Heartless Beloved (North Shore 2) 2
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ALEXANDRA

Not Another Rockstar Maisie Peters

Jordan ya se ha marchado con todas mis cosas en el coche grande.

—Mamá —gimoteo—. Venga, que ya soy mayor.

Me monto en el coche, pero ella me impide cerrar la puerta.

—Cariño, ni siquiera me has dado un abrazo de despedida.

—Lo siento —resoplo.

Me bajo y la abrazo con fuerza.

Heredé su preciosa melena rubia; entierro mi rostro en la suya sin soltarla. Tiene unos ojos azules preciosos, pero el color avellana de los míos lo saqué de mi padre.

Nos separamos y, en cuestión de segundos, ya estoy saliendo por la entrada de nuestra casa. Sin tener claro cómo llegar a la USF, pongo el GPS y sigo avanzando.

Casi cuarenta minutos más tarde, por fin estoy entrando en Silver Falls cuando Ella me llama.

—Acabas de llamar a la mejor amiga del mundo entero —exclamo con entusiasmo tras presionar el botón verde en la pantalla del coche.

—Pf, Peach está acabando conmigo. ¿Dónde estás?

Echo un vistazo al GPS y frunzo el ceño.

—Eh… Acabo de entrar en Silver Falls, pero pone que todavía me quedan veinticinco minutos. Supongo que hay tráfico.

—Están en obras —me explica mi amiga—. Tu GPS igual se vuelve un poco loco, pero está todo señalizado.

—El viaje se me está haciendo eterno. Qué ganas tengo de llegar —me quejo.

—Los uniformes son peores que los del insti de Stoneview, aunque Peach jura que las faldas son más cortas. ¿Le puedes explicar que eso es una tontería?

Se me escapa una risa y sacudo la cabeza.

Como la USF está afiliada con la Escuela Secundaria Stoneview, es la única universidad de los Estados Unidos que tiene un código de vestimenta estricto o, dicho de otro modo, un uniforme.

Pero cuenta con una reputación tan respetada que ese pequeño detalle no impide que todos nos muramos por entrar en ella.

—Se me hace raro ver a los posgraduados paseando con ropa de calle mientras nosotras tenemos que llevar uniforme —continúa Ella.

Giro por una calle que no conozco y echo un vistazo a mi alrededor. Nunca antes había pasado por esta zona, pero el GPS insiste en mandarme por aquí.

—Por cierto, nos hemos cruzado con unas chicas de Xi Épsilon . Como no entremos todas, les quemo la casa.

Veo una señal temporal en la que se lee « desvío » y pongo el intermitente para girar a la izquierda.

—Estoy perdida —murmuro.

—A ver, que tú vas a entrar sí o sí por tu padre, pero el mío no para de meterse en líos últimamente.

—Espera, Ella —digo mirando a mi alrededor—. Estoy perdidísima.

No hay más señales de desvíos y no tengo ni idea de hacia dónde ir. La calle se extiende delante de mí, y no sé si debería girar hacia la derecha o hacia la izquierda en algún momento.

—¿Estás en la carretera principal?

—Creo que estoy en la que conduce al río Silver Snake, aunque por aquí no se va a la USF. El campus está mucho más cerca de las cataratas, ¿no?

—Sí, pero esas carreteras están cortadas por las inundaciones de la semana pasada. Las están reconstruyendo. Tú sigue en dirección al río hasta que veas otra señal de desvío.

Tomo una bocanada de aire y sigo conduciendo. Le acabo de decir a mi madre que soy una mujer adulta y ahora estoy entrando en pánico porque no sé orientarme en Silver Falls. Me voy a mudar aquí, así que supongo que es normal que me pierda alguna que otra vez.

Cuando llego al final de la calle, por fin veo la señal de desvío y me tranquilizo. Giro a la izquierda, en dirección opuesta a donde había asumido que estaba ubicada la USF.

—Madre mía, es el peor desvío en toda la historia de Silver Falls —gruño—. Qué ganas tengo de llegar.

—No te preocupes. Nos morimos de ganas de verte, pero, a poder ser, que sea entera.

—Su respuesta me llega amortiguada, como si se hubiera alejado el teléfono.

Después, vuelve a hablarme—: Peach dice que acaba de recibir una alerta en su móvil de que han cortado otra carretera, por lo que quizá el camino hasta el campus ha cambiado desde esta mañana.

El tráfico disminuye y veo una señal que me manda girar a la derecha.

Me salgo de la fila de coches mientras me pregunto por qué todos siguen pegados a la izquierda cuando claramente hay un camino más rápido a la derecha.

Alguien me pita y miro en su dirección. En el coche, una mujer con sus hijos niega con la cabeza.

No lo entiendo, no he hecho nada malo.

—¿Va todo bien?

—No lo sé. La gente está actuando de forma rarísima.

—Los imbéciles no llevan bien los cambios. —Hace una pausa y oigo cómo habla con Peach—. Se encuentra bien, no te preocupes. ¿Verdad, Alex? ¿Estás bien?

Amo a mis amigas; saben que los últimos meses me ha costado bastante lo de estar sola. Creo que Peach y Ella tienen miedo de que me dé un ataque de pánico, pero ahora mismo me encuentro bien. No estoy nerviosa, solo ansiosa por llegar y verlas.

Nunca pillaron a los hombres que me secuestraron. Al fin y al cabo, eran de North Shore. Esa clase de criminales se conoce la ciudad al dedillo. Escaparon, y nunca les vi la cara. Su líder se aseguró de limpiarme su semen con aquellos cubos de agua, por lo que no dej ó ni un solo rastro de ADN.

Eso es lo que más me asusta, el motivo de mis ataques de pánico: que podrían volver en cualquier momento. Me despierto por la noche empapada en sudor porque juro haber oído a alguien entrar en casa o haber visto una sombra pasar junto a mi cama.

Pero en la universidad todo será distinto. Estar lejos de casa me ayudará.

Pongo el intermitente derecho para seguir la señal.

—Sí, estoy bien. La gente está haciendo cola y provocando un atasco de la leche cuando simplemente podrían seguir por donde voy yo….

Freno de golpe, con el corazón a punto de salírseme por la boca.

—Madre mía. —Suelto un grito ahogado.

—¿Qué pasa?

El cartel que tengo delante hace que se me pongan los pelos de punta.

ESTÁS ENTRANDO

EN NORTH SHORE

Echo un vistazo a mi alrededor y me doy cuenta de que estoy sobre el puente de celosía rojo que conduce a North Shore. ¿Cómo he acabado aquí? En menos de diez segundos, el sudor frío me baja por toda la espalda.

Nadie va allí. North Shore pertenece a criminales peligrosos. Pertenece a dos bandas que dominan el territorio, y nadie se atreve a entrar en esta parte de la ciudad.

Yo solo estuve una vez. Cuando ellos me secuestraron.

Algunas chicas de Stoneview darían cualquier cosa por que las invitaran a sus fiestas.

Quieren dejar atrás las fiestas elegantes y juntarse con los chicos malos de North Shore.

Algunas incluso iban con el uniforme puesto solo para presumir ante ellos de que estudiaban en el instituto privado de Stoneview.

Mi padre ni siquiera me dejaba ir a ninguna fiesta en Stoneview, mucho menos en North Shore.

Es lo único que le agradezco de su actitud controladora. Después de aquella fatídica noche, nunca más quise acercarme a esta parte de Silver Falls.

Y ahora estoy en el puente que lleva directo hacia allí.

—Alex, ¿qué ocurre?

—Y-yo… —El corazón me martillea en los oídos—. Ella —digo, presa del pánico.

Tengo que dar la vuelta, pero el puente es tan estrecho que es imposible. Lo único que puedo hacer es cruzarlo y girar al final. Miro por el retrovisor y se me escapa un grito ahogado. Han bloqueado el otro lado, por lo que se ha convertido temporalmente en una carretera de un solo sentido.

—Alex, cielo, dime qué pasa.

—Estoy en el puente que conduce a North Shore. La señal… No lo entiendo.

Alguien toca el claxon detrás de mí y me adelanta a toda velocidad.

—¿Qué hago? —Me entra el pánico—. No puedo. —Niego con la cabeza aunque sepa que no pueden verme—. Ella, no puedo estar aquí.

—No pasa nada, respira hondo. ¿Puedes dar la vuelta?

—Es de un solo sentido.

—Vale, entonces tienes que cruzar el barrio y salir por el otro lado. No pasa nada, puedes hacerlo. Tú respira.

—¡No puedo respirar! —grito.

—Claro que puedes, cielo. Concéntrate y ve poco a poco. Ya sabes cómo se hace. Ensarta las perlas una por una.

Intento respirar hondo, pero me tiemblan los labios. Ella tiene una técnica para gestionar la ansiedad que a veces me funciona. Se imagina que está haciendo un collar de perlas y que cada perla es una pequeña tarea. Si las haces de una en una, antes de que te des cuenta, el collar estará terminado.

—¿Cuál es la siguiente perla? —me pregunta mi mejor amiga con voz suave.

—L-llegar al otro lado del puente —murmuro—. Pero no puedo hacerlo.

—Es peligroso quedarse parada en el puente, Alex. Alguien podría venir a toda velocidad y no verte. Creo que la siguiente perla es quitar el pie del freno y pisar el acelerador. ¿Puedes hacer eso por mí?

Lentamente, levanto el pie del freno y empiezo a avanzar.

—Sí, vale.

Asiento y empiezo a cruzar el puente.

Pasar junto a esa señal me revuelve el estómago.

¿Me llevaron por aquí cuando estaba inconsciente? Supongo que sí. Es el camino más rápido desde Stoneview.

Al cabo de unos segundos, el puente da paso a North Shore. No hay casas a este lado del río, solo una carretera y los bosques que bordean la orilla.

—¿Estás junto al bosque? —pregunta Ella, manteniendo la calma.

—Sí.

—Bien, entonces la siguiente perla es girar a la derecha. No vayas por el camino que atraviesa el bosque.

—¿No sería más rápido cruzar el bosque?

—Es mejor que vayas por el camino largo.

—No quiero ir por el camino largo, Els —respondo con voz temblorosa.

—Lo sé, cielo, pero las carreteras principales son más seguras. No sabemos lo que pasa en esos bosques. Tú ve por el camino largo. Gira a la derecha.

Asustada por el bosque tanto como por el resto de la ciudad, decido hacerle caso a mi amiga.

—Vale, vale.

Giro a la derecha y conduzco pegada al río hasta que la carretera se curva hacia la izquierda y me adentro en el barrio.

Esta zona es todo lo contrario a Stoneview, llena de casas en ruinas y edificios abandonados por toda la calle. Llamo mucho la atención con mi coche deportivo carísimo.