Capítulo 26
Alexander
Todo mi cuerpo duele por no tenerla cerca. Cuando la vi en el bosque mágico hace dos días quería ir, abrazarla, y besarla hasta que el mundo desaparezca. No me arrepiento en absoluto haberme puesto de rodillas porque por recuperarla haré todo y más.
Un toque desesperado en mi puerta me levanta de la cama que todavía tiene un indicio de su olor y los recuerdos de esa noche. Abro la puerta y tengo que parpadear varias veces para asegurarme que no estoy soñando y que Kate sí está aquí.
—Los humanos son expertos en mentir. Todo es mentira.
Me hago a un lado y ella duda en pasar, pero al final cede.
—¿A qué te refieres con todo ?— Me avienta el libro que apenas logró cachar.
—Ese libro es un diario. Un diario que cuenta la historia de amor entre una humana y un monstruo. Una historia que fue el comienzo de esta rivalidad—. Camina por toda la habitación desesperada.
—¿Qué fue lo que paso?
—Estaban en una cena familiar, ella, él, y sus dos pequeños Henry y Emma.
En la velada un grupo de hombres entraron a la fuerza, lo hirieron a él y lo obligaron a ver cómo les cortaban la garganta a sus pequeños y luego como…
—Se recarga en la mesa y aprieta el borde con sus puños— cómo se turnaron para violarla a ella y luego matarla.
Cuando descubrieron lo que pasó lo acusaron a él de asesino y lo ahorcaron públicamente.
¡Toda esta maldita rivalidad es una puta mentira! — Golpea el mueble.
No tengo palabras ante lo que acabo de escuchar, pero realmente no me sorprende que los de la élite hayan hecho todo esto y hayan ocultado algo así.
—¿Sabes qué es lo peor?—Me mira por primera vez en mucho tiempo a los ojos—.
Que las últimas dos hojas son una carta que él le hizo a ella.
Una carta pidiendo perdón por no ayudarla.
Él no tuvo culpa de nada y como quiera pidió perdón—.
Se le quiebra la voz—. ¡¿Te das cuenta de lo que los tuyos han hecho?
! Ustedes son los verdaderos monstruos—.
Cae al piso llorando y mi corazón se parte en mil pedazos.
Me acerco a ella lentamente debatiendo si es la mejor opción pero antes de que pueda agacharme con ella, se levanta y comienza a golpear mi pecho mientras grita y llora.
Los pedazos de mi corazón se hacen más pequeños al verla así e imaginarme por todo lo que está pasando.
Saber que parte de que esté así es mi culpa hace que quiera clavarme una y otra vez miles de dagas y lo haré con todo gusto si significa calmar parte de su dolor.
Cuando se cansa, sus brazos caen a mis lados y su rostro se aferra más a mi pecho. La abrazo y ella llora más fuerte. Nos dirijo al suelo al sentir sus piernas temblar y nos quedamos así hasta que su cuerpo se relajara.
—Lo siento mucho Kate. Lo siento por tu madre, por tus amigos, y por lo que te hice. No tienes por qué pasar por estas cosas y mucho menos todas a la vez.
Murmura algo, pero no la entendí así que me separé un poco para escucharla, pero sus ojos ya están cerrados.
Sus pestañas se ven más largas por las lágrimas, su nariz roja y su boca entreabierta de su intento por hablar.
La tomo en brazos y la llevo hasta la cama donde la acuesto y la arropo para dejarla dormir.
Dejo un suave beso en su frente y luego me retiro.
***
Estoy terminando de hacer la cena cuando la figura frágil y somnolienta de Kate aparece en mi campo de vista; se ve tan tierna recién levantada. Siempre, si soy sincero. Se debate en si acercarse o no y yo le doy su tiempo. Realmente quiero que se acerque, pero entenderé si se va.
—¿Cuánto tiempo ha pasado desde que me dormí?
—Unas cuantas horas, pero sigue siendo el mismo día. ¿Tienes hambre?— Vuelve a dudar.
Supongo que su hambre le ganó al enojo porque lentamente se acerca hasta tomar asiento en donde recién había puesto un plato. Le sirvo la cena y empiezo a limpiar la cocina.
—¿Por qué no me despertaste?
—Supuse que no habías dormido bien en estos días así que dejé que descansaras—. El silencio volvió a reinar en la habitación.
—¿Dónde está el diario?
—En el sillón. Lo he leído y… —despega su vista del plato para verme con sorpresa y curiosidad— tienes razón.
—Yo sé que tengo razón—. Siempre orgullosa.
—¿Qué harás ahora?— Dije harás porque no creo estar incluido en sus planes.
—Una canción—. La miré como si le hubiera salido otra cabeza.
—¿Cómo dices?
—La forma más rápida de contar historias y difundir la voz es a través de canciones. Soy la hija del mejor músico que existe y voy a usar lo que me enseñó y mis dones para que esto llegue a todos.
—Eres una chica muy lista princesa—. Solté sin pensar.
—Tengo que irme—. Se aclara la garganta incómoda mientras se levanta y camina hacia la salida tomando el diario—. Gracias por la cena y por dejarme dormir.
—Cuando quieras.
Cierra la puerta y la soledad vuelve a gobernar la casa.
Soy un idiota. ¿Por qué tuve que decirle así?
Me doy una bofetada mental por la cagada que hice.
Regreso a mi cuarto y, cuando me acuesto, el olor de ella llega a mis fosas nasales.
Cierro mis ojos y aspiro su olor imaginando que está aquí conmigo y me quedo dormido.
A la mañana siguiente me levanté por el tumulto de ruidos que se escuchaban afuera.
Me asomo a la ventana de la sala que da a la calle y veo a humanos y monstruos yendo en la misma dirección.
Me cambio lo más rápido que puedo y salgo siguiendo a los demás.
Al estar cerca de la plaza principal una dulce y nostálgica melodía resuena por todos lados.
Me mezclo con la multitud y observo toda la escena.
En el centro está un aedo que, junto con un trío de instrumentos canta una historia que se me hace bastante familiar.
¿Kate ya terminó la canción y consiguió a alguien que la cantara?
Eso fue demasiado rápido. Logro ver entre el público a los demás chicos y entre ellos a Kate que no aparta la vista del aedo.
Me acerco lentamente a ellos y Mina es la primera en verme y abrazarme.
Algunos más le siguen, pero yo me centro en abrazar a los que perdieron a su pareja.
Kate se da cuenta que estoy, pero me ignora.
Aunque el público está dividido entre monstruos y humanos puedo ver cómo, con cada palabra que el aedo canta la mirada de los humanos se llena de tristeza y empiezan a darse cuenta de que lo que Light-Hell ha proclamado como verdad no son más que falacias.
Los que se niegan a creer se van, pero muchos otros dirigen su mirada a nosotros y por primera vez desde que estoy aquí, realmente nos miran.
Kate se asusta cuando siente un toque y todos la seguimos con la mirada, una pequeña niña humana se había acercado a ella y le había tomado la mano.
Pude ver el momento exacto en el que el corazón de Kate respiró y cuando sonrió genuinamente por primera vez en mucho tiempo.
Esta niña no fue la única pues poco a poco se iban sumando más y luego algunos adultos le siguieron.
—Señorita, —la pequeña le dice a Kate—. ¿Puede cargarme? Es que no veo bien.
Kate derrama una lágrima de felicidad y rápidamente la toma en brazos. Todos nuestros corazones se ablandaron, sobre todo cuando la pequeña toma la cara de Kate y la traza como si fuera una delicada pintura haciendo énfasis en su marca paterna.
—Eres muy bonita.
—Tú también pequeña.
Ese día fue el último de rivalidad. Pues los siguientes los humanos empezaron a acercarse más a nosotros y nuevas amistades y relaciones empezaron a florecer. Es realmente liberador caminar por las calles sin tener que estar a la defensiva.
Aunque eso está resuelto, todavía tengo una cosa más por hacer, recuperar a mi princesa. No pienso rendirme y tomaré este paso en la historia para tenerla conmigo otra vez.