Hazel House Capítulo 19 Coartadas arruinadas #3
71%

Capítulo 19 Coartadas arruinadas #3

—Ahí está la dificultad. Aún no lo sabemos. El niño vive con unos tutores adinerados en Notting Hill. Afirman que no saben quién es la madre. Acordaron cuidar del niño porque ellos no tienen hijos.

—¿Sabe con certeza que este niño es hijo de Patrick? —preguntó Phina con un tono sorprendentemente sereno.

—La única manera de saberlo con certeza es mediante una prueba de ADN, y estamos preparando una estrategia para lograrlo.

—¿Cómo llegaron a obtener esta nueva información?

—Nuestra investigación reveló que Patrick había transferido grandes sumas de dinero a los tutores durante un periodo de un año. Cuando dimos con ellos en su casa, confirmaron que el niño era hijo de Patrick. Aquí tiene una foto —dijo, entregándole a Phina una foto de carné.

Phina, que había intentado mantener la calma hasta aquel momento, miró la fotografía y sintió que la sangre se le retiraba del rostro.

—No puedo creer que tenga que pasar por esto otra vez —dijo, negando con la cabeza, con la mano derecha cubriéndole la boca mientras las lágrimas le corrían por la cara y caían sobre sus pantalones de seda beige.

El detective Sommers tragó saliva con dificultad, invadido por la emoción mientras la veía sollozar.

—Lo siento, Lady Campbell.

—Sé que estaba distraído durante los últimos años de nuestro matrimonio, pero nada podría haberme preparado para esto.

—Ahora que conoce la verdad, ¿cree que el asesinato de Patrick pudo estar relacionado con este secreto que le ocultaba?

Phina lo ignoró y se refugió en un mundo propio.

—Y yo sospechando de todos los que me rodeaban como si fueran su asesino —dijo—. Quién iba a decirme que Patrick llevaba una doble vida delante de mis narices. Me niego a seguir guardando luto por él —declaró, golpeando el sillón con los puños y poniéndose en pie de golpe.

—Lady Campbell —la llamó el detective Sommers.

—¿Sí? —respondió ella, caminando hacia la ventana—.

Ahora —continuó, negando lentamente con la cabeza—, su lista de posibles asesinos incluye a todas las putas que hayan existido en este planeta Tierra.

Yo creía que era un gran marido, pero los maridos decentes no tienen aventuras adúlteras y luego esconden al hijo concebido en esa aventura.

—Vaya desastre —soltó el detective Sommers mientras su compañero tomaba notas—. Lo siento. No quería decirlo en voz alta.

—Se merece esa falta de respeto. No tiene que disculparse.

—Tiene razón. Nuestra nueva lista de sospechosas incluye ahora a todas las mujeres en edad fértil con las que Patrick haya tenido contacto. El riesgo de que el asesino vuelva a actuar sigue siendo muy alto.

Phina se volvió para mirarlo, con el miedo dibujado por todo el rostro.

El detective Sommers continuó.

—Estamos haciendo todo lo posible por llegar al fondo de este asunto.

Es importante que recuerde no contarle a nadie lo que hemos descubierto hasta que tengamos garantías de su seguridad.

Esta información podría resultar peligrosa en malas manos.

Eso suponiendo que estemos siguiendo la pista correcta.

Phina volvió a mirar la foto del niño.

—Este crío no se parece en nada a Patrick —dijo—. ¿Y quiénes son esos tutores?

El detective Sommers miró la carpeta que tenía en la mano.

—Los Evans. Paul y Melissa.

Mirando de frente tanto al detective Sommers como a su compañero, Phina les dio su última instrucción.

—Consigan una prueba de ADN que demuestre que Patrick fue realmente el padre de ese niño y luego encuentren a su asesino. —Se levantó y se detuvo durante un minuto—. ¿Cree que estamos más cerca de atraparla? ¿Podría ser la madre del bebé la persona que hemos estado buscando todo este tiempo?

—Es posible, pero no podemos sacar ninguna conclusión ahora porque no tenemos suficiente información —dijo el detective Sommers con cierta vacilación.

-

Después de que el detective Sommers y su compañero se marcharan, la angustia de Phina se alzó como una densa nube negra.

De pie ante el espejo de su tocador, se quitó toda la ropa.

Luego lloró hasta que le dolieron los ojos.

El aire a su alrededor era sofocante, así que se arrastró hasta el cuarto de baño y llenó la bañera de agua caliente antes de sumergirse suavemente en ella.

Toda su vida con Patrick pasó ante sus ojos y sintió como si estuviera muriéndose.

Su estado mental era peor que cuando encontró la carta que la convenció de que él le era infiel.

El alivio que sintió al comprender que la carta no era lo que parecía se hizo añicos con aquella nueva revelación.

Desde la bañera se arrastró hasta su cama, todavía mojada.

El secreto necesario para llevar a cabo una investigación crucial la había aislado, de modo que no podía llamar a nadie para calmar su mente.

Como último recurso, rezó una oración y se quedó dormida casi al instante.

Al despertarse se sentía letárgica, con el corazón todavía pesado al darse cuenta de que ya no podía reconocer a su cariñoso marido.

El recuerdo que tenía de él se había desvanecido —como un fantasma—, como Martin.