CAPITULO 7 #3
—Eso podría funcionar.
—Funcionará.
—¿Y mi estudio?
—El propietario recibió una llamada de sus abogados hace veinte minutos.
—Te dije que no intervinieras.
—No compré el edificio.
—¿Qué hiciste?
—Le recordaron que amenazar a una inquilina por la conducta de terceros podría considerarse acoso contractual.
—¿Eso existe?
—No exactamente.
Elena lo miró.
Lucien dejó escapar una sonrisa leve.
—Pero él no lo sabe.
—Eres imposible.
—A menudo me lo dicen.
—¿También hablaste con mis clientes?
—No.
—¿Por qué?
—Porque eso sería interferir en tu trabajo.
Elena cruzó los brazos.
—Pero amenazar al propietario no.
—Eso fue proteger tu lugar de trabajo.
—Tu lógica es conveniente.
—Mi lógica es eficaz.
Elena caminó hacia la puerta.
Había conseguido algunas respuestas.
También había encontrado muchas preguntas nuevas.
Antes de abrir, se detuvo.
—¿Quién sabía que compraste mi exposición?
—Muy pocas personas.
—¿Victoria?
Lucien no respondió inmediatamente.
Elena se giró.
—¿Ella lo sabía?
—Sí.
La respuesta le provocó una inquietud difícil de explicar.
—¿Por qué?
—Porque estuvo presente cuando las fotografías llegaron a mi casa.
—¿Eran pareja entonces?
—Nuestras familias ya hablaban del compromiso.
—¿Y sabía quién era yo?
—Sabía que eras la fotógrafa.
—¿Eso es todo?
Lucien sostuvo su mirada.
—Eso es todo lo que puedo confirmar.
Elena apretó el picaporte.
—Cada vez que dices eso, siento que estás ocultando algo peor.
—Probablemente porque lo hago.
Ella abrió la puerta.
Margaret seguía en su escritorio.
Elena dio dos pasos antes de escuchar la voz de Lucien detrás de ella.
—No regreses sola a tu apartamento.
Se giró.
—No empieces otra vez.
—El automóvil está abajo.
—Tomaré un taxi.
—Elena.
Había algo diferente en su tono.
Ya no era autoridad.
Era advertencia.
—¿Qué ocurre?
Lucien miró a Margaret.
La mujer se puso de pie y cerró la puerta del ascensor con un botón situado debajo del escritorio.
Elena sintió que el corazón comenzaba a acelerarse.
—¿Qué hicieron?
—Hace diez minutos, seguridad encontró a un hombre intentando acceder al estacionamiento privado —dijo Lucien.
—¿Un periodista?
—No.
—¿Cómo lo sabes?
—No llevaba cámara. Tampoco identificación.
Lucien caminó hacia ella.
—Pero llevaba esto.
Sacó una fotografía doblada del bolsillo de su camisa.
Elena la tomó.
Era una imagen de ella saliendo de su apartamento aquella misma mañana.
Había sido capturada desde el otro lado de la calle.
En la esquina inferior aparecía una hora impresa.
Seis y doce.
Mucho antes de que la noticia de la gala se publicara en los medios.
Elena sintió que los dedos se le enfriaban.
—¿Quién tomó esto?
—El hombre no quiso decirlo.
—¿Dónde está?
—Con mi equipo de seguridad.
—¿Lo secuestraste?
—Lo retuvieron por entrar en propiedad privada.
—Eso no responde mi pregunta.
—Está vivo, ileso y esperando a que llegue la policía.
Elena volvió a mirar la fotografía.
La imagen había sido tomada antes de que ella supiera que la prensa había descubierto su identidad.
Antes de que los periodistas aparecieran frente al estudio.
Antes de que Lucien colocara vigilancia en su calle.
—No fue la prensa —susurró.
—No.
Elena levantó la mirada.
—Entonces alguien ya sabía quién era.
—Sí.
—Y sabía dónde vivía.
Lucien se detuvo frente a ella.
Esta vez no había provocación en sus ojos.
Solo una oscuridad fría y contenida.
—Ahora entiendes por qué no voy a retirar a mis hombres.
Elena apretó la fotografía.
—¿Crees que esto tiene que ver con tu padre?
—No lo sé.
—¿Con mi familia?
—Es posible.
—¿Con lo que hay dentro del sobre?
Lucien guardó silencio.
Esa fue la única respuesta que necesitó.
Elena abrió el bolso y sacó el sobre negro.
Lo sostuvo entre ambos.
—Dime qué contiene.
—Te lo dije. La verdad.
—No quiero acertijos.
—Entonces ábrelo.
Elena rompió el sello.
Lucien no intentó detenerla.
Dentro había una sola fotografía.
Antigua.
Desgastada en los bordes.
Elena la sacó lentamente.
En ella aparecían dos hombres mucho más jóvenes de pie frente a una casa de piedra.
Reconoció a uno de inmediato.
Era su padre.
El otro tenía los mismos ojos grises de Lucien.
Elena levantó la vista.
—¿Ese es tu padre?
—Sí.
Volvió a mirar la imagen.
Ambos hombres sonreían a la cámara.
Parecían amigos.
En la parte trasera había una fecha escrita a mano.
Veintisiete años atrás.
Debajo, una frase.
«Lo que enterramos aquella noche debe permanecer con nosotros.»
Elena sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—¿Qué significa esto?
Lucien sostuvo su mirada.
—Significa que nuestros padres se conocían.
—Mi padre jamás te mencionó.
—El mío tampoco habló de ti.
—¿De mí?
Lucien miró la fotografía.
—Tú naciste nueve meses después de que fuera tomada.
Elena sintió que la respiración se detenía.
—¿Qué estás diciendo?
Lucien levantó los ojos hacia ella.
—Que mi interés en ti no comenzó con una exposición.
El silencio se extendió por toda la oficina.
Elena apretó la fotografía entre los dedos.
—Entonces ¿cuándo comenzó?
La expresión de Lucien se volvió completamente seria.
—La noche en que mi padre murió y pronunció tu nombre.