CAPITULO 9 #2
Lucien dio un paso.
Elena volvió a retroceder.
Él se detuvo de inmediato.
—No voy a tocarte.
—Qué considerado.
—Elena.
—Dijiste que llegarías.
—Llegué.
—Tarde.
La palabra lo golpeó.
Ella lo vio.
Lucien apretó la mandíbula.
—Sí.
—Él también lo dijo.
—¿Qué?
—Que llegaste tarde. Igual que tu padre.
El rostro de Lucien cambió.
—¿Qué más dijo?
—Que pregunte por la noche del incendio.
—¿Qué exactamente?
—Quién cerró la puerta de Evelyn.
Lucien miró a Keller.
—Saquen a todos.
—Señor…
—Ahora.
Los hombres salieron.
Keller dudó.
—Necesita atención médica.
—Un médico viene en camino.
—No quiero un médico tuyo —dijo Elena.
Lucien volvió la vista hacia ella.
—Entonces llamaremos al que elijas.
—Quiero irme.
—No.
—No puedes impedirlo.
—No mientras el hombre que intentó secuestrarte siga en el edificio.
—Tal vez ya salió.
—No ha salido.
—¿Cómo lo sabes?
—Cerramos todas las puertas.
—¿Nos encerraste?
—Cerré el hotel.
Elena soltó una risa amarga.
—Por supuesto.
Lucien miró a Keller.
—Déjanos solos.
—No creo que sea conveniente.
—No te pedí una opinión.
Keller guardó el arma.
Antes de salir, miró a Elena.
—Estaré afuera.
La puerta se cerró.
Elena y Lucien quedaron solos.
La habitación parecía más pequeña con él dentro.
Había sangre en la alfombra.
Vidrios en el baño.
Una lámpara rota.
Y aquella fotografía completa todavía brillaba en la pantalla del teléfono que Elena había dejado sobre la cama.
Lucien la vio.
Caminó hacia el aparato.
—No la toques.
Él se detuvo.
—¿Quién la envió?
—Un número desconocido.
—¿Qué decía?
—Ya lo sabes.
—Quiero escucharlo de ti.
—Decía que mi padre miente.
Lucien permaneció en silencio.
—Y que tú también.
—Eso ya me lo dijiste.
—También decía que preguntara quién es realmente mi padre.
Lucien miró la pantalla.
Su expresión se volvió ilegible.
—¿Crees que Richard lo era? —preguntó Elena.
—No.
—Pero lo consideraste.
—Sí.
—¿Desde cuándo?
—Desde que encontré esa fotografía.
—¿Y aun así te acercaste a mí?
—Antes de hacerlo descarté la posibilidad más evidente.
—¿Cómo?
Lucien la miró.
—Una prueba genética.
Elena sintió que el cuerpo se le tensaba.
—¿Qué?
—Conseguí una muestra tuya.
El silencio fue absoluto.
—¿Cómo?
Lucien no respondió.
—¿Cómo conseguiste una muestra mía?
—De una copa.
Elena lo miró con incredulidad.
—¿En la gala?
—No.
—Entonces ¿cuándo?
—Hace años.
La respuesta fue peor.
—Me robaste ADN.
—Necesitaba saber si eras hija de mi padre.
—Eso es una violación.
—Sí.
—¿Y lo dices así?
—No hay una forma correcta de decirlo.
Elena sintió una mezcla de asco y furia.
—¿Cuál fue el resultado?
—No compartimos parentesco.
—¿Estás seguro?
—Sí.
—¿Y esperabas que eso me tranquilizara?
—No.
—Entonces ¿por qué no me lo dijiste desde el principio?
—Porque revelar la prueba significaba admitir cómo la conseguí.
—Y preferiste dejarme pensar que quizá eras mi hermano.
Lucien bajó la mirada.
—No planeaba que vieras la fotografía completa esta noche.
—Siempre es culpa del momento contigo.
—No.
Él volvió a mirarla.
—Es culpa mía.
Elena sintió que la respuesta no la calmaba.
—El hombre dijo que enterraste un informe.
Lucien no se movió.
—¿Es cierto?
—Sí.
La honestidad la dejó sin aire.
—¿Qué informe?
—El original del incendio.
—¿Por qué lo enterraste?
—Porque contenía nombres que habrían provocado una investigación.
—¿Y eso era malo?
—Habría puesto a tu familia en peligro.
—No decidas por mí.
—Tenías veintidós años.
—Ya era adulta.
—No sabías nada.
—Y te aseguraste de que siguiera así.
Lucien apretó la mandíbula.
—El informe mencionaba a tu madre.
—¿Como sospechosa?
—Como testigo.
—¿Qué vio?
—No lo sé.
—Mientes.
—No.
—¿Entonces por qué ocultaste el informe?
—Porque también decía que fue la última persona que vio a Evelyn con vida.
Elena sintió que la habitación se inclinaba.
—Mi madre estaba allí.
—Sí.
—Embarazada de mí.
—Sí.
—¿Y nunca me lo dijiste?
—No.
—¿Por qué?
Lucien respiró lentamente.
—Porque no sabía qué parte era verdad.
—¿Quién redactó el informe?
—Un detective llamado Marcus Vale.
—¿Dónde está?
—Muerto.
—Conveniente.
—Para alguien, sí.
Elena lo miró.
—¿También lo mataron?
—Desapareció seis meses después del incendio. Encontraron su automóvil en el río. Nunca encontraron el cuerpo.
—Y tú enterraste su informe.
—Mi padre lo hizo primero.
—¿Qué significa eso?
—El documento desapareció de los archivos oficiales. Yo encontré una copia años después.
—¿Dónde?
—En la caja fuerte de Richard.
—La misma de la carta.
—Sí.
Elena caminó hacia la ventana.
Necesitaba distancia.
Necesitaba aire.
—El hombre sabía todo esto.
—Parte.
—Sabía que tú tenías el informe.
—Eso reduce la lista.
—¿A quiénes?
—Personas cercanas a mi padre.
—Victoria.
Lucien no respondió.
Elena se giró.
—¿Por qué nunca respondes cuando la menciono?
—Porque Victoria no es la responsable de esto.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque estaba conmigo cuando recibí la llamada de seguridad.
—Eso no significa nada.
—Significa que no estaba aquí.
—Pudo enviar a alguien.
—Sí.
—Entonces no la descartes.
—No la descarto.
—Acabas de decir que no es responsable.
—Dije que no creo que lo sea.
—Eso no es lo mismo.
—No.
Elena soltó el aire.
—Mi padre quiere verme mañana.
Lucien levantó la cabeza.
—¿Dónde?
—No voy a decírtelo.
—No irás sola.
—Sí iré.
—No.
—No eres quien decide.
—Después de esta noche, no vas a ningún lugar sin seguridad.
—¿Tu seguridad? ¿La misma que dejó entrar a ese hombre?
La frase fue cruel.
Elena lo supo en cuanto la dijo.
Lucien la recibió sin defenderse.
—Sí —respondió—. La misma que falló.
Elena apartó la mirada.
—Dijo que mi madre gritaba desde el jardín.
—¿Quién?
—El hombre.
Lucien quedó quieto.
—También dijo que Richard salió solo.
—¿Solo de la casa?
—Eso entendí.
—El informe decía que había más personas dentro.
—¿Quiénes?
—Evelyn y un empleado.
—¿Murió también?
—Nunca apareció.
Elena sintió un escalofrío.
—¿Cómo se llamaba?
Lucien guardó silencio.
—Lucien.
—Gabriel Mercer.
El nombre no significó nada para ella.
Pero la forma en que él lo pronunció sí.
—¿Quién era?
—El jefe de seguridad de mi padre.
—¿Desapareció la misma noche?
—Sí.
—¿Crees que provocó el incendio?
—Durante años pensé que sí.
—¿Y ahora?
Lucien miró la sangre en la alfombra.
—El hombre que entró aquí usa la mano izquierda.
—¿Y?
—Gabriel también.
Elena sintió que el miedo regresaba.
—¿Crees que era él?
—No pude verlo.
—Yo tampoco.
—¿Qué edad parecía tener?
—No sé. Fuerte. Tal vez cincuenta.
Lucien caminó hacia el teléfono roto.
Recogió la tarjeta que había caído junto a él.
—Gabriel tendría cincuenta y ocho.
—Entonces podría ser.
—Sí.
—¿Por qué vendría por mí?
—Porque quizá cree que sabes dónde está algo.
—¿La llave?
Lucien levantó la mirada.
—Mi padre la mencionó antes de morir.
—¿Una llave de qué?
—No lo sé.
—Mi padre sí.
—Probablemente.
Elena recordó la llamada.
La estación.
La fotografía.
La otra mitad.
—¿Qué ocurrió realmente entre nuestros padres?
—No tengo la respuesta completa.
—Pero tienes una teoría.
Lucien se acercó al escritorio pequeño de la habitación y apoyó las manos.
—Creo que Richard, Julián y Gabriel trabajaron juntos en algo relacionado con Valmere Holdings.
—¿Algo ilegal?
—Sí.
—¿Qué?
—Lavado de dinero. Compra de terrenos. Sobornos.
—¿Mi padre participó?
—Su firma aparece en varios documentos.
—Eso no demuestra que supiera.
—No.
—¿Y Evelyn?
—Descubrió algo.
—¿Qué?
—Creo que intentó denunciarlo.
—Y por eso murió.
Lucien no respondió.
Elena sintió que la respuesta estaba en su silencio.
—¿Tu padre la mató?
—No lo sé.
—¿Lo crees capaz?
Lucien tardó demasiado en responder.
—Sí.
La palabra sonó como una herida.
Elena lo observó.
Por primera vez, Lucien no parecía poderoso.
Parecía cansado.
—¿La querías?
—Era mi tía.
—No fue lo que pregunté.
Lucien bajó la mirada.
—Era la única persona de mi familia que me trataba como a un niño y no como a un heredero.
Elena sintió que algo dentro de ella se suavizaba.
Solo un poco.
—¿Cuántos años tenías?
—Diez.
—¿Estabas allí esa noche?
Lucien levantó los ojos.
—Sí.
Elena dejó de respirar.
—¿En la casa?
—En una propiedad cercana.
—¿Viste el incendio?
—Sí.
—¿Viste a mi madre?
—No.
—¿A mi padre?
—No.
—¿A Richard?
—Sí.
—¿Qué hacía?
Lucien permaneció en silencio.
—Lucien.
—Estaba cubierto de sangre.
Elena sintió un nudo en el estómago.
—¿De quién?
—Nunca lo supe.
—¿Estaba herido?
—No parecía.
—Entonces…
—No sé de quién era.
La puerta se abrió.
Keller apareció.
—Señor, encontramos sangre en la escalera. El agresor salió por el área de servicio antes del cierre completo.
Lucien se giró.
—¿Cámaras?
—Desactivadas tres minutos antes de que entrara.
—¿Placa?
—Utilizó una motocicleta sin matrícula.
—Quiero todas las grabaciones de las calles cercanas.
—Ya están trabajando en ello.
Keller miró a Elena.
—El médico llegó.
—No quiero quedarme aquí —dijo Elena.
Lucien la miró.
—No te quedarás.
—Tampoco voy contigo.
—No voy a llevarte a mi casa.
—¿Entonces adónde?
—A un lugar seguro.
—Eso suena exactamente como tu casa.
—Es una propiedad que no está a mi nombre.
Elena soltó una risa seca.
—Qué tranquilizador.
—Puedes elegir otra.
—Quiero ir con Sofía.
—No.
—No me digas que no.
—El hombre que entró aquí conocía tu habitación menos de una hora después de que llegaras. Si vas con Sofía, la conviertes en un objetivo.
Elena sintió que la rabia se apagaba.
No porque Lucien tuviera derecho.
Porque tenía razón.
—No voy a llevarlo hasta ella —susurró.
—Entonces permite que te llevemos a un lugar donde nadie más quede expuesto.
Elena miró a Keller.
Después a la puerta rota.
Al baño cubierto de cristales.
Al teléfono destrozado.
—Solo esta noche.
Lucien asintió.
—Solo esta noche.
—Y mañana voy a ver a mi padre.
—Hablaremos de eso.
—No hay nada que hablar.
Lucien se acercó un paso.
Se detuvo antes de invadir su espacio.
—No voy a impedir que lo veas.
—Pero vas a seguirme.
—Sí.
—Te dije que no.
—Y esta noche alguien intentó llevarte.
Elena sostuvo su mirada.
—No quiero verte durante la reunión.
—No me verás.
—Eso no significa que no estarás allí.
—No.
—Eres imposible.
—Sigo escuchándolo.
El médico entró con una maleta.
Era una mujer joven.