Hasta Que Nuestros Mundos Choquen Capítulo 27
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Capítulo 27

Katerina

Quisiera que mi madre y Justin estuvieran aquí para ver que se logró vencer esta rivalidad.

Aún queda mucho camino por recorrer pues los asesinos de Light-Hell siguen aquí atacando, pero vamos poco a poco y al menos ya no tengo que evadir calles y lugares para que no me apedreen.

Sabía que la mejor manera de hacer que todos escuchen es por algo que a muchos les gusta.

Estuve toda la noche trabajando en ella y un par de horas más perfeccionando mi don para crear al aedo que la cantara, pero lo logré y sus frutos son increíbles.

​ Mi padre llegó ayer en la noche y le conté lo que logré hace tres días obviamente exceptuando la parte donde entré ilegalmente a la élite y robé el diario. Me regañó por arriesgarme, pero también se enorgulleció por mi logro.

​ Estoy regresando a mi casa para cenar con mi padre cuando esa extraña sensación de que alguien está vigilándome que tuve desde ayer me detiene. Volteo a todos lados, pero no noto nada fuera de lo común.

«Solo estás paranoica. Basta ya.»

​ Con ese pensamiento en mente entro al calor de mi hogar. Mi padre sale de su cuarto y me recibe con una sonrisa.

—Mi dulce melodía. ¿Lista para cenar?

—Muero de hambre.

​ Entramos al comedor y cenamos mi platillo favorito.

Esta cena es como una celebración tardía de lo que hice.

Después de recoger, nos fuimos al piano donde nos sentamos en la banca, recargué mi cabeza en su hombro y empezó a tocar la canción que le escribió a mi madre, “The Music of the Night” que es básicamente cómo le dijo que se queden juntos y que empiecen una nueva vida lejos de sus pasados.

Siempre se me hizo una canción muy romántica y amaba cuando se la cantaba a ella.

​ Mis ojos se iban cristalizando a medida que la canción avanzaba pues sí, obviamente me hace recordar a mi madre, pero también a Alexander.

Por alguna razón no puedo separarme de él y no lo puedo olvidar, pero hago mi mejor esfuerzo por dejarlo a un lado y disfrutar este momento con mi padre que canta con una voz tranquilizadora.

​ Cuando termina, su mano izquierda va hacia mi mejilla y luego a mi mano y nos quedamos en un silencio cómodo.

—Te quiero mucho papá.

—Yo también te quiero Kate.

—¿Crees que estaría orgullosa de mí?— Se separa para verme a los ojos.

— Sé que está orgullosa de ti melodía. Rompiste una rivalidad de años de antigüedad, eso no se logra fácilmente.

—No lo hice sola—. Otra vez su recuerdo.

—Sé que tuvieron diferencias y que mis ganas de asesinarlo no han disipado, pero es obvio que lo extrañas. Yo tuve una oportunidad y la desaproveché, —me da un beso en la frente— no cometas el mismo error que tu padre.

—Ya veré. Canta otra canción por favor.

—Lo que mi hija ordene.

​ Toca por unas horas más, a veces yo me le unía y cantábamos juntos haciéndome sentir una niña otra vez. Cuando nos cansamos nos fuimos a dormir, pero no sin antes repetirme que luche por lo que quiero.

​ Cuando el sol está en su punto más alto, yo ya estoy saliendo de mi casa para ver a mis amigos. Es la primera vez que nos juntamos todos desde que Galatea, Azure, Ophidio y Jack fallecieron y, aunque será doloroso y el grupo no será igual, tenemos que mantenernos juntos. Por ellos y por nosotros.

​ Llego al punto de reunión y mis amigos no tardaron en aparecer de uno en uno.

Todo el día paseamos por el pueblo, hicimos un picnic, y terminamos en una taberna que nos gusta recordando momentos con nuestros amigos y disfrutando de la compañía del otro.

Alexander no vino, pero creo que así está mejor. Hoy se trata de mis amigos y yo.

​ Viendo esta escena de nosotros juntos riendo a pesar de las adversidades me llena de felicidad el corazón.

Si tienes a las personas correctas en tu vida, pueden pasar todo lo que venga, crear increíbles momentos, y tener a toda una familia porque sí, los amigos también pueden ser familia y podemos escogerla, tomar las decisiones correctas hacen que tu vida esté plena.

​ Acompañé a algunos de mis amigos a sus casas —los que estaban pasados de copas— y luego me dirigí a la mía, pero antes hice una parada en el último lugar que creí estar otra vez; su casa. Toco la puerta y al tercer toquido me abre.

—Kate.

—Alexander.

—Pasa.

—No. Sólo vine como parada rápida, —tomé una bocanada de aire— necesito hablar contigo. En dos días en el bosque mágico. Al mediodía.

—Ahí estaré.

—Bien. Buenas noches.

​ Me di media vuelta y me fui. Solté todo el aire que había contenido sin darme cuenta cuando ya me había alejado de la casa. Las conversaciones incómodas son algo que la gente quiere evitar, pero si se evitan se crean problemas más grandes, y yo ya he evitado esta charla lo suficiente.

​ Mi casa está a unos pasos cuando siento como dos ráfagas de aire aparecen a cada lado materializando a dos personas; dos hombres completamente vestidos de negro que me toman por los brazos.

Intento zafarme, pero el filo frío de una daga en mi cuello hace que me detenga.

El que no me está apuntando con la daga saca una especie de pañuelo que usa para cubrir mi nariz y boca.

Su olor es dulce, pero tierroso, en lo que intento identificar los olores mis ojos empiezan a pesar hasta que lo único que vi fue oscuridad.