Heartless Beloved (North Shore 2) 26
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ALEXANDRA

NEVER brEAK Ethan Ross, Luga, Lames

—¿Puedes parar de morderte las uñas? —me susurra Ella—. Estoy intentando concentrarme.

—Perdón —murmuro.

Tengo la libreta de Literatura Inglesa abierta sobre la mesa con el móvil encima de ella. No debería estar tan pendiente del teléfono cuando se supone que estoy estudiando en la biblioteca, pero ¿cómo se supone que voy a concentrarme si no puedo dejar de pensar en Xi?

En las últimas tres semanas desde que descubrí que me estaba utilizando no ha parado de escribirme.

Ninguno de los mensajes que he recibido me resulta tranquilizador.

Me dijo que me daría algo de tiempo, pero que lo nuestro no se había acabado.

Me ha estado preguntando por mis días, asegurándose de que coma, de que me mantenga hidratada, de que descanse.

También ha querido que le cuente la verdad de los moratones.

No le he respondido a ninguno de los mensajes.

Tiene que entrarle en la cabeza que lo nuestro se ha acabado a pesar de lo que diga o de lo que crea.

No puede obligarme a salir con él, que es justo lo que él se piensa, porque en una relación tiene que haber voluntad por ambas partes, y yo no estoy dispuesta.

No, tengo otra idea en mente.

Bajo la mirada al teléfono de nuevo y se me revuelve el estómago. El mensaje que me envió anoche es distinto; me asusta.

Xi

Con tu consentimiento o sin él, conseguiré la información que necesito, Alex. Será mejor que vuelvas conmigo mientras todavía te estoy dando la opción.

No tiene vergüenza. Me está diciendo abiertamente que piensa seguir adelante con su plan a pesar de que fue eso lo que nos separó. Pero su amenaza me deja intranquila, y llevo todo el día mirando por encima del hombro.

No me haría daño…, ¿verdad?

Se me revuelve el estómago hasta dolerme. El estrés me está consumiendo, y todavía no le he contado a ninguna de mis amigas que he roto con el hombre del que me advirtieron que me rompería el corazón.

Xi es un chico peligroso y, aun así, mi cuerpo no me deja superarlo. No puedo evitar tocarme recordando las cosas que me hizo. Me imagino otros escenarios en los que me degrada y me hace quererlo por ello.

—Me merezco una copa después de esto —se queja Peach sin parar de redactar un trabajo de ciencias en su portátil.

—Qué ganas tengo de la fiesta de esta noche. ¡ Listas para Halloween! —exclama Ella.

Peach deja de teclear.

—Sabes que va a ser la peor noche, ¿verdad?

—Juramos a medianoche, y eso es lo único que me importa. —Ella sonríe cuando vuelve a coger el libro que estaba leyendo—. Se acabó lamerle el culo a la gente.

—He de admitir que eso no lo echaré de menos.

Ambas se vuelven hacia mí, a la espera de una reacción por mi parte.

—Pienso igual. —Bajo la mirada al móvil—. Creo que necesito una noche fuera —suspiro.

—¿Cómo está el donjuán? —me pregunta Peach.

Ni siquiera les he contado que descubrí que Xi sí forma parte de la NSC. Soy incapaz de admitir que me ha estado utilizando para llegar hasta mi padre, que solo era un medio para un fin.

Peach lo odia, por lo que no necesito echar más leña al fuego. Ella entraría en modo protección y no se separaría de mí. Solo quiero que las cosas se vuelvan más fáciles.

Se me dibuja una leve sonrisa en el rostro. Pronto todo irá mejor. Lo sé.

Ella coge su móvil, lee un mensaje y suelta un largo resoplido.

—No entiendo por qué mi padre se empeña en celebrar su fiesta de cumpleaños en vuestra casa —me dice.

Me encojo de hombros.

—¿Qué tiene de malo nuestra casa?

—Quería un lugar más neutral para poder invitar a quien me diera la gana —admite.

—Ella, el noventa y cinco por ciento de Stoneview estará en esa fiesta. A estas alturas ya no es una fiesta, es un festival. ¿A quién quieres invitar que no esté ya en la lista? —se burla Peach.

—¡Yo qué sé! —se defiende—. A gente guay, no solo a lo mejorcito de Stoneview. Va a ser el festival más aburrido de la historia. Quiero pasármelo bien , un poco de diversión picantona.

—Es el cumpleaños de tu padre —murmuro mientras releo el último mensaje de Xi. Me está distrayendo demasiado—. No puedes guarrear en el cumpleaños de tu padre.

—Luke está invitando a todos sus amigos como si fuera su cumpleaños —se queja—. Chris va a estar allí.

A Peach se le ilumina la mirada y se endereza en la silla.

—¿Y Rose? ¿Rose White va a ir?

Ella pone los ojos en blanco.

—Sí, Peach. Rose también está invitada.

Una sonrisa soñadora se extiende por el rostro de nuestra mejor amiga.

—Madre mía, es que está buenísima.

—Y pillada —bufa Ella—. Muy pillada.

—Perdí mi oportunidad en el instituto. Tendría que haber aprovechado cuando estaba en su etapa de zorrón y haberle tirado la caña.

—¿Podemos volver a centrarnos en mi problema un segundo? —resopla Ella.

—¿Eh? —Peach parece volver a la realidad—. Ah, sí, perdón. Chris.

—Va a venir con su novia. No quiero ser la perdedora que no está de lío con nadie cuando mi ex se presente en el cumpleaños de mi padre con una supermodelo.

—¿Sabes cómo es? —le pregunto sorprendida.

—Pues claro que sí. ¿Quién no cotillea a la novia actual de su ex?

Peach y yo nos miramos.

—¿Todo el mundo? —dice Peach con la cabeza ladeada.

—Chester no tiene novia —responde Ella como si me acusara—. Y tú no tienes ex, solo incontables rollos de una noche y un hombre rendido a tus pies.

Peach la mira con el ceño fruncido.

—Yo y Wren no somos nada.

— Wren y yo —murmuro para mí misma.

—A la gente no le mola cuando haces eso, Alex —resopla Peach.

—Pues habla con propiedad —respondo sin apartar la vista del móvil.

—Madre mía —celebra Peach—. Mi bebé por fin está sacando su carácter.

«Sí, gracias al hombre que me rompió el corazón», pienso, aunque no lo digo.

—En fin, que Wren y yo no somos nada, punto.

—Eso es lo que tú dices —interviene Ella—. Pero como me entere de que le has visto el pene y no nos hayas contado los detalles jugosos, me voy a cabrear muchísimo, Peach. Pero mucho mucho. Ese tío es un dios, y merecemos saber cómo es el pene de un dios.

—Por favor, deja de decir « pene » —me quejo.

—¿Qué tiene de malo la palabra « pene » ?

—Es rara. —Peach me da la razón—. Deja de decirla.

—¿Preferís « polla » ?

—Sí —responde Peach con total naturalidad.

Me llevo los dedos a la sien.

—No. Por favor, os lo suplico a las dos, parad ya.

—Verga —dice Ella, fingiendo voz seductora.

—Pollón —añade Peach, imitándola, mientras ambas me miran desde el otro lado de la mesa.

— ¡ Pilila! —chilla la otra, intentando contener la risa.

—Os odio a las dos —me quejo al dejar caer la cabeza sobre la libreta.

—Qué santurrona eres —se ríe Peach—. ¿Seguro que le has visto a Xi el desatascador del amor?

—¿Desatascador del amor? —Me atraganto y levanto la cabeza de golpe—. Vais a conseguir que vomite.

Las dos estallan en carcajadas mientras yo niego con la cabeza y las miro impasible.

—Madre mía —grita Ella—. Ya sé lo que voy a hacer.

Me señala.

—Vas a invitar a Xi a la fiesta…

—¿Qué?

—… y le vas a decir que traiga a un amigo. Orquéstame una cita a ciegas o algo así.

Me quedo paralizada y con la boca abierta durante unos segundos.

—Ay, lo siento, Els. Xi… eh… no puede venir. Ya se lo ofrecí.

—Oh. —Hace un puchero—. Qué mala suerte. Supongo que entonces me tocará ser la ex solterona.

—Puedo preguntárselo otra vez —miento—. Y veré si quiere traerse a un amigo. Aunque no te prometo nada.

—Gracias, eres la mejor.

Me siento fatal por mentirle a mis amigas, pero todavía estoy sanando un corazón roto, y lo que menos necesito ahora mismo es su lástima y sus lecciones de vida. No, necesito recuperar el control.

— ¡ Vámonos a casa a prepararnos! —exclama Peach emocionada—. Necesito una copa, joder.

Mis dos amigas empiezan a guardar sus cosas, pero yo no aparto la mirada de mi trabajo sin empezar.

—Id yendo, chicas. No he hecho casi nada, voy a quedarme otra hora.

Al final me quedo dos horas más para ponerme al día con todo. Cuando salgo de la biblioteca ya es de noche, pero no me preocupa. El campus está bien iluminado y siempre está abarrotado de estudiantes. Puedo volver caminando a Xi Ep sin problema.

En cuanto cruzo la puerta de la biblioteca, siento la mirada de alguien clavada sobre mí. Cerca de la entrada, entre las sombras, hay una chica fumando y mirándome fijamente. No la reconozco hasta que no da un paso hacia la luz.

Zara camina hacia mí.

—Hola, Alex —dice antes de darle otra calada al cigarro—. Sí que has estado tiempo ahí dentro, ¿ eh? Eres muy estudiosa.

—Eh… Hola.

Me devano el cerebro intentando entender qué hace aquí. No me cae bien esta tía, no ahora que sé que animó a Xi a utilizarme todo este tiempo. Incluso la noche en la que él les dijo que quería dejarlo, ella insistió en que siguiera adelante con el plan.

Mi mirada afilada no la disuade. Da otra calada y ladea la cabeza para echar el humo.

—Xi me pidió que te vigilara.

Levanto tanto las cejas que me llegan al nacimiento del pelo.

—¿Vigilarme? ¿Qué soy, su pupila?

—También dijo que no quería que fueras a la fiesta de Halloween de esta noche —añade, ignorando mi sarcasmo.

—¿Estás de coña? No necesito una niñera.

Y si no quiere que vaya a una fiesta, que tenga cojones de decírmelo él.

Para mandarme mensajes con amenazas no se corta tanto.

—Me recoloco el bolso en el hombro—. Siento que te haya hecho perder el tiempo, pero todo esto es… ridículo. Xi y yo ya no estamos juntos.

—Mira —me suelta con más seriedad—, Xi no puede pasarse hoy por aquí, pero sabe lo mucho que se desmadran las fiestas de fraternidad en Halloween. No puedo obligarte a hacer nada ni retenerte en tu casa, pero lo que sí puedo hacer es recomendarte encarecidamente que le hagas caso.