Capítulo 19 Coartadas arruinadas #2
El nombramiento de Blake lo había situado en la alta sociedad.
Con su nuevo cargo, empezó a tener cada vez más exigencias sobre su tiempo, aunque siempre hacía un esfuerzo por ver a Phina de vez en cuando.
Ella le agradecía que hubiera ayudado a Nduka sin recurrir a un «ya te lo dije», pues la había advertido de él en numerosas ocasiones.
«Es una bomba de relojería», le había dicho una vez, y ella había fingido no oírlo.
Para mostrarle su agradecimiento, organizó una cena en su honor en un restaurante del moderno barrio de Park Lane, lo que desató rumores de que eran pareja.
En el pasado, habría restado importancia a aquella extraña novedad, pues se había encontrado en situaciones parecidas con casi todos los hombres de éxito con los que se había fotografiado.
Ahora, le preocupaba que aquella noticia pudiera poner en una situación delicada su incipiente romance con Rashid, y era lo último que deseaba.
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En Ophinas, el equipo directivo había subestimado el riguroso proceso que exigía cotizar en bolsa.
Mientras se preparaban para el próximo trimestre, descubrieron todo un nuevo conjunto de requisitos de cumplimiento necesarios para garantizar la «confianza de los inversores».
También se hablaba de sucesión. Phina había pensado que nunca tendría que preocuparse por tales cuestiones, ya que había construido la empresa desde cero con la ayuda de sus socios.
Imaginaba que, cuando quedara incapacitada y no pudiera asumir la toma de decisiones de Ophinas, Brigitte podría tomar el relevo.
En el nuevo régimen, esa clase de pensamiento no era suficiente.
El consejo le pidió que elaborara un plan de sucesión lo bastante sólido como para cubrir todos los aspectos de su empresa en caso de que le ocurriera algo a ella o a cualquiera de sus principales directivos.
La petición le pareció siniestra e irritante, pero tuvo que ceder, pues era a lo que se había comprometido cuando decidió sacar la empresa a bolsa.
El equipo envió una solicitud urgente de propuestas para elaborar un sólido plan de sucesión.
Unas semanas después, tras varias horas de trabajo por parte del equipo de gestión de suministros y nueve entrevistas, en algunas de las cuales participó Phina, seleccionaron a la consultora Sylvern para realizar el trabajo.
Con aquella tarea resuelta, Phina se sintió más libre para ocuparse de sus otros asuntos: crear su línea en Hartiers, gestionar sus intereses en Nigeria, criar a Brigitte, averiguar quién había matado a Patrick y navegar por su siempre apasionante vida amorosa.
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En julio, Phina presentó su idea para el negocio de artículos para el hogar al consejo de administración.
Lady Thompson estaba ausente, pero su representante masculino acudió a la reunión.
—Diluirá la esencia de la marca —dijo después de escuchar el entusiasmo con que los demás recibieron la propuesta.
—Lo he pensado —respondió Phina—, pero, en realidad, no debería afectar porque tenemos previsto mantener la calidad de nuestros productos actuales.
Nuestro objetivo es convertirnos en el lugar de referencia para los artículos para el hogar más lujosos en el futuro.
El marketing de los productos y todo lo demás se hará por separado.
Incluso podríamos crear una marca distinta para esa división.
—Hizo una pausa al ver las muestras de aprobación al otro lado de la mesa—.
La belleza de incorporar artículos para el hogar —continuó Phina— es que atraerían a un nuevo tipo de clientes, como Hartiers en Estados Unidos y Simones aquí mismo, en el Reino Unido.
Estas tiendas atraen clientes con la misma estrategia.
—¿Hay estadísticas que respalden eso? —preguntó el representante de Lady Thompson.
—No tengo pruebas concluyentes, pero mi intuición me dice que es lo correcto. Y mi intuición nunca me ha fallado.
Todos se echaron a reír.
El representante intentó hablar, pero otro miembro del consejo le interrumpió.
—Deberíamos proceder sin más demora.
—De acuerdo —corearon varias voces al otro lado de la mesa.
Phina se sintió eufórica y liberada, aunque el ataque del representante de Lady Thompson le hizo anhelar la protección de Patrick.
Pensó en llamar a Nduka para desahogarse nada más salir de la sala, pero recordó que Nduka ya no era una opción, aunque habría sido el confidente perfecto.
Mirándolo en retrospectiva, aunque seguían siendo amigos, pensó que lo mejor era distanciarse de él para dejar espacio a su incipiente relación con Rashid.
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Phina se sintió aliviada cuando Rashid llamó en cuanto regresó a su despacho. Encantada al oír su voz, soltó de golpe:
—De verdad has asumido el papel de caballero.
—¿De qué te he rescatado esta vez? —preguntó él.
—Acabo de tener un día de locos intentando convencer al consejo de que deberíamos diversificar e introducir artículos para el hogar. No todos creían que fuera una buena idea. Uno de ellos, el representante de Lady Thompson, me ha sometido a un interrogatorio interminable.
—Lo siento mucho, cariño. Ojalá estuviera ahí para protegerte como un caballero de verdad.
Phina soltó una risita.
—Perdona por despotricar.
—Para eso están los amigos, aunque yo no nos considero amigos.
—¿Por qué no? —preguntó Phina con curiosidad.
—¿No somos más que amigos? —preguntó Rashid con tono juguetón—. ¿Qué tal está Blake?
—¿Qué? —Phina se sorprendió de que le preguntara por Blake—. Está bien. ¿Le conoces?
—Los tabloides publicaron una foto tuya con él y dicen que estáis saliendo.
—Solo somos amigos. No deberías creer todo lo que lees en los tabloides. Estoy segura de que eso ya lo sabes.
—Recuerda que estás intentando limpiar tu nombre de una vez por todas —la reprendió Rashid.
—Tomaré nota —dijo Phina con un suspiro. Quería decirle que aquello ya no era un problema, pero eso supondría sacar a relucir la relación con Nduka.
Rashid siguió dándole consejos como un padre protector.
—La gente estará pendiente de cada uno de tus movimientos. Alguien podría intentar chantajearte.
—Por supuesto. Sé que tengo que tener cuidado.
Eso me recuerda algo. Cuando regresé de Nigeria, mi secretario me dijo que había venido un hombre de paisano, que sonaba como si fuera policía, preguntando por información sobre mí.
No me lo tomé en serio porque tenía demasiadas cosas entre manos.
Mirándolo ahora en retrospectiva, debería haber indagado más.
—¿Alguna idea de quién lo envió?
—Habría pensado que era la familia de Patrick, pero sus sospechas han quedado descartadas.
Sospecho que podría tratarse del investigador de la aseguradora, buscando una oportunidad para evitar pagar la indemnización de cincuenta millones de libras que se suponía que Brigitte y yo íbamos a recibir.
Al principio estaban allí, fingiendo estar de nuestra parte.
Lo que no me di cuenta es de que esperaban que hubiera sido un suicidio para no tener que pagar.
—Eso podría explicarlo.
—Sea lo que sea, estoy harta. Hablaré con mi personal para que me dé más detalles sobre qué información estaba buscando esa persona.
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Phina solo conocía una forma de acabar de una vez por todas con el acoso y quitarse de encima al investigador entrometido.
Su único recurso era redoblar los esfuerzos para descubrir quién había matado a Patrick.
Cuando llegó a casa, llamó al detective Sommers, y él le reveló que tenía algunas pistas, pero que necesitaría un par de días más para atar los cabos sueltos antes de reunirse con ella.
Dos días después se reunieron en Hazel House. El detective Sommers llegó con su compañero y Phina los condujo a la biblioteca. Lo miró expectante mientras él sacaba lentamente una carpeta de su maletín, con expresión sombría. El detective, normalmente tan locuaz, guardaba un silencio inusual.
—¿Ha oído hablar de Ashley? —preguntó por fin el detective Sommers.
—No —respondió Phina, negando con la cabeza—. ¿Quién es?
El detective Sommers negó lentamente con la cabeza.
—Ashley es un niño.
—¿Debería conocerlo? —preguntó Phina con una expresión desconcertada.
—No esperaba que lo conociera. Solo tiene dos años...
—Continúe... —dijo Phina, haciendo círculos con las manos para expresar su impaciencia.
El detective Sommers prosiguió.
—Por lo que hemos averiguado, Ashley es hijo de Patrick.
Phina entrecerró los ojos y permaneció inmóvil durante unos segundos, mirándolo estupefacta.
—Lo siento, Lady Campbell —continuó el detective Sommers—. Ojalá no fuera yo quien tuviera que darle una noticia tan terrible.
—No pasa nada —respondió Phina con tono glacial, esforzándose por no perder la calma—. ¿Quién es la madre?