5 #2
La chica de mi derecha se inclina sobre la mesa y se mete la raya de coca que acaba de cortar. Abro los ojos como platos, pero intento controlar mi reacción. Si no acostumbro a ir a fiestas, mucho menos a consumir drogas.
Harper coge un chupito de tequila y sus amigas la vitorean cuando se lo bebe de un trago. Me mira, coge otros dos de la mesa y me los da.
—No, gracias. Ya he bebido mucho. —Sonrío con timidez.
Todavía me arde la cara por la cantidad de alcohol que he tomado. Como beba algo más, me dará un vahído.
—Tienes que beber el doble que tu hermana mayor. Son las reglas esta noche —me recuerda.
Su sonrisa falsa brilla incluso de noche. Se me revuelve el estómago mientras miro los chupitos. En casa me costó menos bebérmelos, cuando todavía estaba sobria.
—No me parece buena idea.
—Venga, Alex —insiste otra—. Es la noche de la invitación.
Mira, no deberíamos contarte esto, pero nos caes bien.
Aprovechamos esta noche para ver quiénes son las chicas más débiles de la sororidad y así decidir a quién vamos a presionar más durante la iniciación.
Sinceramente, te recomiendo beberte los chupitos, porque si no lo haces, será mucho peor.
Me giro hacia Harper para comprobar si dice la verdad con una mirada silenciosa. Ella asiente.
—Queremos que formes parte de nuestro grupo, Alex. No te quedes atrás.
Sin pensarlo, me bebo los dos chupitos. Toso y parte del tequila me cae por la barbilla antes de limpiarme la boca con el antebrazo. Todas estallan en carcajadas al tiempo que Harper ladea la cabeza. Es la única que no se ríe. No, se limita a observarme.
—Genial —dice, y me da unas palmaditas en la espalda para que deje de toser.
Saca una bolsita de su bolso y echa más cocaína en la mesa de cristal. La corta con su tarjeta, hace una línea perfecta y una de sus amigas le pasa un billete de cien dólares enrollado. Harper baja la cabeza e inhala la mitad en un segundo.
—Joder —se ríe—. La mercancía nueva de Xi es una pasada. El cabrón es bueno, ¿ eh?
Peach tenía razón. Xi es un camello, es evidente. Estoy viendo la prueba con mis propios ojos. Un sentimiento de decepción me invade al comprender que me estaba volviendo loca por alguien que claramente no es para mí.
Todas le dan la razón a Harper antes de que ella me pase el billete enrollado.
—Te toca.
Niego con la cabeza.
—No consumo.
Harper arquea una ceja.
—¿En serio? ¿Entonces de qué conoces a Xi?
—Eh… —La cabeza me da vueltas y a mi cerebro borracho le cuesta entender su voz. Las palabras se me escapan sin que me dé tiempo a pensar si debería mentir o no—. Él… me rescató de North Shore cuando me robaron el coche.
—¿Te rescató? —se burla una de las chicas—. ¿Estamos hablando del mismo imbécil?
Harper suelta una carcajada burlona.
—Créeme, Xi no es ningún héroe.
Asiento para mostrarle que no quiero contradecirla.
—No pienso que lo sea.
Coge un chupito de tequila y se lo bebe antes de volverse hacia mí.
—Te toca.
—No puedo. Estoy muy borracha. Como beba más, vomito.
—Dios, Alex —bufa—. ¿Siempre eres así de aburrida?
Trago saliva y niego con la cabeza. En lugar de defenderme, cojo los dos chupitos y me los bebo.
Las demás aplauden.
—Bien hecho —me felicita una de ellas.
Se me revuelve el estómago y tengo que tragarme la bilis. Me niego a vomitar. Sería demasiado embarazoso.
—Alex —me llama otra—. ¿Qué piensas de Xi?
—Está muy bueno.
Las palabras se me escapan y me tapo la boca. Todas se ríen, excepto Harper.
—Oye —dice Harper, que apoya una mano sobre mi rodilla. La miro, pero me pesan demasiado los párpados—. Odio ser esa clase de chica porque mis hermanas siempre son lo primero, pero Xi y yo llevamos juntos un tiempo.
Frunzo el ceño y ella sonríe. Está encantada ahora mismo.
—No es nada serio, pero todas las chicas de la sororidad saben que está prohibido. En otras palabras, es mío y no quiero que te interpongas.
—V-vale —balbuceo.
Se me cae la cabeza hacia adelante cuando intento asentir y todas se ríen.
—Eres una de nosotras, ¿verdad, Alex? —insiste Harper—. No quieres enfrentarte a tus hermanas. Odiaría que te hicieran la vida imposible en Xi Ep.
—N-no me interpondré. Te lo prometo.
Intento volverme hacia ella, pero me agarra por la nuca.
—Y ahora, demuéstrame que eres una chica obediente.
Me pone el billete de cien dólares en la mano y me coge de la muñeca para colocar mi mano sobre la mesa. Antes de darme cuenta, me empuja la cara hacia abajo.
Gimoteo, convencida de que me voy a pegar un golpe contra el cristal, pero Harper me sostiene.
—Venga, ya verás c ó mo te gusta —me susurra al oído.
Presiona su dedo contra mi orificio nasal izquierdo y me corta la piel con la uña mientras me acerco el billete al orificio derecho. Con la mano temblorosa, alineo el billete con el polvo blanco e inhalo. Harper es quien me guía para que aspire todo.
Me levanta la cabeza y suelto el billete. Me arde la nariz, como si necesitara estornudar. Siento que me va a empezar a sangrar mientras toso y me froto las fosas nasales.
Todas se echan a reír.
—Eres la hostia —aplaude Harper—. Te convertiré en la mejor hermana pequeña.
Me sube un mareo de golpe y todo empieza a darme vueltas.
—No me encuentro bien —lloriqueo.
—Entonces deberías irte a casa —sugiere Harper con una sonrisa burlona.
—Creo que no puedo caminar en este estado —balbuceo—. ¿Podéis… podéis ayudarme?
Se me llenan los ojos de lágrimas cuando todas se quedan en silencio.
—No te pasará nada. —Es lo único que me dice Harper antes de mandarme callar con la mano.
Se quedan mirándome, esperando a que me vaya. Al levantarme, el mundo entero se inclina. Me tambaleo hacia un lado y me choco contra la barandilla del patio. Unas risas me rodean, pero sigo adelante, sujetándome a la baranda para mantenerme en pie.
No sé cuánto tiempo tardo en salir de la casa. La fiesta sigue en pleno apogeo, y tengo que cruzar demasiadas habitaciones como para contarlas. Quiero llamar a Chester o a las chicas, así que busco el móvil en mi bolso rosa durante varios minutos antes de recordar que no tengo teléfono.
Pedí otro al día siguiente de que me lo robaran junto con el coche, pero todavía no ha llegado. Me paso las manos por la cara; el subidón de la cocaína me acelera el corazón y me hace entrar en pánico.
Tomo una bocanada profunda y temblorosa. Estoy colocada y muy borracha. Veo borroso, me tiembla el cuerpo y, básica mente, me han echado de la fiesta.
Y todo por admitir que conocía a Xi y que me parecía guapo.
Peach tenía razón. Harper es una zorra, y Xi solo me traerá problemas.
Luchando por poner un pie delante del otro, cruzo el césped y tardo una eternidad en salir a la calle. La USF y sus alrededores son cien por cien seguros, por lo que no tengo de qué preocuparme. Pero soy una chica en un estado vulnerable, y no confío en nada ahora mismo.
Camino tambaleándome, a veces corriendo, a veces sintiéndome demasiado mareada como para seguir. Noto un sabor asqueroso al fondo de la garganta, como si se me hubiera quedado atascado parte del polvo blanco.
Han pasado dos coches por mi lado, uno claramente lleno de estudiantes borrachos. Me gritaron que estaba muy buena, aunque ninguno se ofreció a ayudarme. Pero bueno, mejor. Lo único que quiero es llegar a casa y no hablar con nadie.
Sin embargo, el universo parece tener otra idea.
Oigo que un coche reduce la velocidad detrás de mí. Demasiado asustada como para darme la vuelta, acelero el paso y cruzo los brazos sobre el pecho. Siento que me va a dar un ataque al corazón. Todo me resulta demasiado intenso y no dejo de parpadear.
El coche avanza a mi paso y el miedo me envuelve por completo. Empiezo a trotar y el coche acelera.
Entro en pánico y me preparo para echar a correr, pero entonces lo escucho.
—Alexandra.
Esa voz. La forma en la que dice mi nombre.