Hasta Que Nuestros Mundos Choquen Capítulo 29
94%

Capítulo 29

Alexander

—¡Suéltenme por favor!

​ Mis ojos se abren de golpe. Volteo a todos lados y mi vista se enrojece cuando veo que se la quieren llevar otra vez.

—¡Déjenla en paz!— Me acerco a los barrotes e intento agarrar a los hombres, pero ellos solo se ríen.

​ Kate se intenta zafar, pero está demasiado débil y no toma más que un golpe para que caiga inconsciente.

Empiezo a patear los barrotes en un intento desesperado por ir hacia ella, pero no lleva a ninguna parte y ya han desaparecido por la puerta.

Camino por el pequeño espacio arrugando mi ropa cada que la escucho gritar.

Me siento inútil. Debería de ayudarla y quitarle el dolor.

¿No existe una forma en la que se pueda transferir el dolor?

​ Creo que van tres días desde que estoy aquí.

Realmente esperaba que ahora me agarraran a mí de juguete de tortura y dejaran a Kate en paz, pero no han hecho más que reírse de mis intentos de salvarla.

Con cada hora que pasa me derrumbo y mi corazón tiembla ante la idea de que a lo mejor no salga viva de ese cuarto.

Kate es fuerte pero no se cuanto más aguante.

—¡Kate!—Me desgarro la garganta en un intento de que me oiga en el otro cuarto—. ¡Resiste por favor! ¡Aquí estoy esperándote! ¡Vuelve conmigo!

​ Por un momento no escucho nada haciendo que mi esperanza de que me oyera decayera, pero después las risas de los hombres aparecen junto con el rechinido de la puerta.

—¿El príncipe azul intenta salvar a la princesa?—Uno de ellos se burla cuando están del otro lado de mis barrotes.

—¡Déjenla en paz cabrones!—Extiendo mis brazos para golpearlos, pero solo se ríen y dan un paso atrás.

—¿Por qué no te nos unes a la diversión?

​ Abren mi celda, pero antes de que pueda balancearme hacia ellos, uno me envuelve con sus brazos, atrapándome.

Lo muerdo lo suficientemente fuerte como para que me suelte, pero solo logro dar unos pasos afuera cuando el otro me toma de atrás y hace lo mismo que su compañero, pero este aprieta su agarre hasta dejarme mareado, sin aire, y con un dolor punzante en mi herida.

El que mordí se coloca frente a mí y me da dos puñetazos en la cara haciendo que la sangre se acumule en mi boca.

Ante su risa engreída le escupo el líquido rojo en la cara y recibo otros dos puñetazos. Valió completamente la pena.

​ Me colocan los grilletes en los pies y en las manos y luego me llevan a empujones hacia donde está Kate. Cuando la veo quiero correr hacia ella, pero los grilletes y la mano en el hombro de nuestros carceleros me lo impiden.

Estaba sentada en una silla de metal con las piernas en una especie de botas del mismo material, había nuevos golpes en su rostro y estaba amarrada a la altura del pecho para que no pudiera moverse.

Su barbilla esta recargada en la cuerda que la amarra y por un momento pensé que estaba muerta.

Hago ruido con mis grilletes para llamar su atención y mi alivio llega cuando la veo moverse.

—¡Alex!— Levanta su cabeza y a pesar de todo, una pequeña sonrisa aparece; nunca me había dicho así.

—Aquí estoy Kate. ¡Suéltenla!—Mis ojos se clavan en los dos hombres.

—Aquí tu no das ordenes traidor.

​ Me avientan a la pared paralela a la de Kate, colocan mis brazos encima de la cabeza y amarran mis grilletes a un gancho, separan mis piernas y las recargan en la pared para colocar la cadena en otro gancho dejándome en una posición donde es imposible moverme.

Uno me toma la mandíbula para obligarme a verlo y el otro avanza a Kate.

—Por cada dificultad que nos pusiste es un golpe más que le daremos a ella—. No.

​ El hombre me suelta y se le une a su compañero.

Uno agarra una antorcha y el otro un martillo de madera reforzado con metal.

El que tiene la antorcha me mira directamente a los ojos con una sonrisa engreída mientras acerca el fuego a las botas calentándolo al instante y sacándole gritos a Kate.

Después de unos segundos, la antorcha es remplazada por un golpe del martillo y el siseo de lo caliente quemando la piel.

Kate solo grita y se retuerce sin parar y así una y otra vez mientras me obligan a ver.

Mis lágrimas y gritos de que se detengan no paran de salir. Esta es mi tortura.

​ Después de no sé cuántas rondas por fin paran. Kate llora sin parar y puedo ver como gotas de sudor empapan su deformidad.

—Levántate—. Ordenan cuando la desamarran y liberan sus pies.

​ Con la fuerza que le queda, Kate intenta, pero en seguida sus piernas tiemblan y cae de boca al piso, los dos torturadores estallan en risas.

—Para ser un monstruo tienes un trasero deseable—. El que tenía el martillo se burla.

—Tócale un pelo y-

—¿Y qué? ¿Qué me vas a hacer? —Sus pasos son despreocupados y engreidos—. No puedes hacer nada traidor. Si decido tomarla aquí y ahora no puedes detenerme.

​ Se coloca detrás de ella y la jala del pelo. Ella suelta un quejido y luego un sollozo cuando las manos del asqueroso se posan una en su cuello y la otra en su cintura.

—Creo que eres la torturada más preciosa que ha pasado por este cuarto—. Me observa mientras pronuncia esas palabras y acaricia su cuello—. ¿Cómo se sentirá estar dentro de ti?— Los ojos de Kate se cristalizan—. Seguramente eres una putita usada.

—¡Cabrón cállate de una vez!—Mis intentos por soltarme vuelven a fallar miserablemente, sacándoles carcajadas a los dos.

​ En el momento en que las manos del pervertido empiezan a acercarse a las partes íntimas de Kate, mi ira toma control y empiezo a tirar fuerte de las cadenas para romperlas y asesinar al hijo de puta. Me da una sonrisa triunfante y suelta a Kate que cae con un umph al suelo.

—Eres un idiota si crees que me meteré con ella—. Su suela aterriza en su estómago—. Seguramente ni buena está.

​ La toma del cabello y empieza a arrastrarla al cuarto de las mazmorras. Su compañero me aprieta el cuello para dejarme débil y luego me libera de los ganchos y me arrastra a mi celda. Cuando se van corro a tomarle la mano a través de los barrotes a Kate.

—Déjame ver.

​ Acerca como puede sus piernas y empiezo a derramar lágrimas. Partes de su piel están rojas y otras están volviéndose oscuras. No puedo ni imaginarme el dolor y ardor que siente.

—Lo siento mucho Kate. Es mi culpa por pelear con ellos.

—L-lo iban a hacer de cualquier f-forma Alexander.

—Pero no tantas veces.

—Eso no lo sabes—. Sus ojos luchaban por mantenerse abiertos.

—Descansa princesa. Duerme para que se te olvide el dolor—. Leves caricias en el pelo son mi forma de consolarla.

​ Nunca fui un hombre religioso, pero en este momento de silencio recé con todas mis fuerzas para que Kate no sufra más, para que todo esto fuera solo una pesadilla y que en realidad estamos dormidos acurrucados en mi cama.

—Alex… —Otra vez ese apodo.

—Aquí estoy—. Mi cuerpo se vuelve uno con los barrotes.

—Él iba a… —No pudo terminar la frase, pero se a que se refería—. ¿Crees que soy una p-

—No. Nadie cree eso. Él solo estaba torturándonos.

—¿Te arrepientes de esa noche?

—En absoluto. Fue más que perfecta—. Una sonrisa se ensancha con los recuerdos.

​ Se levanta usando mi mano como apoyo y recarga su espalda en los barrotes. Yo me coloco igual que ella para verla; nuestras manos aún agarradas.

—¿Cuándo te hicieron esto?—Pregunto viendo las marcas con una mezcla de sangre seca y tierra en su espalda que no había notado antes.

—La tercera vez que me llevaron allí. Intenté usar mi don, pero creo que este lugar tiene un tipo de bloqueo para la magia. Se burlaron de mi por siquiera intentar usarlo con cada golpe.

—Oh Kate.

—Ya pasó—. El silencio reina—. ¿Recuerdas que quería hablar contigo?

—Eso puede esperar.

—No. No puede—. Me observa apáticamente; su brillo ha desaparecido—. Además, me ayuda a distraerme.

—El escenario es tuyo—. Toma aire con dificultad.

—Lo lamento. Toda historia tiene dos lados y no te dejé contar el tuyo de la nuestra, tienes ese derecho y no lo respeté; ni siquiera aquellas veces en el bosque cuando intentaste.

Estaba demasiado enojada y bloqueada como para ver el panorama completo.

Si, me molestó y me entristeció que me engañaste y que empezaste mintiéndome, —reformula sus palabras— mintiéndonos a todos, pero tú solo cumplías órdenes y sé que después de pasar un tiempo con nosotros te diste cuenta de la verdad e intentaste cambiar.

Pero quisiera que entendieras que te conté cosas que ni a mis amigos o a mi padre les dije y que, dada mi historia familiar y el reciente asesinato de mis amigos, enterarme de la verdad así y saber que tú eras uno de ellos rompió mi corazón de formas que nunca creí que existían.

Los humanos me han quitado mucho y que también me quitaran el amor fue la gota que derramó el cuenco.

Aun así, pasar tiempo con mi padre y mis amigos me ayudó a abrir los ojos y ver que tú ya no eres uno de ellos y que mi vida no está completa sin ti.

Cuando me agarraron pensé que no volvería a verte y no podría aclarar todo pero los dioses me han dado otra oportunidad.

Lo lamento Alexander. Fui una tonta y terminé comportándome como lo que más odio—. Su mirada está fija en el suelo.

​ Por un momento solo se escuchan nuestras respiraciones y el eco lejano de unas gotas que impactan contra el suelo. Los ojos de Kate me siguen como fiera a su presa, atenta a lo que diré. ¿Qué su vida está incompleta sin mí? La mía gira alrededor de ella.

—Kate, —refuerzo nuestro agarre— la que tiene que perdonarme eres tú.

Yo entré a tu vida con mentiras y engaños; con la misión de matarte a ti y a todos tus compañeros carajo.

Y tú con tu corazón bondadoso aceptaste a un extraño que conociste en una escena macabra.

No tenía intención de que te enteraras así, la verdad es que no quería que te enteraras, punto.

Ya había dejado eso atrás —le acaricio su mejilla— por ti , dejé todo eso atrás.

Tú, Katerina Phantom hiciste que, en solo un par de meses cambiara todo lo que una vez creí y me convertiste en mejor persona.

Antes de ustedes, yo no había tenido amigos, en la élite está prohibido fraternizar de más con los compañeros.

No había tenido un ápice de culpa, ni una vida…

no había experimentado el amor. Me diste razones para vivir.

Soy un tonto enamorado y tú eres mi verdugo.

—Oh Alex cuánto quisiera abrazarte en este momento—. Sus ojos muestran un brillo triste mientras recarga su mejilla en mi mano.

—No sé qué pasará con nosotros, pero quiero que sepas que tú eres mi primer y último amor.

Que, aunque nuestros cuerpos no estén funcionando mi alma amará a la tuya en esta y todas las vidas que siguen porque te voy a encontrar y estaremos juntos.

Tendremos ese romance que tanto te gusta leer y la vida que siempre soñaste.

No veo mejor razón para morir que el amor.

​ Aún con nuestra situación, nos hundimos en un silencio acogedor y tranquilo donde únicamente nos observamos. Cuánto quisiera besarla y tenerla conmigo para no soltarla jamás, pero por ahora solo puedo conformarme con acariciarla a través de los barrotes.

​ Nuestro momento dura poco porque unas antorchas empiezan a iluminar el lugar. Kate se tensa casi de inmediato pero la luz no viene de los torturadores, viene de las escaleras. Cuando me pongo en alerta, el vejestorio del Comandante y cuatro hombres más aparecen frente a nosotros.

—Veo que mis hombres se divirtieron—. Le dice a Kate haciendo que agache la cabeza.

—¡Déjala en paz!

—El caballero sale al rescate de su princesa—.

Habla con burla—. La cámara de generales y yo hemos llegado a una conclusión…

—hace una pausa dramática adrede. Maldito cabrón— serán colgados públicamente—.

Kate vuelve su cabeza al portador de voz asustada—.

Mañana en la plaza del pueblo. Serán usados como ejemplo de qué es lo que pasa cuando desafían a Light-Hell.

Yo quería otra cosa más correcta respecto a sus crímenes cometidos pero la mayoría votó por esto.

—¿Crees que, aunque hagan esto, el pueblo se detendrá?

—Todos dirigimos la vista a su celda—. Aethel ya sabe la verdad, de nuestra historia y de ustedes.

No seremos los únicos que luchemos por la verdad, habrá más; tantos que la élite no podrá y terminará perdiendo.

Esto no los hace ver como “algo que temer” los hace ver débiles porque están demostrando que nosotros tenemos razón y ocultan cosas.

Nuestro sufrimiento acabará pronto, pero el de Light-Hell, apenas comienza.

Esa es mi chica.

—Salúdame a tus amiguitos en el Hades—. Kate intenta levantarse, pero falla y El Comandante y sus hombres se van entre risas.

—¡Cabrones!— Kate grita al aire.