Heartless Beloved (North Shore 2) 24
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ALEXANDRA

traitor Olivia Rodrigo

Respiro hondo al bajarme del taxi en la dirección que Elliot me envió.

No debería estar aquí. Lo que debería haber hecho era hablar tranquilamente con Xi del tema, pero ya me mintió una vez al decirme que esta noche estaba ocupado con cosas del trabajo.

¿Qué le impediría volver a mentirme si le menciono esto?

Tengo que verlo con mis propios ojos y plantarle cara.

Tengo un mal presentimiento. Un sentimiento de fatalidad que me ronda la cabeza.

No me considero una chica pesimista, siempre he sido una soñadora, pero a veces hasta yo tengo que admitir que no todo en la vida se arregla cantando la letra de una canción de Taylor Swift.

A veces, tu novio resulta ser un mentiroso y no te queda más remedio que seguirlo a escondidas hasta un almacén en el lado malo de la ciudad.

Estoy demasiado concentrada en la angustia que me invade como para darme cuenta de lo mucho que he mejorado desde que conocí a Xi.

Mientras que hace un mes me encontraba al borde de un ataque de pánico solo por tener que conducir por North Shore, esta noche he sobornado a un taxista que se negaba a traerme aquí.

Me detengo en la entrada del aparcamiento. ¿Qué voy a hacer si descubro algo horrible? Siento como si me hubiera tropezado caminando por el borde de un acantilado y Xi me hubiera atrapado antes de caer. Él es lo único que se interpone entre un destino mortal y yo. ¿Y si me suelta?

Llevo unos vaqueros negros y la sudadera negra que Xi me dio la semana pasada. Quiero pasar lo más desapercibida posible.

Hay mucha gente pasando el rato en el aparcamiento.

Los maleteros de los coches están abiertos, la música suena a todo volumen mientras la gente bebe y charla.

Supongo que la pelea todavía no ha empezado.

Entro y me quedo al fondo, a la espera, mientras el almacén se va llenando poco a poco.

Al cabo de unos minutos, ya soy incapaz de ver con claridad el ring destrozado que se encuentra en el centro de la sala.

Divide el espacio en dos partes bien diferenciadas, y veo que también hay gente entrando por otra puerta. Me pregunto de qué ir á todo esto.

La primera pareja se sube al ring , y observo con los ojos muy abiertos cómo se atacan.

La sangre salpica por todas partes, y retrocedo cada vez que oigo el repugnante sonido de la carne al golpear contra la carne.

Para ser alguien que odia la violencia, me está pareciendo todo un espectáculo.

Me he encontrado demasiadas veces del lado que recibe los puñetazos como para apoyar este comportamiento.

A uno de ellos lo dejan inconsciente de un golpe y lo sacan del ring .

Entonces entra Xi. Va sin camiseta, solo con unos pantalones cortos negros, y entrecierro los ojos para intentar distinguir sus tatuajes, pero desde aquí no veo nada. Estoy demasiado lejos.

La pelea no dura mucho. En menos de un minuto, Xi deja inconsciente a su contrincante. Entra otro y, aunque le cuesta un poco más, lo veo ganar otra vez. Un tercero corre la misma suerte.

Mi novio, el cual me trata como a una reina y no soporta verme ni un rasguño en la rodilla, le pega palizas a la gente hasta dejarlos a todos al borde de la muerte por puro entretenimiento.

La multitud de mi lado no parece apoyarlo y le lanza insultos cada vez que gana. Al otro lado de la sala, los vítores resuenan con fuerza.

Después del cuarto combate, la competición parece llegar a su fin y Xi se marcha sin ni siquiera celebrarlo, como si no significara nada para él.

Como si saliera a la superficie tras sumergirme en el agua, jadeo cuando la realidad me golpea.

El oxígeno me quema los pulmones y me enfrento a la verdad que tan ciegamente he estado evitando durante todo este tiempo: Xi es peligro.

Xi es violento. No importa cómo se comporte conmigo, eso no quita quién es en realidad.

Choco con algunas personas mientras avanzo en contra de la multitud en dirección al ring . Quiero seguirlo. Lo veo desaparecer por una puerta, acompañado de otra chica, y voy tras ellos.

Los pierdo en cuanto entro al pasillo. Hay varias puertas, pero decido ignorarlas e ir hasta el fondo. Giro a la izquierda y me detengo. El pasillo se divide en dos y no tengo ni idea de por dónde se ha ido.

Lo he perdido.

«Nunca lo tuviste».

Me duele admitirlo, pero es cierto. Xi nunca fue mío. Y después de lo de hoy, siento que en realidad me enamoré de la idea que tenía de él.

Estoy a punto de dar media vuelta e irme a casa cuando escucho voces que provienen de una habitación.

—No puedes contárselo, Xi. —La voz femenina hace que me acerque a la puerta y pegue la oreja contra ella.

—Me la suda lo que digáis. —Esta vez es él quien habla.

¿Están hablando de mí?

—No te dejarán irte de rositas. —La reconozco: es Zara, su mejor amiga—. Vito querrá algo pronto y no aceptará un no por respuesta. Si la cagas ahora, nunca conseguiremos la información. Estaremos todos jodidos por tu culpa.

¿Vito? ¿Qué información?

—No lo entiendes —resopla, y puedo imaginarme cómo la seriedad de su semblante grita lo harto que está de la conversación—. Le prometí que no le rompería el corazón.

El susodicho corazón me da un vuelco. Sí que están hablando de mí.

—¡Pero el plan consiste en romperle el corazón, joder!

—le espeta, y en esta ocasión siento cómo se resquebraja.

Es una de esas grietas que se vuelve cada vez más profunda.

Un golpe más y explotará en un millón de pedazos—.

Nos dijiste que te lo estabas tomando con calma para que confiara en ti, para que te invitara a su casa.

¿A mi casa? ¿Por qué querría Xi ir a mi casa? Odia Stoneview.

Oigo su risa sarcástica.

—Os solté esa milonga porque quiero pasar tiempo con ella, no por Vito Luciano.

Por mí. No os entra en la puta cabeza que, por una vez en mi vida, me estoy poniendo por delante a mí mismo en lugar de protegeros a todos.

Bien que os la suda cuando quemo casas y mato por la NSC, pero, vaya, digo que no quiero romperle el corazón a un amor de chica y parece que os da un ataque.

—Es demasiado tarde para no romperle el corazón, Xi. ¿Cómo crees que reaccionará cuando le digas que has estado saliendo con ella para descubrir trapos sucios sobre su padre?

Durante un segundo, el tiempo se detiene.

«No».

Sin piedad, Zara prosigue.

—Esa niñata está hecha de cristal, joder.

Un solo golpe y se hará añicos. —Hay una pausa antes de que el martillo termine de cerrar el ataúd—.

Lo peor ya está hecho. Le gustas. Joder, lo más probable es que a estas alturas ya esté pilladísima por ti.

Hazme el favor de seguir con el plan. Dile que quieres conocer a sus padres, ve a su casa y entra en el despacho de su padre.

Fijo que allí encuentras algo. Consigue la información de una puta vez y termina con esta tontería.

No, no, no. Esto no es real. Él… no podría.

Todo este tiempo… tenía un plan.

Nada de esto fue real.

La grieta se abre un poco más, pero sigo aferrándome.

Espero. Espero y espero a que diga algo. A que defienda nuestra relación. A que le suelte que está enamorado de mí.

«Di que no lo harás», suplico en silencio.

«Diles que soy más importante que la NSC».

«Di algo… , lo que sea».

«Por favor».

Pero su respuesta nunca llega.

Su silencio es lo que nos mata.

La felicidad es algo demasiado frágil. Si no nace de tu interior, cualquier cosa puede arrebatártela. Si le das a alguien el poder de hacerte feliz, de hacerte sentir amado…, nunca tienes el control.

Estaba tan segura de lo nuestro que decidí ignorar todas y cada una de las señales que me decían que Xi me rompería el corazón.

No soy más que una niñita tonta y crédula con la que jugó y a la que utilizó para intentar conseguir información sobre su padre.

Lo dejé pasar porque quería creer con todas mis fuerzas que él sería quien me salvaría de esta vida miserable.

Con él, no tenía que fingir una sonrisa, no tenía que aparentar que todo estaba bien. Me limitaba a ser yo misma.

Alex. Amable e ingenua.

Dulce.

Dulce. De. Cojones.

Me trago las lágrimas y dejo que la ira tome el control.

Me he hartado de que todo el mundo me controle y me utilice.

Me he hartado de no defenderme.

No es Xi quien acaba rompiéndome el corazón. Implosiona por la presión que la rabia ejerce sobre él, no se rompe en pedazos.

Se convierte en polvo.

Sin pensarlo, irrumpo en la habitación, lista para acabar con él. Me encuentro cara a cara con Xi y Zara. Él ya se ha duchado y está vestido y sentado en un banco, mientras que ella permanece frente a él, entre sus piernas, limpiándole un corte en la mejilla con un algodón.

Dios, la forma en la que se me retuerce el corazón me está matando. Quiero morirme aquí mismo, y las palabras se me quedan atascadas en la garganta.

—Alex —dice, sorprendido.

Está claramente confundido, pero enseguida aparta a Zara y se pone de pie de un salto.

Miro a mi alrededor y me doy cuenta de que no están solos. No. Hay otros dos chicos y una chica con ellos. Reconozco a Logan porque se pasó por la casa de Xi cuando yo estaba allí.

Mis labios se curvan con desprecio. Han estado conspirando contra mí durante todo este tiempo. Me apuesto a que ninguno de ellos creyó que debería controlar lo que soltaba por la boca en este almacén tan apartado de mi preciosa vida, demasiado peligroso para que la dulce Alex pusiera un pie en él.

La confusión no dura mucho en el rostro de Xi. Se transforma en ira en cuanto avanza hacia mí; me agarra del brazo y me fulmina con la mirada.

—¿Qué cojones haces aquí? —me escupe.

—Yo podría preguntarte lo mismo —le espeto—. Creía que estabas trabajando. Tienes un nuevo trabajo por lo que veo.

—Alexandra. —Pronuncia mi nombre con ese tono de voz que me produce escalofríos—. Más te vale irte a casa ahora mismo.

—Eres un imbécil. Yo soy estúpida de remate, pero, joder, tú eres un imbécil, Xi.