Heartless Beloved (North Shore 2) 15
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ALEXANDRA

Better Gracie Abrams

—Me encanta este tiempo —dice Ella con una sonrisa de oreja a oreja mientras paseamos juntas por el campus—. Es el mejor septiembre de nuestras vidas.

—No debería hacer tanto calor —replica Peach al ponerse las gafas de sol.

—Por favor, no seas aguafiestas. Ha salido el sol, tenemos comida y vamos a hacer un pícnic en el césped de la USF. No quiero oír ni una sola queja.

Nos sentamos en la hierba y dejo a mi lado la bolsa de papel que contiene un Philly Cheesesteak, un sándwich de carne y queso fundido que me encanta, pero tengo el estómago demasiado revuelto como para comer algo.

—Tengo una resaca horrible —se queja Peach al tumbarse—. Odio Xi Ep con toda mi alma.

Ella se encoge de hombros.

—Lo más probable es que ya hayamos pasado la peor parte de las iniciaciones. Ahora, como mucho, nos obligarán a pasar la noche en ropa interior mientras nos lanzan servilletas mojadas.

—Pues ni puta gracia —gruñe Peach—. Aunque lo que más me cabreó fue que nos obligaran a dormir en el suelo de la habitación cuando teníamos una cama justo al lado. Estoy agotada.

—Por mi habitación ni siquiera se pasaron para comprobarlo. Me fui a casa alrededor de las cuatro de la mañana de la fiesta de Zeta Nu. Menos mal que solo tuve que dormir tres horas en el suelo. Horrible, pero soportable. —Ella saca su ensalada de la bolsa con los ojos brillantes.

—Lo pillamos, tu noche fue una pasada. Yo ni siquiera pude ir a la fiesta. —Peach coge su bolsa y saca una hamburguesa con patatas—. Necesito meterme grasas saturadas en vena ya mismo.

Por tercera vez desde que empezaron las iniciaciones, no dejaron que Peach fuera a la fiesta por discutir con su hermana mayor. Yo fui, pero Xi no estaba. No he sabido nada de él desde hace cuatro días, y no ha respondido a ninguno de mis mensajes ni llamadas.

Ella sacude el bol de ensalada para mezclarla con el aliño.

—Qué aburrida —le dice Peach—. Nadie se come una ensalada cuando está de resaca.

—Tenemos entrenamiento de animadoras esta tarde. No pienso hacer acrobacias con una hamburguesa en el estómago.

—Pues yo sí —resopla Peach, y le pega un bocado.

Ella se vuelve hacía mí y me da un pellizco en el brazo con sus uñas perfectamente arregladas.

—Oye, ¿estás bien? Estás supercallada.

Le dedico una pequeña sonrisa.

—Sí, solo tengo resaca.

Reviso mi móvil por décima vez en lo que va de día.

Lo revisé después del desayuno, después de mi primera clase y varias veces durante las clases de por la mañana en lugar de prestar atención. Y cuando vuelvo a revisarlo ahora, sigo sin tener noticias de él.

El último intercambio de mensajes que tuvimos fue el día antes del lago, cuando nos acostamos por primera vez.

Su amiga Zara se ha presentado en todas las fiestas de Zeta Nu para vender drogas, pero Xi…

desapareció de un día para otro, tal y como Harper me dijo que haría.

Cuando le pregunté a su mejor amiga dónde se había metido, me ignoró y se puso a trabajar.

Se acostó con Harper en su momento y, probablemente, con un montón de chicas más. Y ahora se ha acostado conmigo.

«Eres mi lugar seguro, Alex».

No creo que vaya a desaparecer así como si nada…, ¿no?

Joder, no puedo ser más tonta. Perdí mi virginidad con un picaflor, si es que a quién se le ocurre.

Trago saliva y vuelvo a mirar mi bolsa de papel. No me entra nada en el estómago.

—Chicas —gruñe Ella al mirar detrás de mí—, Wren está jugando a lacrosse , sin camiseta, justo delante de nosotras. ¿Por qué tiene que estar tan bueno?

Peach y yo nos giramos de golpe para disfrutar también de las vistas.

—Dios —suspiro.

Wren y Chester están a unos pocos metros el uno del otro, pasándose la pelota de lacrosse con los palos. Debido a este calor infernal tan poco habitual a finales de septiembre, ambos se han quitado la camiseta del uniforme.

—¿En qué momento se ha puesto Chester tan cachas? Si en el instituto estaba esmirriado. —Ella me da un golpe con la pierna—. ¿Lo sabías? ¿Lo habías visto sin camiseta antes? Esto es una señal del universo para que vuelvas con él. Ya sabes, cuando se acabe lo tuyo con Xi.

Peach me mira de reojo, como si supiera algo, pero la ignoro.

Niego con la cabeza.

—Chester y yo solo somos amigos.

Hoy me noto la voz apagada y me odio por ello. No debería importarme que Xi no me dé ninguna explicación por desaparecer. Se me rompe el corazón al darme cuenta de que la última vez que nos acostamos también fue la última vez que habló conmigo. Que no volverá a perseguirme ni a halagarme.

Consiguió lo que quería.

Meto la mano en mi bolso y cojo el mechero que se olvidó en aquella ocasión que estuvo en mi habitación.

Juego con él, sin dejar que mis amigas lo vean.

Me gusta la sensación de la rueda contra la piel.

Es áspera, como él. Duele un poco, como él.

Y si la giro en la dirección equivocada, es peligrosa.

Como él.

—¿Cómo sabes si un chico te está haciendo ghosting ? —pregunto sin previo aviso.

Mis dos amigas me miran con la boca llena. Ella abre los ojos como platos al tiempo que traga.

—¿Xi ya no te contesta?

Niego con la cabeza y siento que me arden las mejillas.

—Lleváis saliendo un par de semanas y os escribís todo el tiempo, quizá solo está liado —responde Ella en un intento de tranquilizarme.

Peach entrecierra los ojos y me lanza una mirada que me hace sentir como si tuviera que admitir algo.

—¿Ha pasado algo? —insiste Ella.

«Sí, le di lo que quería. Me acosté con él y ahora ha desaparecido».

—¿Cuánto tiempo lleva sin darte señales de vida? —me pregunta mientras pincha la ensalada con el tenedor.

—Cuatro días.

—¿Cuatro días? ¿Qué coño le pasa a ese tío?

—Se ha acabado, ¿verdad? —pregunto, y la poca esperanza que me quedaba abandona mi cuerpo.

—No —responde, agitando el tenedor delante de su cara—. No lo sabemos. Algunos tíos simplemente son raros. Vamos a preguntarles a ellos. ¡Eh, chicos! —grita Ella—. Venid a sentaros con nosotras.

—No, no, no, Els —me quejo, pero es demasiado tarde, ya se están acercando.

—Ella —la regaña Peach—. ¿A qué ha venido eso? Es un almuerzo de chicas.

—Cállate, que a ti te encanta Wren.

—Es un imbécil —gruñe Peach.

Los chicos se nos unen y ampliamos el círculo. Wren ya se ha puesto moreno, le coge el sol enseguida. Chester se sienta a mi lado y nuestros muslos se rozan. Hoy no me he puesto medias debajo de la falda del uniforme porque hace mucho calor.

—¿Ya os dejan hablar con nosotros? —bromea Chester antes de coger mi bolsa de papel—. ¿Qué llevas ahí dentro?

A las novatas no se nos permitía hablar con nadie en las fiestas a las que hemos asistido. Nos estábamos volviendo locas.

—Sí —sonríe Ella—. A ver qué se les ocurre esta noche.

—Philly Cheesesteak —se ríe Chester—. ¿Sigue siendo tu favorito?

Asiento, sin entusiasmo.

—Puedes quedártelo. También es tu favorito.

—Genial. Gracias, Alex.

Lo coge y rasga el papel marrón que lo envuelve antes de pegarle un bocado.

—¿Cuánto tiempo dejaríais un mensaje sin contestar? —pregunta Ella—. En plan, si estuvierais saliendo con alguien.

Wren se encoge de hombros; él no sale con nadie, está esperando a que Peach se case con él.

—No sé —responde Chester con la boca llena—. Si estoy liado con los exámenes o algo así y no somos nada serio, quizá estoy sin contestar un par de días.

—¿Más de cuatro días? —añade Ella con una ceja levantada.

—Sí, supongo.

—¿Lo ves? —exclama Ella a la vez que me da un golpe en el muslo—. Quizá solo está muy ocupado.

—Tía, por favor —gruñe Peach—. Te está haciendo ghosting y sabes perfectamente por qué.

Lo sé, pero me niego a aceptarlo. Me duele demasiado. Conmigo era diferente.

—Nuestras habitaciones están al lado, compartimos pared, te escuché .

Peach lo sabe.

Trago saliva y miro a todos los que me rodean. Hoy Peach lleva el pelo rojo recogido en una larga coleta y se le refleja el sol en él. Es una mujer poderosa; pequeña, pero matona. No se deja pisar por nadie, y siempre me siento como una niñata estúpida a su lado.

—No lo pillo —dice Ella—. ¿Qué pasó? —le pregunta a Peach, y después se vuelve hacia mí—. ¿Qué pasó, Alex?

Me muerdo el labio inferior y bajo la mirada a mi regazo. Presiono el pulgar contra la rueda del mechero dentro del bolso. Después miro a Peach, que niega con la cabeza, decepcionada con que no diga nada. No me atrevo, pero sé que ella lo dirá, así que me limito a mirarla y esperar.

—Dios, eres una cría —bufa—. Se acostó con Xi. Él consiguió lo que quería y desapareció, como hace con todas las tías. La avisamos, pero no nos hizo caso, y ahora está triste.

—¡¿Qué?! —exclaman Ella y Chester al mismo tiempo—. No, dime que no es verdad —añade Ella.

—Estoy flipando.

La sorpresa que detecto en la voz de Chester me hace bajar la mirada de nuevo. Solo él sabe la cantidad de veces que lo rechacé cuando estábamos juntos.

Él no era el indicado. No era lo suficiente mente bruto, no me hacía sentir como Xi, no me reclamaba de forma obsesiva como Xi.

—Pues nada, supongo que nuestra pequeña ya no es virgen —dice Ella, incrédula.

Clavo la mirada en Peach.

—Tenías razón. ¿Contenta?

Ella frunce el ceño.

—No, claro que no estoy contenta. Te ha hecho daño. Estaría contenta si me hubieras escuchado y te hubieras mantenido alejada de él. Ahora estoy cabreada y quiero cargarme a ese cabronazo.

Se me dibuja en el rostro la primera sonrisa del día.

—Te quiero, desequilibrada.

—Y yo a ti —sonríe ella.

—Ahora tendrás que follarte a otros para olvidarte de él. Bienvenida al club —exclama Ella.

—No —replica Chester, molesto—. Tú no eres esa clase de chica, Alex.

— ¿«Esa clase de chica» ? —repite Ella.

—Ya sabes a lo que me refiero. Ella, tú haz lo que quieras, pero Alex es… diferente.

—¿Podemos cambiar de tema? —mascullo—. Me estoy sintiendo incómoda.

—No me puedo creer que acabes de decir eso, Chester —escupe Ella entre dientes—. Y pensar que dije que estabas bueno.