11 #4
Yo estaba más unido a mi padre. Debido a sus creencias, como yo era el hijo mayor y me tocaría ocuparme de la familia cuando él muriera, nos pasábamos largas horas juntos mientras me enseñaba cómo cuidar de las personas que quiero.
Ahora, la principal diferencia entre Lik y yo es que él es un puto trozo de pan y yo un cabrón que no sabe disfrutar. Soy consciente de ello, pero me la suda.
—Todo bien. Solo quería ver a mis amigos. Labas? —Me pregunta que cómo estoy.
—Ay, chicos —dice Harper con una risita falsa—. Me parece adorable que os habléis en otro idioma. ¿Qué significa khoya ?
Lik me dirige una mirada molesta antes de responder.
—Significa «mi hermano» —contesta con falsa educación.
Se le da mejor que a mí, eso seguro.
—Qué monos. —Aprieta los labios y ladea la cabeza—. ¿Es árabe?
Él asiente.
—Dariya.
Harper frunce el ceño y me mira, confusa.
—Árabe marroquí —explico.
—¿Está siendo pesada a propósito? —me pregunta Lik en árabe mientras le sonríe.
—Es plenamente consciente de lo que hace —respondo con expresión seria para que no se dé cuenta de que la estamos insultando.
—¿Estáis hablando sobre mí? —Se muerde el labio inferior, y tengo que reunir todas mis fuerzas para no poner los ojos en blanco.
—Estábamos comentando lo guapa que eres.
Las palabras de Lik hacen que se eche el pelo hacia atrás.
—Gracias.
—¿Dónde está Alex? —intervengo antes de verme obligado a mantener con ella una conversación más larga de lo necesario.
—Ah. —Clava su mirada en la mía; sus pupilas dilatadas devoran el azul vibrante de sus iris. Va colocada. Sonríe y se pone una mano en la cadera—. Está en casa, esperando a que alguna de nosotras vuelva y le dé permiso para moverse.
—¿Permiso para moverse? —pregunta Lik, sorprendido.
—Sí, todas ellas tienen que esperar a cuatro patas a que sus hermanas mayores regresen a casa y les den permiso para moverse.
—Perdona…, ¿qué?
Lik se atraganta. Me mira, sin entender nada.
—Gilipolleces de gente rica.
—No te preocupes —añade moviendo la mano con desdén—. Estarán bien. Nosotras lo pasamos peor. Durante mi iniciación, tuve que quedarme toda la noche frente a la ventana de mi hermana mayor. Completamente desnuda. Una de las novatas hasta pilló una pulmonía.
—¿No la has dejado venir a la fiesta? —pregunto despacio en un intento de procesar lo que ha dicho antes de perder los papeles.
—En realidad, fue ella la que dijo que no le apetecía venir. Tampoco me sorprende. —Espera a que diga algo, pero mi expresión impasible le deja claro que quiero que prosiga, así que eso hace—: Alex odia North Shore. Créeme, nunca pondría un pie aquí por voluntad propia.
—Las chicas de Stoneview sois la hostia de raras —comenta Lik.
Luego procede a soltar una diatriba sobre el asco que dan las sororidades. Mi hermano podría pasarse horas hablando solo, por lo que no necesito responderle. En su lugar, me hierve la sangre al pensar que Alex no ha cumplido su parte del trato.
—¿Estás bien, Xi? —pregunta Harper.
Con la mandíbula apretada, asiento. Le doy una última calada al cigarro antes de darme la vuelta y apagarlo contra el cenicero de la mesa detrás de mí.
También cojo una botella de vodka que hay encima.
Después desaparezco entre la multitud, regreso a la puerta principal y salgo de la casa de mi hermanastra.
No quiero estar en esta fiesta si Alex no está. Tampoco quiero que Harper vuelva a su casa pronto. No mientras yo esté ocupado poniendo a Alex en su sitio.
Cojo mi mechero y otro cigarro y camino hacia el único coche de aspecto lujoso que hay aparcado en la calle. Un chófer duerme dentro del vehículo. Golpeo la ventana y le sonrío. La baja, lo agarro por la corbata y tiro de ella hasta sacarlo por la ventana.
—¿Qué cojones haces? —grita.
Le permito ponerse de pie y doy un paso atrás para no parecer demasiado intimidante. Sé la imagen que doy.
—Vete a dar una paseo —le ordeno—. No quiero hacerle daño a un pobre hombre trabajador, pero voy a desgraciarte el coche.
Abre los ojos de par en par mientras niega con la cabeza, presa del pánico.
—No puedo… No puedo…
—Puedo desgraciarte a ti también, si lo prefieres —añado con total naturalidad.
Da un paso atrás con las manos levantadas.
—¿Ya te gusta más la idea del paseo?
Se da la vuelta y sale corriendo. Supongo que necesitaba hacer ejercicio.
Deslizo la mano por la ventanilla abierta y abro el coche.
Derramo el vodka por todos los asientos y dejo la botella dentro.
Retrocedo, saco mi mechero y me enciendo el cigarro.
Le doy una calada antes de arrojarlo al interior del coche.
Pasan un par de segundos antes de que aparezca la primera chispa, y me relajo por completo cuando llegan las llamas.
Zara y Tamar dicen que tengo un problema con el fuego. Que soy peligroso. Mi amigo Logan me llama «pirómano». Me resulta reconfortante. Ver las llamas consumir algo hasta reducirlo a cenizas me hace sentir el hijo de puta más libre del mundo.
Tal vez no pueda largarme de esta pocilga, pero haré desaparecer de ella todo aquello que me dé la gana. Como el coche de Harper.
Observo con una sonrisa retorcida cómo las llamas crecen y derriten todo el coche, y una especie de paz me invade.
Hora de encontrar a mi pequeño pastelito.