Heartless Beloved (North Shore 2) 14
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ALEXANDRA

Falling Trevor Daniel

—Alex.

Me sobresalto cuando alguien me agarra del brazo.

Al levantar la vista del móvil, me doy cuenta de lo cerca que estoy de caerme por las escaleras de nuestra casa.

—Tía… —suspira Ella—. Esta semana estás con la cabeza en las nubes. Me da miedo que te mates.

Por supuesto que he estado con la cabeza en las nubes. Estoy saliendo con un hombre que se muere por aprenderse mi cuerpo y mi alma de memoria con el único propósito de darme placer.

Xi lleva toda la semana colándose en mi habitación por las noches.

Aunque prometió follarme la noche de las iniciaciones, ha sido todo un caballero y ha aceptado ir despacio porque sabe que soy virgen.

Así que, en lugar de follarme, se pasa las noches adorando mi cuerpo y dándome tanto placer que siento que estoy flotando constantemente, incluso cuando no está presente.

—Lo siento mucho —murmuro mientras guardo el teléfono—. ¿Qué decías?

Ella me lanza una mirada molesta y yo le ofrezco mi sonrisa más arrepentida. A mis amigas no les ha hecho mucha gracia que esté quedando con Xi. Peach se opone al cien por cien, Ella al menos me escucha cuando quiero hablar de él.

—Estaba diciendo que Camila y Harper le han pedido a todo el mundo que eche una mano para preparar la fiesta de Halloween, y tú eres la única que no se ha apuntado a nada. Esa tía te va a comer viva como no empieces a colaborar.

—Falta un mes —me quejo—. ¿Por qué tiene que ser todo tan cuadriculado?

—Seguro que las fiesta de North Shore van a ser más emocionantes.

Ella mueve las cejas, lo que me hace reír.

—Una pena que vayamos a estar aquí encerradas. Dijiste que querías ir de conejito muerto, ¿no?

—Sí, cielo. —Junta las manos frente a ella y da saltitos en el sitio.

—Puedo cosértelo yo. De verdad, es superfácil. Solo necesito un body corto, coserle un rabito de conejo y hacer las orejas…

—Alex —suspira Ella—. ¿Por qué eres así? Lo voy a comprar. No necesito que me lo hagas. Nuestra amistad no se basa en los favores que me hagas. Eres demasiado buena.

Quizá haber hablado antes con mi padre me haya afectado un poco. Quería saber si podía usar la casa del lago este fin de semana sin mencionar que quería llevar a Xi, y él me ha preguntado qué pensaba ofrecerle a cambio de ese privilegio. Como no tenía nada que darle, me ha dicho que no.

—Claro —le sonrío a mi amiga—. Lo decía por si no tenías tiempo o…

—Tengo tiempo. Cuídate, ¿vale? Te quiero. Buenas noches.

Me despido de ella en la puerta y me dirijo a mi habitación. Después me quito el uniforme y me meto en la ducha. No hay ni un solo segundo en el que no piense en Xi, y quiero pasar cada uno de ellos con él.

Me siento en el escritorio después de la ducha y abro el portátil. Necesito ponerme al día con los trabajos. Está muy bien eso de volver a tener novio, pero no puedo permitir que repercuta sobre mis notas.

Recibo un correo de mi profesor de Literatura Inglesa y abro el enlace que me dirige a mi última calificación. Tendré que enviarle una actualización a mi padre para asegurarme de que no se plante aquí para exigirme ver todos los trabajos que he escrito.

Estar lejos de casa sin sus constantes recordatorios de cómo debería actuar está siendo una experiencia extraña. Sonrío para mis adentros al darme cuenta de que, en cuanto me mudé, empecé a hacer todo lo que siempre me ha prohibido: beber, ir a fiestas…, salir con alguien de North Shore.

Un sentimiento de emoción me crece en el estómago cuando pienso en la independencia que podría llegar a desarrollar lejos de mi padre. Me quito un peso de encima al saber que puedo convertirme en la mujer que quiero ser, sin que nadie me diga cómo.

El enlace carga, sigo la línea junto a mi nombre y… todo se viene abajo.

—¿Qué? —jadeo.

Presiono el dedo índice contra la pantalla y recorro la línea desde mi nombre hasta el «suficiente». Debe tratarse de un error. Lo entregué el martes y estamos a jueves. Lo ha corregido demasiado rápido. Me tiré muchísimas horas redactando este trabajo… ¿Cómo es posible?

La felicidad que me invadía hace apenas unos segundos se vuelve pesada. Aproveché cada momento que no estaba con Xi o haciendo todas esas tareas estúpidas de las iniciaciones de Xi Ep para escribirlo.

El sonido de mi móvil casi hace que pegue un salto en la silla. Bajo la vista y veo el nombre de Xi, así que contesto de inmediato.

—Estoy frente a tu ventana, pastelito.

Se me hace rarísimo oír un mote tan dulce con un tono tan plano. Xi tiene el don de hacer que todo parezca no importarle, pero es con él con quien más emociones reales siento. Llamarme por un apodo cariñoso ya me parece un gran esfuerzo.

Mis ojos siguen clavados en la catastrófica nota que acabo de recibir, y no puedo evitar adelantarme a la decepción que sentirá mi padre cuando se entere. No puedo decírselo.

—¿Hola?

—Ah, sí, perdón.

—Esta noche no voy a entrar yo, vas a salir tú.

Su calma es lo que lo define, y despierta algo en mi interior. ¿No sería todo mucho más fácil si me limitara a escuchar a Xi? Pero la vida no es así. La vida gira en torno a la universidad y al dinero, en torno a la presión de mi padre, el mundo de Stoneview y las chicas con las que me rodeo.

La vida es más complicada que enamorarse del chico sin corazón que vive en el lado equivocado de la ciudad.

—Es jueves —respondo, derrotada.

—Uy, no, por favor, no se lo digas a mi madre.

Pongo los ojos en blanco aunque no pueda verme.

—Se supone que el sarcasmo tiene que tener cierto tono burlón. No puedes hacer bromas con una voz tan plana.

—Pues por ahora me está funcionando bastante bien. Sal.

Me acerco a la ventana y lo veo en el jardín delantero. Lleva una sudadera negra con una gorra negra y unos vaqueros negros.

—¿Cuántas sudaderas negras tienes? Si ya tengo una tuya.

—¿La guardas para cuando me echas de menos, pastelito? Devuélvemela. Puedes tenerme siempre que quieras.

—Ahora es mía, lo siento —respondo con tono juguetón—. Me pertenece.

—Y tú me perteneces a mí.

Tengo que contenerme para no suspirar de placer.

Me siento como la protagonista de la canción Style al saber el extraño efecto que tiene este hombre sobre mí y al ser incapaz de controlarlo.

Al saber que, a pesar de que podría ser malo para mí, quiero más de él.

Me despierta deseos inexplorados que quiero mostrarle.

¿Pertenecerle? ¿A Xi? Sí, por favor.

—¿Piensas bajar o me vas a obligar a subir a buscarte?

—¡Oh, Romeo, Romeo! ¿Por qué has de ser tú, Romeo?

—Romeo va a darte un azote en el culo como no dejes de citar a Shakespeare en vez de bajar.

—¿También eres fan de la literatura británica?

—Alex —gruñe—. ¿Por qué estás desviando la conversación?

Resoplo, consciente de que me ha pillado.

—Me han dado una mala nota.

Se produce un momento de silencio mientras observo su sombra inmóvil en el jardín.

Me lo imagino parpadeando, sin entender por qué estoy tan afectada.

Espero que Xi se burle de mí. Tampoco me parecería mal, s é lo ridícul a que sueno.

Él tiene veinticuatro años y no fue al instituto.

Preocuparse por las notas nunca ha sido un problema para él.

Ni siquiera mis amigas entienden por qué le doy tanta importancia.

No saben la presión a la que me someten en casa.

—Vale —responde despacio, como si se estuviera pensando dos veces qué decir—. Estás preocupada. ¿Quieres hablar del tema?

Madre mía. Me esperaba cualquier cosa menos eso. ¿Hablar del tema? ¿Como si de verdad le importara? ¿Cómo se atreve a hacerme esto cuando estoy esforzándome para no enamorarme todavía más de él?

—Yo también he tenido un día de mierda —continúa tras mi silencio—, y quería llevarte a un sitio especial al que voy para despejarme. Creo que te gustará. Puedes desahogarte una vez lleguemos allí.

Dejo caer la cabeza hacia delante y apoyo la frente en la ventana.

—Para de enamorarme —gimoteo.

—Te espero en el coche.

Sabiendo perfectamente que lo seguiré, lo veo alejarse por el jardín.

En cuanto desaparece de mi vista, corro a la cama y cojo su sudadera.

Me pongo mi gabardina fucsia, una gorra de béisbol negra y corro al espejo.

Llevo unas mallas negras y voy sin maquillar.

Vacilo un instante y me pregunto si debería ponerme máscara de pestañas y colorete, pero decido que no. Dudo que vaya a espantarse…, ¿no?

Bajo las escaleras de madera de dos en dos, con mi bolso Gucci cruzado golpeándome la espalda y la emoción burbujeándome en el pecho ahora que sé que no le parezco una tonta por preocuparme por las notas.

Estoy cruzando el vestíbulo a toda velocidad cuando alguien dice mi nombre.

Harper está de pie junto a la puerta que conduce al salón.

—¿Vas a algún sitio especial, novata?

Entrecierra los ojos al mirarme y yo le dedico mi mejor sonrisa falsa.

—Helado nocturno.

Ella enarca una ceja antes de caminar hacia mí.

Las mujeres como Harper son muy conscientes de su poder femenino.

No me cae bien, pero daría cualquier cosa por moverme con la seguridad que ella tiene, por cruzarme de brazos sobre el pecho y ladear las caderas de forma amenazante y confiada, igual que ella.

Y cuánto desearía tener un buen par de ovarios.

—Recuerdas la primera noche de las iniciaciones, ¿verdad, Alex?

Me estremezco bajo su intensa mirada y asiento.

—¿Recuerdas cuando dijimos que habíamos puesto cámaras en vuestras habitaciones?

Se me contrae el pecho al recordar lo que hice con Xi aquella noche. ¿Cómo pude olvidarme de las cámaras?

—Por lo que pude ver —escupe con desprecio—, te lo gozaste, ¿verdad?

—Harper…

—Te pedí una sola cosa. Una . Que te mantuvieras alejada de él. Pero fuiste incapaz de controlarte y de no actuar como una zorra. ¿De verdad eres tan estúpida? ¿Acaso crees que no caemos todas en sus tácticas?

—Lo siento mucho —gimoteo.

—Las hermanas están por encima de todo, Alex.

Se me forma un nudo en la garganta cuando intento disculparme de nuevo. Se me llenan los ojos de lágrimas y ella se burla.