Heartless Beloved (North Shore 2) 9
30%

9

ALEXANDRA

Ghost (Dark Version) Confetti

Guardo mis cosas en la mochila y al levantar la vista veo a Chester esperándome junto a la puerta del anfiteatro. Le sonrío y corro para unirme a él.

—Nadie, absolutamente nadie , trae tantas cosas a clase como tú, Alex —se ríe cuando salimos de la sala.

—Shhh, me gusta traerme todos mis bolígrafos de colores y mis libretas.

—Ahora la gente toma apuntes con algo llamado ordenador, o incluso con un iPad. ¿Por qué no usas el tuyo como libreta?

—Porque, Chester… —saco mi cuaderno favorito, lo pongo al lado de mi cara y lo señalo—, es increíble.

— «Quita eso de mi escritorio» —lee—. No lo pillo.

—Porque no eres swiftie . Es una frase de Lavender Haze . Peach y Ella me la regalaron, así que, ¿quién soy yo para no usarla?

—Por favor, dime que no tienes una libreta que hace referencia a una canción de Taylor Swift. Ya no tienes trece años, Alex. —Hace todo lo posible para no reírse mientras me regaña.

Me detengo y lo miro a los ojos.

—No hay edad para ser swiftie . Ni se te ocurra discutírmelo.

Salimos del edificio de Ciencias Políticas y bajamos por los escalones de mármol que conducen al césped perfectamente cuidado.

Hace un día precioso, el sol brilla a pesar de estar a principios de septiembre, y yo sonrío con los ojos cerrados y echo la cabeza hacia atrás para disfrutar de los cálidos rayos.

—Me encanta que vayamos a Introducción a la Política Estadounidense juntos —suspiro feliz—. Ese hombre es aburridísimo. Me alegro de no tener que sufrirlo yo sola.

—Podías haber dicho que es porque me quieres, porque soy tu mejor amigo o porque te gusta pasar tiempo conmigo, pero no. Tenía que ser porque quieres que suframos juntos.

Suelto una carcajada y lo miro.

—Sufrir juntos es bonito. Es amor verdadero.

Él también sonríe, aunque sus ojos me dicen todo lo que se calla. Todavía le duele que ya no estemos juntos.

Finjo no darme cuenta y cambio de tema.

—¿No tenías que ir a comprar? Vamos juntos. ¿Compro Hubba Bubba? Hace años que no comemos esos chicles.

Asiente, empieza a caminar y me arrastra con él.

—¡Sí! Cuánto te quiero cuando se te ocurren esas cosas. ¿Traes tu carné falso? Me han encargado comprar el alcohol para la fiesta de esta noche.

Hago una mueca y me echo un poco hacia atrás.

—Sí, pero me da miedo usarlo. Como me pillen, mi padre no me lo perdonará.

—No te preocupes. —Su sonrisa brillante me resulta tranquilizadora—. Ahora estamos en Silver Falls. Aquí no todos saben quién eres.

Asiento para mí misma y le sonrío.

—Vale, vamos.

Una ráfaga de viento me revuelve la falda mientras nos dirigimos hacia su coche.

El uniforme que nos obligan a usar en la USF es igual de horrible que el que teníamos en Stoneview.

Las faldas de tartán burdeos y blanca combinan con las corbatas, y las camisas de botones blancas son de lo más aburridas.

Tiro mi mochila en el asiento trasero de su Mercedes Clase G y me monto en el asiento del copiloto.

— ¿Cómo te imaginas que será tu primera noche de iniciación? —me pregunta Chester a la vez que arranca el coche—. Las nuestras han sido horribles. Ayer vomité en clase porque nos obligaron a beber hasta las siete de la mañana. Y eso que era la primera noche.

Suelto un bufido y dejo caer la cabeza contra el asiento.

—No me apetece nada tener que pasar por la iniciación. Harper ha sido superfalsa conmigo desde la noche de bienvenida, así que va a hacerme la vida imposible.

No añado que la he estado evitando porque me da miedo que descubra lo que pasó con Xi.

Quiero echarme a reír. ¿Por qué me importa siquiera? El tío salió corriendo en cuanto le dije que era virgen. Las chicas sin experiencia no le interesan. Fue capaz de hacerme la cena y fingir que le importaba solo para llevarme a su cama. Pero ¿una virgen? No, por Dios.

Nos mudamos a nuestra casa de la sororidad hace un par de días.

No lo he visto ni he sabido nada de él desde entonces, y dudo que vuelva a verlo.

Obviamente se estaba comportando como el típico golfo, lo que significa que ya puedo irme olvidando de él.

Siempre que nos mantengamos alejados el uno del otro, no tengo de qué preocuparme.

Sacudo la cabeza y observo a Chester mientras conduce. Él aprovecha para decirme que si en algún momento no me siento segura con las chicas de Xi Ep, lo llame y vendrá a buscarme.

Chester es todo un caballero, de esos de los cuentos de hadas.

Su pelo rubio siempre brilla al sol, y sus ojos azules hacen que todas las chicas se derritan con su mirada amable.

Es todo lo que yo no querría volver a tener.

No después de probar lo que sería estar con un hombre más bruto, alguien que me arrebatara el poder de elección y no pudiera contenerse de hacerme suya.

«Si fueras mía, no podría parar de tocarte, y no me importaría lo que dijeras».

Las palabras de mi secuestrador se me han quedado grabadas. Es justo lo que siempre me he avergonzado de desear. Mi oscuro secreto que nadie sabrá jamás. Es la misma razón por la que me corrí con sus caricias.

Quiero a alguien que no me d é opción.

Xi me hacía sentir así. Su mano izquierda en mi cintura, la derecha debajo de mis pantalones cortos. Su cuerpo apresando al mío mientras describía cómo me degradaría.

Suspirando, asiento y le sonrío a Chester.

—Eres el mejor.

Aparca frente a la licorería en la ribera sur de Silver Falls y ambos nos bajamos del coche. Compra tanto alcohol que tardamos unos cuarenta minutos en meterlo todo en el maletero.

—No siento los brazos —resoplo al subirme de nuevo al coche.

—Eres la mejor por ayudarme. Y gracias por el Hubba Bubba. —Se mete media tira de chicle en la boca. Apoya la mano en mi muslo y me lo aprieta de forma juguetona—. Eres mucho más fuerte de lo que aparentas.

Doblo el brazo con dramatismo como un fisicoculturista y flexiono el bíceps.

—Años de animadora y de natación, querido.

Él estalla en carcajadas antes de rodearme el bíceps con la mano.

—Caray. —Me suelta y se pasa la mano por el pelo antes de dedicarme una sonrisa triste—. Eras una animadora increíble, Alex. —Hace una mueca.

—Ah, no. No vamos a ponernos en plan «pobrecita Alex» ahora mismo.

Teniendo en cuenta que me partí el brazo en dos y que la rehabilitación fue larga y dolorosa, ahora vuelvo a tener una vida relativamente normal.

Aunque ya no puedo ser animadora ni nadar, porque esos deportes son demasiado duros para los brazos.

El médico dijo que podría volver poco a poco en un año, y a competir de nuevo en dos.

Pero las competiciones no esperan por los lesionados. Ambos deportes se acabaron para mí.

—Que no, te lo prometo. —Duda, pero luego admite—: Bueno, vale, quizá sí que sentí un poco de lástima, pero me da pena que tuvieras que renunciar a ello solo porque un cabrón te partió el brazo y te dislocó el hombro. No es justo, joder.

El corazón se me acelera al recordar mi noche en North Shore.

—Bueno, no fue cosa suya. Me rompí el brazo y me disloqué el hombro al lanzarme contra una ventana tapiada. —Me encojo de hombros—. El instinto de supervivencia te hace cometer estupideces.

—Sigue siendo su culpa —responde, cabreado—. Ojalá lo hubieran atrapado. A él y a sus amiguitos. Quizá así nosotros… —Niega con la cabeza—. Olvídalo.

Mis amigos no saben qué fue lo que ocurrió exactamente . Saben que me secuestraron, que me retuvieron para pedir un rescate y que intentaron abandonarme en una casa en llamas. Eso me basta para justificar mis ataques de pánico. No saben qué ocurrió dentro de esa casa. Nadie lo sabe.

Apoyo una mano tranquilizadora sobre su hombro.

—Nos va mejor como amigos. Ambos lo sabemos.

Se pasa la lengua por los labios y me dedica su mejor sonrisa falsa. Lo conozco demasiado bien como para saber que no es real.

—Sí.

El sonido de su móvil interrumpe nuestra conversación. Pulsa el botón en la pantalla del coche.

—Buenaaaas —grita una voz fuerte—. ¿Qué tal, novato?

Chester pone los ojos en blanco antes de responder.

—He conseguido todo el alcohol que me pediste. Voy de camino.

—Bien, bien. Solo falta una última cosa. Necesitamos que recojas las pastis también. Nuestro colega irá al aparcamiento, así que no te vayas aún. Nos vemos luego.

La llamada termina y Chester se vuelve hacia mí.

—Puedo llevarte a Xi Ep y volver.

—No seas tonto. —Le revuelvo el pelo sedoso que le cae hasta las orejas—. Bueno, ¿qué vais a hacer esta noche entonces?

—Hemos organizado un fiestón, y me imagino que habrá un montón de retos para los novatos. Creo que vosotras también vais a venir.

—¿En serio? Ojalá supiera lo que se traen entre manos Harper y Camila. El no saber nada es horrible. Oí a una amiga de Harper decir que el año pasado obligaron a las novatas a correr por el jardín sin camiseta.

—Joder —resopla Chester—. Ojalá haberlo visto.

—Cállate —me río, y le pego un manotazo en el brazo—. Solo espero que no vayan a machete con las novatadas. Menos mal que tengo a Peach y a Ella a mi lado.

El teléfono de Chester suena al recibir una notificación y él echa un vistazo al coche que aparca justo frente a nosotros. Sigo su mirada y el corazón me da un vuelco al ver la Ford Ranger negra.

Xi.

Por supuesto que Xi es quien les vende las drogas. ¿Cómo no se me había ocurrido?

Siento una punzada en el corazón cuando me fijo en la preciosa chica que está sentada a su lado.

«No te pongas triste. Ya sabes cómo es».

La chica tiene un pelo negro precioso que le cae por los hombros y unas facciones marcadas que dejan claro que no deberías meterte con ella. Me muerdo el carrillo al pensar que probablemente esa sea la clase de chicas que le gustan a Xi. Las fuertes, las que se defienden.

Me pego una bofetada mental por culparme de no conseguir que un tío en el que no se puede confiar se quede a mi lado.

Me vibra el móvil sobre el regazo. Me quedo paralizada al ver el mensaje.

Xi

Dime que no estás a solas en un coche con tu ex.

¿Cómo narices ha conseguido mi número? ¿Y por qué tengo el suyo guardado en mi teléfono? ¿Y cómo sabe mi historia pasada con Chester?