Hasta que seas mía CAPITULO 17
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CAPITULO 17

No deberías mirarme así

La lluvia seguía cayendo.

El bosque permanecía oculto bajo una espesa niebla.

Lucien y Elena continuaban de pie en el pequeño porche de la cabaña.

Ninguno hablaba.

Por primera vez...

el silencio no resultaba incómodo.

Elena apoyó los brazos sobre la baranda de madera.

—No entiendo cómo puedes estar tan tranquilo.

Lucien miraba el bosque.

—No lo estoy.

—Lo parece.

—Aprendí a no demostrarlo.

Ella giró lentamente hacia él.

—¿Siempre llevas esa máscara?

Lucien sonrió apenas.

—Solo cuando hay alguien mirando.

—Ahora solo estoy yo.

Él desvió la mirada hacia ella.

—Precisamente por eso.

Aquella respuesta hizo que Elena sintiera un extraño calor recorrerle el cuerpo.

No supo qué responder.

Después de unos segundos volvió a mirar la lluvia.

—Gabriel dijo algo...

Lucien permaneció inmóvil.

—¿Qué parte?

—Que tú me elegiste.

Él tardó unos segundos en responder.

—Lo hice.

—¿Por qué?

—Porque nunca encontré una razón para no hacerlo.

Ella dejó escapar una pequeña risa.

—Eso no responde nada.

—Lo sé.

—Entonces responde bien.

Lucien respiró profundamente.

Durante años había preparado discursos.

Explicaciones.

Justificaciones.

Sin embargo...

frente a Elena todas parecían inútiles.

—La primera vez que te vi...

tenías dieciocho años.

Ella abrió mucho los ojos.

—¿Qué?

—Fue en una exposición de fotografía.

No me conocías.

Ni siquiera me miraste.

Pero yo...

ya no pude dejar de hacerlo.

Elena sintió un vuelco en el pecho.

—¿Me seguiste todos estos años?

—No.

Te observé.

Hay una diferencia.

Ella levantó una ceja.

—Creo que eso suena todavía peor.

Lucien soltó una risa sincera.

—Sí.

Probablemente.

Elena terminó riéndose también.

Aquello la sorprendió.

Nunca imaginó que pudiera reír junto a él.

Ni mucho menos hacer que él riera.

—¿Qué?

preguntó Lucien.

—Nada.

—Mientes.

—Es raro verte sonreír.

—¿Prefieres cuando estoy serio?

Ella lo observó unos segundos.

Después respondió con una sinceridad que ni ella esperaba.

—No.

Me gusta más así.

Las palabras escaparon antes de poder detenerlas.

Los dos quedaron en silencio.

Elena cerró los ojos un instante.

—Olvida que dije eso.

—No puedo.

—Haz el intento.

—Tampoco quiero.

Ella negó con una sonrisa.

—Eres imposible.

—Eso llevo escuchándolo muchos años.

El viento levantó el cabello de Elena.

Lucien volvió a acomodárselo detrás de la oreja.

Esta vez...

ella no se apartó.

Sus ojos permanecieron fijos en los de él.

Había apenas unos centímetros entre ambos.

Podía sentir su respiración.

Su perfume.

La seguridad que transmitía incluso cuando no decía una sola palabra.

El corazón comenzó a latirle demasiado deprisa.

Lucien también la miraba.

Pero había algo distinto.

Ya no había impaciencia.

No había prisa.

Simplemente...

esperaba.

Y eso desconcertaba a Elena.

Porque antes era él quien acortaba la distancia.

Ahora era ella quien luchaba contra el impulso de hacerlo.

Bajó lentamente la vista hasta los labios de Lucien.

Solo un instante.

Muy breve.

Pero él lo notó.

No dijo nada.

No hizo ningún movimiento.

Solo esperaba.

Ella volvió a levantar la mirada.

—¿Por qué no haces nada?

preguntó casi en un susurro.

—Porque prometí esperar.

—¿Y si me arrepiento?

—Entonces seguiré esperando.

—¿Y si nunca ocurre?

Lucien dio un paso atrás.

Justo uno.

Lo suficiente para devolverle el espacio que antes habría invadido.

—Entonces habré respetado tu decisión.

Aquello fue peor.

Muchísimo peor.

Porque Elena descubrió algo inesperado.

No quería que se alejara.

No quería que hubiera más distancia entre ellos.

Y eso la asustó.

Mucho.

Entró rápidamente en la cabaña.

Necesitaba escapar.

Otra vez.

Lucien no intentó detenerla.

Solo la observó desaparecer detrás de la puerta.

Keller apareció unos segundos después.

Había visto toda la escena desde la ventana.

—Señor...

Lucien suspiró.

—¿Qué?

—Creo que acaba de perder.

Lucien lo miró confundido.

—¿Perder?

—Sí.

Antes ella huía de usted.

Ahora huye de lo que siente.

Y eso...

es mucho más peligroso.

Lucien sonrió por primera vez en toda la noche.

Muy levemente.

—Lo sé.

Dentro de la cabaña...

Elena apoyó la espalda contra la puerta.

Llevó una mano hasta su pecho.

Intentó respirar con normalidad.

Era imposible.

Cerró los ojos.

Y por primera vez desde que conocía a Lucien Ashcroft...

admitió para sí misma una verdad que jamás habría pronunciado en voz alta.

No tenía miedo de él.

Tenía miedo...

de enamorarse de él.