Hasta que seas mía CAPITULO 19
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CAPITULO 19

Mía

La fotografía permanecía sobre la mesa.

Nadie dijo una palabra durante varios minutos.

Gabriel siempre parecía ir un paso por delante.

Lucien dobló lentamente la nota y la guardó en el bolsillo del abrigo.

—Nos iremos antes del amanecer.

Keller asintió.

Victoria observó el mapa.

—Hay una carretera al norte.

Podemos llegar a la finca antes del mediodía.

—Perfecto.

Julián levantó la vista.

—No deberíamos movernos todavía.

Lucien negó.

—Aquí ya no estamos seguros.

La conversación terminó allí.

Cada uno comenzó a preparar sus cosas.

Elena salió al porche.

Necesitaba respirar.

Sentía que todo ocurría demasiado deprisa.

Detrás de ella...

escuchó unos pasos.

Pensó que era Lucien.

Pero no.

Era Adrian.

Llevaba las manos todavía sujetas por unas esposas.

Keller lo había dejado salir únicamente para que pudiera estirar las piernas.

Se detuvo a un par de metros.

—No voy a hacerte daño.

Elena no respondió.

—Solo quiero decirte una cosa.

—No me interesa.

Adrian sonrió con tristeza.

—Lo sé.

Pero algún día recordarás esta conversación.

Ella cruzó los brazos.

—Habla.

Adrian respiró profundamente.

—No dejes que Lucien decida por ti.

Elena frunció el ceño.

—Él nunca me ha obligado a hacer nada.

—Todavía.

Aquella palabra quedó suspendida entre ambos.

—No lo conoces.

—Lo conozco mejor de lo que imaginas.

—No.

Lo conociste hace años.

Yo lo conozco ahora.

Adrian la observó durante unos segundos.

—¿Ya lo estás defendiendo?

Elena abrió la boca para responder...

pero no encontró las palabras.

Porque era verdad.

Lo estaba defendiendo.

Y ni siquiera se había dado cuenta.

Adrian sonrió.

—Eso fue más rápido de lo que esperaba.

—Cállate.

—Solo ten cuidado.

Los hombres como Lucien...

aman con la misma intensidad con la que destruyen.

—¿Y tú qué sabes del amor?

preguntó una voz grave.

Los dos giraron al mismo tiempo.

Lucien estaba de pie en la puerta.

Su expresión había cambiado.

Ya no era el hombre paciente de la noche anterior.

Había vuelto el Lucien que imponía respeto con solo aparecer.

Caminó lentamente hasta quedar entre Elena y Adrian.

No apartó la mirada de este último.

—Vuelve adentro.

Adrian soltó una pequeña risa.

—Solo hablábamos.

—No te di permiso para hablar con ella.

—No necesito tu permiso.

Lucien dio un paso más.

Ahora apenas los separaban unos centímetros.

—Te equivocas.

Mientras estés bajo mi custodia...

todo lo que hagas necesita mi permiso.

Adrian sostuvo su mirada.

—Sigues siendo igual que Richard.

Aquellas palabras bastaron.

Lucien lo sujetó del cuello de la camisa.

Lo empujó contra la pared de madera.

El golpe resonó por todo el porche.

Keller salió inmediatamente.

Victoria también.

Elena quedó inmóvil.

Nunca había visto a Lucien perder el control de aquella manera.

—No vuelvas...

dijo Lucien con la voz peligrosamente baja...

...a acercarte a ella.

Adrian sonrió incluso con dificultad para respirar.

—Ahí está.

El verdadero Lucien Ashcroft.

El hombre que confunde protección...

con posesión.

Lucien apretó todavía más el agarre.

—Llámalo como quieras.

Pero vuelve a mirarla...

y romperé cada uno de tus huesos.

Elena dio un paso hacia ellos.

—¡Lucien!

Él no reaccionó.

Era como si solo existieran Adrian y él.

—¡Lucien!

Esta vez...

ella tomó su mano.

Solo entonces...

él soltó a Adrian.

El silencio fue absoluto.

Lucien respiraba con dificultad.

Nunca había permitido que alguien lo sacara de control de aquella manera.

Adrian acomodó lentamente el cuello de su camisa.

Después miró a Elena.

Y sonrió.

—Gracias.

Acabas de comprobar exactamente lo que intentaba decirte.

Keller volvió a llevarlo al interior.

Nadie habló.

Lucien seguía mirando el bosque.

Como si intentara calmarse.

Elena se acercó despacio.

—Mírame.

Él no lo hizo.

—Lucien.

Nada.

Ella tomó suavemente su rostro entre las manos.

Obligándolo a mirarla.

—Ya pasó.

Él cerró los ojos.

—No.

No pasó.

—Sí.

—No tienes idea de lo que sentí cuando lo vi tan cerca de ti.

Elena permaneció en silencio.

Lucien respiró profundamente.

—Durante años pensé que podía controlar cualquier situación.

Cualquier emoción.

Cualquier miedo.

Pero contigo...

todo eso desaparece.

Ella acarició suavemente su mejilla.

—¿Estabas celoso?

Él sonrió sin humor.

—No.

Ella levantó una ceja.

—Estaba aterrado.

Porque por un segundo imaginé que alguien podía arrebatármte.

El corazón de Elena comenzó a latir con fuerza.

Lucien bajó la voz.

—Y comprendí algo.

Ella esperó.

Él sostuvo su mirada.

Sin esconderse.

Sin máscaras.

—Ya no sé protegerte...

sin quererte demasiado.

Elena sintió que todo su mundo se detenía.

Quiso responder.

Quiso acercarse.

Quiso besarlo.

Pero las palabras nunca llegaron.

Porque por primera vez...

comprendió que el mayor peligro ya no era Gabriel.

Ni Valmere.

Ni Adrian.

El mayor peligro...

era enamorarse del hombre que tenía delante.