CAPITULO 21 #3
Pero algo más apareció debajo.
—¿Te preocupa que no vuelva?
preguntó.
Elena apretó los labios.
—No cambies el tema.
Él dio un paso más.
—Respóndeme.
—Lucien...
—¿Te preocupa perderme?
Ella sostuvo su mirada.
Podía mentir.
Pero ya estaba cansada de hacerlo.
—Sí.
La palabra fue breve.
Suficiente para silenciar toda la habitación.
Lucien la observó como si nadie le hubiera entregado nunca algo tan valioso.
Elena continuó:
—Así que no me pidas que me quede aquí mientras tú bajas.
No puedo hacerlo.
Lucien levantó una mano.
Rozó discretamente la muñeca donde ella llevaba la pulsera.
—Te quedarás a mi lado.
—Eso pensaba hacer.
—No te separarás de mí.
—Está bien.
—Harás exactamente lo que te diga si algo ocurre.
Elena arqueó una ceja.
—No abuses.
Lucien inclinó el rostro hacia ella.
—No es una negociación.
—Todo contigo parece una orden.
—Y aun así sigues aquí.
Ella bajó la voz.
—Tal vez porque estoy empezando a acostumbrarme.
Los ojos de Lucien se oscurecieron.
Por un instante, Elena creyó que iba a besarla delante de todos.
Él acercó los labios a su oído.
—No digas cosas así si no quieres que olvide dónde estamos.
Elena sintió un escalofrío.
Lucien se apartó.
Volvió a mirar a Keller.
—Prepara el equipo.
Bajaremos en treinta minutos.
...
El acceso al sótano se encontraba detrás de la antigua biblioteca.
Una sección completa de estanterías se desplazó al introducir un código en el reloj de pared.
Detrás apareció una escalera de piedra.
El aire que ascendía desde abajo era frío.
Húmedo.
Keller encendió una linterna.
Julián llevaba los planos.
Victoria permaneció arriba con los guardias y Adrian.
Lucien revisó su arma.
Después miró a Elena.
—Todavía puedes quedarte.
—No voy a hacerlo.
—Lo sé.
Sacó una segunda linterna y se la entregó.
—Mantente detrás de mí.
—A tu lado.
Lucien la observó.
—Detrás.
—A tu lado.
Keller ocultó una sonrisa.
Lucien suspiró.
—No sé por qué intento darte órdenes.
Elena encendió la linterna.
—Porque disfrutas escucharte.
—Y tú disfrutas desobedecerme.
—Quizás.
Lucien se inclinó hacia ella.
—Eso también cambiará.
Antes de que pudiera responder, comenzó a descender.
Elena lo siguió.
La escalera parecía no terminar.
Las paredes estaban cubiertas por símbolos antiguos de Valmere.
Algunos coincidían con los encontrados en la casa de su infancia.
Otros eran diferentes.
Más oscuros.
Al llegar al fondo encontraron un pasillo estrecho.
El suelo estaba cubierto de polvo.
Nadie había caminado allí durante años.
Al final había una puerta circular de acero.
En el centro aparecía una ranura con la misma forma que la llave de Clara.
Elena la sacó del bolsillo.
Lucien colocó una mano sobre la suya.
—Espera.
Ella lo miró.
—¿Qué ocurre?
—Una vez que la introduzcas, no sabemos qué puede pasar.
—Lo sé.
—Quiero que te coloques detrás de la pared.
—Lucien.
—No discutiré esto.
La voz fue firme.
Elena observó la puerta.
Después asintió.
Él parecía sorprendido.
—¿Eso fue obediencia?
—No te acostumbres.
—Demasiado tarde.
Lucien colocó a Elena tras una sección de piedra.
Keller y Julián se protegieron en el otro extremo.
Lucien permaneció frente al mecanismo.
—Dame la llave.
Elena negó.
—La dejó para mí.
—Elena.
—Dijiste que no me separarías de esto.
Lucien apretó la mandíbula.
Finalmente extendió la mano.
—Entonces lo haremos juntos.
Ella volvió a acercarse.
Lucien se colocó detrás de Elena.
Su cuerpo cubría por completo el de ella.
Una mano rodeó su cintura.
La otra se cerró sobre la mano que sostenía la llave.
Elena sintió el pecho de Lucien contra su espalda.
Su respiración junto al oído.
—Cuando te diga, gírala.
susurró.
Ella asintió.
—Ahora.
Introdujeron la llave.
Elena la giró.
El mecanismo produjo un sonido profundo.
La puerta comenzó a abrirse.
Una nube de polvo llenó el pasillo.
Lucien apretó el brazo alrededor de Elena y la llevó hacia atrás.
No hubo disparos.
Ni explosiones.
Solo el lento movimiento del acero.
Cuando la puerta terminó de abrirse, una luz tenue se encendió en el interior.
La cámara era pequeña.
En el centro había una mesa.
Sobre ella descansaba una caja de madera.
Y detrás...
una pantalla antigua.
Julián entró primero.
—Parece seguro.
Lucien no soltó inmediatamente a Elena.
Ella miró el brazo que seguía rodeando su cintura.
—Ya puedes dejarme.
Él acercó los labios a su oído.
—Puedo.
Pero no quiero.
Elena sintió un escalofrío.
—Lucien.
Él la soltó lentamente.
—Después continuaremos esa conversación.
Caminaron hasta la mesa.
En la tapa de la caja aparecía grabado el nombre de Elena.
Ella rozó las letras con los dedos.
—Mi madre sabía que vendría.
Julián examinó la pantalla.
—Hay un sistema de reproducción.
Lucien abrió la caja.
Dentro encontraron varias fotografías.
Documentos.
Una cinta de video.
Y una carta.
Elena tomó el sobre.
En el frente decía:
Para mi hija.
Sus manos comenzaron a temblar.
Lucien lo notó.
Se colocó a su lado.
—No tienes que abrirla ahora.
—Sí.
Tengo que hacerlo.
Rompió el sello.
La carta contenía solo unas pocas líneas.
Elena leyó en voz alta:
—Mi querida Elena...
Si estás leyendo esto, significa que Richard no consiguió detenerlo.
Significa que Gabriel regresó.
Y significa que Lucien está contigo.
Ella se detuvo.
Miró a Lucien.
Él parecía tan sorprendido como ella.
Elena continuó:
—No temas al hijo por los pecados del padre.
Lucien no es Richard.
Pero hay algo que debes saber antes de entregarle tu confianza.
Elena sintió que el corazón se aceleraba.
La siguiente línea estaba escrita con mayor presión.
Como si Clara hubiera dudado antes de continuar.
—La muerte de la madre de Lucien no fue ordenada por Gabriel Mercer.
El silencio se volvió absoluto.
Lucien quedó inmóvil.
Elena levantó la vista hacia él.
Su rostro había perdido todo color.
—Continúa.
dijo Lucien.
Su voz apenas parecía humana.
Elena volvió a mirar el papel.
—La orden salió de la familia Ashcroft.
Lucien dio un paso atrás.
—No.
Julián se acercó a la carta.
—¿Qué más dice?
Elena continuó con dificultad.
—Richard descubrió que ella planeaba entregar los archivos de Valmere a las autoridades.
Intentó detener la ejecución...
pero alguien se adelantó.
El verdadero responsable sigue dentro de esta casa.
Nadie habló.
Un sonido metálico resonó detrás de ellos.
La puerta de la cámara comenzó a cerrarse.
Keller corrió hacia el mecanismo.
—¡Nos han encerrado!
Lucien sacó el arma.
Las luces parpadearon.
La pantalla antigua se encendió sola.
Apareció una imagen.
Una grabación de seguridad en blanco y negro.
La fecha correspondía a la noche anterior.
Elena reconoció la entrada de la finca.
Una figura caminaba por el vestíbulo.
No era un guardia.
No era Adrian.
El hombre levantó el rostro hacia la cámara.
Lucien dejó de respirar.
Elena sintió que el mundo se detenía.
Era Richard Ashcroft.
El padre de Lucien.
El hombre que debía llevar años muerto.
En la grabación, Richard miró directamente hacia la cámara.
Después levantó una hoja de papel.
Solo contenía una frase:
TRÁEME A ELENA.
La imagen desapareció.
La oscuridad envolvió la cámara.
Elena sintió una mano buscarla.
Lucien la encontró inmediatamente.
La atrajo contra él.
—No te separes de mí.
Su voz sonó fría.
Peligrosa.
Pero el brazo que rodeaba a Elena temblaba.
Por primera vez...
Lucien Ashcroft no tenía el control.