Capítulo 28
Alexander
Algo anda mal. Cuando Kate fue a mi casa para decirme que habláramos se veía urgente pero cuando se llegó el día no apareció.
Con éste ya van cinco días desde que no la veo y me estoy preocupando.
Mi instinto me dice que la busque así que me pongo las botas y salgo directo a su casa.
No veo movimiento al llegar, pero igualmente toco la puerta.
—¿Qué haces aquí?—Su padre dice al abrir.
—Señor, vengo a buscar a su hija—. Decirle por su primer nombre no me pareció correcto dado todo lo que ha pasado.
—Ya no tienes ningún derecho con ella—. Supongo que sabe que terminamos.
—Lo sé, pero ella había dicho hace un par de días que quería hablar, pero no apareció.
—Acabo de llegar. Supongo que está con sus amigos. No vuelvas más.
Me cierra la puerta en la cara. Lo dejo pasar porque sé que dañé a su hija.
Voy a los demás lugares donde podría estar, pero recibo la misma respuesta —aunque sin tanto odio—.
Hay dos lugares más que se me ocurren. Al entrar por la puerta mágica del primero, el hermoso paisaje no muestra que esté resguardando a Kate. Mierda. Última oportunidad.
Llegué a la puerta con el candado forzado y entré con duda.
La casa abandonada está oscura y lo único que resalta son los charcos de sangre donde sus dueños fallecieron hace poco.
Fue un denario al aire pensar que Kate estaría aquí pues es un lugar con recuerdos bastante horribles, pero, al ser ella simbólica como con el bosque mágico, supuse que aquí se sentiría más cerca de sus amigos; más cerca de Jack.
Aunque de forma literal no tuve nada que ver con esto fueron los de mi antigua élite, los que llamé hermanos alguna vez, los que cometieron este terrible acto así que parte de la culpa aún recae en mí y me siento terrible por eso.
A veces que duermo los recuerdos de ese día vuelven borrosos, lo único claro son los gritos de Kate y esa onda que quebró los árboles y agrietó el pavimento a su alrededor cuando cayó al suelo.
Me quedo un rato más ahí mientras que en mi mente pido disculpas a los chicos y me voy con el corazón pesado.
—Alexander—. Una voz en el callejón llama mi atención mientras camino de regreso a casa.
—¿Quién anda ahí?
De las sombras se materializa una chica con pelo azul que conozco.
—Sandra. ¿Cómo estás? ¿Qué haces ahí?
—Me escondo para evitar preguntas como la que hiciste, pero contestándola, no estoy bien.
—Lo siento mucho.
—No tienes por qué disculparte. No tuviste nada que ver—. ¿Cómo le explico…?
—¿Querías decirme algo?
—Cierto. Supe que estás buscando a Kate.
—Si.
—Creo que está en problemas.
—¿Cómo dices?
—Casi no he salido de mi casa así que no he visto a nadie, pero hoy hace rato me enteré que hace unos días en la noche dos hombres se llevaron a alguien, pero no sabían a quién. Investigué un poco más y me di cuenta que era Kate—. Mi corazón se detiene y mi cuerpo se tensa—. Justo iba a buscarte.
—¿Qué más sabes?
—Solo que fueron dos hombres de negro. Mis conocidos no pudieron decirme nada más—. Esto no puede estar pasando.
—Gracias Sandra—. Empiezo a correr, pero su voz me detiene.
—Alexander, por favor encuéntrala.
—Lo haré.
Llego a mi casa y empiezo a agarrar todas las armas que tenía escondidas.
La élite la tiene, no tengo duda alguna.
¿Por qué no me di cuenta antes? ¿Por qué no la protegí más sabiendo que esto podía pasar con la revelación?
Soy un idiota. Al estar listo salgo directo al gran castillo y, a medida que me acerco, empiezo a ver todo rojo.
Si le tocaron, aunque sea un pelo los asesinaré a todos.
Enseño mi uniforme a los guardias para que abran la puerta y empiezo a caminar, pero un grupo de gente hace que me detenga.
—Estábamos preguntándonos cuando aparecerías—. El Comandante habla desde el centro de la pequeña muralla de compañeros y guardias que se encontraban frente a mí.
—¿Dónde está?
—En un lugar seguro.
—Y una mierda. Quiero verla.
—No. A menos que nos acompañes claro—. Sonríe. Maldito psicópata.
—No soy un idiota, —desenfundo mis dagas— y no lo voy a repetir. Quiero. Verla.
El Comandante gira en su propio eje y la muralla empieza a venir hacia mí.
Dejo que mi enojo se materialice y empiezo a pelear.
Uno a uno los soldados iban cayendo porque puede que hayamos tenido el mismo entrenamiento, pero no tienen mi estrategia.
Uno logra herirme el brazo, pero con la adrenalina y el enojo no sentí dolor y acabé con mi agresor.
Tomo el escudo de un cuerpo y detengo las flechas que llegan de los guardias mientras avanzo.
Hay unos pequeños tramos tranquilos hasta que empiezan a aparecer más soldados.
¿Conque será la élite completa contra mí?
No tengo problema. Supongo que la tienen en las mazmorras así que tomo el camino correcto mientras peleo.
Cuando estoy cerca de la puerta mi cuerpo tembloroso duele y la herida del brazo empieza a sentirse como una punzada.
Rasgo mi capa y amarro un pedazo de tela en la herida mientras extiendo el brazo para empujarla y llegar a ella, pero unos brazos enormes me abrazan por detrás, haciendo especial énfasis en donde duele.
—¿Querías verla? Pues ahora estarás con ella traidor—. El Comandante aprieta más su agarre.
Dos soldados me amarran las manos y los pies y proceden a desarmarme y El Comandante cambia para solo agarrarme el hombro mientras que con la otra mano dirige una daga a mi espalda.
—Camina o te corto en dos.
En todas las escaleras mi mente maquina a toda hora para escapar, pero con el cansancio y el dolor no puedo concentrarme mucho. Las mazmorras son un lugar oscuro y frío, aquí se envían a los traidores o monstruos para desaparecerlos. Aquí es donde encerraron a Justin seguramente.
Me empujan a una celda y justo después de que la cierran un espantoso grito retumba en el lugar. El Comandante ríe y me ve directo a los ojos.
—Ahí está lo que buscabas—. Dice mientras se dirige a las escaleras.
Mi corazón se detiene y me concentro cuando el grito vuelve a aparecer. Tiene razón. El grito es de Kate.
—¡Qué mierda le están haciendo cabrones!— Me acerco a los barrotes. De respuesta solo consigo el eco de la risa del viejo.
Los gritos continuaron escuchándose por quien sabe cuánto tiempo y yo sólo podía pensar en qué le están haciendo y en cómo salir de aquí para cortarle la garganta al Comandante por hacerle esto.
El rechinido de una puerta y la llama de fuego que aparece después llaman mi atención.
Los dos torturadores de la élite salen riendo y el que no tiene la llama va arrastrando un bulto, una persona.
Rezo a los dioses para que todo esto sea un truco de ellos y no es Kate a la que van arrastrando, pero me prueban que todo es real cuando, después de aventarla a la celda a lado de mi la antorcha ilumina su deformidad momentáneamente.
—¿Kate?— Hablo cuando los torturadores se van.
Su rostro se levanta rápidamente al reconocer mi voz.
—¿A-alexander?
Se coloca de costado para observarme y entonces el estómago se me cierra y la sangre se me va al piso. Está toda golpeada y algunas heridas todavía sangran, está pálida con ojeras, y el vestido en la parte del estómago está destrozado dejando ver muchas líneas rojas; azotes.
—¿Qué te han hecho princesa?
Me acerco a los barrotes que compartimos y extiendo mi mano para agarrar la suya; está helada. Kate no dice nada, sólo aprieta con la fuerza que le queda mi mano y comienza a llorar sin parar y yo quiero romper esto que nos separa y abrazarla.
—Me duele, —susurra una y otra vez en su llanto — me duele mucho—. Abraza sus rodillas con la mano que tiene libre.
—¿Qué te han hecho?
—Qué no me han hecho—. Se limpia la lágrima, pero otra toma su lugar—. Desde que me secuestraron no han hecho nada más que golpearme con sus puños y con una maldita vara de madera, como si fuera animal—. Mi cuerpo entero arde de enojo.
—¿Es lo que te estaban haciendo ahorita?—Pregunto lo más calmado que puedo.
—No. Estaban “estrenando” su nuevo juguete—. Se soba los tobillos—. Me amarraron de las muñecas y los tobillos y empezaron a estirar mi cuerpo—. Vuelve a llorar—. Creí que me iban a despedazar.
Solo veo rojo. Cuando vuelva a ver a los cabrones de los torturadores o al Comandante voy a despedazarlos. Estoy imaginando las mil y una formas en las que yo los voy a torturar cuando su pequeña voz me saca de ese lugar oscuro.
—¿Tú qué haces aquí? ¿No son ellos los tuyos?—Noto un poco de rabia en su tono.
—Dejaron de ser “los míos” cuando me enamoré de ti. Te estuve buscando cuando no apareciste para nuestra conversación. Sandra apareció de las sombras y me dijo que escuchó que unos hombres te agarraron así que vine por ti.
—Te harán lo mismo que a mí. O peor.
—Puedo soportarlo.
—¿Te hirieron?—Señala mi brazo.
—Creo que sobreviviré—. Sonríe y eso fue suficiente para enamorarme más.
—¿Crees que nos dejarán morir aquí?
—Si El Comandante sigue siendo el mismo, tiene algo más grande pensado para nosotros—. El miedo se apodera de su rostro—. No te voy a dejar sola Kate. Ya te dejé una vez y terminaste aquí. No pienso hacerlo otra vez.
Y con eso, Kate cierra sus ojos y se relaja por lo que creo que es la primera vez en cinco días.