Heartless Beloved (North Shore 2) 17 #3
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—¿Disculpa? ¿En qué mundo vives para pensar que podrías recabar información sobre el padre de esa niñata sin hacerle daño a ella?

—Da un paso hacia mí con una mirada asesina.

Emma no es una tía grande, pero tampoco le tiene miedo a nada, ni siquiera a mí—.

Vito Luciano nos pidió algo, y a los Luciano no se les dice que no.

No, si quieres conservar la cabeza sobre los hombros.

No, si de verdad te importa arrebatarles North Shore de las manos a los Kings.

Podría contestarle mal a mi hermanastra, podría comportarme como el hombre agresivo que espera que sea; en lugar de eso, me encojo de hombros.

—Me gusta. Me estaba engañando a mí mismo. ¿Qué quieres que te diga?

—¡Me la suda, joder! Coge a tu puta princesita sabelotodo de Stoneview que está obsesionada con Taylor Swift y lárgate de mi casa.

—Mira detrás de mí y añade—: Y recuerda que ayer estabas coladito por Billie y dispuesto a cargarte a todo el mundo por ella, así que no esperes que me crea que la has superado tan rápido.

Un grito ahogado me sobresalta. Solo porque lo reconozco a la perfección.

Me giro y me encuentro a Alex con la puerta a medio abrir, y sé que Emma ha añadido lo de Billie a propósito.

—¿Es cierto? —pregunta en un susurro.

¿Cuánto habrá oído? Seguro que lo de los trapos sucios de su padre no, porque si no, ya se habría largado.

—No fue ayer —respondo al momento—. Fue hace más de un año. No siento absolutamente nada por Billie, te lo prometo.

Frunce el ceño y baja la mirada.

—Creo que debería irme. —Levanta la vista hacia mí y me regala su sonrisa más falsa antes de darse la vuelta y marcharse—. Gracias por invitarme.

—Alex —la llamo, pero Emma me agarra del brazo y tira de mí hacia atrás. Se lo permito solo para empujarla contra la barandilla de madera—. Te has pegado un tiro en el puto pie. Si rompe conmigo, no consigues nada.

—Seguro que su príncipe encantador es capaz de solucionarlo.

—Que te den por culo, Emma —le espeto.

La agarro por la muñeca y la obligo a soltarme. Se la aprieto más de lo que debería, pero ella permanece impasible.

—Tu familia te necesita. La NSC te necesita. No nos des la espalda, Xi.

—Haré lo que me salga de los cojones.

—Me conseguirás información comprometida sobre el senador Delacroix. Es una orden.

—¿Una orden? —le escupo en la cara—. ¿Me estás dando una orden ?

—Sí, soy tu puta jefa.

Cuando formas parte de una banda, existe una gilipollez de la que no puedes olvidarte: no importa si hablamos de la NSC o de los Kings…

la lealtad lo es todo. Los Scott, la familia de Emma, han sido los líderes de la NSC desde que tengo memoria.

Su padre fue quien me dio mi primer trabajo.

No importa lo que ocurrió después, él me reclutó y yo trabajé para él. Le debía la vida.

Cuando Emma tomó el control, se convirtió en nuestra líder. Nunca lo percibimos como tal porque somos una familia de verdad, pero lo de esta noche es un recordatorio de ello. Uno que no quiero escuchar.

—Hazlo, Xi. A menos que quieras que le diga a Alex quién eres en realidad. A ver cómo reacciona entonces. Eso no te lo perdonar á .

El corazón me da un vuelco. Me tiene cogido por los huevos y lo sabe. El miedo a perder a mi chica me paraliza hasta que vuelve a invadirme la rabia.

—Que te jodan —le escupo antes de soltarla y regresar al interior de la casa a grandes zancadas.

Alex está junto a la puerta, pidiéndole perdón a Lik y a Billie por irse mientras se limpia las lágrimas.

—Alex, por favor, no te vayas.

No me atrevo a dar un paso más, ya que temo asustarla. Me siento como un cazador intentando hacerse amigo de su presa: un movimiento en falso y saldrá corriendo.

Emma aparece justo detrás de mí.

—Tranquilo, seguro que su papi le secará esas lágrimas con sus fajos de billetes —se burla.

—¡Emma! —la reprende Billie—. Deja a la chica en paz.

Por primera vez, creo que Alex no necesita que nadie la defienda. Algo cambia en sus preciosos ojos en el momento en que Emma menciona a su padre. Su rostro se endurece y su mano se tensa alrededor del pomo de la puerta.

—¿Sabes qué? —escupe temblando de rabia—.

Sí, soy una princesa de Stoneview. Sabemos de sobra que nos odiáis.

Nunca me he metido en una pelea, lloro todo el tiempo y no soy una persona atrevida, como tú y tus amigos.

¡Incluso tengo un conejo de mascota! Pero ¿sabes qué?

Eso no me convierte en alguien más débil que tú.

No tienes ni idea de por lo que he pasado, no sabes la de cosas que hace alguien para sobrevivir en este mundo de mierda.

Así que hazme un favor y guárdate tu opinión.

Y tras decir eso, sale de la casa y pega un portazo ante su público atónico.

— ¡ Shake it off ! —grita desde detrás de la puerta. Un último «vete a la mierda» para Emma.

Lik silba.

—Joder, sí que tenía bien escondido ese carácter.

Se me dibuja una sonrisita en los labios. Sabía que Alex no se dejaba pisotear, que albergaba fuego en su interior. Solo tenía que sacárselo poco a poco, encender un par de chispas, como siempre hago.