Heartless Beloved (North Shore 2) 5
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ALEXANDRA

No Romeo Dylan

—¿Xi? —repito.

—Sí. Se pronuncia «Zi», pero él lo escribe como Xi.

Me imagino que se tratará de un apodo. Me dijo que se llamaba Ziad.

—Alex, ¿nunca has oído hablar de Xi? —me pregunta Peach mientras se lleva una mano a la cara en señal de exasperación.

—Me huele a que me vais a contar algo horrible sobre él, y no sé si estoy preparada para escucharlo, la verdad. —Hago un puchero y miro a Peach y después a Ella—. Por favor, no os carguéis mi fantasía.

—Es un golfo, Alex —responde Peach sin consideración—. Es lo puto peor, y nadie le dice nada porque siempre se folla a lagartas de Stoneview que quieren catar a un chico malo antes de volver con sus novios ricos. Tanto ellas como él son tal para cual.

—Y es un maleducado y un borde —añade Ella—. Es imposible mantener una conversación con él a menos que quiera follarte. E incluso así, estoy bastante segura de que el tío sigue la ley del mínimo esfuerzo para llevarse a las tías a la cama.

Se me cae el alma a los pies y la decepción me invade.

—Pues conmigo fue muy majo —murmuro.

Bueno, quizá «majo» no sea la palabra, pero me rescató.

—Pues claro que lo fue. ¿Tú te has visto? Seguro que quiere metértela —añade Peach con su franqueza habitual.

—¿Y vosotras de qué lo conocéis?

—Yo lo conocí en una fiesta en North Shore. —Ella se encoge de hombros. Abro los ojos como platos y ella se apresura a añadir—: No me lo tiré. Creo que fui demasiado amable para él. Le van más las brujas de Stoneview, ¿sabes? Como Camila Diaz y su séquito.

Camila era estudiante de último año cuando nosotras todavía íbamos a noveno.

Era la reina del colegio privado de Stoneview y perpetuaba la cultura de que solo puede haber una abeja reina y de que todas las demás deben adorarla o pasarlo mal durante el instituto.

Así que sí, era una bruja, aunque parece que ha cambiado desde entonces.

Ahora es la presidenta de Xi Épsilon , y fue muy amable durante la semana del reclutamiento.

—O como Harper —afirma Peach mientras vemos cómo la susodicha se acomoda en el regazo de Xi.

—Harper no es una lagarta —digo.

Me vuelvo hacia mis amigas, y sus miradas mordaces me lo dicen todo.

—Es muy maja —la defiendo.

—Alex —resopla Peach—. Eres demasiado inocente para este mundo. Todos son majos durante la semana del reclutamiento. Espera a la iniciación y ya verás.

Sus palabras me retuercen el estómago, pero las ignoro. Peach es muy pesimista. Eso la hace más fuerte al estar preparada para todo lo que venga, aunque también le faltan sueños y pasión.

—Bueno, conmigo se ha portado bien, así que seguiré creyendo que es una buena persona hasta que me demuestre lo contrario. Como Xi. Madre mía. —Sonrío—. Es mi momento Sparks Fly , chicas. Taylor se sentiría orgullosa. —Aleteo las pestañas y empiezo a cantar—. You’re the kind of reckless…

—Y ahí está tu problema —me interrumpe Peach—. Eres una soñadora y solo ves el lado bueno de la gente. Por eso todo el mundo te pasa por encima. No vives en una puta canción de Taylor Swift, Alex.

— Sparks fly whenever you smiiiiiile —canturreo, borracha.

—Peach —la regaña Ella, que acude a mi rescate—. Déjala en paz.

—No me jodas —gruñe—. Le estamos diciendo que Xi es un tío de mierda y que Harper es una zorra. Pero ella prefiere hacer oídos sordos y esperar a que le rompan el corazón cuando se dé cuenta de que volvió a portarse demasiado bien con quien no se lo merecía.

—Ver el lado bueno de la gente no tiene nada de malo —dice Ella mientras me da unas palmaditas en el muslo—. Pero ten cuidado, ¿vale? Xi es un asco de persona.

—Es un puto camello —suelta Peach—. Así es como lo conocí. ¿Te vale mi explicación para mantenerte alejada de él?

Se me cierra la garganta.

—Vale, lo pillo. Deja de ser tan pesada.

—Como derrames una sola lágrima por ese tío, te juro que me vuelvo loca —me advierte.

—Cállate ya —le ladro—. No sabes cuándo parar de ser una zorra.

Me levanto, la cabeza me da vueltas por culpa del alcohol, y entonces recuerdo por qué nos hemos puesto tan intensas.

Peach se vuelve más mezquina cuando bebe y, al parecer, yo me vuelvo…

más complicada. Debería haber sabido que sería la típica borracha que llora.

Soy demasiado emocional y siempre pienso que he hecho algo malo, lo que solo empeora con el alcohol.

Sé que vamos todas demasiado borrachas, pero estoy dolida y quiero estar sola.

—Os veo en casa.

—No, Alex, no te vayas —suplica Ella—. Peach, pídele perdón.

—No pienso disculparme. Tiene que madurar.

—Eres una cabezota de mierda —bufa Ella. Se levanta y me coge la mano—. Te acompaño a casa. No quiero que vuelvas sola por la noche.

—Yo paso de esta mierda. Me vuelvo dentro —suelta Peach con toda la calma del mundo, como si no acabara de montar un pollo.

—Peach, espera —grita Ella. Se vuelve hacia mí—. Odio cuando hacéis esto.

Sacudo la cabeza y aparto la mano.

—Ve con ella. No dejes que te arruinemos la noche. No me pasará nada, te lo prometo.

—No me gusta dejarte sola. Sé cómo te sientes desde…

—No te preocupes —la corto; no quiero hablar del tema—. Además, estoy cansada y necesito caminar un poco para que se me baje el alcohol. Vete con Peach, ya sabes lo mucho que le gusta ser la reina del drama.

A Ella se le escapa una risa suave y asiente.

—No nos quedaremos hasta tarde.

—No pasa nada si lo hacéis. Pasadlo bien.

Me da un beso en la mejilla y vuelve dentro para encontrar a Peach.

Suelto un largo suspiro y echo la cabeza hacia atrás para mirar al cielo.

Supongo que ha llegado el momento de ser una adulta y volver sola a casa.

Quizá no encajo en estas fiestas. Es la primera vez que lo intento, y aunque al principio me lo estaba pasando bien, ahora empiezo a sentirme como Taylor en Anti-hero .

Dejo que mis pies guíen mi cuerpo borracho de vuelta al patio para volver a entrar, pero en cuanto paso junto al grupo de gente allí sentada, una voz oscura me llama.

—Alexandra.

Se me retuerce el estómago. Mi nombre suena delicioso en sus labios.

Giro la cabeza en su dirección de inmediato sin poder evitarlo y me sorprende no derretirme aquí mismo.

Su pelo castaño y alborotado se mueve con la brisa nocturna, y sus ojos se entrecierran mientras le da una calada al cigarro.

Me fijé en los tatuajes de sus dedos cuando agarraba el volante.

El esqueleto de una mano le cubre la piel, y unos escritos en árabe le rodean la muñeca.

Me quedo paralizada en cuanto nuestras miradas se encuentran. Sus ojos son del color del ojo de tigre; distintas tonalidades de marrón que se entremezclan y brillan bajo la luz.

—H-hola —balbuceo.

Todo mi cuerpo se pone en modo alerta. Me tiemblan las rodillas un poco a causa de su presencia y de que otras tres personas no pierden detalle de nuestra interacción. A él se le iluminan los ojos con diversión, consciente del efecto que tiene sobre mí, pero no sonríe. Como si no se lo permitiera.

—¿Os conocéis? —Doy un respingo cuando la voz de Harper pone fin a nuestra pelea de miradas.

Me vuelvo hacia ella con el corazón acelerado.

—Eh… —vacilo.

—Sí —responde Xi con naturalidad—. Ven a sentarte con nosotros. —Suena más a orden que a ofrecimiento—. No sabía que eras una chica de Xi.

Se me para el corazón y empiezo a acalorarme, sin entender de qué habla… hasta que caigo en que se refiere a Xi Épsilon , la sororidad. No a… una de sus chicas. Claro que no.

Miro a Harper y su mirada se endurece.

—En realidad —dice mientras se recoloca sobre su regazo y le rodea el cuello con un brazo—, Alex es una candidata, por lo que todavía no forma parte de la sororidad. No hasta que supere la iniciación. ¿Verdad, Alex?

Asiento con rigidez.

—Sí, claro.

Xi le da otra calada al cigarro y ladea la cabeza para echar el humo.

—Te vas a portar bien con ella, ¿verdad, Harper? Sería una pena hacerle daño.

Las palabras de Xi dicen una cosa, aunque sus ojos dicen todo lo contrario en lo que se refiere a hacerme daño.

Como si se muriera de ganas de hacerlo.

Por cómo Harper aprieta la mandíbula, asumo que Xi acaba de meterme en problemas, pero soy incapaz de decir algo para detenerlo.

—No recibirá ningún trato especial —escupe Harper con rabia—. Me da igual que su madre perteneciera a esta sororidad y que se apellide Delacroix. En Xi Ep tratamos a todas por igual.

—No querría…

—Alex —me interrumpe—. Sé buena y tráele a tu hermana mayor una copa. —Sus pulseras de plata tintinean alrededor de su muñeca cuando extiende la mano y me tiende su vaso rojo—. White Claw.

Asiento de nuevo y me apresuro a coger el vaso.

—Claro.

Clavo los ojos en Xi, que me observa mientras me alejo.

El corazón todavía me late a toda velocidad cuando llego a la nevera de la cocina. Cojo una lata de White Claw y la vierto en el vaso de Harper. Lo dejo sobre la encimera y me agarro al borde para respirar hondo.

Tengo que llevarle la bebida a Harper e irme a casa. Es obvio que no quiere que me entrometa en su camino, y me niego a poner en riesgo mis cuatro años en una sororidad por un tío. Especialmente por uno sobre el que mis amigas me han advertido.

Decidida a ponerle fin a la noche e ignorar a Xi en el proceso, le llevo la bebida a Harper.

Una oleada de decepción me invade al darme cuenta de que tanto Xi como su amigo se han ido.

En su lugar, ahora está acompañada por otras dos chicas de nuestra casa y han traído diez chupitos de tequila.

Pero eso no es lo que más me sorprende. No, lo que me deja helada es la raya de polvo blanco que están haciendo sobre la mesa con una tarjeta Centurión.

Me acerco con cuidado y le entrego a Harper su bebida.

—Aquí tienes.

—Ay, gracias, cielo. Eres la mejor. Ven. —Da golpecitos en el asiento a su lado—. Siéntate con nosotras.

—No te preocupes. —Extiendo las manos delante de mí—. Yo ya me iba. Ha sido un día muy largo y…

—No seas ridícula. —Me agarra de la muñeca y tira de mí hasta que me siento—. Eres nuestra hermana. Tienes que divertirte un poco con nosotras.

Respiro hondo y asiento.

—Vale.