Heartless Beloved (North Shore 2) 15 #2
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Mientras Ella y Chester siguen discutiendo, observo cómo Wren desliza la mano por detrás de Peach y envuelve el puño alrededor de su coleta. Le tira de la cabeza hacia un lado y le susurra algo al oído.

Se me revuelven las entrañas solo de verlo. La rudeza deliberada de su gesto dominante hace que desee volver a sentir las manos de Xi por todo mi cuerpo. Peach se ruboriza y aprieta la mandíbula. Wren la suelta, se pone de pie y se despide de todos.

Menos de cinco minutos después, Peach también se levanta.

—Me largo, que tengo clase.

Desparece y Ella se vuelve hacia mí.

—Son las doce y media. ¿Qué clase?

Me encojo de hombros, aunque nunca en mi vida me había sentido tan identificada con Peach. Sé muy bien lo que se le pasa por la cabeza ahora mismo: locura pura y dura.

—Alex, ¿puedo hablar contigo un momento, por favor? —dice Chester al fin, con voz seria. Fulmina a Ella con la mirada—. A solas.

Miro a mi amiga y ella niega con la cabeza para indicarme que tampoco tiene ni idea de lo que le pasa.

—Sí, claro. —Suelto el mechero de Xi y cojo mi bolso—. Te veo luego, Els.

Chester y yo caminamos juntos por el césped. Como tiene clase por la tarde en esa dirección, aprovecho y lo acompaño. Tomamos un camino que bordea la carretera principal y el silencio empieza a alargarse lenta y dolorosamente.

—¿Qué te pareció la clase introductoria de hoy? —le pregunto, sin saber qué más decir.

—¿Por qué no fui suficiente, Alex?

El corazón me da un vuelco. Tardo un segundo en darme cuenta de que Chester ha dejado de andar. Me doy la vuelta, agobiada. No quiero tener esta conversación con él porque nunca le seré sincera.

—Chester… —suspiro—. No tiene nada que ver contigo, de verdad. Eres un chico increíble.

—Un chico increíble. —Resopla, se pasa la mano por el pelo rubio y mira a nuestro alrededor.

Estamos solos, la mayoría de los estudiantes todavía siguen comiendo—.

¿Y ya está? ¿Fue porque fui demasiado bueno?

¿Debería haber sido más hijo de puta, como Xi?

¿Follarme a otras tías para que me desearas?

Su tono agresivo me deja a cuadros. Chester es un chico dulce, nunca me levantaría la voz.

—Oye —intento calmarlo. Doy un paso hacia él y le sonrío con suavidad—. Ahora somos buenos amigos. Nos va mucho mejor que cuando éramos pareja. No sirve de nada hacer comparaciones ni remover el pasado.

—Tuve mucha paciencia contigo.

—Y te lo agradezco, porque no estaba preparada.

—¿Y para hacerlo con él sí lo estabas? —La ira tiñe su voz y me obliga a dar un paso atrás. Él observa mi movimiento y avanza hacia mí—. De haber sabido que lo único que tenía que hacer era ser un cabronazo…

Levanto las cejas hasta la raíz del pelo y me quedo con la boca abierta. Reúno las pocas fuerzas que me quedan para responderle.

—Ahora mismo te estás comportando como un cabronazo y no veo que te funcione. Dios, Chester, te estás convirtiendo en el típico payaso de fraternidad.

Me mira con desdén y se le dibuja en el rostro una sonrisa que nunca antes le había visto.

—Tu padre tenía razón.

Me encojo ante la simple mención. Intento retroceder otro paso, pero me agarra por la muñeca y tira de mí.

—Dijo que había que controlarte todo el tiempo —me susurra al oído mientras me pega contra su pecho—.

Que era necesario asegurarse de que te comportaras como una señorita y no mancillaras la reputación de tu familia.

—Me coloca una mano en la nuca para impedir que me aleje—.

Como una señorita. —Se ríe—. Si supiera que lo que de verdad te gusta es que te traten como a una puta…

Consigo apartarme, pero me mantiene agarrada por la muñeca con fuerza.

—Suéltame —le ordeno, aunque me flaquea la voz. Empiezo a temblar y me pitan los oídos—. No me puedo creer que hayáis hablado así de mí. —Intento respirar hondo, pero no me funcionan los pulmones—. Chester, suéltam…

Alguien lo aparta con violencia antes de que pueda terminar la frase.

El hombre que lo sujeta me da la espalda y arrastra a Chester a un lado, agarrándolo por el cuello de la camiseta. Lleva una sudadera gris y una gorra negra, pero lo reconozco. Es como si me conociera de memoria su figura fornida y su espalda musculosa.

Xi le agarra la mano derecha, la misma con la que me había estado sujetando la muñeca segundos atrás, y la cara de mi exnovio se contrae de dolor cuando se la retuerce.

—¡Xi!

Me lanzo sobre ellos, presa del pánico. Intento tirarle de la sudadera, pero se encoge de hombros y me aparta.

Oigo un crujido, seguido de los gritos de Chester.

—¡Joder! —chilla con agonía.

—Madre mía.

Intento rodearlos, pero Xi lo empuja contra un árbol y Chester se golpea la cabeza con el enorme tronco.

Me coloco a su lado y me aferro al hombro de Xi mientras este le aplasta la garganta a Chester con el antebrazo para que no se mueva. Todavía no le ha soltado la mano, que ahora está flácida.

—Estoy bastante seguro de haberla oído pedirte que la soltaras. ¿Acaso eres sordo, niño rico?

—Alex —me implora Chester, aterrorizado.

Suelto el bolso e intento separarlos de nuevo.

—Xi, déjalo.

Me ignora, está demasiado absorto en el hombre que se encuentra frente a él.

—Podría arrancarte cada parte del cuerpo que alguna vez la haya tocado, empezando por cortarte la puta lengua. ¿O mejor los labios? —Sonríe sin dejar de mirarlo—. Por suerte para ti, no tendré que cortarte la polla.

—¡¿Qué cojones te pasa, tío?! —Chester entra en pánico y me mira.

—Xi, ya basta. —Echo un vistazo a mi alrededor y me paso las manos por el pelo—. Por favor, te vas a meter en líos.

—Pídele perdón.

—Me la suda su perdón. Suéltalo.

—Que. Le. Pidas. Perdón.

—¡Lo siento! Joder…, lo siento.

—Buen chico —se mofa Xi—. ¿Qué tal la muñeca? —Se la aprieta, lo que hace que Chester gimotee—. Uf, parece doloroso. Podría hacerte cosas mucho peores si vuelves a tocarla, a hacerle daño o a hacerla sentir incómoda. Joder, incluso lo haría si a ella le diera la gana. ¿Qué? ¿Te queda claro?

—¡S-sí! Sí.

Le aprieta el cuello un poco más fuerte y Chester tose, con la cara toda roja. A Xi se le ensombrece la mirada y se le dilatan las pupilas, lo que le da un aspecto demoníaco. Le suelta la muñeca para coger algo del bolsillo trasero: un mechero.

—Para. —Le agarro de la parte de atrás de la sudadera y tiro con fuerza, pero no logro que se mueva ni un solo centímetro. Hace girar la rueda, enciende el pequeño objeto de plástico rosa y lo acerca a la mejilla de Chester, casi rozándola—. Xi, lo vas a matar. Para. —Mi voz es apenas un chillido.

—¿Sabes lo que se siente al morir quemado a lo bonzo?

Chester llora, pero es incapaz de responder.

—Por favor —jadeo—. Para.

—Sube al coche, Alex.

—¿Qué? —bufo, sin dejar de intentar apartarlo de Chester.

—Sube al coche y lo soltaré.

Chester me mira con los ojos como platos; está jadeando, le falta el aire. Incapaz de pensar con claridad, camino hasta su coche, abro la puerta del copiloto y entro.

En cuanto cierro la puerta, Xi lo suelta y se guarda el mechero en el bolsillo con toda la calma. Chester cae al suelo, tosiendo y jadeando, mientras Xi regresa a su coche. En cuanto se sube, intento abrir mi puerta de nuevo, pero su voz oscura me detiene antes de que pueda alcanzar la manija.

—Ni se te ocurra —gruñe.

Arranca el coche y empieza a conducir.