por el rostro y cierro los ojos durante unos segundos para intentar calmarme. Después, la sujeto por la barbilla y le levanto la cabeza.

—Lo único que quiero es proteger a mi gente.

No soy yo quien busca trapos sucios sobre tu padre.

Esa clase de información la usan como chantaje hombres mucho más poderosos que unas insignificantes bandas de North Shore, créeme.

No le hará daño a tu familia, pero puede que salve a la mía.

Me la sudan tu padre y sus políticas. Lo único que me importa es North Shore y a quién le pertenece.

—¿Cómo puedes decir que te importa cuando lo único que haces es participar en la destrucción de tu propio barrio? En lugar de intentar arrebatárselo a los Kings con el único propósito de sembrar el miedo, intenta hacer un cambio por una vez.

Sus palabras me hieren más que cualquier otra cosa que me haya soltado desde que se enteró de todo.

Probablemente, porque son ciertas.

—No tienes ni puta idea de cómo es la vida en nuestro lado del río. No me digas lo que debería o no debería hacer al respecto. Desde tu castillo de Stoneview ni siquiera entramos en tu campo de visión.

—Aurel Kolnai fue un teórico político y filósofo…

—Ahora no, Alex —escupo.

—Dijo…