Hasta que seas mía CAPITULO 11 #2
51%

CAPITULO 11 #2

Un sonido metálico resonó a lo lejos.

Todos guardaron silencio.

Después se escuchó una voz.

—Julián.

El padre de Elena cerró los ojos.

La voz volvió a escucharse.

Más cerca.

—Sé que estás ahí.

Victoria levantó el arma.

Lucien apagó la linterna.

El túnel quedó completamente oscuro.

—¿Quién es? —susurró Elena.

Julián no respondió.

El hombre habló otra vez.

—No tienes que morir por ella.

Elena sintió que su padre le apretaba la mano.

—No respondas —dijo él.

—¿Me está hablando a mí?

—No.

—Entonces ¿a quién?

Julián miró hacia donde estaba Victoria.

Aunque no podía verla, Elena entendió.

—Le habla a ella.

Victoria no dijo nada.

La voz se acercó.

—Victoria, entrégame la carpeta.

Lucien susurró:

—No lo hagas.

—No pensaba hacerlo.

—Entonces deja de apuntar hacia nosotros.

Victoria bajó el arma unos centímetros.

—Sé dónde termina el túnel izquierdo —dijo la voz—. También sé que el derecho está inundado. No tienen salida.

Keller habló en voz baja.

—Podemos emboscarlo.

—No está solo —dijo Julián.

—¿Cuántos?

—Nunca está solo.

Elena se volvió hacia su padre.

—Sabes quién es.

—Sí.

—Dímelo.

Julián respiró con dificultad.

—Adrian Vale.

Lucien quedó inmóvil.

—Marcus Vale tenía un hijo.

—Sí.

Elena recordó el nombre.

Marcus Vale.

El detective que redactó el informe del incendio.

El hombre cuyo automóvil apareció en el río.

—¿Ese es su hijo?

—Sí —respondió Julián.

Victoria mantuvo la mirada en el túnel.

—Y también es mi padre.

Elena la observó.

Incluso en la oscuridad podía sentir el impacto de la confesión.

—Richard no era tu padre.

Victoria apretó la mandíbula.

—Richard me crio.

—¿Sabía la verdad?

—Sí.

Lucien dio un paso hacia ella.

—¿Desde cuándo lo sabes?

—Desde siempre.

—Me mentiste.

—Tú nunca preguntaste.

—Richard te reconoció como hija.

—Porque le convenía que todos creyeran que era suya.

—¿Por qué?

Victoria soltó el aire.

—Porque Adrian era hijo de un detective pobre. Richard era un Ashcroft. Un apellido podía protegerme.

—O convertirte en propiedad —dijo Julián.

Victoria lo miró.

—Eso también.

La voz de Adrian volvió a resonar.

—Última oportunidad.

Lucien tomó una decisión.

—Keller, el túnel derecho.

—Dijo que está inundado.

—Eso quiere que creamos.

Victoria negó.

—Adrian no suele mentir sobre cosas pequeñas.

—¿Lo conoces bien?

—Lo suficiente.

—Entonces sabrás si disparará contra ti.

Victoria miró la oscuridad.

—Sí.

—¿Lo hará?

Ella tardó demasiado en responder.

—Sí.

Lucien señaló el túnel derecho.

—Nos movemos.

Keller fue primero.

Victoria detrás.

Elena ayudó a Julián.

Lucien cerró el grupo.

Caminaron en silencio.

A los pocos metros, el agua les llegó a los tobillos.

Después a las rodillas.

—Tenía razón —murmuró Victoria.

—Todavía podemos volver —dijo Elena.

—No —respondió Lucien—. Eso es lo que espera.

El túnel descendía.

El agua subía.

Julián comenzó a respirar peor.

—No puede seguir —dijo Elena.

—Tiene que hacerlo.

—Lucien.

Él se acercó.

Sin pedir permiso, pasó el brazo de Julián sobre sus hombros.

Julián intentó apartarse.

—No necesito tu ayuda.

—No me importa.

—Lucien, tu hombro —dijo Elena.

—Estoy bien.

—Te van a abrir los puntos.

—Entonces tendrás una nueva razón para fingir que no te preocupas.

Elena lo fulminó con la mirada.

Incluso en medio del peligro, él encontraba la forma de irritarla.

Siguieron.

El agua llegó a la cintura.

Keller se detuvo.

—Hay una rejilla delante.

Victoria pasó la mano por la pared.

—Debe haber un mecanismo.

Lucien apoyó a Julián contra el ladrillo.

Elena buscó con los dedos.

Nada.

—No veo nada.

—Busca una placa metálica —dijo Victoria—. Richard escondía interruptores detrás de ellas.

Keller encontró una pequeña pieza oxidada.

La levantó.

Debajo había una palanca.

Tiró.

La rejilla comenzó a subir con un chirrido.

El sonido resonó por todo el túnel.

Demasiado fuerte.

—Ahora saben dónde estamos —dijo Elena.

—Ya lo sabían —respondió Lucien.

Pasaron debajo.

La rejilla volvió a bajar.

Al otro lado, el túnel ascendía.

El nivel del agua comenzó a disminuir.

Elena sintió alivio.

Duró poco.

Un disparo golpeó la rejilla detrás de ellos.

Adrian estaba cerca.

—¡Corran! —ordenó Keller.

Victoria avanzó primero.

Julián apenas podía mantenerse en pie.

Lucien volvió a cargar parte de su peso.

Elena caminó a su lado.

—Déjame ayudarte.

—Ayúdalo a él.

—Tú estás herido.

—Elena.

—No eres invencible.

Lucien la miró.

—Nunca cuando estás cerca.

La frase la golpeó de una manera extraña.

No tuvo tiempo de responder.

Otro disparo.

La bala atravesó uno de los espacios de la rejilla y rozó la pared.

Keller respondió.

Se escuchó un grito.

Después silencio.

—¿Le diste? —preguntó Victoria.

—A uno de sus hombres.

—Adrian no estaba delante.

—¿Cómo lo sabes?

—Nunca está delante.

Llegaron a una escalera de hierro.

Subía hacia una trampilla.

Keller fue primero.

Empujó.

No se movió.

—Está bloqueada.

Lucien dejó a Julián junto a Elena.

Subió dos escalones y empujó con Keller.

Nada.

—A un lado —dijo Victoria.

Sacó el arma y disparó contra el cierre.

La trampilla se abrió.

Keller salió.

Lucien ayudó a Julián a subir.

Elena fue detrás.

Emergieron en un almacén abandonado.

Había cajas viejas.

Herramientas oxidadas.

Ventanas cubiertas de polvo.

Al fondo, una puerta metálica daba al exterior.

Keller la comprobó.

—Libre.

Lucien miró su teléfono.

La señal había regresado.

—Los equipos están entrando a la estación.

—Demasiado tarde —dijo Victoria.

—Todavía pueden cerrar el perímetro.

—Adrian ya habrá salido.

—¿Cómo?

—Tiene rutas que no aparecen en los planos.

Julián se dejó caer sobre una caja.

Elena se arrodilló frente a él.

—Necesitas un hospital.

—No.

—No voy a discutirlo.

—No podemos ir a un hospital.

—¿Por qué?

—Porque ahí es donde nos esperan.

Lucien guardó el teléfono.

—Tiene razón.

Elena se volvió hacia él.

—No puedes estar de acuerdo con todo lo que dice solo cuando te conviene.

—Tenemos médicos privados.

—En tu mundo todo es privado.

—Por eso seguimos vivos.

Victoria dejó la carpeta sobre una mesa.

Varias páginas estaban mojadas.

—No durante mucho tiempo.

Elena se levantó.

—Ahora vas a decirme todo.

Julián negó.

—No aquí.

—No vuelvas a hacer eso.

—Elena.

—No. Me mentiste sobre Richard. Sobre Valmere. Sobre mamá. Sobre el incendio. Ahora descubro que el hombre que intenta matarnos es el padre de Victoria y tú lo conoces.

Julián bajó la mirada.

—No era así al principio.

—¿Qué era?

—Nuestro amigo.

—¿De quién?

—De tu madre y mío.

Elena sintió una presión en el pecho.

—¿Mamá conocía a Adrian?

—Sí.

Victoria observó a Julián con atención.

—Eso no lo sabía.

—Había muchas cosas que no sabías.

—Entonces habla.

Julián miró a Elena.

—Adrian ayudó a tu madre a investigar a Valmere.

—¿Era policía?

—No. Trabajaba con su padre, Marcus.

—El detective.

—Sí.

—¿Y Evelyn?

—Ella les entregaba documentos desde dentro.

Lucien se apoyó contra una mesa.

Su camisa estaba empapada de agua y sangre.

—¿Richard sabía?

—Al final.

—¿Y qué hizo?

—Intentó detener a Adrian.

Victoria se tensó.

—Eso no tiene sentido.

—Tu padre no era la víctima que crees.

—Nunca dije que lo fuera.

—Adrian quería el libro para destruir a Richard.

—Eso suena razonable.

—No quería entregarlo a la policía.

Victoria guardó silencio.

Julián continuó:

—Quería usarlo para quedarse con Valmere.

Elena miró la fotografía.

—Entonces Adrian provocó el incendio.

—Sí.

—¿Para matar a Evelyn?

Julián cerró los ojos.

—Para obligarla a entregarle su parte de la clave.

Victoria palideció.

—No.

—Es la verdad.

—Mi madre confiaba en él.

—Y él la utilizó.

—No.

—Victoria.

—No.

Ella tomó la pistola de nuevo.

Lucien se enderezó.

—Baja el arma.

—Tú cállate.

—No está amenazándote.

—Está mintiendo.

Julián levantó la mirada.

—Adrian llegó a la casa antes que Richard. Amenazó a Evelyn. Tu madre se negó a entregarle la clave. Él encerró a todos dentro y prendió fuego al ala oeste.

Victoria respiraba con dificultad.

—Richard la dejó morir.

—Richard intentó entrar.

—Salió cubierto de sangre.

—Porque Adrian lo apuñaló.

Lucien se quedó inmóvil.

—¿Mi padre estaba herido?

—Sí.

—Yo no vi ninguna herida.

—La ocultó.

—¿Por qué?

—Porque si la policía descubría que había sido atacado, tendría que explicar qué hacía allí.

Lucien miró al suelo.

Como si estuviera reconstruyendo un recuerdo que había llevado mal durante toda la vida.

—Evelyn murió porque Richard eligió salvarse.

Julián negó.

—Evelyn ya estaba muerta cuando él salió.

Victoria avanzó hacia Julián.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque yo estaba dentro.

Elena sintió que el aire desaparecía.

—¿Qué?

Julián la miró.

—Yo estaba en la casa.

—Pero dijiste que mamá gritaba desde el jardín.

—Ella logró salir por una ventana.

—¿Y tú?

—Richard me sacó.

Lucien levantó la cabeza.

—Mi padre te salvó.

Julián asintió.

—Sí.

—¿Y lo odias?

—Lo odié por no salvar a Evelyn.

Victoria apretó el arma.

—¿La viste morir?

Julián no respondió.

—¿La viste?

—Sí.

La palabra quebró algo en Victoria.

Bajó el arma.

Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no dejó que cayeran.

—¿Estaba sola?

Julián negó.

—Adrian estaba con ella.

—Dijiste que él salió.

—Lo hizo después.

—¿Qué ocurrió?

Julián miró la fotografía.

—Evelyn le entregó una llave.

—¿La parte de la clave?

—Eso creíamos.

—¿No era?

—No.

Elena sintió un escalofrío.

—¿Qué le dio?

—Una llave vacía.

Lucien frunció el ceño.

—¿Vacía?

—Sin información. Evelyn había transferido su parte horas antes.

—¿A quién?

Julián miró a Elena.

Ella supo la respuesta antes de escucharlo.

—A tu madre.

Elena sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—Mamá tenía dos partes.

—Sí.

—La suya y la de Evelyn.

—Sí.

—¿Y la de Richard?

Julián bajó la mirada.

—La tenía yo.

Nadie habló.

Elena miró a su padre.

—Tú tienes las tres.

—No.

—Acabas de decir…

—Tu madre escondió las dos suyas antes de morir.

—¿Dónde?

—Nunca me lo dijo.

Elena soltó una risa rota.

—Por supuesto.

—Quería protegerte.

—Todo el mundo me protege mintiéndome.

—Porque eras una niña.

—Ya no lo soy.

—Para mí sí.

—Eso no te da derecho a destruir mi vida desde las sombras.

Julián cerró los ojos.

—Lo sé.

Elena sintió rabia.

Dolor.

Y una tristeza más profunda que ambas.

—¿Cómo murió mamá?

Julián no respondió.