Hasta que seas mía CAPITULO 24
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CAPITULO 24

La verdad de Valmere

La lluvia comenzó antes del amanecer.

Las gotas golpeaban los enormes ventanales de Ashcroft Manor mientras el silencio seguía pesando sobre cada habitación.

Nadie había dormido.

Después de la aparición en las pantallas, toda la finca permanecía en estado de alerta.

Keller había duplicado la seguridad.

Victoria revisaba una y otra vez los registros del sistema.

Julián intentaba recuperar los archivos borrados.

Y Lucien...

seguía inmóvil frente a la chimenea.

Con la mirada perdida.

Elena apareció en silencio.

Llevaba dos tazas de café.

Le tendió una.

Él tardó unos segundos en aceptarla.

—Gracias.

Era una palabra sencilla.

Pero Elena comprendió que para Lucien significaba mucho más de lo habitual.

Se sentó junto a él.

Ninguno habló durante varios minutos.

Solo escuchaban la lluvia.

—Cuando era niño...

dijo Lucien finalmente.

...creía que mi padre era el hombre más inteligente del mundo.

Elena permaneció en silencio.

—Luego aprendí que también era el más cruel.

Bajó la mirada hacia la taza.

—Y ahora descubro que quizá nunca dejó de mover los hilos.

Elena apoyó lentamente una mano sobre la suya.

—Eso no cambia quién eres.

Lucien soltó una pequeña risa.

Sin alegría.

—Todo el mundo dice eso.

Pero nadie entiende lo que significa crecer creyendo que fuiste moldeado por un monstruo.

Elena giró su mano hasta entrelazar sus dedos con los de él.

—Yo sí lo entiendo.

Lucien levantó la vista.

Ella sonrió apenas.

—Porque el hombre que tengo delante no se parece en nada al hombre que acabas de describir.

Lucien sostuvo su mirada.

Durante unos segundos...

el ruido de la lluvia desapareció.

Solo existían ellos.

Hasta que Keller irrumpió en la sala.

—Encontramos algo.

...

Todos se reunieron en el antiguo despacho de Richard Ashcroft.

Victoria había conseguido restaurar parcialmente un servidor oculto.

La pantalla mostraba cientos de archivos.

La mayoría estaban cifrados.

Solo uno podía abrirse.

PROYECTO VALMERE.

Julián respiró hondo.

—Aquí vamos...

Abrió el documento.

Las primeras páginas hablaban de inversiones.

Empresas.

Laboratorios.

Nombres.

Fechas.

Nada parecía tener sentido.

Hasta que apareció una fotografía.

Elena.

Con apenas ocho años.

Ella sintió que el corazón dejaba de latir.

—Eso...

eso soy yo.

Lucien dio un paso al frente.

La fotografía estaba acompañada por una ficha.

SUJETO E-17

Estado:

Compatible.

Julián siguió leyendo.

Su expresión cambió por completo.

—No...

No puede ser.

—¿Qué ocurre?

preguntó Victoria.

Julián tragó saliva.

—Valmere nunca fue un proyecto militar.

Todos lo miraron.

—Entonces... ¿qué era?

Julián leyó lentamente.

—"El Proyecto Valmere busca preservar el legado de la familia Ashcroft mediante la identificación de individuos con compatibilidad genética excepcional."

Elena frunció el ceño.

—No entiendo nada.

Julián continuó.

—No estaban creando soldados.

Ni asesinos.

Ni mercenarios.

Buscaban...

personas específicas.

Personas elegidas desde su nacimiento.

Lucien permanecía inmóvil.

—¿Elegidas para qué?

Julián llegó a la última página.

Su voz apenas salió.

—Para garantizar la continuidad del apellido Ashcroft.

La habitación quedó en silencio.

Victoria fue la primera en hablar.

—Eso significa...

Julián asintió.

—Richard no buscaba controlar el mundo.

Buscaba controlar su propia sangre.

Elena retrocedió un paso.

—No...

No...

Lucien tomó el documento.

Leyó la última línea.

Y comprendió por qué Richard la había pedido.

OBJETIVO PRIORITARIO:

"E-17 deberá permanecer con L-01 hasta completar la fase final."

Lucien sintió un escalofrío.

L-01.

Él.

Toda su vida...

Toda su infancia...

Todos los encuentros.

Todo había sido preparado.

Como si alguien hubiera escrito su destino mucho antes de que él pudiera decidir.

Elena negó una y otra vez.

—Eso es imposible...

Lucien rompió el documento en dos.

Luego otra vez.

Y otra.

Los pedazos cayeron al suelo.

—No.

Todos lo observaron.

Lucien levantó la vista.

Por primera vez desde que comenzó aquella pesadilla...

sus ojos ya no reflejaban dudas.

Reflejaban decisión.

—Mi padre podrá haber planeado nuestras vidas.

Podrá haber manipulado cada paso que dimos.

Pero hay algo que jamás va a controlar.

Miró directamente a Elena.

Ella sostuvo su mirada.

—Nuestras decisiones.

Elena sintió un nudo en la garganta.

Porque sabía que Lucien no hablaba del proyecto.

Hablaba de ellos.

Y por primera vez...

ella comprendió que todo lo que estaba naciendo entre ambos no pertenecía a Richard.

Ni a Valmere.

Ni al pasado.

Les pertenecía únicamente a ellos.

En ese instante, una alarma comenzó a sonar por toda la mansión.

Las luces cambiaron inmediatamente a rojo.

Keller llevó una mano al comunicador.

Su rostro perdió el color.

—Señor...

Tenemos una brecha en el perímetro.

Múltiples vehículos acaban de atravesar la entrada principal.

Victoria abrió una de las cámaras de seguridad.

Una caravana de camionetas negras avanzaba bajo la lluvia.

Lentas.

Sin prisa.

Como si supieran que nadie podría detenerlas.

La cámara hizo un acercamiento.

La puerta del vehículo principal se abrió.

Un hombre descendió con absoluta calma.

Traje negro.

Guantes de cuero.

Un bastón de madera oscura.

Su rostro seguía oculto por el paraguas.

Pero cuando levantó ligeramente la cabeza...

Lucien dejó de respirar.

Aquella forma de caminar.

Aquella postura.

Aquel bastón.

No necesitaba verle el rostro.

Lo reconocería entre un millón.

Con una voz apenas audible...

pronunció un nombre que jamás creyó volver a decir.

—Padre...