Capítulo 23 Algo en el rincón #3
Más tarde, cuando abrió los ojos, vio a Isabel inclinada sobre ella. Con la cabeza apoyada en el regazo de Isabel, miró a su alrededor, confusa. Simon estaba de pie cerca de allí y, junto a él, se encontraban el mayordomo y el ama de llaves.
Isabel fue la primera en hablar.
—Hemos avisado a la policía.
—¿Por qué? ¿Qué ha pasado? —preguntó Phina, intentando recobrar los sentidos.
—Te han atacado —respondió Simon mientras la ayudaba a sentarse en la silla que había acercado el ama de llaves.
—¿Quién? —preguntó ella exasperada.
—Esperábamos que tú lo supieras —respondió Isabel, negando con la cabeza—. ¿Has visto a alguien? ¿Recuerdas algo?
Phina entornó los ojos y miró de izquierda a derecha.
—No. Lo último que recuerdo es que alguien me agarró por detrás. Al principio, cuando oí que alguien me seguía, pensé que estabas haciéndote pasar por Martin para asustarme —dijo señalando a Isabel—, pero, de pronto, estaban estrangulándome. No tuve ocasión de ver a la persona.
Dos policías irrumpieron antes de que pudiera continuar. Le tomaron declaración a ella, a Simon y a Isabel. Phina no recordaba nada de lo sucedido después de desmayarse.
—Me duele la cabeza —dijo.
—Déjeme ver.— El primer policía se agachó para examinarle la cabeza. —No hay nada que requiera atención urgente. ¿Le duele alguna otra parte del cuerpo?
Phina se incorporó, giró el cuerpo de izquierda a derecha y negó con la cabeza. —No.
—¿Llamamos a los sanitarios?
—No —insistió Phina—. Estoy bien.
—¿Conoce a alguien que pudiera tener motivos para atacarla? —preguntó el segundo policía con el bloc de notas en la mano.
Phina desvió la mirada de una persona a otra, esperando que alguien la ayudase.
—De acuerdo. ¿Alguno de ustedes vio a la persona que pudo hacer esto? —preguntó el segundo policía, pasando la mirada de Isabel a Simon y luego de nuevo a Phina.
Simon tomó la palabra.
—No —dijo—. Estábamos pasando una velada tranquila y las chicas decidieron recorrer el «famoso» pasillo para explorarlo. Poco después de que se separaran, la oímos gritar. Entonces todos acudimos corriendo y la vimos tendida en el suelo, inconsciente.
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Mientras Simon hablaba, Phina intentó recordar los acontecimientos de aquella noche.
Después de que Blake se marchara, Isabel había insistido hasta convencerla de recorrer el pasillo.
Habían charlado mientras caminaban, deteniéndose de vez en cuando para admirar las obras de arte centenarias que adornaban las paredes de las estancias contiguas.
Isabel estaba diciendo algo sobre encontrar el momento perfecto para visitarla en Inglaterra.
La conversación había derivado hacia Martin, y Phina le había rogado a Isabel que cambiara de tema.
Ella había accedido, pero poco después se habían separado porque Isabel había insistido en detenerse en una de las estancias para contemplar un cuadro gótico.
Phina tenía prisa por terminar la visita, así que se había adelantado a Isabel.
Apenas unos segundos después de separarse, había notado que alguien la seguía.
Nunca se había topado con Martin y ni siquiera estaba segura de creer en su existencia.
Cuando echó a correr, no fue tanto por miedo a un fantasma como por darse cuenta de que había un asesino al acecho.
Aquel último pensamiento estremeció a Phina, que levantó la mano para pedir la palabra.
—No sé si lo saben, pero mi marido fue asesinado hace casi un año y el culpable aún no ha sido detenido.
—Sí —dijo el primer policía asintiendo—. Estamos al corriente de la investigación. Examinaremos este nuevo acontecimiento para averiguar si existe alguna relación.
—No creo que su departamento vaya a conseguir nada hasta que nos hayan asesinado a todos —respondió Phina, fulminando con la mirada a los dos policías, primero a uno y luego al otro.
—Lady Campbell, permítame asegurarle que estamos haciendo todo lo posible por resolver este caso.
Ahora bien, tenemos entendido que también ha contratado a un detective privado con el mismo propósito.
Le ruego que recuerde a su equipo que debe compartir cualquier información valiosa que pueda ayudarnos a avanzar lo más deprisa posible.
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Más tarde, en su habitación, después de que los policías se marcharan, Phina se estremeció al comprender que podía ser un objetivo.
Estaba segura de que alguien la quería muerta y de que el ataque guardaba relación con el asesinato de Patrick.
Lo que no conseguía entender era qué esperaba lograr el agresor yendo a por ella.
Empezó a replantearse su anterior hipótesis del chantaje al darse cuenta de que, probablemente, se interponía en el camino de alguien.
¿Acaso se estaba acercando a la verdad y el asesino había empezado a inquietarse?
¿Era esa también la razón por la que habían asesinado a Paul Evans?
Se puso nerviosa y agradeció que el departamento de policía enviara a un par de agentes a montar guardia en los alrededores de Hazel House después del ataque de aquella noche.
Eso le proporcionó una sensación temporal de seguridad.