Hazel House Capítulo 9 La propuesta #3
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Capítulo 9 La propuesta #3

Cuando los rayos del sol le dieron en la cara poco antes del mediodía, le costó levantarse de la cama.

Por un instante olvidó sus aventuras de la noche anterior.

Al despejarse, comprendió por qué tenía el cuerpo tan entumecido.

Nduka y ella habían hecho el amor no una ni dos, sino tres veces.

Se palpó el vientre, reviviendo la experiencia, justo antes de que sonara el teléfono.

Sobresaltada, se obligó a salir de la cama para cogerlo.

Al oír la voz de Nduka al otro lado, se alegró tanto que se olvidó del entumecimiento.

—Hola —susurró.

—Me gustaría volver a verte hoy. ¿Tomamos un brunch?

—Acabo de despertarme. Quizá podamos comer. Un poco tarde.

—Sé dónde preparan el mejor filete de la ciudad.

Hubo una larga pausa antes de que ella respondiera. —¿Podemos pedir que lleven el filete a tu piso? No me conviene que nos vean juntos en público ahora mismo. La prensa me destrozaría.

—¿Por qué te importa lo que piensen? —preguntó Nduka de repente.

Phina suspiró tan hondo que Nduka la oyó. —Patrick murió hace menos de un año. No quiero la atención ni los rumores que podrían surgir si nos ven juntos. También tengo que pensar en Brigitte. —Su voz revelaba frustración.

—Perdona, no quería ser insensible. Podemos quedarnos en mi casa.

-

En vez de comer filete, Phina y Nduka se devoraron el uno al otro. Si la noche anterior se habían entregado al desenfreno, esta vez hicieron el amor de una forma que los dejó sin sentido. Cuando llegó el momento de marcharse, Phina se descubrió incapaz de moverse.

Nduka, completamente embelesado con ella, soltó de pronto: —Cásate conmigo.

Phina cerró los ojos, inquieta por el incómodo silencio que siguió a la petición de Nduka.

—¿Me has oído? —preguntó él.

—Te he oído —dijo ella, rompiendo por fin el silencio—. ¿No podemos limitarnos a pasarlo bien? —le suplicó.

—No —respondió Nduka, negando con la cabeza—. Ya me he divertido bastante. El matrimonio también puede ser divertido.

Phina volvió a guardar silencio. ¿Qué voy a decirle? , pensó. Él nunca ha estado casado. ¿Cómo iba a entenderlo?

—Si te casas conmigo, haré de ti la mujer más afortunada del mundo —dijo Nduka, interrumpiendo sus pensamientos.

—Sé que lo harías —respondió ella.

—Entonces, ¿por qué no quieres ni siquiera planteártelo?

Phina levantó una mano en un gesto de frustración. —¿Quieres parar? No soporto hablar de estas cosas —dijo con voz tensa.

Nduka se detuvo y la miró. El dolor que vio en sus ojos le rompió el corazón.

Phina sabía que nunca podría decirle que no volvería a casarse, aunque lo quisiera.

Y la situación empeoraba porque tampoco podía revelarle sus verdaderos sentimientos: temía que él insistiera hasta hacerla ceder y que, si alguna vez necesitaba echarse atrás, aquello le causara aún más sufrimiento.

Tenía tan aguzado el instinto para detectar amenazas que cualquier cosa podía traspasar sus límites y despertar en ella la necesidad de huir a la mínima, emocionalmente o de cualquier otra manera.

Mientras ella estaba absorta en sus pensamientos, Nduka también se había sumido en los suyos. Volvió a mirarla al oírla soltar de pronto: —Patrick tenía una aventura.

—¿Estás segura? —preguntó él, echándose hacia atrás, incrédulo.

—Por supuesto que estoy segura. Tengo pruebas.

—Vaya, me dejas de piedra. Por lo que había oído, estaba completamente enamorado de ti.

—Ahora lo dudo mucho —respondió Phina con tristeza.

—¿Qué esperabas? Te casaste con un semental, y eso tiene sus consecuencias. —Se rio entre dientes para aliviar parte de la tensión que se había acumulado antes.

Phina lo miró con los labios fruncidos. —No te estás haciendo ningún favor —dijo.

Nduka se llevó el índice derecho a los labios. —Perdona. Bromas aparte, ¿crees que llegarás a perdonarlo?

—¿Qué otra opción tengo?

—Dicho de otro modo: si siguiera vivo, ¿lo habrías perdonado?

—Lo habría dejado. De eso no tengo ninguna duda.

Nduka suspiró, incrédulo. —Creo que eso es lo que te habría gustado hacer, pero el problema es que él nunca te habría dejado marchar.

Phina lo miró con tristeza y sintió una punzada repentina en el pecho. Sabía que Nduka tenía razón.

—Por favor, llévame a casa —le suplicó.

—¿Ya?

—Sí. Hablar de Patrick me trae recuerdos y ahora mismo no puedo con ellos.

—Venga, no me digas que todavía te afecta tanto. Me fastidia un poco.

—No es eso —murmuró Phina—. No lo entenderías.

—Vale. Dame un minuto para coger la chaqueta.

-

Al llegar a Hazel House, Phina consultó el contestador, vio que tenía una llamada perdida de Blake y lo llamó enseguida. Durante la hora que hablaron, él escuchó con atención cuando ella le contó que Nduka le había pedido que se casara con él.

—¿Le has dicho que sí? —preguntó él.

Phina casi podía oírle los latidos del corazón al otro lado de la línea.

—¡No! No podría volver a casarme jamás.

Blake suspiró profundamente.

—No parece que te guste la idea de que me case con Nduka —dijo ella tras una larga pausa.

—No es eso exactamente —respondió él—. No soy quién para juzgarlo. No conozco a ese hombre. Podría ser bueno para ti o, por el contrario, podría traerte problemas. No tengo forma de saberlo.

—Le he dejado claro que no volveré a casarme nunca —le aseguró ella.

Por mucho que Blake intentara eludir el asunto, Phina notaba que detestaba que Nduka formara parte de su vida. Sus razones, aunque válidas, eran contradictorias. Si no conocía a Nduka, como decía, ¿por qué le provocaba la propuesta una reacción tan intensa?