Hasta Que Nuestros Mundos Choquen Capítulo 23
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Capítulo 23

Katerina

Casi no he dormido porque cada que cierro los ojos los recuerdos de mis amigos y Alexander inundan mi mente y me deprimo más. Creí que, con el libro en mano, sentiría un poco de alegría, pero desde que lo conseguí hace una semana no lo he tocado una sola vez.

​ Mi padre viene a checar como estoy cada hora y en el piano ha tocado canciones que sabe que me gustan para animarme y se lo agradezco, pero no creo que me sienta mejor el resto de mi vida.

—Melodía, —mi padre toca habla del otro lado del cuarto— alguien ha venido a verte.

—No quiero ver a nadie.

—Por favor, Kate—. Me levanto en un santiamén al oír esa voz.

​ Abro la puerta donde Griffin y Creta están esperándome y mi padre atrás de ellos. Sin decir nada voy hacia Griffin y lo abrazo con Creta uniéndose y mi padre sólo se retira en silencio. Los hago pasar sin vacilar.

—¿Qué hacen aquí?

—Estaba harta de estar en casa así que salí a que me diera el aire y me topé a Griffin en la plaza haciendo lo mismo. Caminamos un poco y llegamos aquí así que aprovechamos para venir a verte.

—¿Tú cómo estas Griffin?

—Aún no lo puedo creer—. Puedo ver sus ojos cristalizarse a través de sus lentes—. A veces pienso que aparecerá en mi casa sin aviso y me sacará a una cita improvisada—. Su risa es débil—. A él le gustaba hacer eso—. Se abraza a sí mismo.

—No eran tan improvisadas como crees. Días antes se aparecía aquí y me obligaba a ayudarlo a planear.

—No puede ser.

​ Los tres reímos después de mucho no hacerlo. Nos quedamos un rato más platicando y después nos dedicamos a visitar a los demás y llevarles sus postres favoritos. Prometimos vernos cuando ya todos estemos mejor, pero quien sabe cuándo sea eso.

​ Al anochecer volví a quedarme con mi soledad en mi cuarto. Mi padre empezó a tocar una pieza y me animé a bajar con él. Al notar mi presencia, se detiene y me invita a sentarme a su lado.

—Tienes mejor cara.

—Verlos siempre me anima.

—¿Qué está pasando por tu mente melodía?—La duda e inseguridad aparecieron.

—¿Cómo le haces papá?

—¿Con qué?

—Con la tristeza, con la muerte, con el corazón…roto—. Mi voz se quiebra y mi padre se queda en silencio.

—Mi querida niña… —Su abrazo paternal me consuela, pero a la vez hace que llore más fuerte.

—Ya no puedo papá. Ya no más.

—Cómo quisiera quitarte esto que sé que te hace revivir lo de tu madre—. Me aferro más a sus brazos—. Eras muy pequeña para sentir estas grandes emociones.

—¿Qué hago papá?

—Ojalá hubiera una respuesta fácil melodía…

—El silencio reina lo que parece una eternidad—.

Ninguna de las cosas por las que estás pasando son fáciles.

Lo mejor que podemos hacer es abrazarlas y sentirlas en todas sus facetas sin apresurarte o intentar adormecerlas.

Todo eso es parte de un proceso que sólo tú sabes.

Para algunas el proceso es el alcohol, las apuestas, el sexo, la violencia, y para otras es salir, viajar, o la música como fue mi caso.

Al principio puede ser difícil y no encontrarás salida, pero conforme va pasando el tiempo vas descubriéndolo.

La muerte y la tristeza son cosas inevitables, pero también es lo que nos recuerda que somos personas y que hay que vivir la vida al máximo porque todo es efímero.

Puede que el duelo no pase, pues siempre recordarás a esas personas, pero aprendes a vivir con él y a que no controle tu vida.

—¿Y el corazón roto?

—Eso es otra montaña rusa de emociones. Una parte de él se va con cada persona que pierdes, es el precio que pagamos por encariñarnos y dejarlos entrar, pero esas cosas no tienen que ser malas.

Está mejor correr el riesgo del corazón roto, pero con los recuerdos y momentos más felices de tu vida que no romperlo, pero no tener a quién dárselo.

Todavía te queda muchísimo por vivir y con cada persona que conozcas un fragmento de él se repondrá.

—¿Incluso en el romance?— Mi padre me observa con las cejas muy juntas.

—¿Ya no estás con Alexander?

—No… Terminé con él—. Se me cerró la garganta.

—Pero si te veías tan feliz.

—Pues esa felicidad fue construida a base de mentiras—. La furia se siente en todo el cuarto.

—¿Cómo dijiste?

—Me mintió papá, en muchísimas cosas—. No pienso decirle quién es en realidad. No se dé que sería capaz.

—Lo voy a asesinar.

—No vale la pena.

​ Tarda un poco en relajarse, pero al final volvemos a la misma posición en la que estábamos. Estar en sus brazos siempre fue un refugio, sobre todo en estas situaciones.

—Hay muchos otros que quemarían el mundo por ti hija. Allá afuera está tu verdadero amor, con el que pasaras el resto de tu vida y tendrás la hermosa familia que tanto deseas. Ese corazón roto es más sencillo de arreglar, eso te lo aseguro.

—No sabes cuanto necesitaba esto.

—Mi dulce melodía… —Su beso en la cabeza se siente tan bien.

​ Nos quedamos en silencio disfrutando el momento. El sueño y el hambre pronto se apoderaron de mi cuerpo, pero no dije nada aunque no hizo falta porque estoy con la persona que me conoce como la palma de su mano.

—¿Quieres cenar?

—Si.

​ Fuimos a la cocina y mi padre preparo una comida deliciosa. Hace mucho no tenía una cena así con mi padre, los dos solos, disfrutando de la comida, la plática, y la compañía del otro. Cuando terminamos recogimos todo y luego me acompañó a mi cuarto para desearme buenas noches.

—Cualquier cosa ya sabes dónde encontrarme—. Me guiña el ojo y se va.

​ Entro a mi cuarto, pero el sueño se me había esfumado. Miro hacia donde está el libro y dudo en si agarrarlo, pero no tengo nada mejor que hacer. Ya que lo tengo en manos, voy a mi cama y lo abro, pero no es lo que esperaba.

​ No hay nada. Todo está en blanco. ¿Qué mierda?

Lo analizo por todos lados bastante tiempo y me frustro.

¿Arriesgué mi vida para nada? Esto no puede estar pasando, pero la verdad es que con la suerte que me he cargado estos días sí puedo creer que me pase esto.

Lo aviento al otro lado del cuarto y me acomodo dispuesta a dormirme cuando de repente empieza a brillar.

​ Me acerco un poco asustada a su lugar en el piso y veo como una parte de texto se revela.

Obviamente tenía que ser mágico, que tonta soy.

Lo tomo, pero el texto desaparece. Lo vuelvo a dejar y reaparece.

Empiezo a pensar en el por qué cuando luego veo la diferencia; el brillo de la luna.

¡Tinta mágica invisible! Lo único malo de esto es que es el único lugar de mi cuarto donde le da la luna y digamos que leerlo así no es lo más cómodo. Maldita sea.

​ Pienso en cómo le puedo hacer cuando recuerdo que tengo un amigo que literalmente se hace invisible; Griffin debe ser experto en esto. Mañana iré a su casa para que me ayude, igualmente tarde o temprano se enteraría de la verdad.