CAPITULO 18
No juegues conmigo
El desayuno transcurrió en un silencio extraño.
Victoria hablaba con Keller sobre la ruta que seguirían al anochecer.
Julián permanecía sentado junto a la chimenea.
Adrian seguía encerrado.
Pero Elena apenas escuchaba.
Cada vez que levantaba la vista...
Lucien ya la estaba mirando.
Y cada vez que él la descubría observándolo...
desviaba la mirada como si nada hubiera ocurrido.
Eso la desesperaba.
Porque el hombre que antes parecía disfrutar provocándola...
ahora mantenía una distancia insoportable.
Cuando terminó el café, Lucien se levantó.
—Voy a revisar el perímetro.
Keller asintió.
—Voy con usted.
—No.
Quédate aquí.
Lucien tomó su abrigo y salió solo.
Elena esperó apenas unos segundos.
Después también se levantó.
Victoria sonrió sin levantar la vista de un mapa.
—No tardes.
Elena se detuvo.
—¿Cómo sabes que voy con él?
Victoria soltó una pequeña risa.
—Porque llevas cinco minutos fingiendo que lees el mismo libro al revés.
Elena miró el libro entre sus manos.
Efectivamente...
estaba al revés.
—No digas nada.
—Jamás.
Pero date prisa.
Antes de que desaparezca.
...
El bosque estaba completamente húmedo.
Lucien caminaba despacio entre los árboles.
Sabía perfectamente que ella venía detrás.
No dijo nada.
Esperó.
Hasta que escuchó su voz.
—¿Piensas ignorarme todo el día?
Él siguió caminando.
—No te estoy ignorando.
—Claro que sí.
—Solo te estoy dando espacio.
Ella aceleró el paso hasta colocarse frente a él.
Lucien se detuvo.
—Pues ya no me gusta.
Él arqueó una ceja.
—Qué curioso.
Hace una semana era exactamente lo que querías.
Elena cruzó los brazos.
—Las personas cambian.
—¿Tan rápido?
Ella suspiró.
—No hagas esto.
—¿Esto qué?
—Responder siempre con otra pregunta.
Lucien sonrió apenas.
—Funciona bastante bien contigo.
Ella dio otro paso.
Ahora apenas los separaban unos centímetros.
—¿Sabes qué extraño?
Él la miró fijamente.
—¿Qué?
—Que antes eras insoportable.
Lucien no pudo evitar sonreír.
—Eso no suena precisamente como un cumplido.
—Déjame terminar.
Antes me sacabas de quicio.
Siempre encontrabas la manera de ponerme nerviosa.
De acercarte demasiado.
De invadir mi espacio.
Y ahora...
simplemente...
dejaste de hacerlo.
Lucien bajó la mirada durante un instante.
Cuando volvió a levantarla...
había algo distinto en sus ojos.
—Porque entendí algo.
—¿Qué cosa?
—Que si seguía presionándote...
ibas a terminar alejándote de mí.
Elena guardó silencio.
Él continuó.
—Y prefiero tenerte cerca aunque sea de esta manera...
a perderte por intentar ir demasiado rápido.
Aquellas palabras golpearon directamente el corazón de Elena.
No esperaba esa respuesta.
Ni esa sinceridad.
Ni esa paciencia.
—Lucien...
Él levantó una mano.
Muy despacio.
Rozó apenas el dorso de la mano de ella.
Solo un instante.
Después volvió a apartarla.
—No quiero que vuelvas a sentir miedo cuando estés conmigo.
Ella sintió un vacío extraño cuando él retiró la mano.
Un impulso irracional apareció dentro de ella.
Antes de poder pensarlo...
lo sujetó por la muñeca.
Lucien quedó inmóvil.
Los dos bajaron la vista hacia la mano de Elena.
Había sido ella.
Ella lo estaba reteniendo.
Ninguno habló.
—Pensé...
susurró Lucien.
...que querías que mantuviera la distancia.
Elena respiró hondo.
—Yo también lo pensé.
El viento volvió a soplar entre los árboles.
Todo parecía haberse detenido.
Lucien dio un paso muy lento hacia ella.
No para besarla.
Solo para quedar frente a frente.
—Elena...
Si das un paso más...
ya no voy a poder detenerme.
Ella sintió que el corazón quería salírsele del pecho.
—¿Y quién dijo...
que quiero que te detengas?
Fue un susurro.
Apenas audible.
Lucien cerró los ojos durante un segundo.
Había esperado escuchar esas palabras desde hacía demasiado tiempo.
Cuando volvió a abrirlos...
levantó lentamente la mano.
Acarició su mejilla.
Después su cuello.
Con una delicadeza que contrastaba con la intensidad con la que la miraba.
Elena tembló.
No de miedo.
De deseo.
Lucien acercó lentamente su rostro.
Sus frentes se tocaron.
Las respiraciones comenzaron a mezclarse.
Él cerró los ojos.
Ella también.
Sus labios quedaron separados por apenas un suspiro.
Entonces...
—¡Señor Ashcroft!
La voz de Keller rompió el momento.
Los dos se separaron inmediatamente.
Keller apareció entre los árboles sin aliento.
—Lo siento...
No sabía...
Lucien respiró profundamente intentando recuperar la calma.
—¿Qué ocurre?
Keller tragó saliva.
—Encontramos algo.
Elena intentó controlar su respiración.
—¿Qué encontraron?
Keller miró primero a Lucien.
Después a Elena.
—Un automóvil.
Abandonado.
Tiene sangre.
Y en el asiento del conductor...
hay una fotografía de usted.
Con una nota.
Lucien tomó la fotografía.
Su expresión cambió por completo.
En la parte de atrás solo había una frase.
"Puedes seguir protegiéndola...
pero tarde o temprano...
ella tendrá que elegir entre salvarte...
o descubrir toda la verdad."
Firmado.
Gabriel Mercer.