Heartless Beloved (North Shore 2) 11 #2
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No, Alex tiene todo lo que me vuelve loco de una mujer.

Curvas de infarto, un pecho grande y unas buenas caderas que puedo agarrar con facilidad mientras me la follo a cuatro patas.

Esta noche parece más alta por los tacones, pero tiene una altura promedio.

Lo que más me gusta de ella son sus ojos color avellana tan expresivos.

No hay nada que pueda ocultarme cuando la miro a los ojos.

A veces intenta que su voz suave y dulce suene seria y tajante cuando discute conmigo, pero sus ojos la traicionan. Son la ventana a su preciosa alma.

—Las que se dejan pisotear nunca han sido tu tipo. La destruirías con tu personalidad.

Aparto la vista de Alex para lanzarle una mirada asesina a Zara.

—¿Qué cojones significa eso?

Ella sonríe de forma engreída, como si acabara de corroborar su afirmación.

—Tienes una personalidad de mierda y siempre estás de mal humor.

Todo el mundo me toca los cojones con lo de mi actitud, sobre todo en estos dos últimos años. Pues claro que estoy siempre de mal humor; los Kings se están apoderando de North Shore. Nadie me verá sonreír hasta que recupere mi puto barrio.

—Eres un criminal volátil y violento cuyo objetivo es reinar en North Shore.

Esa chica —Zara señala a Alex— es una mariposa frágil que ha crecido entre algodones y que probablemente no haya tenido ni un solo problema en toda su vida.

Es una persona complaciente que no sabría cómo lidiar con un hombre como tú.

Eres un capullo que le exigirá todo, y cuando ella te lo dé, cuando te obedezca como una buena chica, algo que tú odias, por cierto, ¿qué piensas hacer?

Frunzo el ceño y miro de nuevo a Alex. Harper la está obligando a arrodillarse y ella acata la orden a pesar de lo mucho que le cuesta hacerlo con la bandeja de bebidas en la mano.

—Vito quiere que descubra trapos sucios sobre su padre. Emma insiste en que la seduzca y me acerque a ella.

—¿Es ella? Uf, menos mal. Por un segundo pensé que de verdad te gustaba esa chica.

Aprieto la mandíbula para evitar soltarle que sí, que en realidad me gusta.

—Es una puta cría. Parece tan… inocente —observa mi amiga.

Suelto un bufido y me paso una mano por el pelo.

No tiene ni un solo pelo de peleona, y yo suelo odiar a las chicas así.

Son un coñazo y se asustan por cualquier cosa.

Hacen todo lo que les pides. No son divertidas en la cama, y esa es la razón por la que siempre he ido a por chicas retorcidas y tercas como Harper, esas que se creen que el mundo les pertenece y a las que estoy más que encantado de demostrarles que se equivocan.

—Sí —concuerdo de nuevo—. Está chupado.

—Es la tía más inofensiva que he visto en mi vida. Estoy segura que mi gatita es peor que ella.

« De que ». Eso es lo que diría Alex ahora mismo. Corregiría a Zara por haberse equiv ocado y nos burlaríamos de ella por ello.

—Probablemente —resoplo.

Respiro hondo y cierro los ojos. Alex es igual de dulce que el azúcar, por algo el primer mote que se me vino a la cabeza cuando hablé con ella fue «pastelito». El problema es que convierto cualquier cosa dulce en veneno.

—No he estado haciendo lo que Emma me pidió —admito.

—Te refieres a que… —La noto dudar, por lo que decido mantener los ojos cerrados para no ver su cara de decepción—. ¿Te estás pillando por ella o algo?

Decido ignorarla. No puede hacerme preguntas para las que ni siquiera yo tengo respuesta.

Cuando abro los ojos de nuevo, Harper me está mirando fijamente. Se le ve en la cara que está tramando algo.

—¿Y ahora qué está maquinando esa zorra? —pregunta Zara con pereza. Se relaja en el asiento—. Esto se va a poner interesante, ¿verdad?

—Me gusta Alex porque es diferente —respondo con retardo; la cabeza me va a mil por hora.

«¿Acabo de admitir que me gusta?».

—Colega, la NSC siempre va por delante. Tienes que cargarte a esa puta niñata. Ni se te ocurra pillarte.

—No la llames así —le espeto, cabreado—. Es una buena chica.

—Deja que todo el mundo haga con ella lo que quiere. Joder, si hasta puedo verlo desde aquí ahora mismo.

Aprieto los puños al ver a otra chica de su sororidad gritándole y, una por una, le tiran todas las bebidas encima hasta dejarla empapada en alcohol. Tiene los ojos llenos de lágrimas, pero veo cómo se le mueve la garganta cuando se las traga.

—Son las iniciaciones —añado—. No puede defenderse.

—Tampoco lo haría si pudiera, se le nota en la cara. —Zara observa mis puños cerrados y mis ojos llenos de rabia y niega con la cabeza—. No me jodas, ¿ eh? ¿De verdad te vas a poner en plan salvador justo ahora?

—Esas tías me están tocando los cojones —gruño—. ¿Por qué no pueden dejarla en paz? No son tan crueles con las otras novatas.

—Cualquier cosa te toca los cojones. ¿Por qué no la dejas tú en paz? Céntrate en tu puto trabajo. No es tu responsabilidad. Te lo digo en serio, no entiendo qué coño te pasa.

Estoy a punto de levantarme y llevarme a Alex de aquí cuando nuestras miradas se encuentran. Se pasa una mano por la cara para intentar secarse el alcohol. Sus ojos llenos de lágrimas se agrandan. Mira de nuevo a Harper y a sus amigas, todavía de rodillas, y niega con la cabeza.

Harper da un paso adelante, agarra a Alex por el codo y la levanta. La arrastra unos pasos hacia mí y le da la vuelta para que me mire. Están lo suficientemente cerca como para que pueda oírlas.

—Ya que sois tan amigos, seguro que no le importa concederte ese deseo. Venga, esclava.

La empuja hacia mí y Alex se tropieza con sus tacones antes de recuperar el equilibrio. No me mira mientras se acerca al sofá, tiene la mirada clavada en el suelo de madera. Estoy convencido de que solo se detiene porque aparecen mis botas negras en su campo de visión.

Lo único en lo que yo puedo fijarme es en cómo se le transparenta la camiseta de lo empapada que está.

Se aclara la garganta y retuerce las manos delante de ella antes de pronunciar con esa dulce voz las palabras que le han obligado a decirme.

—Eh, Xi…

Bajo la mirada a su cuello y recuerdo el sabor de su piel. Jodidamente dulce. Siento cómo se me pone dura y pongo los ojos en blanco por dentro. Ni que volviera a tener catorce años.

Me quedo callado, al igual que Zara. Dudo que Alex se haya dado cuenta de que la chica por la que se puso celosa hoy se encuentra sentada justo a mi lado. Está demasiado concentrada en acatar la orden que le han dado.

—Queremos ir a una fiesta de North Shore esta noche —dice en lo que intenta que parezca una voz segura—. Queremos ir contigo.

La risa burlona de Zara se corta de golpe cuando mi antebrazo impacta contra su estómago.

—Mírame cuando me hablas —le ordeno a Alex.

Su actitud le está dando la razón a Zara sobre lo de que no es la clase de chica que debería estar conmigo, y eso me cabrea. Tiene que espabilar y aprender a plantar los cojones sobre la mesa.

Levanta la cabeza y aparta la mirada un par de veces antes de por fin mirarme a los ojos.

—¿Qué decías? —finjo ignorancia.

—Eh…, las chicas de Xi Ep. Queremos ir a tu fiesta. Así que estoy aquí para que nos lleves.

—¿Quieres venir de fiesta a North Shore?

Me muero por tener a Alex en mi lado de la ciudad. Más concretamente, en una cama donde pueda quitarle esa máscara de niña buena a embestidas.

Ella asiente y desvía la mirada hacia donde sabe que sus amigas de la sororidad la están observando.

Me inclino hacia delante, apoyo los codos sobre los muslos y dejo que mis instintos dominantes tomen el control.

—No he oído la palabra mágica, pastelito.

Esos putos ojos color avellana. La forma en la que el dorado y el marrón se arremolinan en ellos cuando lo que le digo la excita me vuelve loco.

Quiero agarrarla del cuello y ponerla contra la mesa más cercana.

Nadie debería reaccionar así cuando le hablan con condescendencia.

Y el hecho de que ella sí lo haga… será mi puta perdición.

Duda unos segundos, aunque su determinación no dura mucho.

—Por favor, ¿podemos ir a North Shore contigo?

No creo que le haga gracia la cara que pongo porque se echa hacia atrás. Extiendo la mano hacia ella y le rodeo el muslo desnudo con la mano, justo donde termina la falda.

Ella gira la cabeza para mirar a sus amigas.

—No te preocupes por ellas —le ordeno en voz baja—. Concéntrate en mí.

—Suéltame —susurra con pánico—. Por favor, no me ocasiones más problemas de los que ya tengo.

—¿Qué problemas podrías tener cuando ninguna de esas zorras tiene ni la más mínima oportunidad conmigo? No ahora que nos hemos conocido.

Ella niega con la cabeza, como si no pudiera creerse mis palabras.

—Harper… —empieza.

—¿Quieres que te suelte, pastelito? ¿Por qué no me empujas entonces?

—Procede a agarrarme la muñeca. Ha tenido que esperar a que le dé mi puto permiso para defenderse cuando debería haberlo hecho en cuanto le rocé la piel.

De todas formas, no sirve de nada, porque refuerzo mi agarre todavía más—.

Pero supongo que entonces las probabilidades de que os invite a tus amigas y a ti a North Shore serían más bien pocas.

Intenta contener un jadeo y se muerde el labio inferior, sin entender que se está complicando la vida ella sola.

Me muevo para intentar aliviar un poco mi erección. Me suelta la muñeca y yo le acaricio la parte interna del muslo con el pulgar mientras subo la mano. Ahora está bajo su falda y todos pueden verlo.

—Xi —suspira—. Invítanos y ya está, por favor.

—Lo haré. Con dos condiciones.

—¿Cuáles? ¿Qué quieres? —pregunta rápidamente, con una mirada de esperanza.

—Quiero un beso. Ahora mismo, delante de todas tus amigas.

—Intenta apartarse de nuevo, pero la sujeto con demasiada fuerza—.

Y quiero que seas mía el resto de la noche.

En cuanto lleguemos a North Shore, me perteneces.

—Subo la mano de nuevo y froto el pulgar entre sus piernas—.

Podemos terminar lo que empezamos antes, pastelito.

Niega con ansiedad y mira detrás de ella otra vez.

—N-no puedo hacer eso. Vas a conseguir que me expulsen de Xi Ep.