Hasta que seas mía CAPITULO 16
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CAPITULO 16

La primera elección

Los disparos cesaron.

Tan de repente...

como habían comenzado.

El silencio resultó aún más aterrador.

Nadie se movió.

Lucien permanecía delante de Elena con el arma levantada.

Los hombres de las máscaras blancas seguían inmóviles entre los árboles.

Esperando.

Entonces apareció.

Caminó despacio.

Sin escoltas.

Sin prisas.

Un hombre de cabello completamente gris.

Vestía un abrigo oscuro perfectamente planchado.

Llevaba un bastón de madera negra cuya empuñadura tenía grabado el símbolo de Valmere.

Cada paso parecía calculado.

No miraba a Keller.

No miraba a Victoria.

Ni siquiera a Adrian.

Solo tenía los ojos puestos sobre Elena.

—Así que tú eres...

dijo con una voz tranquila.

Elena Álvarez.

Elena sintió un escalofrío.

No era una mirada de deseo.

Ni de odio.

Era peor.

Era la mirada de alguien que llevaba muchos años esperándola.

Lucien dio un paso al frente.

—No vas a acercarte.

El hombre sonrió.

—Tú debes ser Lucien.

He oído mucho sobre ti.

Lucien no respondió.

—Debo admitir algo.

continuó el desconocido.

Esperaba encontrar al hijo de Richard.

No al hombre en el que te convertiste.

Victoria levantó lentamente su arma.

—Gabriel Mercer.

El hombre inclinó apenas la cabeza.

—Hace muchos años que nadie pronuncia mi nombre con tanto desprecio.

Adrian permanecía completamente callado.

Elena lo observó.

Por primera vez desde que lo conocía...

parecía aterrado.

Gabriel lo miró apenas un segundo.

—Has envejecido mal, Adrian.

—Pensé que habías muerto.

Gabriel sonrió.

—Muchos lo pensaron.

Por eso sigo vivo.

El silencio volvió a caer.

Elena no podía apartar la vista de él.

Había algo extraño.

Una sensación difícil de explicar.

Como si aquel hombre...

la conociera.

Gabriel dio otro paso.

Lucien volvió a interponerse.

—No.

Hasta aquí llegaste.

Gabriel observó la mano firme con la que sujetaba el arma.

Después miró a Elena.

Y sonrió.

—Interesante.

Ella frunció el ceño.

—¿Qué?

—Te eligió.

Lucien endureció la mandíbula.

—No vuelvas a hablarle.

Gabriel soltó una pequeña risa.

—No me refiero al amor.

Todavía no.

Me refiero a otra cosa.

Volvió a mirar a Lucien.

—Podía apartarse.

Podía salvarse.

Pero decidió ponerse delante de ti.

Eso...

no lo hizo Richard.

Aquellas palabras golpearon a Lucien con fuerza.

Elena sintió que el pecho se le cerraba.

Gabriel siguió caminando lentamente alrededor de ellos.

Como si estuviera inspeccionándolos.

—He esperado muchos años para conocer al hombre que protegería a Clara desde la muerte.

Lucien frunció el ceño.

—¿Qué acabas de decir?

—Ella sabía que algún día aparecerías.

Elena dio un paso adelante.

—¿Conociste a mi madre?

Gabriel permaneció en silencio unos segundos.

Después respondió.

—La admiré.

Mucho más de lo que debí hacerlo.

Elena sintió un nudo en la garganta.

—¿La mataste?

Por primera vez...

Gabriel dejó de sonreír.

—No.

Y ese fue mi mayor fracaso.

Aquellas palabras parecían sinceras.

Eso era lo más inquietante.

Lucien no bajó el arma.

—¿Qué quieres?

Gabriel volvió a sonreír.

—Verte.

Nada más.

—Mientes.

—No.

Si hubiera venido por Elena...

ya estaría conmigo.

Keller miró alrededor.

Los hombres de las máscaras seguían apuntándolos.

Gabriel tenía razón.

Si hubiera querido atacar...

ya lo habría hecho.

El hombre apoyó ambas manos sobre el bastón.

—Hoy solo necesitaba confirmar una duda.

Miró directamente a Lucien.

—Y ya obtuve la respuesta.

Elena observó a ambos.

—¿Qué respuesta?

Gabriel dio media vuelta.

—Que harías cualquier cosa por ella.

Incluso morir.

Se detuvo antes de abandonar la cabaña.

Sin girarse.

Añadió:

—Cuídala bien, Lucien.

Porque la próxima vez...

no vendré únicamente a verla.

Salió.

Los hombres de las máscaras comenzaron a retirarse al mismo tiempo.

En menos de un minuto...

el bosque volvió a quedar completamente vacío.

Nadie habló.

Keller salió inmediatamente a revisar el perímetro.

Victoria dejó escapar el aire lentamente.

—No entiendo nada.

Adrian seguía mirando la puerta.

—Yo sí.

Todos giraron hacia él.

—¿Qué significa todo esto?

preguntó Lucien.

Adrian levantó la vista.

Su voz sonó derrotada.

—Acaban de conocer al único hombre al que Richard Ashcroft realmente le tenía miedo.

...

Dos horas después...

La lluvia volvió a caer.

La tensión había disminuido.

Keller vigilaba el exterior.

Victoria logró dormir unos minutos.

Julián descansaba bajo los efectos de los analgésicos.

Adrian permanecía encerrado en la habitación del fondo.

Y por primera vez desde que todo había comenzado...

la cabaña quedó en silencio.

Lucien salió al porche.

Necesitaba aire.

No esperaba que, unos segundos después...

la puerta se abriera lentamente.

Elena apareció detrás de él.

—¿Puedo acompañarte?

Lucien la miró.

Y, por primera vez...

no respondió con una orden.

Solo dio un pequeño paso hacia un lado.

Haciéndole espacio.

Ella sonrió.

Y se colocó a su lado.

Sin saberlo...

acababa de dar el primer paso hacia él.