10
ALEXANDRA
Bad Ones Call Me Karizma
—Chicas. —Camila aplaude y levanta la voz—. Se os hará una pregunta sobre Xi Épsilon una por una. Quien acierte, vendrá con nosotras a Zeta Nu. Quien no, se quedará en su habitación durante la noche.
Oficialmente, las iniciaciones han empezado y, hasta ahora, ya nos hemos tomado tres chupitos y arrodillado al lado de nuestras hermanas mayores.
También nos han informado de que han puesto cámaras en nuestros dormitorios.
Cada vez que incumplimos las reglas, nos mandan de vuelta a la habitación y nos obligan a ponernos a cuatro patas, con la falda del uniforme levantada y la pala de la sororidad —una especie de remo— en el suelo junto a nosotras.
Nuestras hermanas pueden venir a la habitación y azotarnos.
A Peach ya le ha tocado porque la tía no soporta que le digan qué hacer.
—Vamos a poner a prueba vuestros conocimientos, esclavas —continúa Camila.
Nos llama una por una para responder una pregunta sobre la sororidad. Cuando llega mi turno, camino hacia ella, coloco las manos delante de mí y bajo la mirada.
—¿Qué significa Xi Épsilon , esclava?
Me relajo porque me ha tocado una fácil. Sin levantar la vista, respondo.
—Significa Xeinobake Eimi , señora Camila —intento pronunciar.
Sí, esta semana tenemos que llamar «señoras» a nuestras hermanas.
Ella asiente.
—Punto extra. ¿Y eso qué significa? —añade.
—Significa volverse loca de amor por un desconocido, señora Camila —respondo.
El corazón se me acelera al pensar en el desconocido por el que me estoy volviendo loca y lo irónico de la situación.
—Muy bien, esclava. Puedes venir con nosotras a Zeta Nu.
La fiesta en Zeta Nu es más salvaje de lo que esperaba. Los chicos de la fraternidad van borrachos como cubas, sobre todo los novatos, que tienen una botella de licor pegada en cada mano. Suena rap a todo volumen, y apenas oigo a Harper cuando me da órdenes.
Wren tropieza conmigo y me dirige una sonrisa de oreja a oreja.
—¡Alex! —me grita al oído y tengo que echarme un poco hacia atrás—. Por fin habéis llegado.
Está sin camiseta y todo sudado; se le marcan los abdominales, lo que provoca que el resto de las chicas lo miren como lo estoy mirando yo.
Wren es la definición de un chico buenorro.
Es muy alto, probablemente el más alto de la sala.
Su pelo castaño contrasta con sus ojos azules, pero por lo que todas babeamos son esos músculos firmes que no podría ocultar ni aunque quisiera.
En especial sus hombros. Todas estábamos pilladas de nuestro mejor atacante de lacrosse en la época del instituto, pero mi amigo siempre ha tenido ojos solo para una chica, y ella no ha venido esta noche.
—¿Está Peach por aquí? —me pregunta sin perder el tiempo.
Niego con la cabeza y abro la boca para explicarle lo que ha pasado cuando alguien me tira del pelo y me arrastra hacia atrás con fuerza.
—Au —jadeo, sorprendida.
—Uy, perdón —se burla Harper—. Las esclavas no tienen permitido hablar en la fiesta.
La miro, confundida, hasta que señala a otra de las novatas de Xi Ep. Tiene cinta adhesiva gris pegada en la boca, la misma que se usó para pegar las botellas de licor a las manos de Wren.
—Ella habló —me explica Harper.
Miro de nuevo a Wren, con la boca abierta, y él estalla en carcajadas.
—Joder, las tías de Xi Ep sois unas putas brujas. Lo siento, Alex. Hablamos mañana, supongo.
Harper me da un golpe en el hombro.
—Tráeme algo de beber. Asegúrate de escoger algo que me guste o, de lo contrario, lo lamerás del suelo.
Me apresuro hacia la cocina e ignoro a las personas que intentan hablar conmigo.
Veo a un par de chicas más de Xi Ep con la boca tapada y se me revuelve el estómago.
Las iniciaciones me parecen una estupidez, pero entonces pienso en todos esos recuerdos que mi madre me contó que tenía con sus hermanas de Xi Ep y me aferro a que cuando terminen, empezará la diversión.
No es más que una tradición estúpida.
Miro las White Claws sobre la mesa, sin saber si escoger la de frambuesa o la de cereza.
Intento recordar cuál es la que le gusta a Harper.
Como me obligue a lamer la bebida del suelo, no me quedará más remedio que negarme.
Me mandará de vuelta a casa y tendré que pasarme el resto de la noche a cuatro patas, pero me da igual.
Cojo la de cereza, la miro y la vuelvo a dejar. Sin estar segura, cojo la de frambuesa.
—Esto es ridículo —murmuro.
—Cereza —dice una voz a mis espaldas.
Me sobresalto, echo un vistazo a mi alrededor y veo a Xi apoyado contra el marco de la puerta, con los brazos cruzados sobre el pecho.
Lleva una camiseta blanca oversized que deja a la vista sus fuertes músculos; hace un contraste precioso con su piel bronceada.
Sus pantalones cargo negros me hacen preguntarme cuántas drogas guardará en todos esos bolsillos.
Abro la boca, pero la cierro de inmediato. No puedo hablar.
—Venga ya. —Empieza a caminar hacia mí lentamente—. No me digas que te estás tomando en serio toda esa gilipollez de la iniciación y que no piensas hablar con nadie esta noche.
Evito su mirada cuando se detiene justo delante de mí. Frunce el ceño con decepción.
—Tiene que ser la hostia ser una persona con privilegios y poder darte el lujo de inventarte tus propios problemas y obligarte a obedecer a una panda de tías que lo único que hacen es aprovecharse del poder que tienen.
Me acaricia la mejilla, pero yo me doy la vuelta para colocarme de cara a la isla de la cocina.
Razón no le falta, aunque no pienso hacerle caso solo por llamarme «privilegiada». Claro que lo soy. Soy de Stoneview. No hay nada más privilegiado que eso. Sin embargo, por mucho que vivamos vidas distintas, no voy a dejar de vivir la mía solo porque a él no le parezca bien.
Sí, la iniciación es un problema sin importancia que nos inventamos nosotras mismas, pero quiero convertirme en una chica Xi Ep, y me niego a que me haga sentir tonta por ello.
En cuanto cojo la White Claw de cereza, siento sus brazos a mis costados cuando se inclina y me retiene entre la encimera y su cuerpo.
— ¿ Sabes? —me susurra al oído—, te he seguido para ver cómo te encontrabas después de lo ocurrido. Estaba preocupado por ti. —Siento su aliento contra mi cuello cuando me pregunta—: ¿Estás bien?
Asiento, sin responder. Puede que estemos solos en la cocina, pero quiero cumplir las reglas.
Siempre cumplo las reglas.
—No sé yo si me gusta este juego —añade en voz baja—, aunque he de admitir que me encantaría verte con la boca tapada. Jugaría contigo y disfrutaría al ver c ó mo retiene tus gemidos.
Un escalofrío que no puedo controlar me recorre todo el cuerpo y me muerdo el labio inferior para evitar decir algo.
—Necesito que le transmitas un mensaje a tu exnovio de mi parte.
Hace una pausa breve y se pega contra mí todavía más. Levanta una de las manos de la encimera de mármol y la desliza por mi cintura, por mi estómago, hasta llegar al muslo. Entonces se detiene y la sube de nuevo, pero en esta ocasión, por debajo de mi falda.
—Como vuelva a entrometerse entre tú y yo, le prendo fuego.
Jadeo cuando sus dedos acarician mis bragas. Es un roce muy suave, justo en el clítoris.
—Odio a las chicas privilegiadas de Stoneview con toda mi alma, Alex. ¿Lo sabías?
Por lo que he oído, odia todo y a todos, así que no me sorprende estar en esa lista.
—Odio cómo actuáis, como si todo os perteneciera, como si fuerais más importantes que los demás, como si fuerais mejores que nosotros.
Sus labios están junto a mi oído y su aliento me eriza la piel. Después los baja despacio por mi cuello, apenas rozándolo. Su olor me envuelve y me aferro con fuerza a la encimera. Quiero recostarme contra él y perderme en su abrazo. Quiero tomar su mano y presionarla de nuevo entre mis piernas.
—No entiendo por qué no me siento así contigo, joder —gruñe contra mi piel.
Me roza el cuello con los dientes y se me escapa un suspiro entrecortado—.
Eres una pequeña sabelotodo que necesita que la rescaten constantemente y que vive en un cuento de hadas.
—Me aparta las bragas con suavidad y presiona dos dedos contra mi clítoris—. Eres demasiado inocente, joder.
Empieza a tocarme en círculos.
Se me escapa un gemido y echo las caderas hacia delante en busca de más presión.
—Lo único que quiero es estrecharte entre mis brazos y protegerte con todas mis fuerzas para que la única persona que pueda hacerte daño sea yo.
Otro círculo lento me derrite por dentro.
—Te destrozaría, pastelito. ¿Te gustaría?
—Sí —gimo.
Suelta una risita contra mi oído, un sonido que me sorprende viniendo de él, aunque no tiene nada de humor.
—Has perdido el juego, Alex. ¿Ya no te importa?
Niego.
—No me importa —jadeo—. Sigue…
Mi placer se ve interrumpido cuando la puerta se abre de golpe. Me aparto de Xi de inmediato justo cuando entra Harper.
—¿Y mi bebida, esclav…?
Se le borra la sonrisa de la cara.
Abro la boca para decir algo, pero entonces recuerdo que se supone que no debo hablar. En cambio, niego con la cabeza, como si estuviera diciendo que no es lo que parece.
No sirve de nada. Clava su mirada en mis mejillas probablemente coloradas y mi pelo alborotado. Después echa un vistazo al bulto que se le marca a Xi en los pantalones.
En lugar de ponerse hecha una furia, regañarme o pegarme una bofetada, me sonríe. Una sonrisa enfermiza y peligrosa que solo las chicas de Stoneview pueden dedicarte justo antes de apuñalarte por la espalda.
—Xi —dice, y se echa el pelo hacia atrás—. ¿Podemos hablar un segundo?