Heartless Beloved (North Shore 2) 11 #3
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—¿Tan malo sería? —me burlo—. Está claro que este no es tu lugar.

Su rostro se retuerce cuando le presiono el clítoris.

—Xi —suspira al cerrar los ojos.

—Dame ese beso —ordeno con firmeza—. Entonces Harper y compañía podrán venir a la fiesta con nosotros, ya que tan desesperadas están por las pollas de North Shore.

Ella abre los ojos y respira hondo, claramente sopesando los pros y los contras, y por fin asiente.

Una respuesta estúpida, en realidad. Se está metiendo en más problemas de los que ya tiene, pero creo que ahora mismo quien habla es su coño. Su cerebro se apagó en cuanto mi pulgar rozó sus bragas de seda.

No le concedo ni un solo segundo para pensar.

Ni un solo segundo para cambiar de opinión.

La suelto solo para agarrarla de las caderas y tirar de ella hacia mí con un movimiento brusco.

Cae sobre mi regazo, obligada a sentarse a horcajadas sobre mí, y yo le pongo una mano en la nuca y estrello mi boca contra la suya.

Nuestros labios se encuentran con violencia y el pánico me invade.

Este es el momento exacto en el que me doy cuenta de que estoy jodido.

El momento en el que me explota el corazón dentro del pecho y todo a mi alrededor desaparece.

El momento en el que entiendo que quiero a esta chica solo para mí.

El momento en que sé, sin ninguna duda, que es mía.

Apesta a alcohol. Tiene la ropa empapada y la piel pegajosa. Pero sus labios… saben a lo más delicioso que he tenido nunca el placer de devorar.

Aprieto más mi agarre alrededor de su nuca y la presiono contra mí.

Lamo el contorno de sus labios, exigiéndole la entrada al paraíso.

Ella jadea, dejándome entrar, y acaricio su lengua con la mía.

Su perfume a jazmín se mezcla con la humedad de su pelo y quiero hundirme en su olor, pero tampoco quiero apartarme de su boca.

Siento que me rodea los bíceps con las manos y se me tensan los músculos como reacción al roce de su piel contra la mía.

Nuestro beso no se detiene de golpe. Vamos parando poco a poco antes de separarnos apenas y abrir los ojos lentamente.

Veo el momento exacto en el que se da cuenta de lo que acaba de hacer.

Sus ojos avellana adquieren de inmediato ese matiz preocupado.

Me paso la lengua por los labios, adicto a su sabor, y le sonrío.

Ella ahoga un pequeño jadeo cuando percibe algo distinto a un ceño fruncido.

—Ya has cumplido una de mis condiciones, Alexandra. ¿Preparada para la segunda?

Volviendo a la realidad después del subidón que ambos acabamos de experimentar, se aparta de mí de golpe.

—Xi —me regaña—. No puedes…

Se da la vuelta y observa cómo Harper viene hacia nosotros con una sonrisa falsa. Le palpita el ojo izquierdo como a una loca y le tiemblan las mejillas por tener los músculos tensos de tanto fingir.

—Alex —dice Harper con voz temblorosa a causa de la furia contenida.

—¿Preparada para la fiesta, Harper? —suelto como si nada, como si ese beso que te cambia la vida nunca hubiera ocurrido.

—¿Podemos ir? —pregunta, sorprendida.

—Claro. —Me encojo de hombros—. Tráete a todas tus amigas. Ya sabes que nos gustan las vistas.

Su sonrisa se vuelve real antes de darse la vuelta y regresar dando saltitos hacia su grupito.

Nunca entenderé por qué tienen tantas ganas de asistir a nuestras fiestas.

Aquí tienen todo lo que quieren. Excepto peligro, supongo.

Quieren la emoción de juntarse con los criminales de North Shore.

No entienden que para nosotros el peligro es nuestro pan de cada día.

Ellas pueden dejarlo atrás, nosotros no.

Me levanto y deslizo la mano hacia la nuca de Alex de nuevo. La agarro con fuerza para acercarla a mí y me inclino para hablarle al oído.

—No te olvides de la segunda parte de nuestro trato.

La noto temblar, pero no dice nada, y no tengo forma de saber si es de miedo o algo muy distinto.

Harper y su séquito se acercan a nosotros. Le coje la mano a Alex.

—Vamos, mi chófer nos llevará.

Oigo a Zara resoplar a mis espaldas.

Un puto chófer para venir a nuestra parte de mierda de la ciudad. La hipocresía no se nos pasa desapercibida ni a mi amiga ni a mí.

Apartan a Alex de mí y la rodean mientras salen de la casa.

—Larguémonos de una puta vez —gruño al volverme hacia Zara de nuevo.

—¿Puedo pedirte que la próxima vez que quieras recrear una escena porno con Pastelito te esperes a que yo no esté cerca?

La aparto de en medio ahora que vuelvo a estar de mal humor por no poder ver a Alex.

—Cállate.

En cuanto llegamos a mi coche, cojo mi sudadera gris y me pongo la gorra negra. Ya me he hartado de los niñatos ricos esta noche.

—¿Vienes a casa de Emma? —le pregunto a Zara cuando arranco el coche.

Ella niega con la cabeza.

—Déjame en casa, porfa. Ya sabes que no me van mucho las fiestas.

Asiento y salgo de la entrada de la fraternidad.

—Me gusta —bosteza señalando un boceto que dibujé y que dejé sobre el salpicadero.

—Gracias, lo hice yo.

—¿Qué es? —Entrecierra los ojos para intentar verlo mejor en la oscuridad del coche—. La madre que te parió —resopla—. Es ella, ¿verdad?

La ignoro y mantengo la mirada clavada en la carretera.

—Al menos está bien dibujado.

Me encojo de hombros.

—Se me da bien hacer cosas con las manos. —Iba a dejarlo ahí, pero decido tocarle las narices—. Creía que ya lo sabías.

Ella pone los ojos en blanco.

—Fue una sola vez. Creía que así funcionaban las cosas con tíos como tú. No hace falta que menciones algo que pasó el año pasado.

—Mis labios están sellados.

Tras un minuto de silencio, la escucho respirar hondo y sé que está a punto de decir algo.

—¿Vas a ser capaz de limitarte a una sola vez con Pastelito?

Me paso la lengua por los dientes.

—Pues claro. Solo la dibujé porque estaba inspirado. No te rayes. Conseguiremos la información que necesitamos.

Pero, en el fondo, sé la verdad: mi fijación por Alexandra Delacroix crece cada día más. Ella no se lo ve venir porque en su cabeza no cabe el por qué alguien que acaba de conocer se obsesionaría de repente con ella. Joder, si supiera lo equivocada que está.

Esa obsesión…

Cada hora que pasa se vuelve más intensa.

Cada minuto, más peligrosa.

Entro en casa de Emma después de dejar a Zara en la suya. La fiesta todavía sigue en pleno apogeo a pesar de la hora que es. Logan me ve en cuanto pongo un pie en el salón.

—Te juro que te odio —gruñe mientras me agarra del cuello y me da una palmada en la espalda—. Invitas a todas estas zorras y ni siquiera nos avisas a Tamar y a mí. Sabes que no las soportamos. Al menos Carreras se lo está pasando bien.

—Bien por él —respondo al separarme y echar un vistazo a mi alrededor.

Me saco un cigarro del bolsillo de la sudadera y el mechero de plástico nuevo que me compré ayer.

Siempre los pierdo o se los presto a la gente y nunca me los devuelven.

Enciendo el cigarrillo mientras estudio la habitación.

Me muero de ganas de ponerle las manos encima a Alex.

En cuanto lo haga, no se irá a ninguna parte.

—¿Has visto a Alex?

—¿Esa cuál es? —se queja Logan otra vez—. ¿La que va de «soy mejor que tú», la de «uy, no se me para de subir la falda» o la que literalmente le dijo a Tamar que se pirara mientras intentaba sentárseme encima?

Lo miro con gesto serio a la vez que echo el humo hacia un lado. Qué dramático es el tío.

—Ninguna. La cuarta: la del uniforme de la USF que en realidad es buena persona.

—Ya, claro. A esa te la has inventado, hermano, porque aquí no está.

Echo otro vistazo a la habitación y veo a Harper hablando con mi hermano Lik. Ya bastante raro me parece que haya venido a una fiesta ahora que tiene una relación consolidada y feliz, pero que encima esté hablando con Harper… siento que estoy alucinando.

—Sí. —Logan asiente en dirección a mi hermano—. Ha venido. No me preguntes por qué.

Le doy una palmada en el hombro a Logan para indicarle que me largo de la conversación y echo a andar hacia Lik.

—¿Problemas en el paraíso, khoya ? —le pregunto al estrellar mi mano entre sus omóplatos.

Se vuelve hacia mí con una sonrisa de oreja a oreja.

Mi hermano y yo nos parecemos en el sentido de que se nos nota en la cara que compartimos sangre, aunque no podríamos ser más distintos.

Yo soy grande, alto y corpulento; él es fuerte, pero más delgado y más bajo.

Yo tengo la mandíbula cuadrada y las facciones marcadas mientras que las suyas son más suaves y femeninas.

Yo soy un bruto, él es bello. He ahí la diferencia.

Lik se cuida mucho, incluso más que las dos chicas que se sumaron a su relación con su novio.

Una historia larga de cojones. Lleva un arito en la nariz y perlas y un candado alrededor del cuello.

También se cuida los rizos, motivo por el que se le ven tan suaves y sedosos. Y siempre va vestido a la última moda.

Yo uso pantalones cargo monocromáticos, sudaderas y botas la mayor parte del tiempo, y suelo llevar el pelo escondido bajo una gorra.

De todas formas, el mío es más suave. Es grueso, pero no tengo sus rizos.

Él heredó el pelo de mi padre y yo el de mi madre.

Siempre me pareció irónico, ya que él está mucho más unido a ella.

Como es más pequeño que yo, siempre lo ha considerado su bebé.

Lik siempre se va de rositas, pero a mí me grita por llegar un minuto tarde a cenar.