17 #2
—Como vuelvas a repetir que algo de lo que haces es una estupidez, verás cómo te dejo el culo. No te disculpes por ser quien eres, nena.
—¿Sabes qué? —Lik se ríe —. No me esperaba menos de ti. Se nota que eres una chica muy dulce, y la verdad es que me parece fascinante de cojones.
—Es lo más mono que he escuchado en mi vida —añade Rose, completamente en serio—. ¿Podemos adoptarte? —Se vuelve hacia Lik y le da golpecitos en el hombro—. ¿Podemos adoptarla?
—No es un cachorrito, Rose —gruño, pero Alex se echa a reír.
—Seguro que me provoca la misma dopamina que uno —responde Rose sin ni siquiera mirarme.
—No —responde Lik—. No podemos adoptarla. Bueno, ¿a qué jugamos? ¿Monopoly o Trivial?
—Trivial —responde Rose de inmediato, olvidando por completo la petición tan absurda que acaba de hacer.
Eso es lo que pasa cuando sales con tres personas. La tía es una malcriada.
Y así, sin más, todos aceptan a Alex tal y como es. Si algo espero de mi familia es que toleren las rarezas de la gente. Hemos presenciado cosas mucho más raras que esto.
Niego con la cabeza.
—Jugar a eso contigo es una pérdida de tiempo. Te sabes todas las respuestas. Le quita toda la gracia.
Ella resopla.
—Qué mal perder tienes. ¿Por qué no dejamos que decida la invitada? ¿A qué te gustaría jugar, Alex?
Le habla como si fuera un bebé… o un puto cachorrito.
—Me gusta bastante el Trivial —responde con una sonrisa educada. Estamos sentados en el suelo del salón, y todos la miran—. Solo si estáis de acuerdo —añade de golpe.
—Me pido ir en tu equipo —le digo antes de rodearle la cintura con el brazo y pegarla a mí.
—¡Yo quiero ir en el equipo de Rose! —exclama Lik.
—Genial, pues me tocará a mí ir con Emma —dice Billie sin el más mínimo entusiasmo—. ¿De verdad creéis que merece la pena jugar?
La respuesta es no. La siguiente hora se convierte en una competición entre Rose y Alex. La primera es un absoluto genio que nunca se olvida de nada, y la segunda vive por y para estudiar.
El Trivial está pensando para que las partidas duren una eternidad porque las preguntas pueden ser bastante jodidas, pero con Alex y Rose, el juego se acaba antes de que podamos divertirnos.
—Ha sido aburrido de cojones a la vez que muy entretenido —bosteza Lik.
—Me cae bien —me dice Rose.
—Me la suda —respondo, impasible—. No cambiaría nada.
Alex me pega un manotazo en el brazo y se ríe.
—Jolín, qué gruñón eres. Gracias, Rose.
A nuestro lado, las hermanas han empezado su propia conversación, que se va calentando poco a poco hasta apagar la nuestra.
—No —le espeta Emma—. Déjalo ya, joder.
—Para mí no es nada. Acepta el dinero —insiste Billie, sin darse cuenta de que todos las estamos escuchando.
—Coge el puto dinero, Emma —interviene Lik, sin saber de qué va la movida—. Primero se acepta el dinero y luego se hacen las preguntas.
—No.
—Vale, como quieras. Sé una puta cabezona de mierda y sigue jodida.
Alex abre los ojos de par en par, claramente impactada ante la repentina violencia de las palabras de Billie. Si supiera cuán violenta puede llegar a ser…
Se acerca más a mí, encogiéndose.
—¿Se encuentran bien?
Dejo de escuchar la discusión por un momento y me concentro en la ansiedad que retuerce el rostro de Alex.
—Oye, no pasa nada.
—Parece violento. No me… No me gusta la violencia —susurra al apartarme la mirada.
—No te preocupes, pastelito. No es más que una estúpida pelea entre hermanas…
—¡Zorra de mierda! —El grito de Emma corta nuestra conversación. Bueno, para ser más exactos, lo hace cuando se abalanza sobre su hermana.
—Esta es la clase de noche familiar que me encanta —se burla Rose.
—Tenemos una invitada —gruñe Lik, molesto.
En cuanto ruedan hacia nosotros, me veo obligado a levantarme y a tirar de Alex para colocarla detrás de mí. Soy el único que escucha el leve gimoteo que se le escapa cuando Billie le devuelve la bofetada a Emma.
—Eh, vosotras dos, calmaos de una puta vez —digo con voz tranquila.
Con Alex temblando a mis espaldas, agarro a Billie por la cintura y la levanto del suelo a la vez que Lik hace lo mismo con Emma.
—¿Cómo te atreves a pegarme? —grita Billie—. ¡Se trata de mi puta carrera! No todo el mundo quiere morir solo y desesperado en este asqueroso barrio.
—Te has pasado —le espeto a Billie—. Cierra la boca de una vez.
—Solo le estaba ofreciendo mi ayuda —me responde cuando la suelto y vuelve a tocar el suelo.
Mira que es diminuta, pero la tía se las apaña para pelear como si estuviera en la UFC.
—¡No quiero tu dinero! —grita Emma—. ¡No necesito el dinero de nadie, joder! ¡Soltarme!
— Soltadme —susurra Alex detrás de mí.
Aunque apenas se la oye, los ojos de Emma se clavan en los míos.
—¿Qué coño acaba de decir? —escupe, lista para aniquilar a su próxima víctima.
Me vuelvo hacia Alex cuando ella da un paso a mi lado y se lleva la mano a la boca.
—Lo siento muchísimo —chilla, como un ratoncito al que acaba de atrapar un gato—. Se me ha escapado.
—Déjalo, Emma —bufo.
—De verdad que lo siento muchísimo —repite Alex, presa del pánico.
—No, claro que no —gruño.
—Más le vale —me escupe Emma, ignorando a Alex.
—Te lo juro —lloriquea ella, y desliza la mirada entre mi hermanastra y yo varias veces.
—Y una polla. Es un mecanismo de defensa, la habéis asustado. Así que no. No tiene por qué disculparse cuando es culpa vuestra.
Alex me mira, sorprendida. No se esperaba que lo hubiera comprendido, pero lo hice. Cuando mi chica se pone nerviosa, se vuelve una sabelotodo insoportable. Si Emma es incapaz de aguantarlo, pues que se lo hubiera pensado dos veces antes de ponerse así delante de nuestra invitada.
Emma toma aire por la nariz para intentar calmarse.
—Xi, tenemos que hablar. Fuera.
Aprieto la mandíbula tan fuerte que los dientes me rechinan mientras lucho por no romper todo lo que me rodea.
—Ahora vuelvo —le digo a Alex en voz baja después de darle un beso en la frente.
Me dirijo a la puerta trasera que da a nuestro pequeño porche. Apenas caben dos personas y la madera está tan podrida que amenaza con romperse cada vez que la piso.
—¿A qué cojones estás jugando? —ruge Emma en cuanto cierro la puerta detrás de mí—. ¿Cómo se te ocurre traerla aquí? ¿Hacer como si te importara? Se supone que debes sonsacarle información, no fingir que te vas a casar con ella.
—Me importa.
Se detiene, me mira a los ojos y niega con la cabeza.
—No, claro que no. No te lo permitiré.
—Tu nivel de dramatismo de hoy se merece un puto Ó scar.
—Xi —bufa, y me fulmina con sus ojos azules—. Estamos en guerra y necesitamos la protección de los Luciano. Espabila de una puta vez y consígueme la información que necesito sobre su padre. Esto no es una de esas pasteladas para adolescentes, es nuestra vida .
—Baja la voz —escupo. Se me ensanchan las fosas nasales y aprieto los puños. Me doy la vuelta para asegurarme de que la puerta sigue cerrada y de que Alex no puede oírnos—. Si nos escucha…
—¿Qué? ¿Se irá y te romperá el corazón? No me hagas reír.
—Ya basta, Emma. Me tienes hasta los cojones hoy. Iba a darte la información y a asegurarme de no hacerle daño a Alex en el proceso, aunque igual decido saltarme la parte de la información.