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ALEXANDRA
Get Stüpid bülow
—Bienvenido a nuestro castillo —exclama Ella al abrirle la puerta a Chester.
Oigo su tímida risa antes de que entre, seguido de nuestro otro amigo, Wren.
La sonrisa de Chester se ilumina cuando posa su mirada en mí.
Estoy sentada en la barra de la cocina, con un plato de fruta picada delante, terminándome mi aperitivo y leyendo un libro que mi padre me mandó ayer.
Tengo que leer un libro distinto cada tres o cinco días.
No importa la extensión ni el tema. Tengo que acabarlo.
Los dos chicos abrazan a Ella antes de entrar en la cocina americana.
—¿Dónde está Peach? —pregunta Wren tras darme un rápido abrazo.
Me llevo una fresa a la boca y señalo hacia el pasillo con la cabeza.
—Durmiendo —respondo mientras mastico—. Estamos agotadas por la semana del reclutamiento. —Señalo un plato sobre la encimera—. He hecho galletas para todos. Servíos.
—Perfecto.
Nos hemos tirado los últimos cinco días yendo a todas las reuniones de las sororidades que nos interesaban.
Yo lo hice por cumplir, pues siempre tuve claro cuál era mi primera opción.
Por suerte, ayer fue el día de preferencia y salió todo perfecto, por lo que estoy bastante segura de que recibiré una invitación hoy.
Aun así, el estrés de que todo salga mal y que ninguna te elija no desaparece. Mi madre se volvería loca.
Chester se acerca, me da un fuerte abrazo y un beso en la mejilla.
—Me he enterado de que ayer te invitaron a dos de tus favoritas.
—Sip —respondo con alegría antes de llevarme a la boca la última fresa.
Después me bajo del taburete y dejo el plato en el fregadero. Ella abre la nevera y saca un par de cervezas; se las da a los chicos y coge otra para ella.
—¿Quieres algo, Alex?
—No, gracias.
Siempre he sido la amiga aburrida que no prueba el alcohol, aunque ya están acostumbrados. Saben perfectamente cómo es mi padre y que no merece la pena insistir. En vez de eso, cojo mi lata de Coca -Cola Zero ya abierta.
—¡Peach! —grita Wren desde la cocina—. ¡Hoy es el gran día! ¡Sal de la cama!
—Qu é envidia me da que vosotros estéis en la misma fraternidad. Como nosotras acabemos en sororidades distintas, me muero —se queja Ella con un puchero.
—Zeta Nu, nena. —Chester choca su botella de cerveza contra mi lata mientras me guiña un ojo—. Qu é ganas tengo —añade.
—Refrescadme la memoria, ¿qué sororidad queríais? —pregunta Wren antes de pegarle un trago a su bebida.
—Xi Épsilon . Madre mía, chicos, os lo hemos dicho un millón de veces —gimotea Ella.
—Por supuesto —se ríe Chester—. La señorita Legacy ya tiene un hueco reservado para ella en esa casa.
—Peach y yo llevamos semanas lamiéndoles el culo a todas mientras que Alex solo hacía acto de presencia y esperaba a que las sororidades se arrodillaran y le suplicaran que se uniera a ellas.
Todos estallan en carcajadas ante las palabras de Ella.
—Menos Xi Épsilon —me defiendo—. Mi madre dice que son las más exigentes con las hijas de exalumnas. No quieren que demos nada por sentado.
Siento una pelota de ansiedad en el estómago. Como no entre, no dejarán de echármelo en cara nunca.
Wren resopla.
—Seguro que esa regla no se aplica a quienes se apellidan Delacroix.
Bajo la mirada a la lata que sostengo entre las manos. Jugueteo con la anilla, presionándola con la uña una y otra vez. Puede que me acepten, pero una vez dentro, quién sabe cómo tratan a las chicas que consideran una amenaza.
—No te preocupes, Alex —me tranquiliza Ella, como si pudiera leerme la mente—. Si esas brujas se meten contigo, Peach les dará una paliza.
—Hará una voltereta y les pegará una patada en toda la cara —añade Chester—. Igual que Ella.
Ella asiente.
—Habrá que sacarles partido a las habilidades de animadora, querida.
Chester me pasa un brazo por los hombros.
—Protegeremos a nuestra chica favorita cueste lo que cueste.
Una sonrisa agradecida se me dibuja en el rostro al mirarlos a todos.
—Os quiero, chicos.
—Muy bien —resuena la voz adormilada de Peach desde el pasillo—. Ha llegado el momento de descubrir quiénes serán nuestras hermanas durante los próximos cuatro años.
—Vosotras sois mis hermanas —añade Ella con un tono alegre.
—Que cursi. Me está dando urticaria —dice Wren mientras le despeina el pelo y ella lo empuja.
—Cállate. Somos adorables —se defiende.
Recogemos nuestras cosas y nos vamos. Tenemos que reunirnos con las demás en el campo de fútbol. Allí nos darán nuestras cartas para saber a qué sororidad nos han invitado.
Por extraño que parezca, creía que estaría mucho más feliz cuando me aceptaran en Xi Épsilon .
Me siento genial, aliviada al saber que mi madre estará orgullosa de mí por haber entrado en la misma sororidad de la que ella formó parte, pero el día ha sido muy largo y no puedo dejar de pensar en una persona.
Nos han enseñado cuáles serán nuestras habitaciones en la casa una vez que empiece la iniciación.
Hasta entonces, seguiremos en nuestros apartamentos.
Las sororidades de la USF no son como me las había imaginado.
Todas contamos con un dormitorio privado con baño propio, uno para cada una de las cincuenta chicas que viviremos aquí.
La casa es prácticamente un castillo; me he perdido unas cinco veces en lo que va de día.
Eso debería haberme mantenido ocupada, pero no puedo parar de pensar en Ziad.
He conocido a mi hermana mayor, Harper, quien me hará de guía en las próximas semanas. Y mientras sonreía y hablaba con ella, no paraba de recordar la última vez que vi al hombre que me ayudó. Lo cerca que estaba su cuerpo, cómo me retuvo contra la pared, la yema de sus dedos en mi barbilla.
A las seis de la tarde estoy lista para irme a la cama. El día ha sido agotador, y yo ya no soy tan sociable como antes. Peach me ataca en cuanto ve que tengo la mirada perdida.
—No, Alex —susurra, y chasquea los dedos. Estamos todas sentadas en el gigantesco salón, escuchando el último discurso del día de la presidenta —. Esta noche no permitiré que seas una abuela y te vayas a la cama a las ocho.
—Señoritas —nos llama nuestra presidenta.
Camila Diaz es una mujer preciosa con las curvas más espectaculares que he visto nunca.
Por el rabillo del ojo veo cómo Peach la devora con la mirada—.
Lo dejaremos aquí por hoy para que podáis ir a casa, descansar y prepararos para la fiesta de esta noche.
Empezará a las ocho, y nos juntaremos con los chicos de Zeta Nu durante la noche.
Por favor, recordad cómo debéis comportaros en las fiestas de las fraternidades.
Ahora representáis a Xi Épsilon , por lo que actuaréis como señoritas respetuosas. Os veo luego, chicas.
Aplaudimos antes de marcharnos todas a casa.
—Estoy agotada —me quejo mientras regresamos al campus principal—. ¿De verdad tenemos que ir a la fiesta?
—Ya empezamos. —Ella pone los ojos en blanco y empuja a Peach—. Nuestra pequeña antisocial ha vuelto.
—En cuanto le quitemos el ojo de encima, nos la encontraremos hecha una oruga entre las mantas.
—Alex, tienes prohibido echarte una siesta cuando lleguemos a casa. De lo contrario, ya no conseguiremos sacarte de la cama —me regaña Ella.
—Nos arreglaremos y beberemos en casa. Invitaremos a los chicos —sugiere Peach, quien se coloca entre Ella y yo y pasa un brazo alrededor de cada una.
—Bien dicho, tía. Eso es lo que quería oír —salta Ella para alentar la idea de Peach.
—¿Sabéis qué? —Sonrío. Una fiesta y unas copas me ayudarán a sacarme de la cabeza a Ziad y a los miles de pensamientos que he tenido sobre él en los últimos días—. Me apunto. Incluso puede que beba un poco. Tenemos que celebrar que somos chicas Xi Ep.
—Jolín, chicas. Os quiero.
—Ella se está poniendo sentimental otra vez —se ríe Peach—. Hay que darle una cerveza.
—Oh, ¡esperad! —Saco la cámara Polaroid de mi bols o y extiendo el brazo—. Juntaos. Es la foto de este mes.
Clic.
Me detengo frente al espejo de la entrada mientras Peach abre la puerta.
—Vamos, Alex. Llegamos tarde.
Termino de ponerme el pintalabios y lo difumino con el dedo.
Es un tono fucsia que contrasta a la perfección con mi piel de porcelana, un color que me encantaba usar.
No me lo pongo desde aquella fatídica noche, pero hoy me siento un poco más yo después de toda nuestra diversión y quiero que el ánimo no decaiga.
En cuanto ponemos un pie en la casa Xi Épsilon , mi hermana mayor, Harper, aparece.
— ¡ Me encanta tu vestido! —chilla.
Me coge de las manos y da un paso atrás para admirarlo. Llevo un vestido negro ajustado con tirantes finos que se abraza mis curvas a la perfección, especialmente en mis tetas.
—Gracias —sonrío—. Me hace muchísima ilusión estar aquí.
—Ven, vamos a por algo de beber. Te estaba esperando para tomarme unos chupitos de tequila. Nos juntaremos con los chicos de Zeta Nu dentro de una hora, allí podremos pasar a lo fuerte.
¿Lo fuerte? ¿Los chupitos de tequila no son ya lo bastante fuertes?
No sé si me apetece tomarme unos chupitos.
Más allá de la copita de vino ocasional que mi padre compartía conmigo para enseñarme a saborearlos, nunca he bebido.
Aun así, la sigo hasta la larga mesa en la que descansan todas las bebidas.
Peach y Ella estarán conmigo, por lo que sé que no me pasará nada.
Para cuando llegamos a la fiesta de la fraternidad, estoy borracha y pasándomelo genial.
Grito los cánticos de Xi Épsilon por toda la calle con mis hermanas, agarrada de la mano de Peach y Ella como si no hubiera un mañana, y cuando por fin entramos en la casa, la felicidad se une a mi estado de euforia.
—¡Chester! —grito al verlo en las escaleras—. ¡Lo hemos conseguido!
Va igual de borracho que nosotras. Lleva «Zeta Nu» escrito en la frente con un rotulador negro y una corbata atada alrededor de la cabeza con la parte larga hacia un lado.
—Bien hecho, preciosa.